# Domingo, 11 de diciembre de 2016 > Esa cicatriz a la que llamamos yo **Published by:** [La vida de Mauerfall](https://paragraph.com/@mauerfall/) **Published on:** 2024-06-17 **URL:** https://paragraph.com/@mauerfall/161211 ## Content El viernes escribí a mi padre un correo en respuesta a su última misiva en el que le transmitía por primera vez el origen del trauma sin explicar explícitamente en qué consistía. No me respondió hasta ayer que le envié un mensaje ayer. Una vez escrito, lo revisé y decidí enviárselo a mi madre. Al cabo de una rato me respondió y ella sí que quiso saber los detalles. Le dije abiertamente los episodios relacionados con mis primos. No podía parar de llorar al ver esa conversación y cómo se iban sucediendo los acontecimientos. Es una reliquia que quiero conservar el resto de mi vida. Quiero compartirlo con mi hermana, ella es la siguiente en la cadena y la primera víctima de mi trauma. Me siento mejor por compartirlo con mis padres pero sé que esto es solo el primer paso. Aún quedan más operaciones para extirpar el cáncer, para limpiar el tumor. El retorno a la inocencia no puede ser completo sin restaurar las inocencias robadas. Igualmente, solo el primer paso fue liberador. Tras concluir la conversación con mi madre de repente sentí mucha hambre y me dispuse a salir y celebrar el episodio con algo que realmente me hiciera ilusión. Antes de conseguir abir la puerta me desplomé en el suelo de mi apartamento. Me caí de rodillas junto a la puerta que tiene todas mis notas apuntadas en notas tipo “post-it”. Lloré desconsoladamente quizás un minuto o dos, como un niño. Era una mezcla de dolor, desolación, soledad y a la vez alivio, esperanza y conexión con mis padres y con toda la humanidad. La humanidad es una construcción mental. La única humanidad que existe son los humanos con los que alguna vez hemos interactuado. Amar a la humanidad son palabras vacías si no implican amar a todos y cada uno de los seres humanos con los que hemos interactuado en nuestra vida. Puedes ir a África a ayudar a los humanos pobres o puedes ir a Siria a aliviar a los humillados por la guerra. Pero en tu historia personal hay muchas Áfricas que visitar y muchas Sirias que aliviar. Y se me antoja que esas áfricas y sirias son mucho más difíciles y terroríficas porque implican asumir tu condición de verdugo e implorar un perdón que, en el fondo de tu corazón, sientes que no mereces. Mi sueño imposible es romper la cadena del trauma que me atenaza a mí y a mis familiares en una cárcel de angustia. Puedo pensar que yo soy el héroe por tener la valentía de plantarme en mi Siria interior y pedir perdón. Pero no, yo no soy el héroe que rompe la cadena. Son mis padres con su perdón los verdaderos héroes y aquellos que realmente destrozan la cadena de un hachazo. Mi único mérito es haber señalado la cadena. No sé lo que es el amor, a veces pienso que no existe. Pero si existe debe ser algo relacionado con el perdón a quienes has considerado un enemigo y el perdón a quienes te han hecho sufrir, el reconocimiento interior de que todos somos niños heridos y el dejarse inundar por la ola de compasión que experimentamos de manera natural al ver a un niño sufrir. De repente, el concepto de infancia espiritual resucita en mí de entre los muertos y Teresa de Lisieux y Magí Ballart se aparecen junto a mí como seres de luz. Cada vez estoy más convencido que todos los conceptos e ideas de la humanidad, incluso las más horribles y destructivas, tienen una perspectiva desde la cual son verdaderas, tienen sentido. Es una reflexión que heredé de Pedro, el sabio que me recomendó: "no te preguntes si es verdad o no, pregúntate bajo qué circunstancias puede ser verdad". Somos el yo y sus circunstancias. Las circunstancias son lo que hacen cada existencia humana verdadera. Ignorar las circunstancias, presentarnos como seres elegidos que no son hijos de su trauma y su pasado es la peor de las aberraciones, es lo que hace al santo un demonio, al libertador un carcelero, al profeta un embaucador. El gran compromiso con la verdad es la consciencia de ser una "persona", es decir, un ser bajo el avatar de sus circunstancias. El gran compromiso con la verdad es mostrar la herida que causó esa cicatriz a la que llamamos yo. El padre de la mentira es aquel que cubre su herida bajo el manto de la vergüenza. El padre de la mentira es el que construye un mito que dura milenios y que esclaviza a generaciones por no mostrar la herida original, su condición de hijo de puta. El padre de la mentira es aquel que sigue capitalizando el mito y lo eleva a la categoría de verdad aun sabiendo que no dispone de ninguna certeza para sostenerlo. El padre de la mentira es compasivo, se afana por mostrar una ilusión como verdad en su eterno afán de consolar a la humanidad. Pero llega el momento en el que la humanidad ya no puede seguir consolada por el mito. La droga ha perdido todo su efecto y ya no aporta nada: ni consuelo, ni guía, ni luz. Los humanos nos dividimos entre los que todavía encuentran consuelo en el mito e idolatran a quienes sacrificando sus vidas lo mantienen vivo y los que anhelan la verdad, las circunstancias, para los cuales esos héroes del mito ya no son más que padres de la mentira. Hubo un tiempo en el que sólo Nietzsche estaba al otro lado del muro, solo y desquiciado. Ahora somos muchos a cada lado. Constantemente hay nuevas personas transitando de uno a otro lado. Constantemente se producen nuevos mauerfalls en los corazones de los humanos que les empujan a gritar: ¡muéstrame tu herida original! ¡Quítate la máscara! La humanidad no avanza simultáneamente. El cambio se propaga de manera ondulatoria. Muchos humanos viven alcanzados por la ola mientras muchos otros ni tan siquiera saben que se ha producido un terremoto que destrozará su sistema tarde o temprano. Hemos de aceptar la naturaleza ondulatoria de la humanidad: para muchos el padre de la mentira es el héroe de la verdad y viceversa. Mientras ese cambio de fase perdure la humanidad será un proceso inestable. Cualquier utopía consiste en crear un sistema perfecto en el que esa continua transición de fase deje de producirse. Es imposible. La única manera de acabar con la guerra es aceptar la naturaleza ondulatoria de la humanidad, abrazar la certeza de que los propios demonios son ángeles bajo las adecuadas circunstancias. Igual eso es el amor, la fuerza que nos lleva a dejar de considerar nuestras categorías humanas como muros infranqueables. El amor es la certeza de que en cualquier momento podamos aparecer al otro lado de la barrera energética que nos separa del resto de la humanidad. Creo en el amor es creer en el efecto túnel. El amor es perdonar a nuestros enemigos, el amor es desenmascarar a nuestros ídolos. El viernes celebré la confesión con una magnífica cena en un restaurante italiano, dejando al niño interior disfrutar de todos sus caprichos. Le envié una foto a mi madre. El sábado me desperté y conscientemente me puse un calcetín de cada color. Son destellos de esperanza en medio de la noche oscura del alma. ## Publication Information - [La vida de Mauerfall](https://paragraph.com/@mauerfall/): Publication homepage - [All Posts](https://paragraph.com/@mauerfall/): More posts from this publication - [RSS Feed](https://api.paragraph.com/blogs/rss/@mauerfall): Subscribe to updates ## Optional - [Collect as NFT](https://paragraph.com/@mauerfall/161211): Support the author by collecting this post - [View Collectors](https://paragraph.com/@mauerfall/161211/collectors): See who has collected this post