Papá, no me puedo dormir. ¿Me contás un cuento?
Ya leímos varias veces todos los libros que tenés, Mati. ¿No tenés sueño?
Mas o menos. Dale, aunque sea un cuento inventado.
No sé que contarte. No se me ocurre nada.
¿Y alguna historia de cuando eras chico?
¿Cuando yo era chico?
Si, no sé. Algo gracioso que te acuerdes.
Mmmm…no sé. ¿Qué querés que te cuente?
¿Y algo que te haya pasado cuando tenías mi edad?
No se, dejame pensar. Bueno, una historia cortita y después te dormís, ¿ok?
Dale si.
¿Te conté de cuando empecé a germinar plantitas en mi cuarto?
No ¿Que es germinar?
Germinar es cuando ponés una semillita de alguna planta en algodón mojado por varios días para que le salga una raíz. Y luego la ponés en una maceta con tierra para que siga creciendo. Me gustaba mucho hacer eso con semillas de diferentes plantas.
Ah. ¿Y para qué hacías eso?
Me gustaba cuidarlas, ver como iban creciendo. Me parecía mágico que de algo tan chiquito como un grano de arena pueda salir una planta. Y que de esa planta pudieran salir flores o frutas, por ejemplo.
Pero es aburrido eso.
Bueno si, un poco. Pero un día me pasó algo muy raro y todo se volvió más interesante. Te lo voy contar, pero prometeme que no se lo vas a contar a tus hermanos.
Dale si. ¿Qué pasó?
¿Sabés de qué tamaño son las semillas de alpiste?
No.
Soy muy muy chiquitas, casi ni se ven. Y resulta que un día me fui a bañar y encontré una abajo de la uña del dedo gordo de mi pié. No sé como llegó ahí, seguramente cuando armé el germinador de alpiste. Recuerdo que la saqué de abajo de la uña con una pincita de cejas de mi madre y cuando la observo de cerca, veo que tenía una pequeña raíz.
Que asco papá.
Si es un poquito asqueroso ya lo sé. Pero no me digas que no es interesante. La semilla había germinado en mi pié, con la humedad propia del cuerpo.
Si, pero es un asco.
Bueno pero eso no fue lo más raro. Resulta que agarré la semilla y la puse en una pequeña maceta con tierra húmeda. Durante tres semanas la dejé ahí, regándola cada tanto, hasta que se convirtió en una plantita adulta.
¿Y qué pasó? ¿Se la comió el gato?
No no, yo no tenía mascotas, solo mis plantitas. Lo que pasó fue algo que jamás hubiera imaginado. Yo la regaba siempre por la mañana, hasta que un día recuerdo que sin querer, le puse demasiada agua y la maceta quedó totalmente inundada. Y fue en ese momento que de golpe, sentí como si me estuviera ahogando yo mismo. Empecé a toser sin parar, fue una sensación horrible, hasta tuve que ir al baño a vomitar.
Sentí enseguida que necesitaba ir y sacar el agua de la maceta. Así que corrí a mi cuarto, giré la maceta y dejé caer toda el agua sobrante que pude. La sensación que tuve fue de un alivio total.
Yo estaba asustado porque no entendía que había pasado. Me quedé pensativo, mirando la planta, hasta que decidí hacer una prueba y le arranqué una hoja. Sentí enseguida un dolor espantoso en mi brazo izquierdo. Recuerdo que pequé un grito y caí al piso retorciéndome del dolor. Estuve ahí agarrándome el brazo unos minutos, hasta que poco a poco se me fue pasando.
¿Vos sentías lo mismo que la planta? ¿Me estás diciendo en serio'?
Te lo juro. Recuerdo que en ese instante supe que la planta había desarrollado algún tipo de conexión especial conmigo, seguramente por haber germinado en mi propio cuerpo. Y supe también que era solo el principio de algo todavía más grande.
