¿Quien es santiago araujo?
Vaya, esta es una pregunta muy concreta y que lleva a una respuesta algo extensa. Intentaré ser lo más real posible al escribir esto que están por leer, porque la razón principal por la que me estoy tomando el tiempo de redactar todo esto es para que me conozcan un poco mejor: mi trayectoria, mis fracasos y, sobre todo, el motivo por el que estoy haciendo esto. No sé muy bien dónde terminará todo esto que estoy empezando a crear con mi marca personal y esas cosas, pero espero que salga lo mejor posible. Si me va bien a mí, les prometo que a ustedes también les irá de maravilla. Recuerden que todo esto se trata de aportar lo más que se pueda. :)
La razón principal por la que decidí empezar a construir mi marca personal, enfocada en el ámbito de las finanzas, negocios, inversiones y emprendimientos, es porque desde muy joven, a los 17 años para ser exacto, comencé a meterme poco a poco en temas de emprendimiento y cosas por el estilo. A esa edad creé mi primer emprendimiento: una página web donde intentaba lanzar mi marca de ropa. Evidentemente, no funcionó. ¿Qué carajos iba a saber yo de negocios a esa edad? Además, la razón principal por la que quería crear mi marca de ropa y tener negocios exitosos era muy simple: obtener retornos económicos gigantescos. ¡Error! Más tarde, gracias a la experiencia que fui adquiriendo y a las personas que conocí, me di cuenta de que las cosas no funcionan así. También entendí que tener una empresa no era lo mío, porque el último que cobra eres tú, tienes a muchas personas a tu cargo, hay un montón de presiones y demás.
Es curioso, porque desde los 12 años, más o menos, y hasta la fecha, las pláticas que tenemos mi papá y yo siempre giran en torno a negocios: “¿Te imaginas poner un negocio de esto o lo otro por allá?”, “¿Uber, sabes lo exitoso que es?”, “¿Sabías cuánto ahorran en combustible los aviones por quitar una aceituna de las ensaladas?”. También hemos visto uno que otro episodio de Shark Tank. De igual manera, desde los 17 años hasta ahora, me di cuenta de que tengo una facilidad natural para las finanzas. No es por presumir, pero lo que les voy a contar a continuación es sobre un examen de aptitudes que contesté casi al aventón, sin ponerle mucha atención, salvo en las partes que me interesaban, y aun así saqué casi puntaje perfecto en finanzas.

Desde ese momento me di cuenta de que había algo diferente en mí. Decidí dejar la escuela poco a poco porque sentía que ese no era “mi lugar” y comencé a enfocarme en cosas que realmente me llenaban y me apasionaban. Mi meta era clara: aprender de negocios, alcanzar la libertad financiera y tener resuelta toda la parte económica. A los 18 años, me aventé a vivir solo en un pueblo bicicletero llamado Tlaltenco (con todo respeto si vives por allá). Un “amigo” de ese entonces me ofreció empezar un negocio de venta de dulces en la calle, y como yo estaba dispuesto a hacer lo que fuera para lograr mis metas, acepté. Estuve vendiendo dulces, pagando renta, trabajando como chalán hojalateando coches y, de vez en cuando, lavando carros. Pero esa ilusión de que así lograría mis objetivos se fue desvaneciendo con el tiempo. Me di cuenta de que ese no era el camino correcto. Estuve a punto de caer en desnutrición porque no tenía ni para comer. Viví una pequeña probadita de lo que es la vida de “calle”, una realidad que, lamentablemente, muchas personas enfrentan hoy en día. Recuerdo salir de hojalatear coches, tomar el metro en Ermita, transbordar a la Línea Dorada y ver el caos que se armaba de 4 a 6 de la tarde. Te das cuenta de cómo vive la gente: las filas para tomar un mototaxi, caminar por calles solitarias de noche, no alcanzar para el pasaje o la renta, pasar hambre mucho tiempo y ver a las personas en el mismo vagón del metro muriendo de sueño y cansancio, solo para llegar a casa y repetir la rutina una y otra vez. Realmente viví esa etapa, y me hizo reflexionar muchísimo sobre la posición de la que venía. Al sexto mes, decidí regresar a casa de mis padres con la “cola entre las piernas”, sabiendo que ese camino no me llevaría a ningún lado, mucho menos a mi objetivo. No es que viniera de una casa de cartón, ni mucho menos; vengo de una familia de clase media-baja, donde solo hay para lo esencial y nada más. De hecho, precisamente por esas carencias económicas, me metí aún más en el mundo de las finanzas y las inversiones, porque quería cambiar mi vida y dejar de padecer tantas necesidades.
Pasó el tiempo, regresé a casa, llegó la pandemia y seguí aprendiendo cosas en internet. Intenté ganar algo de renombre en línea, pero no pegó porque mi contenido era aburrido y, de nuevo, me faltaba experiencia. Además, no me lo tomé tan en serio como ahora. Gracias a esa necesidad de buscar experiencia y los momentos solitarios de la pandemia, descubrí una app nueva llamada Clubhouse, por un tipo de internet llamado Gerry Sánchez, quien, por cierto, me enseñó muchísimo sobre crecimiento personal y cosas por el estilo. Clubhouse era una app innovadora, como estar en una entrevista en tiempo real o en una llamada con personas importantes. Era común que figuras como Jordan Belfort, Arturo Elías Ayub o algún empresario de renombre abrieran salas y hablaran de algún tema. Así, como oyente, tenías la oportunidad de charlar con personas que solo veías en Forbes o en la tele. Así empezó mi búsqueda de experiencia. Lo chistoso es que en la mayoría de las salas de Arturo Elías Ayub y otros empresarios, hablaban más de cómo estuvo tal película o temas random que de negocios. Más tarde entendí que esas personas, aunque hacen cosas interesantes, son como tú y como yo: seres humanos a los que les gusta la peda, se ponen crudos, ven películas, escuchan música, ven memes y demás.
Fue así como conocí a un amigo de internet al que quiero muchísimo, aunque no lo haya conocido en persona y apenas hablemos: Alex Obando. Lo conocí en Clubhouse, hablando de negocios y emprendimientos, específicamente sobre su agencia de marketing digital. Como siempre he sido cero penoso, le preguntaba cosas como cuánto ganaba o preguntas socialmente incorrectas, y él, sin problema, me respondía. Creo que notaba mi inocencia y falta de madurez, pero aun así me ayudaba con mis dudas. Gracias a las salas de Clubhouse, conectamos, me pasó su WhatsApp y fuimos ganando confianza. En ese entonces, alrededor de 2021, las criptos estaban en boca de todos, y como yo buscaba una forma “fácil” de hacer dinero, captaron mi atención. Resulta que Alex tenía inversiones en criptomonedas. Por él, conocí a otro tipo, Elías, con quien nunca fuimos muy cercanos. De hecho, me veía raro, como si desconfiara de mí o no sé, como ese tío que te mira con desprecio tipo “ay, ya llegó este wey otra vez”, jaja. Tal vez no era así, pero así lo sentía. Elías tenía un NFT valuado en 10,000 dólares, y yo, de “wow”, porque nunca había visto tanto dinero en mi vida, menos que lo mencionaran como si nada. Luego conocí a Richie, otra persona que quiero y aprecio mucho, aunque no somos cercanos. Richie es el creador de Aviación Mundial, una página dedicada a compartir su pasión por los aviones. Éramos Richie, Alex y yo contra el mundo. Me ofrecieron administrar su página de Facebook con 200 mil seguidores, subir contenido y demás. No fue exactamente “mi primera chamba” porque no me pagaron, pero sí me sirvió como primer acercamiento al mundo de las páginas de internet y las comunidades.
Durante la pandemia, cada día a las 9 de la mañana teníamos un Zoom los tres. Al principio estaba súper entusiasmado, pero con el tiempo llegaba tarde o recién levantado porque, a veces, soy muy flojo. Sentía que entraba al Zoom para nada, solo “existía” ahí, jaja. Un día, a Alex se le ocurrieron dos ideas:
Crear una página para ofrecer servicios de limpieza a domicilio en Brickell, Miami, donde vivía Alex. La idea era revender servicios de una compañía que ya los ofrecía, pero bajo nuestra marca, como una especie de dropshipping de limpieza. No funcionó porque Alex no le dio el enfoque necesario y yo no tenía idea de lo que hacía por falta de experiencia. El emprendimiento quedó en el olvido.
Crear una colección de NFTs para Aviación Mundial. Aunque esa colección nunca despegó, esta idea me cambió la vida. No sé por qué, pero Alex veía un potencial en mí con las criptos. A finales de 2021 o principios de 2022, cuando los NFTs estaban en auge, Alex, con una fe inexplicable en mí y a pesar de que yo no tenía un peso, me pagó un curso de 300 dólares con Marcus Magnusson, el creador y animador de Invisible Friends, una de las colecciones de NFTs más importantes de ese momento.

En ese entonces, los NFTs eran un éxito porque nadie en el mundo entendía cómo funcionaban. Solo con que fueran bonitos, ya valían millones, jaja. ¡Menuda burbuja financiera!
Bueno, tomé ese curso para crear los NFTs de Aviación Mundial para Alex y Richie. La idea era ofrecer beneficios a los seguidores: meetups, viajes gratis, una cuponera digital relacionada con la aviación, todo asociado a un NFT. Ahí me tienes, con la computadora prestada de mi mamá, que se trababa a cada rato. Mi laptop, la había regalado a un “amigo” que apreciaba, parte de mi grupo de amigos de ese entonces. Según él, la necesitaba para hacer tareas durante la pandemia porque no tenía compu. Quién sabe si la vendió o qué, pero nunca supe de ella. A veces entiendo a mis papás: un día su hijo vende su Xbox para crear una marca de ropa que fracasó, se va a vivir solo a vender dulces, regala la computadora que le compraron como si nada y, para acabarla de chingar, rechaza su lugar en la “máxima casa de estudios” para perseguir un futuro incierto. ¡Pues cómo no se van a enojar, jaja! La verdad, he sido un hijo bastante peculiar.
Volviendo al tema, tomé el curso y completé casi todo, menos la parte de animación, porque la compu de mi mamá no aguantaba After Effects y se trababa cada vez que intentaba usarlo. Hasta la fecha sé ilustrar, pero me quedé con ganas de aprender animación. Tal vez lo retome algún día, no sé, porque la verdad es una rompedera de cabeza y no es algo que me encante hacer.

La colección de NFTs nunca vio la luz. Aunque los beneficios eran buenos y el negocio tenía potencial, no le dimos la importancia necesaria. La audiencia de Aviación Mundial no sabía nada de cripto, así que, en resumen, ese proyecto también fracasó. A pesar de eso, no sé cómo, logré tener un Zoom con alguien que trabajaba en Volaris. Le conté sobre el proyecto y estaban interesados en ofrecer boletos de avión para los compradores de los NFTs. A veces me identifico mucho con esa escena de Po en Kung Fu Panda, donde no sabe cómo, pero llega a lo más alto de la alacena por galletas y luego no sabe bajar. Sé que tengo un potencial increíble, pero a veces lo desperdicio más de lo que me gustaría o no confío en mí tanto como debería.
Pasó el tiempo, llegó 2022, y todo lo relacionado con Alex y Richie quedó en el pasado. Todavía tengo acceso al Twitter de Aviación Mundial; supongo que se les olvidó cambiar la contraseña. Dejamos de hablar y cada quien siguió su camino. Aunque no hemos vuelto a contactarnos, les guardo un cariño enorme y espero algún día pagarle a Alex esos 300 dólares por el curso que, sin querer, me cambió la vida. Ahora Alex y Richie tienen un negocio llamado Flash Gas, que es básicamente gas a domicilio, ya sea para cocina u otros tipos de gas, y les va muy bien. Es bonito ver que una de tantas ideas locas que tuvimos funcionó. Yo no tuve esa idea y, al principio, no le veía ni pies ni cabeza, otra vez por mi inexperiencia. Si Alex o Richie ven esto, quiero que sepan que los aprecio muchísimo. Espero conocerlos algún día y agradecerles por la oportunidad que me dieron en esa etapa de mi vida. La recuerdo con cariño, aunque tiene un sabor agridulce porque no llegué a ningún lado en esos años, ni me acerqué a mi meta. Pero gracias a toda esa experiencia, empezó mi “peak” :)
En 2022 comencé a hablar con Javi Rodríguez, un tiktoker medio famosillo por su serie de “lifehacks ilegales”. Empecé a contactarlo porque preguntó en sus historias de Instagram quién sabía de NFTs, y yo le respondí. Me dijo que quería crear una colección de NFTs y me ofrecí a ayudarle. Mientras trabajábamos en ese proyecto, por el que nunca me pagó porque no se concretó, él estaba empezando un negocio digital de venta de vapes al mayoreo, en pleno boom de los vapes. Era la famosa página de DonMaskKing Mayoristas. No sé si aún existe; creo que no, porque los vapes son ilegales en México al día de hoy que escribo esto. Pero, de nuevo, gracias a esos Zooms que tuvimos para “hablar” de la colección de NFTs, me motivaba muchísimo ver a alguien casi de mi edad rompiéndola.

La sonrisa de oreja a oreja de Javi lo reflejaba todo. La colección de NFTs para él nunca se concretó; decidió enfocarse en su negocio de vapes y, hasta donde sé, ahorita se puso verga, diversificó en varias inversiones, anda viajando por el mundo y se compró un Maserati. Nunca fuimos cercanos, solo fue algo que pasó porque tenía que pasar. Lo considero una persona muy inteligente y súper capaz. Si ves esto, Javi, me llena de orgullo haber visto cómo empezó tu emprendimiento y que ahora estés viviendo tus sueños. ¡Te lo mereces! Que te siga yendo cada vez mejor :)
Gracias a una foto de sus ventas mensuales, me di cuenta del potencial de posicionarte en internet. No se trata de ofrecer la cura para el cáncer, sino cosas sencillas que la gente necesita. Pasaron los meses, Javi se fue del país y yo seguí mi camino.
Llegó mayo de 2022, y seguí educándome cada vez más sobre criptos. Hasta la fecha, son mi pasión y especialidad. Twitter se convirtió en mi rutina matutina, y gracias a la recomendación de contenido, descubrí Ethereum México, una página de Ethereum Global para México. Empecé con ellos buscando aprender, ya que ofrecían clases gratis sobre criptos con invitados como Mad Cripto y otros. Yo solo quería absorber conocimiento. De hecho, les hice un POAP de regalo a Ethereum México para que me conocieran y alguien solicitara mis servicios de diseño. No pasó, porque, la neta, mis diseños dejaban muchísimo que desear, jaja, y no cuidaba los detalles.
Asistí a cada live, leí cada post, me estaba educando cada vez más, y fue entonces cuando vi el mítico hackathon de Ethereum en México. Ese evento cambiaría TODO en mi vida más adelante. Un hackathon, en resumen, es un concurso donde usas tecnología de patrocinadores para crear proyectos, y según qué tan bueno sea tu proyecto y cómo uses la tecnología, ganas premios. Me aventé sin saber nada de programación. Mi obsesión por estas tecnologías era tan grande que nada me detenía. Necesitaba un equipo para participar, así que ahí estaba yo, con mis escasos conocimientos de criptos e ilustración y la compu de mi mamá contra el mundo. Cuando llegó el momento de enviar los equipos, me entrevistó el líder, Temo, y no sé por qué me eligió entre otros que solicitaron entrar, pero gracias a ese visto bueno me uní. Ahí me tienes, con 18 años, rodeado de gente mayor, con mejores computadoras, más conocimiento y mucho más que ofrecer. Mi equipo estaba formado por Temo, Paige, Roy y otra persona cuyo nombre no recuerdo. Todos eran programadores con experiencia, con computadoras de lujo y una inteligencia impresionante. Había una estadounidense y un chico de Taiwán que era una máquina: vivía de hackathon en hackathon por el mundo, ganando premios y formando equipos con desconocidos. Siendo honesto, no siento que aporté mucho; ellos sabían más que yo. Mi rol era hacer la presentación del proyecto y exponerlo ante los jueces. Trabajamos 48 horas sin parar. Pasé la noche en el lugar del evento; Temo me ofreció dormir en su Airbnb, pero decidí quedarme para vivir la experiencia al máximo. De hecho, pasé mi cumpleaños solo en esa competencia, porque, una vez más, era yo contra la vida, persiguiendo mis sueños.
Mientras avanzaba el hackathon, hablé un poco con Roy. Le pregunté cómo le hizo para dedicarse a la programación y vivir de ello. Me contó que tomó un curso de UX/UI en Coursera o alguna plataforma similar, empezó ofreciendo sus servicios gratis a empresas vía DMs en Twitter, consiguió clientes y le comenzó a ir muy bien. Esa plática me abrió los ojos: entendí que había otras formas de aprender sin ir a la escuela y cómo monetizar lo que sabes.
Llegó el día. Subimos el proyecto al primer filtro, y milagrosamente pasamos. Luego tocó exponerlo ante los jueces, y ahí entró mi rol: “vender” el proyecto. Siendo honesto, en la escuela odiaba hacer cartulinas; siempre me quedaban horribles. Pero, por alguna razón, me encantaba exponer y echarme la chamba encima. Casi nunca estudiaba para las exposiciones, y aun así nos iba bien, jaja. Ahí me tienen, yo contra los jueces, con mis compañeros apoyando en detalles. Noté una química increíble con los jueces y mi equipo. Casi todos nos dieron el visto bueno. Estábamos nerviosos, pero algo nos decía que íbamos bien. Tenía tantas ganas de cambiar mi vida que, un día antes, fui a la iglesia de San Judas a pedir por el hackathon. Mi papá es muy devoto de él, y después de esa experiencia, yo también. Siempre que estoy desesperado o preocupado, lo busco, y nunca me ha fallado.
Tras exponer el proyecto y 24 horas sin dormir, el cansancio me pasó factura. Me quedé dormido en la sala del recibidor. De repente, Roy me llamó: “¡Lo logramos, lo logramos!”. Nuestro proyecto fue uno de los ganadores. Ahí empezó lo interesante: mi primer hackathon, recién cumplí 19 años y gané. Tal vez no fui el que más aportó, quizás solo estuve en el lugar correcto, en el momento correcto, con las personas correctas. No lo sé. Lo que sí sé es que ganamos. Le regalé a Vitalik Buterin (el creador de Ethereum) un Dr. Simi firmado por todos los hackers y expuse el proyecto frente a cámaras y todo. La verdad, del miedo, la regué un poco, pero lo logré. Así gané mis primeros 1,000 dólares en un fin de semana.








Si por alguna razón leen esto, Roy o Temo, quiero decirles gracias de corazón por darme la oportunidad que cambió mi vida. Son personas que admiro muchísimo y espero volver a encontrarme con ustedes algún día.
Roy decidió continuar con el proyecto, y del resto, cada quien tomó su camino. Gané, y me quedé pensando: “¿Y ahora qué sigue? ¿Debo aprender a programar? ¿A dónde tengo que ir?”. Surgieron mil preguntas así. Gracias a esas dudas y al hecho de haber logrado algo tan importante a mi corta edad, me sentía perdido. No era como que pudiera contárselo a mis papás; para ellos, solo gané un concurso, pasé mi cumpleaños solo y era algo de programación. No tenían forma de entender la magnitud de lo que había logrado.
No sé si buscaba aprobación, alguien que reconociera mi esfuerzo o solo quería compartir lo que pasó, pero le mandé un mensaje por Instagram a un tipo que tenía un fondo de inversión. Ya saben, ese vato que vivía de invertir, con una vida llena de lujos, billetes, Porsches, comidas fancy, etc. Pensé que él tal vez me entendería. Y así fue como conseguí, ahora sí, “mi primera chamba”. Esta persona se sorprendió por mi logro y me contrató para trabajar en su empresa. Creo que, sin querer, seguí el consejo de Roy sobre escribirle a empresas y ofrecer tus servicios, aunque en realidad no le ofrecí nada; solo le conté mi logro. Me respondió: “Ven el lunes y platicamos de cómo podemos colaborar”. Estuve a punto de no ir, otra vez por flojo y porque no tenía idea de qué estaba pasando.
Así empezó mi vida en el mercado de valores. Era, una vez más, yo y mi poca experiencia contra el mundo. Mi trabajo consistía en educar a otros sobre criptomonedas en su academia de inversiones y educación financiera, vender portafolios de inversión a distintos clientes, enviar sugerencias de inversión y gestionar algunas cuentas. Resultó que era tan bueno investigando y analizando que predije dos crisis con órdenes short. Anticipé que FTX colapsaría, afectando varias criptos en su portafolio, y que Solana caería a 10 dólares, mientras que el token de FTX se iría a cero. Obvio, eran órdenes de venta, y varios clientes hicieron muchísimo dinero, sobre todo porque eran operaciones apalancadas. Esto me mostró, y le mostró a los demás, de lo que era capaz.
Con el tiempo, me convertí en uno de los mejores vendiendo, operando y analizando. Vivía un sueño total. Antes, ver cantidades grandes de dinero era raro para mí; ahora, escuchaba cifras enormes todo el tiempo. Era un sueño hecho realidad. Ese niño de 17 años que soñaba con la libertad financiera y grandes ingresos lo estaba logrando. Por fin estaba en el lugar correcto, donde estaba el dinero de verdad.
Pero, gracias a mi inexperiencia, en vez de aprovechar el momentum e invertir buena parte de lo que ganaba, lo malgasté. Tenis caros, salidas costosas, deudas, gastos hormiga… En resumen, desperdicié horrible la mitad del tiempo que estuve ahí. Era normal, supongo: pasar de no tener nada a ver pagos de 30,000 pesos para arriba era como darle a un niño fósforos y dinamita.
Fue gracias a eso que entendí que esto que me pasó le puede pasar a cualquiera. No importa cuánto ganes; si no sabes manejar el dinero, la vida te castiga.

Fue cuestión de tiempo para darme cuenta de que la estaba cagando muy feo. Eso, sumado a que ya no la pasaba tan bien en la empresa y quería salir para montar algo propio, me llevó a elaborar mi “plan de escape”. Ahorré como nunca; cada peso que entraba lo guardaba y, ahora sí, comencé a invertir. Armé mi portafolio de criptomonedas (ya veremos con el tiempo si la vida me da la razón), inicié un criadero de gatos persas y me metí a comprar y vender coches. Esas son mis tres inversiones principales hasta hoy.
Lamentablemente, el “plan de escape” funcionó a medias. Me hubiera gustado que esta etapa de mi vida durara más, no solo dos años y medio. Solo necesitaba seis meses más para irme y arrancar mis propios negocios e inversiones, pero, por desgracia, debido al mal manejo del capital de los clientes por parte del dueño del fondo de inversión y porque un “amigo” del trabajo me traicionó a mí y a otros compañeros, mi tiempo ahí terminó antes de lo planeado. Aunque salí con unos 300,000 pesos en ahorros, invertidos en diferentes cosas, las malas decisiones de mi pasado me pasaron factura. Me quedé sin trabajo y con un montón de deudas grandes que, hasta el día que escribo esto, sigo pagando. Tuve que trabajar en Mercado Libre para cubrir algunas mensualidades de tarjetas. Fue complicado; tenía que pagar deudas de mundos totalmente diferentes, deudas que adquirí cuando podía gastar 20,000 pesos como si nada. Ahora debía pagar esos 20,000 ganando centavos. Aunque fue un golpe duro y actualmente trabajo en un lugar donde no me siento nada feliz ni cómodo, es cuestión de tiempo para saldar todas mis deudas y empezar de nuevo, pero ahora sí bien.
La etapa de mi vida trabajando en el mercado de valores a los 19 años fue lo mejor que me pudo haber pasado. Estuve en los mejores lugares de mi país, viví experiencias increíbles, no dependía de nadie, podía ir a donde quisiera cuando quisiera, cuidaba de los míos y tenía uno que otro detalle con ellos. Ahí entendí que, aunque el dinero no resuelve todos los problemas, es mejor tenerlo que no tenerlo. También enfrenté un problema serio de salud que, gracias a Dios, pude costear sin problemas.
A pesar de los ahorros que conseguí y las experiencias increíbles, estoy agradecido principalmente por las personas que pasaron por mi vida en ese trayecto y las que aún conservo y considero familia. Conocí a mi novia, a un grupo de amigos que aprecio con toda mi alma y que siguen conmigo, y a otro grupo con el que, lamentablemente, ya no hablo por diferencias. Los extraño a diario y los recuerdo con todo el amor de mi corazón. Gracias a todas las personas que mencioné en este relato, a las experiencias, errores, aciertos y fracasos, hoy soy quien soy, y estoy orgulloso de eso.
Gracias a mi amigo Chris, decidí retomar lo de la marca personal y, esta vez, tomármelo en serio. Realmente, gracias a mi novia, a Chris, a mi mejor amigo Fabrizio, a Gaby, a Mickey y a mis padres, soy la persona que soy hoy. No tienen idea del cariño inmenso que les guardo. Por eso tengo un cuadro con sus fotos en mi escritorio, para recordar a quienes están o estuvieron conmigo.
Y tú, que estás leyendo esto y te tomaste el tiempo de leerme, gracias. Este soy yo. Aunque ahora varias de mis inversiones están en pausa y estoy en un trabajo que no me gusta, es cuestión de tiempo para que la moneda vuelva a girar y el viento sople a mi favor. La razón por la que hago todo esto es para compartir mi experiencia y que aprendas de mis fracasos.
La educación financiera debería ser tan importante como las matemáticas en la escuela. No solo se trata de volverte millonario o hacer muchísimo dinero; es un tema de salud. Aunque el dinero no compra cosas como la felicidad o la salud, puede pagar viajes, experiencias, el mejor doctor del mundo, un psicólogo, etc. Tan importante como ganarlo es saber cómo invertirlo, y créeme, estoy en la mejor disposición de ayudarte. No sé a dónde llevará todo esto, pero te prometo que, si decides quedarte y confiar en mí, nos irá increíble :)
Nunca subestimen el poder de responder una historia en Instagram o enviar un mensaje. No tienen la menor idea de cómo algo tan simple puede cambiarles la vida. ¡Arriésguense!
Todo esto que escribí lo hice de corazón <3.


