Carrera: Aconcagua Ultra Trail
Lugar: Parque Provincial Aconcagua, Mendoza
Día: 30 de noviembre 2026
Distancia: 25k
Canción clave: Hasta la raíz - Natalia Lafourcade
Datita en Garmin
Gracias: Organización Aconcagua Ultra Trail, Portezuelo del Viento (alojamiento en Las Cuevas), POV Life, Weis, Wik!Taste, mi familia y Maca.
Por la Ruta 7 del departamento de Las Heras en Mendoza, Argentina se encuentra el Parque Provincial Aconcagua, en el límite con Chile. Al ser de la provincia significa que es un área natural protegida de gran valor ecológico, paisajístico y cultural que es administrada y custodiada por el gobierno provincial. Qué honor para Mendoza.

Mucho antes de que lo llamaran el techo de América, el coloso, centinela de piedra, montaña de la muerte. También fue ruta y Qhapaq Ñan (Camino del Inca). Fue montaña sagrada. El Imperio Inca, se expandió hacia el sur en el siglo XV pasando por Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y llegó a lo más alto en esta parte tan increíble de Mendoza.
Los andinos levantaron tambos y centros ceremoniales de altura, y eligieron al Aconcagua como espacio sagrado para realizar rituales como la Capacocha.
Esto se confirma cuando en 1985 andinistas encuentran el cuerpo congelado y preservado de un niño de aproximadamente de siete años en el Cerro Pirámide. Literal tiene forma de una pirámide perfecta lo que debe haber haber sido un llamado de un lugar que simbolizaba mayor cercanía con lo sagrado para realizar sacrificios como el "Capachoca".

Cuenta la historia que para pedir por estabilidad política del imperio, buen clima y fertilidad, llevaban la montaña a niños elegidos en una procesión dandole de beber chicha (bebida ancestral fermentada, no destilada del maíz y cereales) para embriagarlos, que se quedaran dormidos y murieran, finalmente de frío. Calculan que la momia fue dada en ofrenda hace 500 años a 5300 metros de altura y que la expedición que la trajo a la ciudad se dió en la misma fecha del terremoto de Mendoza el 26 de enero de 1985. Coincidencia temporal. Yo elijo creer que el Aconcagua es un territorio cargado de significado, con señales divinas para tenerle respeto.
Hoy, ese pedazo de historia ancestral está a una cuadra y media de mi casa en el Museo natural Cornelio Moyano, el cuerpo de la momia se preserva para estudios y entender estos rituales.
Siguiendo con otras historias hechas en el parque provincial.... El suizo Matthias Zurbriggen, fue el primero de quien se tiene registro de cumbre en el Aconcagua. La consiguió el 14 de enero de 1897. Aunque, no cuesta nada preguntarse e imaginar cuántos pasos habrán llegado antes, sin testigos, sin fechas, sin necesidad de dejar constancia.
Hoy en día hay otros desafíos y formas de registros. Que cómo lo haces, en qué tiempo, por dónde, con qué clima o adversidades, si sos hombre, mujer, binarie, con soporte, sin soporte, autosuficiencia...pero sobre todo hay un registro que es la experiencia interna de cada uno que se le ocurre ir por más.
Los tracks de desafíos se llevan por GPS, apps, relojes. Muchas de esas marcas quedan flotando en lo digital, sin volverse oficiales. No pasan por el registro del Parque Provincial, no buscan validación institucional. Más bien existen en Strava, Garmin, redes sociales y en el orgullo personal de quién conquistó su prueba.
Lo más valioso en la vida es el tiempo. Y el Aconcagua lo sabe mejor que nadie: lleva millones de años ahí, desafiando a todo el que se le acerca. Y al final, podés ir a buscar un desafío, pero es ella la que te va a dejar entrar y te va a mostrar si estás preparado o no para cumplir tus sueños. La palabra final, siempre será de la montaña con una verdad absoluta que es: no siempre es tu momento aunque lo quieras con todas tus fuerzas.
O puede que conquistes lo que planteaste como objetivo. No hay muchas garantías. Más allá del entrenamiento, preparación física y mental hay algo más grande que decide. Hay que probarse y el resto está librado al destino que propone ese altar de 6962 metros de altura.

Pasé un montón de veces en frente del Aconcagua pero nunca había entrado al Parque Provincial. Casi 40 años, nacida en Mendoza y no había ido nunca a la montaña más alta de América. Me lo sigo repitiendo y después de haber estado ahí, todavía no me puedo creer que no haya ido antes.
Este verano traté de retratarla en unos dibujos con líneas curvas, otras rectas, buscando profundidad, relieves, colores... Suena más bonito de lo que quedó el dibujo, pero lo cierto es que usé una foto que miré mil veces. Ya la venía contemplando. Y ella parecía que me estaba llamando.
Esa imagen, sacada de internet, tan en el eter, tan lejana, se fue volviendo camino y terminé participando del Aconcagua Ultra Trail el 25 de febrero. Elegí 25k, una distancia que no había hecho en trail o inclusive alguna vez en mi vida. Qué cosa esto de querer cada vez un poquito más...

Agarré la ruta y me fui hasta arriba viendo todos los colores de la cordillera. Fui un día antes para aclimatar un poco y pasé por la entrada del Aconcagua. Llegué al estacionamiento, me comí un sanguche en la puerta de la camioneta mientras miraba el paisaje y sentía las ráfagas de viento.
Empecé a caminar por el sendero de la base de Horcones hasta llegar a un punto panorámico del Aconcagua. En la cima del mirador, paré extasiada. Después de verla tantas veces para dibujarla, estaba mirando a una mismísima rockstar. Registré que ya no era plana, sus curvas, la Pared Sur, glaciares, la pirámide a dónde encontraron al niño inca. Y en medio de todo eso, registré gratitud, inmensidad, orgullo por ser mendocina y tener a la montaña más alta de América y también la certeza de ya estar viviendo una experiencia única. Todo lo de afuera se aflojó y yo era una parte más del entorno.
Bajé y toqué la puerta del refugio. Conocí a los guardaparques, los guardianes del Parque. Al principio hice preguntas sobre el lugar, las actividades que se podían realizar y con la información que me fueron dando entendí todo el tiempo, esfuerzo, presencia, estado de alerta con el que se manejan. Cuidar 71 mil hectáreas no es poca cosa. Cuidar a quienes deciden visitarlo, tampoco. Nunca se sabe cuándo va a sonar la radio para activar algún tipo de protocolo que puede salvar una vida, atajar alguna situación inesperada del clima que puede cambiarlo todo en segundos.
Cuando les pregunté qué significaba el Aconcagua para ellos, noté un brillo en los ojos. Ya llegando al final de la temporada, creo que el momento que les dí para responder fue uno de pausa de reflexión a donde por unos segundos, miraron en retrospectiva y entendieron por todo lo que pasaron. Responder ante situaciones críticas para salvar vidas, estar en alerta constante, pasar navidad y año nuevo en altura con sus compañeros, lejos de su familia. Supe y sentí que estaban atravesados por tanta intensidad e inmensidad. Hubo un abrazo en el que intenté contener el momento y transmitir gratitud por todo lo que hacen. Habitarla, sostenerla y honrarla con cada fibra de su ser.
Continué viaje cuesta arriba hacia Las Cuevas para alojarme en Portezuelo del Viento. Abro la puerta cargando una mochila con el equipo que iba a usar en la carrera, me recibe Emi. "Al fin llegaste", me dijo. Era la última que faltaba para completar la noche de alojamiento en el refugio de montaña a 3200MSNM. Dejé mis cosas en el cuarto y fui al comedor.
Pedí un plato de pastas que vino con un pancito casero delicioso. Había un grupo que estaba explorando los cerros de los alrededores. Todos sabíamos el valor del lugar a donde estábamos y las experiencias que estabamos viviendo. Brindamos atravesando mesas.
Uno de los integrantes era el profe/guía de las expediciones y me midió el oxígeno. Me dio 92 % de saturación de oxígeno (SpO₂). Para ese momento el cuerpo estaba respondiendo a la altura. Tal vez lo más difícil del desafío era poder correr sin entrar en malestares. Ese resultado me dió un poco de confianza.
Después de cenar me acerqué a la cocina para agradecerles, estaba Emi y los chicos que trabajan en el hospedaje tomando una cervecita y cerrando la jornada. También apareció un corredor más que estaba bastante ansioso y se notaba. Creo que durmió dos horas en total esa noche. Nos quedamos escuchando las historias del lugar y cómo es la vida en el refugio de montaña. Superar el frío, los caños congelados que demoran un baño caliente, tener una puerta tapada de nieve dejándote atrapado, o recibir a personas que buscan estar cerca de la cordillera.

Le había dicho a Emi que si a las 8am seguía viendo mi auto afuera que me despertara porque de ser así, la había quedado. Aunque él no era garantía porque se me rió en la cara cuando le dije la hora a la que me iba. Dormí impecable. Me desperté a tiempo para un cafecito. Me puse calzas negras largas, una musculosa, rompeviento que pesa 75gms, cargué mi chaleco de Weis con hidratación POV Life y unos membrillitos. Arranqué rumbo al Parque Provincial Aconcagua con una playlist tranqui, disfrutando del amanecer.
Los guardaparques me lo habían dicho: "no te pierdas el amanecer". El sol le daba distinto, el aire estaba limpio y algo cambiaba. Asi que lo primero que hice fue volver al mirador. Y ahí estaba esa montaña hermosa, Aconcagua. Las dos nos estábamos despertando. Estaba inmersa, tan expandida que sentía que la montaña me habitaba, me recibía. Iba a salir todo bien.
En la entrada en calor me encontré a Pía Carayol, una sanrafaelina crack que es parte del seleccionado argentino de trail. Viene ganando todo en distancia Classic. Verla correr es un lujo: parece que levitara. Nunca vi a alguien hacer un descenso con tanta elegancia. Además, ya me la he cruzado en el parque San Martín y su estilo es inconfundible. Claro que solo la vi en la largada, cuando volvía y en el podio. Todo muy fugaz.

Llegó la hora de arrancar desde Horcones a mover las piernitas. Tenía la certeza de que iba a terminar la carrera y también tenía la certeza de que iba a estar muy alto. Porque sólo veía la subida en frente mío. Llegué a la base del Aconcagua, Confluencia a 3.450 MSNM. Lo más cerca que estuve del cerro. En este punto me tomé un tiempito para mirar a donde estaba, conocer el campamento, que es al primero que llegan los andinistas para seguir avanzando a la cumbre. Me hidraté y comí un membrillo con queso, pero la realidad es que había un banquete, hasta pizza caliente estaban sacando. Ya me daban ganas de quedarla, tomar un solcito y bajar quien sabe cuando. Pero seguimos.

El resto fue bajada. Ya con un trote más fluído fui pensando en personas que quería dejar atrás o cosas que no quería más para mi. Mi ceremonia fue de despedida, en movimiento la montaña me fue acompañando mientras soltaba, dejándome cada vez más liviana.
La altura me había baleado un poquito. Parecía que iba corriendo recién salida de una anestesia. Pero nada de más o nada que me fuera a detener. Seguí camino al icónico Puente del Inca. Parte del Qhapaq Ñan, ruta andina de más de 30.000 kilómetros declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el 2014. Me vuela la cabeza participar en estas carreras porque pasamos por pedazos con mucha historia. En este caso: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú que comparten este patrimonio común: la cordillera y el Qhapaq Ñan o Camino Principal Andino.
El sendero seguía y la próxima parada era Penitentes, el final. Caminé, corrí, seguí al río. Nunca me imaginé que iba a llegar al tramo final corriendo. Llegué entera y cuando crucé la meta agarré esa cinta y la levanté como si hubiera ganado un mundial, era alegría pura.
Uno de los organizadores de la carrera tuvo la gentileza de llevarme hasta Horcones para buscar mi auto y un sanguche que me estaba esperando. En el camino hablamos de algo que también pasa, aunque no siempre se vea: cómo este tipo de eventos activa la economía del lugar. Desde Las Cuevas hasta Los Penitentes, hubo alojamientos ocupados, mesas llenas, movimiento en restaurantes y gente trabajando gracias a la montaña, pero desde otro lugar. La experiencia también deja huella en los que viven ahí, en ese ecosistema que elige la montaña como forma de vida.
Una parada más antes de volver. Toqué la puerta de los guardaparques para despedirlos. Me preguntaron cómo me había ido en la carrera. De repente a quien se le llenaban los ojos de lágrimas era a mi. Estaba agradecida infinitamente por haber tenido la experiencia de andar por la cordillera, por esa montaña, una de los 7 summits y que encima es mendocina. "Ah viste, vos nos hiciste llorar ahora te tocó a vos. El Aconcagua te recibió de brazos abiertos", me dijeron. Se cae una lágrima.
Bueno casi que volvía y entré a Penitentes en el auto para ver si mi amigo Tano Ísola y su compañera de aventuras Magui Nieto habían llegado. Si querés leer sobre el desafío 70K (Aconcagua) + 70k (Aconcagua Ultra Trail), te lo dejo acá.

Después de ver el mejor abrazo de mi vida, emprendí el camino a casa. Por Uspallata empezó una lluvia tremenda, asi que con calma navegué la ruta y llegué a destino con el corazón en calma y feliz por todo lo que había vivido.
Al día siguiente sentí que estaba plena, con una tranquilidad enorme, de esas que vienen después de un sacudón intenso. Caminaba sin peso. Entendí que el ritual y mi intención en movimiento había surtido efecto. Conectada con mi autenticidad, más alineada y con la certeza de que algo se había ordenado por dentro y que con esa fuerza se abrirían portales para salir a vivir nuevas aventuras.
Por la tarde fui a nadar para ablandar y para prepararme para la próxima prueba, al finde siguiente nadaba 2500mtrs en una posta para el Pentatuel. Fui a la pileta en un horario distinto. Estaba tranquila y conectada con algo tan verdadero, una energía, que elijo creer, actuó como magnetismo. En el fluir del agua encontré la corriente que me llevó a conocer a alguien que hizo que la Luciana que estuvo el día anterior en la montaña no fuera la misma a la de hoy.
Predispuesta a sentirlo todo y con el todo. Destapé un coraje que estaba guardado, por medirme y por miedo a que no se aceptara mi potencia e intensidad. Hoy con el corazón abierto...exploro sin ponerle freno al sentir atravesando esta vida a mi forma en este tiempito que me toca. Y de esa forma encontré una persona super especial para sumar nuevos capítulos a esta historia de aventuras.
Tener la oportunidad de participar en el Aconcagua Ultra Trail y estar presente en esa montaña tan impactante me mostró que las conquistas son internas y que el resto va a llegar. De hecho, llegó y está siendo épico como todo lo que quiero para mi vida! No acepto otra cosa.



