Over 400 subscribers
Repasando la razón por la cual se lanzó esta campaña para promover los valores y estilo nounish mediante la divulgación de artículos y micro-ensayos y la realización de cohortes y talleres, me encuentro con este término. Lo primero que pensé es, suena redundante, porque siento que la cultura es ya de por sí descentralizada, o al menos una cultura que goce de buena salud. Luego pensé en los recursos y la forma de distribuirlos y pues claro, allí tiene todo el sentido que se necesite enmarcarlo en la descentralización, para evitar un conflicto de intereses entre quién brinda los recursos y lxs artistas y promotores, para garantizar la diversidad.
ChatGPT lo resume así: La descentralización cultural se refiere al proceso de distribuir y diversificar la producción, difusión y acceso a la cultura, alejándose de un modelo centralizado donde una sola entidad o grupo controla la mayoría de las decisiones culturales. Este concepto busca promover la participación de diversas comunidades, grupos y regiones en la creación y gestión de actividades culturales, permitiendo que diferentes voces y tradiciones sean reconocidas y valoradas.
Ya sabemos que la descentralización consiste en una forma distribuida de crear, conservar y distribuir información y otros recursos, la cultura, por otra parte, es más difícil de definir. Antropólogos, etnólogos, sociólogos e historiadores se han enfrentado a esa tarea para construir una definición que refleje el quehacer cultural en su devenir, con su significado flotante, es decir, en permanente construcción y deconstrucción.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), ha elaborado un concepto que es aceptado en los ámbitos de la academia por diversos países: “La cultura… puede considerarse… Como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. (…)”
Algunos aspectos clave de la descentralización cultural incluyen:
Diversidad cultural: fomenta la inclusión de diferentes culturas, tradiciones y expresiones artísticas, lo que enriquece el panorama cultural general.
Participación comunitaria: impulsa la participación activa de las comunidades locales en la toma de decisiones sobre sus propias prácticas culturales, lo que puede fortalecer la identidad y cohesión social.
Acceso equitativo: busca garantizar que todas las personas, independientemente de su ubicación geográfica o situación socioeconómica, tengan acceso a actividades y recursos culturales.
Desarrollo sostenible: puede contribuir al desarrollo económico y social de las comunidades, al promover el turismo cultural y la economía creativa.
En resumen, la descentralización cultural es un enfoque que busca democratizar la cultura, permitiendo que una variedad de perspectivas y tradiciones sean parte integral del tejido cultural de una sociedad.
Como bien sabemos, la descentralización es uno de los pilares de la Web3 y ha traído innovaciones respecto a la forma como nos organizamos y nos asociamos, lo más destacado son las DAO. Según DeepDAO, existen en este momento más de 50k Organizaciones Autónomas Descentralizadas, de las cuales, 97 hacen parte de la categoría de Arte y Cultura.
Las DAO llevan la descentralización de la cultura al siguiente nivel, al ser organizaciones por fuera de cualquier entidad estatal o privada y al generar, almacenar y decidir sobre los fondos de manera colectiva mediante sistema de votaciones validado por medio de tokens. Sin embargo, en el caso de Nouns todavía queda camino por recorrer, puesto que al permitir un voto por token y también la acumulación de tokens, hace factible que unas cuantas ballenas se apoderen del poder de decisión de la DAO.
En occidente, la mayoría de países se rigen bajo un modelo federado, es decir una unión de microestados donde el presidente no tiene el poder absoluto sobre todo el territorio nacional, por ejemplo en Estados Unidos (su nombre lo indica de hecho) algunas leyes son aprobadas en unos estados y en otros no. En el caso de Francia o Colombia las cosas funcionan un poco diferente. Son Repúblicas centralistas, funcionan por medio de democracia representativa, igual que los otros, pero las decisiones y la liberación de recursos está más atada a lo que se decida en la capital política, no solo por el presidente, sino por el congreso (Senado y Cámara de Representantes). Esto dificulta que muchas actividades culturales en los territorios periféricos se lleven a cabo, por falta de presupuesto.
En el caso de Colombia ya hay un plan para descentralizar la gobernanza y delegar más tareas y presupuesto a los departamentos y municipios. Sin embargo, ese plan tiene que garantizar, que la corrupción local no se quede con la mayor parte y sea una estructura aún menos favorable para la cultura, un problema para el cual la blockchain podría ser parte de la solución, una muy interesante y confiable.
La cultura de por sí es diversa, no podría serlo de otra forma, cada vez que una civilización censura formas de expresión y establece una sola cultura hegemónica como única válida, esta llega a un punto de quiebre hasta que desaparece o se transforma. Podemos ver el ejemplo del imperio romano, desde que Iskander Zul-Karnain (Alejandro de Macedonia) expandió el imperio más allá de las fronteras conocidas hasta entonces, Roma acogió todas las culturas de cada una de las regiones e incluso se realizó el primer proyecto cultural globalista con la Biblioteca de Alejandría.
Luego el imperio se dividió en su parte occidental y oriental, la primera parte, gobernada en ese momento por Diocleciano, estableció un modelo centralista, además de que, más adelante, Teodosio impuso el cristianismo como la única religión válida y considero todo lo demás como pagano y prohibido. El cristianismo, como sabes, censura no solo otras religiones, sino también formas de expresión cultural. Cuando se habla de la caída del imperio romano, en su mayoría, se refieren a la parte de occidente, que tuvo su fin en el año 410 y da inicio, a nivel histórico, a la Edad Media. El imperio Bizantino, como se le llama al imperio romano de oriente, duro por su parte hasta el año 1453. El imperio romano que todos conocemos duro 80 años, mientras que el imperio Bizantino duro casi 10 siglos.
Actualmente, el panorama no luce mucho mejor que entonces. Aunque nos podemos ver por una pantalla a una distancia mucho mayor que la que abarcaron los romanos, los algoritmos de las redes sociales más usadas, controlados por grandes corporaciones tecnológicas (BigTech), que a su vez son gerenciadas por unos cuantos ejecutivos sin escrúpulos, nos están llevando a vivir bajo modelos narcisistas donde el monopolio digital se refleja en un monopolio cultural. Los algoritmos encierran una esfera a nuestro alrededor donde solo entran nuestros propios intereses y paradigmas, lo que crea una sociedad polarizada, poco empática y sesgada en realidades muy pequeñas.
En el ámbito tecnológico hay resistencia a esta tendencia no solo de parte de la Web3, sino también de espacios como el Fediverso, una red de redes (sociales) no comerciales que funcionan de forma federada por medio de nodos P2P, la más famosa es Mastodon, una plataforma de microblogging parecida a Twitter. La Web3 se ha enfocado más en la sincronización con los cripto-ecosistemas y la posibilidad de tokenizar las interacciones entre lxs usuarixs, pero también es un referente con protocolos como Farcaster y Lens.
En los territorios siempre van a existir expresiones culturales autóctonas, aunque la globalización amenace con extinguirlas, queda en grupo, una persona, un papel o un registro histórico, un testimonio de ese patrimonio, que en algún momento será rescatado, vuelto a exponer y a reapropiarse por parte de la comunidad.
Muchos de los grandes inventos y paradigmas vigentes hoy, surgieron de una observación minuciosa de la naturaleza. Hoy sabemos que los ecosistemas sobreviven gracias a su propia bio-diversidad. De esta forma entendemos que en cualquier sistema, entre más factores se vean involucrados en una interacción continua entre sí, más fácil es que se sostenga a sí mismo. Hay límites y excepciones, claro, pero a grandes rasgos podemos ver como la naturaleza es la verdadera máquina infinita que nunca para y donde el efecto domino siempre tiene una ficha que no termina de caer antes de ver la siguiente.
Nuestra cultura no es una sola, tiene múltiples caras y diversas formas de expresión, mientras los espacios para su libre desarrollo no sea condicionado por intereses comerciales, políticos o de cualquier índole, podremos asegurar una sociedad sana a largo plazo, ser nounish y estar bullish en la humanidad.
*https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/descentralizacion-cultural-en-morelos-desarrollo-de-las-comunidades/
Saeta