# Domingo, 16 de octubre de 2016

*Nuremberg*

By [La vida de Mauerfall](https://paragraph.com/@mauerfall) · 2024-06-07

---

Por fin he podido dormir abundantemente. Tuve que recurrir a una benzo y he salpicado el sueño con varios episodios de masturbación compulsiva. Hacía varios días que el estado de shock emocional me mantenía desconectado de los impulsos más básicos de mi organismo: el sueño, la comida, el sexo, el aseo, la ilusión, la curiosidad...

Estuve vagando durante horas por la ciudad, recorriendo sus calles bajo la atenta mirada de una luna que ahora mismo mientras escribo en el bar colonial Zeit und Raum, brilla mostrando toda su cara, erigiéndose como una luminaria perfectamente circular en medio de un cielo oscuro, lleno de vacío. Nuremberg tiene una pequeña calle junto al muro donde se acumulan los burdeles de la ciudad. Pasé dos veces por allí, observando a las prostitutas expuestas en las vitrinas una por una. La primera vez que pasé solo vi una que me llamó la atención. No era especialmente guapa ni carismática, pero resaltaba entre la absoluta mediocridad que transmitían todas las demás. No las juzgo, al contrario: respeto la energía interior que las ha llevado a consagrarse al alivio del torturado ego de los hombres. Pero ninguna de ellas me transmitía una energía que me resultase misteriosa y quisiera desvelar. Todas me daban mucha pereza.

Caminaba a un paso más acelerado que el que había mantenido durante el resto de la noche y sé que transpiraba miedo y estupefacción. Cuando mis fuerzas se agotaron busqué refugio en una preciosa cervecería junto al castillo que ofrecía un menú con tres vasos de cerveza para degustar las tres especialidades. Me sentía solo y extraño. No recuerdo muchas otras ocasiones en las que haya ido solo a un bar. Al rato un grupo de amigos me rodeó y uno de ellos comenzó a charlar conmigo sobre los temas habituales de política y economía. Hablé con cierta desgana pero sentí que aquella conversación y el alcohol me aliviaban. Nunca antes había sido consciente tan vivamente del “consuelo” que persiguen aquellos que se intoxican con alcohol mientras se consagran a la salvación del mundo. Sin duda es una sensación placentera y el mejor sucedáneo posible al levantarse de la mesa y, efectivamente, hacer algo. El alcohol potencia el ego y fui muy consciente de ello cuando al salir de la cervecería me encaminé decididamente al barrio rojo. Llevo varios días considerando la prostitución como un ejercicio de honestidad: solo sexo a cambio de una compensación por el tiempo y la energía robados. En esencia cada vez se me hace más indistinguible la prostitución de la mayoría de trabajos en los que no se está explorando una pasión del espíritu. E incluso en aquellos en los que el trabajador se realiza como individuo, tampoco los veo tan alejados de las escorts que disfrutan del sexo y de una relación abierta y transparente con sus clientes... Sea como fuere mi embriaguez me hizo perderme por el centro de Nuremberg y una vez llegué allí mi mente había recobrado sus resortes morales habituales. Caminé de nuevo, determinado a pagar si volvía a sentir de nuevo aquella magia. No sucedió y proseguí mi camino, agotado, arrastrando mis pies hasta mi sencilla habitación de hotel. Allí me esperaba otra bonita conversación en Tinder y caer dormido sin fuerzas siquiera para tener una erección.

He conseguido levantarme a las 3 de la tarde, después de varias veces en las que me despertaba y perdía el tiempo con el móvil. Me he levantado ligeramente más energético, menos abrumado y angustiado. Coger un poco de distancia me ha hecho darme cuenta de que tengo que romper la relación sin contemplaciones. Jessica es una persona alegre y buena, pero por su manera de ser tiende a imponer su realidad a los demás y no duda en ejercer presión psicológica para lograr esa idea que persigue. Es interesante como ella y mi madre han llegado a la misma conclusión: debo ir al psicólogo porque un disfunción mental me impide disfrutar de una relación. Nadie más me ha dicho nada semejante. Voy a ir a un psicólogo, pero sin duda no por ese motivo. Jessica aparentemente tiene una mentalidad más abierta que mi madre, pero en esencia comparten una misma verdad fundamental: hay alguien externo que te salvará y te hará feliz. Que yo no comparta esa convicción (que yo llamaría creencia) me convierte en enfermo a sus ojos. No tengo ningún problema en aceptar esa etiqueta, porque es el juicio natural que deben emitir desde su sistema de coordenadas.

Estoy ilusionado con recuperar cierta libertad de movimientos para relacionarme con Danielle y Katya, así como de las nuevas personas que me faltan por descubrir. Momo, Mia y Hanna también ocupan mis buenos sentimientos y fantasías. Pero ante todo quisiera que este nuevo periodo me permitiera dar un paso adelante en conocerme y perseguir aquellas cosas que resuenan en mi interior y que contribuirían a mi paz interior: deporte, exploración espiritual, arte, creación, viajes, lectura, aprender a dar masajes... Respecto a las citas mi compromiso es ser completamente honesto y no dejar que nadie tenga sexo conmigo si no es consciente de mi realidad y, por tanto, es capaz de moderar sus expectativas. Sólo las personas que acepten mi realidad (porque la comparten y no por dependencia) son potenciales candidatas a establecer una relación más cercana e intensa. La necesidad de tener sexo y la necesidad de reforzar mi ego, no son excusas válidas para no respetar estos principios.

Al levantarme me fui directo al Doku-center. Se trata del conjunto monumental más extenso del nazismo. Concebido para albergar las concentraciones bianuales del partido, los restos son tan imponentes como desoladores. El centro de memoria histórica es interesante y ameno, culminando con detallada información de los juicios de Nuremberg. Tras dos horas sumergido en el universo nazi abandoné las instalaciones con el corazón encogido, abrumado, sintiendo el peso de la historia, respirando la amenaza de locura y destrucción que guardamos cada uno de nosotros en nuestro corazón. Toda una nación cayó en un culto religioso que condujo a un holocausto sin precedentes. No podía parar de comparar a Hitler con el Papa. Las imágenes de las jornadas nazis en Nuremberg eran tan familiares... Yo me vi así en París, Madrid y Roma aclamando a Juan Pablo II, repitiendo ritos de manera colectiva que creaban en mi la sensación de comunidad, de fusión en una realidad compartida que contenía en esencia todo lo necesario para ser feliz y construir un mundo mejor. En todas las dos horas hay dos elementos que no aparecen: el cristianismo y el sistema capitalista. ¿Por qué el capital no rechazó a Hitler? ¿Por qué los sacerdotes de Cristo no fueron los primeros en acompañar a sus hermanos judíos, gitanos, homosexuales y enfermos a los campos de exterminio? Aquí recuerdo aquella famosa frase de los tiempos del Opus: el mayor triunfo del diablo es que no se hable de él.

La demonización de Hitler es la cortina de humo del capital y del cristianismo para tapar sus vergüenzas. Del capital es esperable, porque su Dios solo tiene un mandamiento: maximizarás el beneficio. ¿Pero de la Iglesia de Cristo? Dicen que son seguidores del mandamiento del amor pero en ese momento sublime de la historia ni uno de ellos (salvo casos excepcionales) siguió los pasos del maestro. El nazismo es la prueba de que la Iglesia nada tiene que ver con el mensaje de Cristo.

![](https://storage.googleapis.com/papyrus_images/a770c19490789454e992fca5a898a4a8.jpg)

![](https://storage.googleapis.com/papyrus_images/3ea2ea276672fe9aaf112765ff942e4d.jpg)

![](https://storage.googleapis.com/papyrus_images/a5f1ccfaf610d5e46ad0b8608ad38880.jpg)

![](https://storage.googleapis.com/papyrus_images/8dbee2e569464b4f66b17ba34f7efb75.jpg)

---

*Originally published on [La vida de Mauerfall](https://paragraph.com/@mauerfall/161016)*
