# Lunes, 12 de septiembre de 2016

*El séptimo día, morirás*

By [La vida de Mauerfall](https://paragraph.com/@mauerfall) · 2024-05-27

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Son las 14 de la tarde y apenas he dormido. Me he pasado toda la mañana dando vueltas en la cama, mirando compulsivamente las apps de dating y Tumblr y masturbándome hasta el extremo. Es como las tres negaciones de Pedro. Entre la fiesta de ayer en Berghain y esta mañana me siento como un hijo pródigo dilapidando toda la herencia de construcciones de mi realidad que había logrado mantener durante una semana. El domingo es el día de descanso, en este caso de descanso de construir y simplemente sentir y seguir cualquier idea que nazca en mí, desde los sentimientos más puros hasta los deseos más lujuriosos y turbulentos. Es una manera de santificar las fiestas. En el reino de la luz y la comodidad, de la perfección y la planificación, el descanso está en el infierno y no en el cielo. Cobra renovada fuerza el proyecto de "el último cura" como manera de expresar el punto de inflexión religioso que está surgiendo y cuyo epicentro es la ciudad oscura de Berlín, el lugar que vio nacer al demonio contemporáneo, el templo que vio roto su muro del cual solo quedan vestigios visitados devotamente por los peregrinos del siglo XXI. Se me ocurrió hacer tours guiados por el muro en castellano e inglés, no tanto como fuente de ingresos sino como ejercicio retórico, como entrenamiento dialéctico, como asignatura del curso de Creatividad, como calentamiento de motores para el día del holocausto, cuando definitivamente maté a mi avatar para dar a luz toda esta mierda que me inunda.

El día de ayer fue precioso. Jessica y yo lo pasamos juntos, teniendo un punto culminante en las sofás de Berghain de la planta baja, donde paradójicamente el sexo descarado, pasional, público y sin límites se convirtió en una muestra pura de amor dulce y muy íntimo. Hablamos con el cuerpo y también con palabras, alternando declaraciones de amor con confesiones de nuestros deseos más ocultos, aquellos que ni tan siquiera nos habíamos atrevido a confesarnos. Para ello fue necesaria una buena dosis de G y una pastilla extraordinariamente potente que me dejó sin habla y sin apetito sexual durante horas. El éxtasis es un potente disolvente del ego, hasta tal punto que poco más puedes hacer aparte de sentarte, tumbarte, cerrar los ojos, esbozar una leve sonrisa, sentirte fuera del juego de la vida, morir. Es una dulce muerte sin duda. Es la paradoja de encontrar el cielo en el infierno. No es casualidad el descubrimiento de las drogas recreacionales y el fin de la ilusión del Cielo. La utopía no necesita ser vivida más allá de los muros de la muerte, sino que se puede ya encontrar en la tierra, convenientemente apartada de todo lo demás mediante otros muros, que no exigen ceder la vida para ser cruzados. Este es sin duda el Mauerfall más primario, el que supone derribar los muros de la muerte y permitirnos en vida unos lujos que hasta la fecha nos habíamos reservado para después de la muerte. El cristianismo era una sociedad en la que morías 6 días a la semana para vivir la ilusión del Cielo el 7º día. La era de Acuario es una sociedad en la que vives 6 días y necesitas el 7º día para morir, para soñar, para sentir tu limitación, los límites de tu vida, de tu percepción. El paralelismo es tan grande que sorprende que no esté en boca de todos. Probablemente está sea mi vocación. Es algo para lo cual me siento indigno, no preparado y profundamente perezoso, pero no hay nada que pueda hacer callar esa maldita voz, porque incluso cuando la silencio me habla a través de la depresión, diciéndome burlonamente: “si no empleas tu energía para tu misión, mejor que no la despilfarres con otras cosas”. Mi depresión es un detector de despilfarro energético. Es mi talón de Aquiles y a la vez el superpoder más extraordinario que conozco.

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*Originally published on [La vida de Mauerfall](https://paragraph.com/@mauerfall/160912)*
