Dos meses de bolibomba
Es una noche de verano en Santiago, en los coletazos de una de las olas de calor que atravesaron enero. Me despierto a las 4:20 am, como cada mañana, cuando el cortisol hace su legendaria carrera cuesta arriba y me impide seguir durmiendo. Reviso el teléfono aunque sé que no debo: 64 mensajes, uno es de Oriana a las 4 am: “estás despierta, asumo”. No me detengo a preguntarme qué hace Oriana despierta a las 4 am; le contesto “¿por qué asumes eso?” y luego reviso los demás. Entiendo antes de qu...
Dos meses de bolibomba
Es una noche de verano en Santiago, en los coletazos de una de las olas de calor que atravesaron enero. Me despierto a las 4:20 am, como cada mañana, cuando el cortisol hace su legendaria carrera cuesta arriba y me impide seguir durmiendo. Reviso el teléfono aunque sé que no debo: 64 mensajes, uno es de Oriana a las 4 am: “estás despierta, asumo”. No me detengo a preguntarme qué hace Oriana despierta a las 4 am; le contesto “¿por qué asumes eso?” y luego reviso los demás. Entiendo antes de qu...