<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/">
    <channel>
        <title>jcgaal</title>
        <link>https://paragraph.com/@jcgaal</link>
        <description>undefined</description>
        <lastBuildDate>Wed, 15 Apr 2026 05:22:42 GMT</lastBuildDate>
        <docs>https://validator.w3.org/feed/docs/rss2.html</docs>
        <generator>https://github.com/jpmonette/feed</generator>
        <language>en</language>
        <image>
            <title>jcgaal</title>
            <url>https://storage.googleapis.com/papyrus_images/deaf9c07e06dd1f152c944434d8cc25dfc320c82150d874b3115784038c76341.jpg</url>
            <link>https://paragraph.com/@jcgaal</link>
        </image>
        <copyright>All rights reserved</copyright>
        <item>
            <title><![CDATA[Cristo en cristales rotos]]></title>
            <link>https://paragraph.com/@jcgaal/cristo-en-cristales-rotos</link>
            <guid>rrtJa03JRMgjAIsUt53Z</guid>
            <pubDate>Wed, 06 Oct 2021 03:44:27 GMT</pubDate>
            <description><![CDATA[Mientras hablaba con un perro, las vibraciones de mi voz se tornaron repentinamente violentas, al ahuyentar a las ratas que se acercaban a mis piernas, queriendo robarme el pedazo de pizza que compartíamos el can y yo. Llevaba ya unas semanas frecuentando esa esquina en el Distrito de las Flores; disfruto cómo la luz se filtra suavemente entre los edificios, pero la principal razón es la escasez de feroces roedores de los que me tengo que cuidar. Pero la abundante presencia de turistas a unas...]]></description>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Mientras hablaba con un perro, las vibraciones de mi voz se tornaron repentinamente violentas, al ahuyentar a las ratas que se acercaban a mis piernas, queriendo robarme el pedazo de pizza que compartíamos el can y yo. Llevaba ya unas semanas frecuentando esa esquina en el Distrito de las Flores; disfruto cómo la luz se filtra suavemente entre los edificios, pero la principal razón es la escasez de feroces roedores de los que me tengo que cuidar. Pero la abundante presencia de turistas a unas calles de aquí, y la proximidad del verano, son factores que ahora las llevan hacia mí.</p><figure float="none" data-type="figure" class="img-center" style="max-width: null;"><img src="https://storage.googleapis.com/papyrus_images/3f6b0cf0e0d503f8954ed2c8b3ff95076129e5f052b34a4c76da00b271df93a6.jpg" alt="Nueva York, Enero 1, 2017" blurdataurl="data:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAIAAAP///wAAACwAAAAAAQABAAACAkQBADs=" nextheight="600" nextwidth="800" class="image-node embed"><figcaption HTMLAttributes="[object Object]" class="">Nueva York, Enero 1, 2017</figcaption></figure><p>Recogí mi carrito de supermercado con todo lo que estaba a mi nombre y comencé a caminar sin rumbo claro, pero avanzando. No eran más de las seis de la tarde. El sol comenzaba a caer, y me fui encaminando hacia Times Square. No me emocionaba mucho, pues detestaba ver la repulsión en la gente que me miraba. Después de años aún no me puedo acostumbrar a eso. Todos tenemos nuestras debilidades.</p><p>Lo único que disfrutaba de la avenida era ver los espectaculares tapizar cada centímetro de los edificios. Éramos siempre testigos de un verdadero orgasmo capitalista. Comenzó un nuevo anuncio. Me sorprendí al ver esos ojos bicolor tan únicos. El cabello ya no existía, pero en su cara el resto de las facciones, aunque ya maduras y toscas, seguían manteniendo la misma semblanza: era Tim; no cabía duda.</p><p>Nos graduamos hace tres años de la Universidad de Arte. Éramos mundos opuestos, él estudió pintura y yo publicidad. Pero ambos soñábamos con ser iconos de nuestros respectivos cosmos, pero sabíamos, –o al menos yo sí estaba seguro–, que al final realmente eso no significaba nada. Yo gozaba al escribir falsedades para comerciales, mientras Tim pintaba encerrado en sus audífonos. Sus obras eran en el mejor caso mediocres, pero todos evitaban decírselo. Sólo creaba retratos sombríos, era como si arrebatara a sus sujetos el alma con el toque de su pincel. Pero tenía uno en particular que capturaba perfecto lo que sentía cuando veía mi reflejo, un vacío total, que jamás había logrado replicar. Moría por tenerla.</p><p>Yo tenía el dinero contado en esos días (y todos los anteriores también), y aunque nadie quería comprar sus obras, por principio, jamás pensé en pedirle que me obsequiara una. Así que esa misma noche le planteé una propuesta. Le trocaría un antiguo poema que una de mis ancestras gitanas me heredó, a cambio de mi pintura favorita del repertorio de su última colección. Él se río y preguntó qué tenía de especial el poema. Le aseguré que sólo porque era mi amigo se lo contaba, ya que era un conjuro de Arad, la ciudad de mi familia, poderoso en conceder a quien lo leyera todo lo que deseara, siempre y cuando éste estuviera dispuesto a renunciar a su alma.</p><p>No existía tal cosa, pero supuse que sería lo suficientemente interesante para llamar su atención. Y así parecía. Esa era nuestra noche de graduación y la generación completa decidió ir de fiesta antes del gran evento. Todos con sus vicios, se afinaban en el parque después de una comida con abundantes etílicos. Tim y yo solo fumábamos un cigarro tras otro, hasta que confirmó que por la mañana siguiente realizaríamos el intercambio en su dormitorio. Bebí sin parar durante la celebración. La euforia me consumió, pero aún tenía que resolver el problema que me aquejaba.: ¿Qué le iba a ofrecer a Tim al día siguiente?</p><p>Hurté una botella de vodka y volví a mi dormitorio. No se me ocurría nada, así que bebí como si la respuesta estuviese al fondo del vidrio. Llegué a él y no había respuesta aún y, enfurecido, mi reacción fue estrellar la botella contra la pared. Enseguida, intenté recoger los cristales, pero me corté la mano izquierda. No lo sentí gracias al alcohol, por lo tanto decidí que sería una buena idea de una vez cauterizar la incisión con el líquido escurrido en el piso. Restregué mi mano con toda mi fuerza para que el exquisito elíxir lograra penetrar la carne expuesta. Comencé a experimentar un leve ardor, pero me desvanecí <em>ipso facto</em>.</p><p>Me transporté a una tierra de ensueño, donde las calles eran playas, y la iluminación era un atardecer perpetuo, coloreando todo de infinitos tonos rojos y naranjas. Entre palacios caminaba al lado de una ninfa de pelo negro y bikini verde. Grandes puertas nos recibieron en uno de los recintos; y al abrir, una fuente de cantera negra emanaba del suelo. Corrí hacia ella y, al tocar el agua cristalina, me desperté abruptamente bañado en sangre y licor.</p><p>Corrí al escritorio y empecé a escribir:</p><blockquote><p><strong>Cristo entre cristales rotos</strong></p><p><em>Labios mordidos con adicción. Dios está aquí con su hijo. El viento cuartea las caras azules. El maquillaje se congela llevando las cargas de los pobres. Por canales paralelos en hielo. Tierra de nieve bajo sus uñas. Arregla sílabas sobre lenguas congeladas. Tratando de recordar las oraciones. El incienso arde en botes de basura, entre mendigos peleando. Jesús de las ciudades, arrastrando campanas desde sus pies. ¿A quién le corresponde la linterna, en el agujero de esta noche?</em></p></blockquote><p>Doblé la hoja manchada gravemente con mi sangre y la puse en un sobre en el que escribí inconscientemente la leyenda: “Caballo de batalla de tres patas”, lo más críptico que se me vino a la mente en ese instante. Sabía que le parecería intrigante. Me bañé, junté mis pertenencias y, con maleta en mano, caminé hacia su dormitorio y toqué a la puerta. Acto seguido, le entregué el sobre, mientras que él me ofreció el lienzo que desde hace mucho tenía preparado para mí. Nos abrazamos brevemente y nos despedimos. Desde aquel entonces no sé nada de él.</p><p>Al final, desde lo más profundo de nuestras almas, ambos obtuvimos lo que deseábamos: yo el vacío que tanto anhelaba; y él, éxito con su óleo. Intentaré entrar a su inauguración y ver si Tim aún me reconoce…</p><p>Hasta me hace pensar en mi poder, recién descubierto con los conjuros, para explotarlo en el enigmático y surrealista Mercado de Sonora, sito en la Ciudad de México.</p>]]></content:encoded>
            <author>jcgaal@newsletter.paragraph.com (jcgaal)</author>
            <enclosure url="https://storage.googleapis.com/papyrus_images/f94316b1014d22f640134d7c993c5c2822bf59beb0a79811465b824b3cda1c60.jpg" length="0" type="image/jpg"/>
        </item>
    </channel>
</rss>