
Si bien los metaversos no son mainstream, la cantidad que surge diariamente, las posibilidades que ofrecen y las inversiones realizadas en el último año tuvieron un incremento exponencial.
Hay mucho camino por delante; pero no es sólo cuestión de esperar a encontrarnos sumergidos en ellos sino de ir recorriendo el camino de la mejor manera.
El arte anticipa, predice, establece coordenadas de futuro. Es así como el concepto de metaverso surgió con la novela Snowcrash. Luego se fue fortaleciendo con diversas novelas y películas de ciencia ficción dando espacio a la posibilidad de mundos virtuales.
Para comenzar, es importante entender que no existe una institución que establezca las reglas del metaverso, ni siquiera que lo defina. Sin embargo, hay ciertas características que entendemos deben suceder en ellos:
Persistencia. Un meteverso no se prende y apaga sino que es un espacio siempre disponible
Interactividad: El usuario es capaz de comunicarse con el resto de usuarios, y de interactuar con los objetos que ahí se encuentran.
Corporeidad: El entorno posee sus propias leyes físicas y conceptos lógicos a los cuales el usuario debe someterse mediante su avatar, que constituye su representación corpórea e identidad.
Los metaversos son espacios híbridos donde convergen lo virtual y lo físico mediante tecnologías con mayor o menor nivel de madurez, como:
Realidad Aumentada, que superpone información digital mediante capas en el mundo físico, como si realmente estuvieran en el mundo real.
Realidad Virtual, que a diferencia de la anterior utiliza software para reemplazar el mundo real por uno simulado
Gemelos Digitales, que mediante sensores en el item físico, replican características en el item digital para obtener información como por ejemplo de comportamiento o mantenimiento.
Tecnología Háptica para crear una experiencia táctil mediante la aplicación de fuerzas, vibraciones y movimientos
Hoy a nuestra disposición en entornos laborales, entrenamiento, rehabilitación, entre otras situaciones, estas tecnologías son herramientas que empoderan al usuario y extienden sus capacidades. De la misma manera, nuestras capacidades debieran verse extendidas a medida que vayamos convergiendo con la virtualidad.
Pero no son todos los metaversos iguales. Algunos de ellos plantean experiencias en el mundo físico, integrando realidad aumentada. OVR, por ejemplo, permite realidad aumentada para encontrar tesoros mirando a través del celular.

Otros metaversos son mundos espejo, como Earth2 que replica con exactitud cada rincón de la Tierra, y donde inversores adquieren actualmente sitios emblemáticos.
Otros son mundos virtuales como Decentraland o Sandbox, los metaversos actualmente mejor cotizados, que ofrecen vivir una realidad de alguien diferente.
Por último, se plantean metaversos con una posibilidad más invasiva llamada lifelogging, metaversos capaces de registrar emociones, signos vitales, posturas, reacciones, datos biométricos. Una posibilidad estremecedora a la que acaso se oriente Horizon Worlds, el primer metaverso creado por Meta, disponible actualmente en Estados Unidos y Canadá mediante las gafas Oculus Quest
El metaverso no es uno, sino muchos. El metaverso no es Meta, la continuación de Facebook. Meta es tan solo uno de ellos, y con muchas posibilidades de ser un espacio centralizado por la misma empresa, que establece lo que pueda suceder.
En la era en que blockchain y web3 pretenden retornar el poder a los usuarios, los metaversos tienden a la descentralización. Son espacios virtuales, muchos gobernados por sus mismos usuarios mediante DAOs_ Organizaciones Autónomas Descentralizadas, organizaciones donde los propios creadores se mueven al costado para la toma de decisiones.
Hoy se encuentran en una etapa temprana, donde las inversiones pasan mayormente por la adquisición de tierras y la construcción de espacios.
Está todo por recorrer, todo por crear. Si bien podemos percibirlos lejanos, los metaversos son una herramienta que merece al menos ser observada. Ciertamente un Game Changer que dará espacio a nuevas necesidades, oportunidad para nuevos productos y servicios.
Así será como probablemente surjan competencias impensadas para quienes se mantengan al margen.
Lo interesante en estos espacios es que la tierra virtual se ofrece para que cada propietario monetice a su manera mediante alquiler de cartelería para propaganda, alquiler de espacios, servicios, eventos, juegos play-to-earn entre otros.
¿Qué pasaría si el próximo mundial de fútbol fuera ofrecido en el metaverso, en simultáneo con el evento real en Qatar?
¿Que pasaría si la indumentaria de los jugadores replicara cada movimiento en un metaverso, quedando impresa en la blockchain?
¿Qué pasaría si el evento virtual fuera a la vez subastado en formato NFT mientras sucede?
Sumando rarezas, tokenizando items reales y vinculándolos a los virtuales _phygital asset, ofreciendo recompensas en base a apuestas tokenizadas, el evento se expande a la virtualidad a la vez que desdibuja sus fronteras.

Una propuesta similar sucedió con el Australian Open, y seguramente veremos propuestas muy creativas de aqui en más.
Si bien los metaversos son muchos, hoy son espacios estancos. Hay una asignatura pendiente en la que se está trabajando, que es la interoperabilidad. Con metaversos interoperables, podremos extender nuestra identidad mediante un avatar capaz de moverse entre ellos, compartir assets “compatibles” entre todos o muchos de ellos. Esta compatibilidad sea acaso una de las barreras actuales que no tardará demasiado tiempo en ser superada.
Claramente, los metaversos son espacios que merecen la pena ser observados, acaso una representación del mundo que viene. Cada quien se sumará al que más le represente, o bien trabajará para crear una mejor representación de la realidad que elija exponenciar.

