# Miércoles, 21 de diciembre de 2016

*Ámsterdam*

By [La vida de Mauerfall](https://paragraph.com/@mauerfall) · 2024-06-22

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Escribo desde un sencillo café del centro de Ámsterdam mientras espero a que Jack salga del trabajo. Ámsterdam me provoca sentimientos contradictorios: el transcurrir del agua de sus canales apacigua la alteración que me provoca una ciudad que respira capitalismo en cada esquina; el fluir de bicicletas compensa la procesión de elfos de la urbe acarreando sus bolsas adornadas con los símbolos sagrados de la religión del dinero; el olor a marihuana endulza la amargura de algunos rostros; el buen gusto decorativo de los pequeños negocios salpica de esperanza el gris panorama de edificios históricos parasitados por centros comerciales, igual que las flores del almendro brillan en el inerte y desolado campo que sufre paciente el crudo invierno. Eso es Ámsterdam para mí, una continua sinestesia que agita mi espíritu pero sin dejarlo sucumbir... Como esa amante que te envía un mensaje justo en el momento en el que ibas a decidir enterrarla en el olvido.

Mi vuelo ha salido a las 7 de la mañana, lo que significa que hoy no he dormido. Anoche estaba demasiado excitado viendo videos relacionados con el estándar de afinación, desde elaboradas teorías conspiranoicas hasta experimentos físicos. Cuando hacía el doctorado estudiaba la luz. Ahora me interesa el sonido. Ambos comparten la naturaleza ondulatoria que, últimamente, veo constantemente en cada asunto que me detengo a analizar. Mi bolígrafo se apaga y me siento muy contento por ello. Ha dejado su vida deslizada por esta libreta igual que yo. Siempre he sido de comprar y comenzar para nunca acabar y mostrar. Por una vez al menos he terminado algo: el bolígrafo. Se me antoja guardarlo como reliquia, como signo profético de que todo el universo que llevo dentro y me supura dolorosamente algún día verá la luz y mi vida podrá consumirse en esa obra igual que el bolígrafo se consumió en estas amadísimas páginas. Esta libreta es sin lugar a dudas mi mayor logro hasta la fecha y me acompaña como un talismán a donde quiera que vaya. Después de más de tres meses de anotaciones ocasionales, todavía no he releído ni una sola página, pero ahora que la idea de leer lo escrito viene a mi mente pienso en que sólo podría hacerlo en una iglesia. Necesitaría un lugar silencioso y sagrado para adentrarme en el único templo que existe y del cual todos los demás son imagen: nuestra propia consciencia, la de cada uno. Los cafés son las iglesias contemporáneas... Pero cuán bonito sería que colectivamente construyéramos espacios comunes, magnificientes y bellos, donde cada uno pudiera adentrarse en su misterio con el silencio y la solemnidad que la ocasión merece. No habría sacerdotes porque cada uno sería su propio puente entre la temporalidad física como energía materializada, y su eternidad metafísica como energía sin contorno. No habría más rituales que los que cada uno decidiera establecer: aquellos gestos, palabras y símbolos que más fácilmente le expandieran su consciencia desde el aquí y ahora hasta el universo y la eternidad, que más fácilmente contrajeran su atención desde el ayer y mañana hasta el hoy y desde la tierra lejana de nuestras memorias y expectativas hasta el aquí donde se concentra esa maravillosa singularidad energética que somos cada uno de nosotros. Podría contra-argumentame que las iglesias, los templos de cualquier tipo, son también lugares de comunión: se nutren los vínculos con nuestros héroes que nos precedieron y con los que tomarán nuestro relevo. Pienso que esa comunión podría singularizarse también: cada uno de nosotros tenemos nuestros héroes... Se acerca el momento en el que una visualización de YouTube o una visita a la página de la Wikipedia se convierta en el equivalente en encenderle una vela al santo. Al final qué diferencia hay entre repetir una oración de San Francisco o seguir la letra de Across the Universe de John Lennon. ¿Acaso no vienen las lágrimas a los ojos de la misma manera? ¿Acaso no sentimos la energía de la música igual que el creyente siente la intercesión del santo? Interceder es conectar la divinidad con el individuo. El arte conecta el cosmos con nuestra individualidad. El artista intercede por nosotros. ¡Amén!

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*Originally published on [La vida de Mauerfall](https://paragraph.com/@mauerfall/161221)*
