Parashot 22 de octubre 2022

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I Macabeos 2–3, Hechos 21–22 y Tehilim 121

I Macabeos 2

  1. Por aquel tiempo, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de Yehoyarib, dejó Jerusalén y fue a establecerse en Modín.

  2. Tenía cinco hijos: Juan, por sobrenombre Gaddí;

  3. Simón, llamado Tasí;

  4. Judas, llamado Macabeo;

  5. Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Affús.

  6. Al ver las impiedades que en Judá y en Jerusalén se cometían,

  7. exclamó: «¡Ay de mí! ¿He nacido para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa, y para estarme allí cuando es entregada en manos de enemigos y su santuario en poder de extraños?

  8. Ha quedado su Templo como hombre sin honor,

  9. los objetos que eran su gloria, llevados como botín, muertos en las plazas sus niños, y sus jóvenes por espada enemiga.

  10. ¿Qué pueblo no ha venido a heredar su reino

  11. y a entrar en posesión de sus despojos? Todos sus adornos le han sido arrancados y de libre que era, ha pasado a ser esclava.

  12. Mirad nuestro santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto, miradlo profanado de los gentiles.

  13. ¿Para qué vivir más?»

  14. Matatías y sus hijos rasgaron sus vestidos, se vistieron de sayal y se entregaron a un profundo dolor.

  15. Los enviados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para los sacrificios.

  16. Muchos israelitas acudieron donde ellos. También Matatías y sus hijos fueron convocados.

  17. Tomando entonces la palabra los enviados del rey, se dirigieron a Matatías y le dijeron: «Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad y estás bien apoyado de hijos y hermanos.

  18. Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y muchas dádivas.»

  19. Matatías contestó con fuerte voz: «Aunque todas las naciones que forman el imperio del rey le obedezcan hasta abandonar cada uno el culto de sus padres y acaten sus órdenes,

  20. yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos en la alianza de nuestros padres.

  21. El Cielo nos guarde de abandonar la Ley y los preceptos.

  22. No obedeceremos las órdenes del rey para desviarnos de nuestro culto ni a la derecha ni a la izquierda.»

  23. Apenas había concluido de pronunciar estas palabras, cuando un judío se adelantó, a la vista de todos, para sacrificar en el altar de Modín, conforme al decreto real.

  24. Al verle Matatías, se inflamó en celo y se estremecieron sus entrañas. Encendido en justa cólera, corrió y le degolló sobre el altar.

  25. Al punto mató también al enviado del rey que obligaba a sacrificar y destruyó el altar.

  26. Emuló en su celo por la Ley la gesta de Pinjás contra Zimrí, el hijo de Salú.

  27. Luego, con fuerte voz, gritó Matatías por la ciudad: «Todo aquel que sienta celo por la Ley y mantenga la alianza, que me siga.»

  28. Y dejando en la ciudad cuanto poseían, huyeron él y sus hijos a las montañas.

  29. Por entonces muchos, preocupados por la justicia y la equidad, bajaron al desierto para establecerse allí

  30. con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque los males duramente les oprimían.

  31. La gente del rey y la tropa que estaba en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron la denuncia de que unos hombres que habían rechazado el mandato del rey habían bajado a los lugares ocultos del desierto.

  32. Muchos corrieron tras ellos y los alcanzaron. Los cercaron y se prepararon para atacarles el día del sábado.

  33. Les dijeron: «Basta ya, salid, obedeced la orden del rey y salvaréis vuestras vidas.»

  34. Ellos les contestaron: «No saldremos ni obedeceremos la orden del rey de profanar el día de sábado.»

  35. Asaltados al instante,

  36. no replicaron ni arrojando piedras ni atrincherando sus cuevas. Dijeron:

  37. «Muramos todos en nuestra rectitud. El cielo y la tierra nos son testigos de que nos matáis injustamente.»

  38. Les atacaron, pues, en sábado y murieron ellos, sus mujeres, hijos y ganados: unas mil personas.

  39. Lo supieron Matatías y sus amigos y sintieron por ellos gran pesar.

  40. Pero se dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra.»

  41. Aquel mismo día tomaron el siguiente acuerdo: «A todo aquel que venga a atacarnos en día de sábado, le haremos frente para no morir todos como murieron nuestros hermanos en las cuevas.»

  42. Se les unió por entonces el grupo de los asideos, israelitas valientes y entregados de corazón a la Ley.

  43. Además, todos aquellos que querían escapar de los males, se les juntaron y les ofrecieron su apoyo.

  44. Formaron así un ejército e hirieron en su ira a los pecadores, y a los impíos en su furor. Los restantes tuvieron que huir a tierra de gentiles buscando su salvación.

  45. Matatías y sus amigos hicieron correrías destruyendo altares,

  46. obligando a circuncidar cuantos niños incircuncisos hallaron en el territorio de Israel

  47. y persiguiendo a los insolentes. La empresa prosperó en sus manos:

  48. arrancaron la Ley de mano de gentiles y reyes, y no consintieron que el pecador se impusiera.

  49. Los días de Matatías se acercaban a su fin. Dijo entonces a sus hijos: «Ahora reina la insolencia y la reprobación, es tiempo de ruina y de violenta Cólera.

  50. Ahora, hijos, mostrad vuestro celo por la Ley; dad vuestra vida por la alianza de nuestros padres.

51 Recordad las gestas que en su tiempo nuestros padres realizaron; alcanzaréis inmensa gloria, inmortal nombre.

52 ¿No fue hallado Abraham fiel en la prueba y se le reputó por justicia?

53 José, en el tiempo de su angustia, observó la Ley y vino a ser señor de Egipto.

54 Pinjás, nuestro padre, por su ardiente celo, alcanzó la alianza de un sacerdocio eterno.

55 Josué, por cumplir su mandato, llegó a ser juez en Israel.

56 Caleb, por su testimonio en la asamblea, obtuvo una herencia en esta tierra.

57 David, por su piedad, heredó un trono real para siempre.

58 Elías, por su ardiente celo por la Ley, fue arrebatado al cielo.

59 Ananías, Azarías, Misael, por haber tenido confianza, se salvaron de las llamas.

60 Daniel por su rectitud, escapó de las fauces de los leones.

61 Advertid, pues, que de generación en generación todos los que esperan en El jamás sucumben.

62 No temáis amenazas de hombre pecador: su gloria parará en estiércol y gusanos;

63 estará hoy encumbrado y mañana no se le encontrará: habrá vuelto a su polvo y sus maquinaciones se desvanecerán.

64 Hijos, sed fuertes y manteneos firmes en la Ley, que en ella hallaréis gloria.

65 Ahí tenéis a Simeón, vuestro hermano. Sé que es hombre sensato; escuchadle siempre: él será vuestro padre.

66 Tenéis a Judas Macabeo, valiente desde su mocedad: él será jefe de vuestro ejército y dirigirá la guerra contra los pueblos.

67 Vosotros, atraeos a cuantos obervan la Ley, vengad a vuestro pueblo,

68 devolved a los gentiles el mal que os han hecho y observad los preceptos de la Ley.»

69 A continuación, les bendijo y fue a reunirse con sus padres.

70 Murió el año 146 y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres. Todo Israel hizo gran duelo por él.

I Macabeos 3

  1. Se levantó en su lugar su hijo Judas, llamado Macabeo.

  2. Todos sus hermanos y los que habían seguido a su padre le ofrecieron apoyo y sostuvieron con entusiasmo la guerra de Israel.

  3. El dilató la gloria de su pueblo; como gigante revistió la coraza y se ciñó sus armas de guerra. Empeñó batallas, protegiendo al ejército con su espada,

  4. semejante al león en sus hazañas, como cachorro que ruge sobre su presa.

  5. Persiguió a los impíos hasta sus rincones, dio a las llamas a los perturbadores de su pueblo.

  6. Por el miedo que les infundía, se apocaron los impíos, se sobresaltaron todos los que obraban la iniquidad; la liberación en su mano alcanzó feliz éxito.

  7. Amargó a muchos reyes, regocijó a Jacob con sus hazañas; su recuerdo será eternamente bendecido.

  8. Recorrió las ciudades de Judá, exterminó de ellas a los impíos y apartó de Israel la Cólera.

  9. Su nombre llegó a los confines de la tierra y reunió a los que estaban perdidos.

  10. Apolonio reunió gentiles y una numerosa fuerza de Samaría para llevar la guerra a Israel.

  11. Judas, al tener noticia de ello, salió a su encuentro, le venció y le mató. Muchos sucumbieron y los demás se dieron a la fuga.

  12. Recogido el botín, Judas tomó para sí la espada de Apolonio y en adelante entró siempre en combate con ella.

  13. Serón, general del ejército de Siria, al saber que Judas había congregado en torno suyo una multitud de fieles y gente de guerra,

  14. se dijo: «Conseguiré un nombre y alcanzaré gloria en el reino atacando a Judas y a los suyos, que desprecian las órdenes del rey.»

  15. Partió, pues, a su vez, y subió con él una poderosa tropa de impíos para ayudarle a tomar venganza de los hijos de Israel.

  16. Cuando se aproximaba a la subida de Bet Jorón, le salió al encuentro Judas con unos pocos hombres.

  17. Al ver éstos el ejército que se les venía encima, dijeron a Judas: «¿Cómo podremos combatir, siendo tan pocos, con una multitud tan poderosa? Además estamos extenuados por no haber comido hoy en todo el día.»

  18. Judas respondió: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos;

  19. que en la guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del Cielo.

  20. Ellos vienen contra nosotros rebosando insolencia e impiedad con intención de destruirnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y hacerse con nuestros despojos;

  21. nosotros, en cambio, combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes;

  22. El les quebrantará ante nosotros; no les temáis.»

  23. Cuando acabó de hablar, se lanzó de improviso sobre ellos y Serón y su ejército fueron derrotados ante él.

  24. Les persiguieron por la pendiente de Bet Jorón hasta la llanura. Unos ochocientos sucumbieron y los restantes huyeron al país de los filisteos.

  25. Comenzó a cundir el miedo a Judas y sus hermanos y el espanto se apoderó de los gentiles circunvecinos.

  26. Su nombre llegó hasta el rey y en todos los pueblos se comentaban las batallas de Judas.

  27. El rey Antíoco, al oír esto, se encendió en violenta ira; mandó juntar las fuerzas todas de su reino, un ejército poderosísimo;

  28. abrió su tesoro y dio a las tropas la soldada de un año con la orden de que estuviesen preparadas a todo evento.

  29. Entonces advirtió que se le había acabado el dinero del tesoro y que los tributos de la región eran escasos, debido a las revueltas y calamidades que él había provocado en el país al suprimir las leyes en vigor desde los primeros tiempos.

  30. Temió no tener, como otras veces, para los gastos y para los donativos que solía antes prodigar con larga mano, superando en ello a los reyes que le precedieron.

  31. Hallándose, pues, en tan grave aprieto, resolvió ir a Persia a recoger los tributos de aquellas provincias y reunir mucho dinero.

  32. Dejó a Lisias, personaje de la nobleza y de la familia real, al frente de los negocios del rey desde el río Eufrates hasta la frontera de Egipto;

  33. le confió la tutela de su hijo Antíoco hasta su vuelta;

  34. puso a su disposición la mitad de sus tropas y los elefantes, y le dio orden de ejecutar cuanto había resuelto. En lo que tocaba a los habitantes de Judea y Jerusalén,

  35. debía enviar contra ellos un ejército que quebrantara y deshiciera las fuerzas de Israel y lo que quedaba de Jerusalén hasta borrar su recuerdo del lugar.

  36. Luego establecería extranjeros en todo su territorio y repartiría entre ellos sus tierras.

  37. El rey, tomando consigo la otra mitad del ejército, partió de Antioquía, capital de su reino, el año 147. Atravesó el río Eufrates y prosiguió su marcha a través de la región alta.

  38. Lisias eligió a Tolomeo, hijo de Dorimeno, a Nicanor y a Gorgias, hombres poderosos entre los amigos del rey,

  39. y les envió con 40.000 infantes y 7.000 de a caballo a invadir el país de Judá y arrasarlo, como lo había mandado el rey.

  40. Partieron con todo su ejército, llegaron y acamparon cerca de Emaús, en la Tierra Baja.

  41. Los mercaderes de la región, que oyeron hablar de ellos, tomaron grandes sumas de plata y oro, además de grilletes, y se fueron al campamento con intención de adquirir como esclavos a los hijos de Israel. Se les unió también una fuerza de Idumea y del país de los filisteos.

  42. Judas y sus hermanos comprendieron que la situación era grave: el ejército estaba acampado dentro de su territorio y conocían la consigna del rey de destruir el pueblo y acabar con él.

  43. Y se dijeron unos a otros: «Levantemos a nuestro pueblo de la ruina y luchemos por nuestro pueblo y por el Lugar Santo.»

  44. Se convocó la asamblea para prepararse a la guerra, hacer oración y pedir piedad y misericordia.

  45. Pero Jerusalén estaba despoblada como un desierto, ninguno de sus hijos entraba ni salía; conculcado el santuario, hijos de extraños en la Ciudadela, convertida en albergue de gentiles. Había desaparecido la alegría de Jacob, la flauta y la lira habían enmudecido.

  46. Por eso, una vez reunidos, se fueron a Masfá, frente a Jerusalén, porque tiempos atrás había habido en Masfá un lugar de oración para Israel.

  47. Ayunaron aquel día, se vistieron de sayal, esparcieron ceniza sobre la cabeza y rasgaron sus vestidos.

  48. Desenrollaron el libro de la Ley para buscar en él lo que los gentiles consultan a las imágenes de sus ídolos.

  49. Trajeron los ornamentos sacerdotales, las primicias y los diezmos, e hicieron comparecer a los nazireos que habían cumplido el tiempo de su voto.

  50. Levantaron sus clamores al Cielo diciendo: «¿Qué haremos con éstos? ¿A dónde los llevaremos?

51 Tu Lugar Santo está conculcado y profanado, tus sacerdotes en duelo y humillación,

52 y ahí están los gentiles coligados contra nosotros para exterminarnos. Tú conoces lo que traman contra nosotros.

53 ¿Cómo podremos resistir frente a ellos si no acudes en nuestro auxilio?»

54 Hicieron sonar las trompetas y prorrumpieron en grandes gritos.

55 A continuación, Judas nombró jefes del pueblo: jefes de mil hombres, de cien, de cincuenta y de diez.

56 A los que estaban construyendo casas, a los que acababan de casarse o de plantar viñas y a los cobardes, les mandó, conforme a la Ley, que se volvieran a sus casas.

57 Luego, se puso en marcha el ejército y acamparon al sur de Emaús.

58 Judas les dijo: «Preparaos, revestíos de valor y estad dispuestos mañana temprano para entrar en batalla con estos gentiles que se han coligado contra nosotros para destruirnos y destruir nuestro Lugar Santo.

59 Porque es mejor morir combatiendo que estarnos mirando las desdichas de nuestra nación y del Lugar Santo.

60 Lo que el Cielo tenga dispuesto, lo cumplirá.»

Hechos 21

  1. Despidiéndonos de ellos nos hicimos a la mar y navegamos derechamente hasta llegar a Cos; al día siguiente, hasta Rodas, y de allí hasta Pátara.

  2. Encontramos una nave que partía para Fenicia; nos embarcamos y partimos.

  3. Avistamos Chipre y, dejándola a la izquierda, íbamos navegando rumbo a Siria; arribamos a Tiro, pues allí la nave debía dejar su cargamento.

  4. Habiendo encontrado a los discípulos nos quedamos allí siete días. Ellos, iluminados por el Espíritu, decían a Pablo que no subiese a Jerusalén.

  5. Cuando se nos pasaron aquellos días, salimos y nos pusimos en camino. Todos nos acompañaron con sus mujeres e hijos, hasta las afueras de la ciudad. En la playa nos pusimos de rodillas y oramos;

  6. nos despedimos unos de otros y subimos a la nave; ellos se volvieron a sus casas.

  7. Nosotros, terminando la travesía, fuimos de Tiro a Tolemaida; saludamos a los hermanos y nos quedamos un día con ellos.

  8. Al siguiente partimos y llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los Siete, y nos hospedamos en su casa.

  9. Tenía éste cuatro hijas vírgenes que profetizaban.

  10. Nos detuvimos allí bastantes días; bajó entre tanto de Judea un profeta llamado Agabo;

  11. se acercó a nosotros, tomó el cinturón de Pablo, se ató sus pies y sus manos y dijo: «Esto dice el Ruaj. HaKodesh: Así atarán los judíos en Jerusalén al hombre de quien es este cinturón. Y le entregarán en manos de los gentiles.»

  12. Al oír esto nosotros y los de aquel lugar le rogamos que no subiera a Jerusalén.

  13. Entonces Pablo contestó: «¿Por qué habéis de llorar y destrozarme el corazón? Pues yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, sino a morir también en Jerusalén por el nombre del Señor Yeshúa»

  14. Como no se dejaba convencer, dejamos de insistir y dijimos: «Hágase la voluntad del Señor.»

  15. Transcurridos estos días y hechos los preparativos de viaje, subimos a Jerusalén.

  16. Venían con nosotros algunos discípulos de Cesarea, que nos llevaron a casa de cierto Mnasón, de Chipre, antiguo discípulo, donde nos habíamos de hospedar.

  17. Llegados a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con alegría.

  18. Al día siguiente Pablo, con todos nosotros, fue a casa de Santiago; se reunieron también todos los presbíteros.

  19. Les saludó y les fue exponiendo una a una todas las cosas que Yahweh había obrado entre los gentiles por su ministerio.

  20. Ellos, al oírle, glorificaban a Yahweh. Entonces le dijeron: «Ya ves, hermano, cuántos miles y miles de judíos han abrazado la fe, y todos son celosos partidarios de la Ley.

  21. Y han oído decir de ti que enseñas a todos los judíos que viven entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones.

  22. ¿Qué hacer, pues? Porque va a reunirse la muchedumbre al enterarse de tu venida.

  23. Haz, pues, lo que te vamos a decir: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen un voto que cumplir.

  24. Tómalos y purifícate con ellos; y paga tú por ellos, para que se rapen la cabeza; así todos entenderán que no hay nada de lo que ellos han oído decir de ti; sino que tú también te portas como un cumplidor de la Ley.

  25. En cuanto a los gentiles que han abrazado la fe, ya les escribimos nosotros nuestra decisión: Abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de animal estrangulado y de la impureza.»

  26. Entonces Pablo tomó al día siguiente a los hombres, y habiéndose purificado con ellos, entró en el Templo para declarar el cumplimiento del plazo de los días de la purificación cuando se había de presentar la ofrenda por cada uno de ellos.

  27. Cuando estaban ya para cumplirse los siete días, los judíos venidos de Asia le vieron en el Templo, revolvieron a todo el pueblo, le echaron mano

  28. y se pusieron a gritar: «¡Auxilio, hombres de Israel! Este es el hombre que va enseñando a todos por todas partes contra el pueblo, contra la Ley y contra este Lugar; y hasta ha llegado a introducir a unos griegos en el Templo, profanando este Lugar Santo.»

  29. Pues habían visto anteriormente con él en la ciudad a Trofimo, de Efeso, a quien creían que Pablo había introducido en el Templo.

  30. Toda la ciudad se alborotó y la gente concurrió de todas partes. Se apoderaron de Pablo y lo arrastraron fuera del Templo; inmediatamente cerraron las puertas.

  31. Intentaban darle muerte, cuando subieron a decir al tribuno de la cohorte: «Toda Jerusalén está revuelta.»

  32. Inmediatamente tomó consigo soldados y centuriones y bajó corriendo hacia ellos; y ellos al ver al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.

  33. Entonces el tribuno se acercó, le prendió y mandó que le atasen con dos cadenas; y empezó a preguntar quién era y qué había hecho.

  34. Pero entre la gente unos gritaban una cosa y otros otra. Como no pudiese sacar nada en claro a causa del alboroto, mandó que le llevasen al cuartel.

  35. Cuando llegó a las escaleras, tuvo que ser llevado a hombros por los soldados a causa de la violencia de la gente;

  36. pues toda la multitud le iba siguiendo y gritando: «¡Mátale!»

  37. Cuando iban ya a meterle en el cuartel, Pablo dijo al tribuno: «¿Me permites decirte una palabra?» El le contestó: «Pero, ¿sabes griego?

  38. ¿No eres tú entonces el egipcio que estos últimos días ha amotinado y llevado al desierto a los 4.000 terroristas?»

  39. Pablo dijo: «Yo soy un judío, de Tarso, ciudadano de una ciudad no oscura de Cilicia. Te ruego que me permitas hablar al pueblo.»

  40. Se lo permitió. Pablo, de pie sobre las escaleras, pidió con la mano silencio al pueblo. Y haciéndose un gran silencio, les dirigió la palabra en lengua hebrea.

Hechos 22

  1. «Hermanos y padres, escuchad la defensa que ahora hago ante vosotros.»

  2. Al oír que les hablaba en lengua hebrea guardaron más profundo silencio. Y dijo:

  3. «Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Yahweh, como lo estáis todos vosotros el día de hoy.

  4. Yo perseguí a muerte a este Camino, encadenando y arrojando a la cárcel a hombres y mujeres,

  5. como puede atestiguármelo el Sumo Sacerdote y todo el Consejo de ancianos. De ellos recibí también cartas para los hermanos de Damasco y me puse en camino con intención de traer también encadenados a Jerusalén a todos los que allí había, para que fueran castigados.

  6. «Pero yendo de camino, estando ya cerca de Damasco, hacia el mediodía, me envolvió de repente una gran luz venida del cielo;

  7. caí al suelo y oí una voz que me decía: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?”

  8. Yo respondí: “¿Quién eres, Señor?” Y él a mí: “Yo soy Yeshúa, a quien tú persigues.”

  9. Los que estaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.

  10. Yo dije: “¿Qué he de hacer, Señor?” Y el Señor me respondió: “Levántate y vete a Damasco; allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas.”

  11. Como yo no veía, a causa del resplandor de aquella luz, conducido de la mano por mis compañeros llegué a Damasco.

  12. «Un tal Ananías, hombre piadoso según la Ley, bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí,

  13. vino a verme, y presentándose ante mí me dijo: “Saúl, hermano, recobra la vista.” Y en aquel momento le pude ver.

  14. El me dijo: “El Dios de nuestros padres te ha destinado para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz de sus labios,

  15. pues le has de ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído.

  16. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre.”

  17. «Habiendo vuelto a Jerusalén y estando en oración en el Templo, caí en éxtasis;

  18. y le vi a él que me decía: “Date prisa y marcha inmediatamente de Jerusalén, pues no recibirán tu testimonio acerca de mí.”

  19. Yo respondí: “Señor, ellos saben que yo andaba por las sinagogas encarcelando y azotando a los que creían en ti;

  20. y cuando se derramó la sangre de tu testigo Esteban, yo también me hallaba presente, y estaba de acuerdo con los que le mataban y guardaba sus vestidos.”

  21. Y me dijo: “Marcha, porque yo te enviaré lejos, a los gentiles”.»

  22. Le estuvieron escuchando hasta estas palabras y entonces alzaron sus voces diciendo: «¡Quita a ése de la tierra!; ¡no es justo que viva!»

  23. Vociferaban, agitaban sus vestidos y arrojaban polvo al aire.

  24. El tribuno mandó llevarlo dentro del cuartel y dijo que lo sometieran a los azotes para averiguar por qué motivo gritaban así contra él.

  25. Cuando le tenían estirado con las correas, dijo Pablo al centurión que estaba allí: «¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haberle juzgado?»

  26. Al oír esto el centurión fue donde el tribuno y le dijo: «¿Qué vas a hacer? Este hombre es ciudadano romano.»

  27. Acudió el tribuno y le preguntó: «Dime, ¿eres ciudadano romano?» — «Sí», respondió.

  28. «Yo, dijo el tribuno, conseguí esta ciudadanía por una fuerte suma.» — «Pues yo, contestó Pablo, la tengo por nacimiento.»

  29. Al momento se retiraron los que iban a darle tormento. El tribuno temió al darse cuenta que le había encadenado siendo ciudadano romano.

  30. Al día siguiente, queriendo averiguar con certeza de qué le acusaban los judíos, le sacó de la cárcel y mandó que se reunieran los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín; hizo bajar a Pablo y le puso ante ellos.

Tehilim 121

  1. Canción para las subidas. Alzo mis ojos a los montes: ¿de dónde vendrá mi auxilio?

  2. Mi auxilio me viene de Yahweh, que hizo el cielo y la tierra.

  3. ¡No deje él titubear tu pie! ¡no duerme tu guardián!

  4. No, no duerme ni dormita el guardián de Israel.

  5. Yahweh es tu guardián, tu sombra, Yahweh, a tu diestra.

  6. De día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.

  7. Te guarda Yahweh de todo mal, él guarda tu alma;

  8. Yahweh guarda tus salidas y entradas, desde ahora y por siempre.