# El Nudo

By [Ristra de letras](https://paragraph.com/@ristra-de-letras-2) · 2023-11-19

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Era ya un experto en este menester y, sin embargo, a costa de la sorpresa, del suspenso, del espectáculo, sus piernas tambaleaban hipócritamente sobre la tensa cuerda. Dos vetustos pero firmes maderos clavados en un amplio terregal, sostenían la “cuerda floja”.  
     Cada traspié, cada muestra de descontrol estaba acompañado de los piadosos gritos de la mayoría femenina. Algunos simplemente abrían la boca como signo de atención. Otros tantos, al final del acto, lanzaban monedas al artista ya en el suelo, a salvo al fin de su rutinario peligro.  
     Era un día afortunado. Muchos fueron los indulgentes que se detuvieron a presenciar su acto, que en el fondo conseguía ser noble. Quince, diecisiete, veinticinco, treinta y ocho pesos en suma. Recogió todas las monedas desperdigadas y caminó con indiferencia hacia una aislada roca de gran tamaño. El ocasional público entendió que el acto había terminado y prosiguieron con sus actividades diarias.  
     Más días de estos, pensó, serían fabulosos. Y día tras día repetía el mismo espectáculo. Era un éxito. En su tiempo libre, extenso ante la única función diaria que ofrecía, caminaba con orgullo en las humildes calles del pueblo, muchas veces por el simple hecho de hacerlo. Pero un día, antes de su función, cayó. No por una piedra ni por una cáscara frutal. Simplemente cayó. Se incorporó sorprendido y continuó su camino pues se le hacía tarde. Sus piernas se sacudían sobre la amplia y segura banqueta, claro, comparada con su cuerda de trabajo. Por primera vez sentía miedo. Pánico, tal vez. Estaba realmente angustiado. Si bien se sabía perfectamente hábil de caminar sin titubear sobre la cuerda, incluyendo su pantomima de desequilibrio, temía caer de forma estrepitosa. Para colmo, ya habían pasado varias semanas desde su primera y exitosa presentación, y siendo este un pueblo pequeño, ya eran pocos los pobladores que no lo hubiesen visto alguna vez.  
     Sí. Ahí estaba, no la otrora multitud sino unas cuantas personas. Ahora percibía sus insistentes miradas. Colocó junto al madero su flamante escalerilla, comprada a descuento en el pueblo, y subió hasta la pequeña plataforma desde donde iniciaba la cuerda.  
     Él, con la vista amarrada en los hilachos del nudo final. El público, si escueto, estaba presenciando la verdadera muestra de valor de que un hombre es capaz.

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> ❝ alexgsrubio  
> ⤺ 9 marzo 1999, 20:33  
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