Isaías 61-62, Hechos 15-16 y Tehilim 98
El espíritu del Señor Yahweh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahweh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad;
a pregonar año de gracia de Yahweh, día de venganza de nuestro Elohim; para consolar a todos los que lloran,
para darles diadema en vez de ceniza, aceite de gozo en vez de vestido de luto, alabanza en vez de espíritu abatido. Se les llamará robles de justicia, plantación de Yahweh para manifestar su gloria.
Edificarán las ruinas seculares, los lugares de antiguo desolados levantarán, y restaurarán las ciudades en ruinas, los lugares por siempre desolados.
Vendrán extranjeros y apacentarán vuestros rebaños, e hijos de extraños serán vuestros labradores y viñadores.
Y vosotros seréis llamados «sacerdotes de Yahweh», «ministros de nuestro Elohim» se os llamará. La riqueza de las naciones comeréis y en su gloria les sucederéis.
Por cuanto su vergüenza había sido doble, y en lugar de afrenta, gritos de regocijo fueron su herencia, por eso en su propia tierra heredarán el doble, y tendrán ellos alegría eterna.
Pues yo, Yahweh, amo el derecho y aborrezco la rapiña y el crimen. Les daré el salario de su trabajo lealmente, y alianza eterna pactaré con ellos.
Será conocida en las naciones su raza y sus vástagos entre los pueblos; todos los que los vean reconocerán que son raza bendita de Yahweh.
«Con gozo me gozaré en Yahweh, exulta mi alma en mi Elohim, porque me ha revestido de ropas de salvación, en manto de justicia me ha envuelto como el esposo se pone una diadema, como la novia se adorna con aderezos.
Porque, como una tierra hace germinar plantas y como un huerto produce su simiente, así el Señor Yahweh hace germinar la justicia y la alabanza en presencia de todas las naciones.»"
Por amor de Sión no he de callar, por amor de Jerusalén no he de estar quedo, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación brille como antorcha.
Verán las naciones tu justicia, todos los reyes tu gloria, y te llamarán con un nombre nuevo que la boca de Yahweh declarará.
Serás corona de adorno en la mano de Yahweh, y tiara real en la palma de tu Elohim.
No se dirá de ti jamás «Abandonada», ni de tu tierra se dirá jamás «Desolada», sino que a ti se te llamará «Mi Complacencia», y a tu tierra, «Desposada». Porque Yahweh se complacerá en ti, y tu tierra será desposada.
Porque como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia se gozará por ti tu Elohim.
Sobre los muros de Jerusalén he apostado guardianes; ni en todo el día ni en toda la noche estarán callados. Los que hacéis que Yahweh recuerde, no guardéis silencio.
No le dejéis descansar, hasta que restablezca, hasta que trueque a Jerusalén en alabanza en la tierra.
Ha jurado Yahweh por su diestra y por su fuerte brazo: «No daré tu grano jamás por manjar a tus enemigos. No beberán hijos de extraños tu mosto por el que te fatigaste,
sino que los que lo cosechen lo comerán y alabarán a Yahweh, y los que los recolecten lo beberán en mis atrios sagrados.»
¡Pasad, pasad por las puertas! ¡Abrid camino al pueblo! ¡Reparad, reparad el camino, y limpiadlo de piedras! ¡Izad pendón hacia los pueblos!
Mirad que Yahweh hace oír hasta los confines de la tierra: «Decid a la hija de Sión: Mira que viene tu salvación; mira, su salario le acompaña, y su paga le precede.
Se les llamará "Pueblo Santo", "Rescatados de Yahweh"; y a ti se te llamará "Buscada", "Ciudad no Abandonada".»"
Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis salvaros.»
Se produjo con esto una agitación y una discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos; y decidieron que Pablo y Bernabé y algunos de ellos subieran a Jerusalén, donde los apóstoles y presbíteros, para tratar esta cuestión.
Ellos, pues, enviados por la Iglesia, atravesaron Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles y produciendo gran alegría en todos los hermanos.
Llegados a Jerusalén fueron recibidos por la Iglesia y por los apóstoles y presbíteros, y contaron cuanto Elohim había hecho juntamente con ellos.
Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron para decir que era necesario circuncidar a los gentiles y mandarles guardar la Ley de Moisés.
Se reunieron entonces los apóstoles y presbíteros para tratar este asunto.
Después de una larga discusión, Pedro se levantó y les dijo: «Hermanos, vosotros sabéis que ya desde los primeros días me eligió Elohim entre vosotros para que por mi boca oyesen los gentiles la Palabra de la Buena Nueva y creyeran.
Y Elohim, conocedor de los corazones, dio testimonio en su favor comunicándoles el Ruaj HaKodesh como a nosotros;
y no hizo distinción alguna entre ellos y nosotros, pues purificó sus corazones con la fe.
¿Por qué, pues, ahora tentáis a Elohim queriendo poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos sobrellevar?
Nosotros creemos más bien que nos salvamos por la gracia del Señor Yeshúa, del mismo modo que ellos.»
Toda la asamblea calló y escucharon a Bernabé y a Pablo contar todas las señales y prodigios que Elohim había realizado por medio de ellos entre los gentiles.
Cuando terminaron de hablar, tomó Santiago la palabra y dijo: «Hermanos, escuchadme.
Simeón ha referido cómo Elohim ya al principio intervino para procurarse entre los gentiles un pueblo para su Nombre.
Con esto concuerdan los oráculos de los Profetas, según está escrito:
«Después de esto volveré y reconstruiré la tienda de David que está caída; reconstruiré sus ruinas, y la volveré a levantar.
Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todas las naciones que han sido consagradas a mi nombre, dice el Señor que hace
que estas cosas sean conocidas desde la eternidad.
«Por esto opino yo que no se debe molestar a los gentiles que se conviertan a Elohim,
sino escribirles que se abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos, de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre.
Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores y es leído cada sábado en las sinagogas.»
Entonces decidieron los apóstoles y presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia, elegir de entre ellos algunos hombres y enviarles a Antioquía con Pablo y Bernabé; y estos fueron Judas, llamado Barsabás, y Silas, que eran dirigentes entre los hermanos.
Por su medio les enviaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos, saludan a los hermanos venidos de la gentilidad que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia.
Habiendo sabido que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, os han perturbado con sus palabras, trastornando vuestros ánimos,
hemos decidido de común acuerdo elegir algunos hombres y enviarlos donde vosotros, juntamente con nuestros queridos Bernabé y Pablo,
que son hombres que han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Yeshúa HaMashiaj.
Enviamos, pues, a Judas y Silas, quienes os expondrán esto mismo de viva voz:
Que hemos decidido el Ruaj HaKodesh y nosotros no imponeros más cargas que éstas indispensables:
abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza. Haréis bien en guardaros de estas cosas. Adiós.»
Ellos, después de despedirse, bajaron a Antioquía, reunieron la asamblea y entregaron la carta.
La leyeron y se gozaron al recibir aquel aliento.
Judas y Silas, que eran también profetas, exhortaron con un largo discurso a los hermanos y les confortaron.
Pasado algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos para volver a los que los habían enviado.
Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía enseñando y anunciando, en compañía de otros muchos, la Buena Nueva, la palabra del Señor.
Al cabo de algunos días dijo Pablo a Bernabé: «Volvamos ya a ver cómo les va a los hermanos en todas aquellas ciudades en que anunciamos la palabra del Señor.»
Bernabé quería llevar también con ellos a Juan, llamado Marcos.
Pablo, en cambio, pensaba que no debían llevar consigo al que se había separado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la obra.
Se produjo entonces una tirantez tal que acabaron por separarse el uno del otro: Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre;
por su parte Pablo eligió por compañero a Silas y partió, encomendado por los hermanos a la gracia de Elohim.
Recorrió Siria y Cilicia consolidando las Iglesias.»"
Llegó también a Derbe y Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego.
Los hermanos de Listra e Iconio daban de él un buen testimonio.
Pablo quiso que se viniera con él. Le tomó y le circuncidó a causa de los judíos que había por aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego.
Conforme iban pasando por las ciudades, les iban entregando, para que las observasen, las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén.
Las Iglesias, pues, se afianzaban en la fe y crecían en número de día en día.
Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Ruaj HaKodesh les había impedido predicar la Palabra en Asia.
Estando ya cerca de Misia, intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el Ruaj de Yeshúa.
Atravesaron, pues, Misia y bajaron a Tróada.
Por la noche Pablo tuvo una visión: Un macedonio estaba de pie suplicándole: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.»
En cuanto tuvo la visión, inmediatamente intentamos pasar a Macedonia, persuadidos de que Elohim nos había llamado para evangelizarles.
Nos embarcamos en Tróada y fuimos derechos a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis;
de allí pasamos a Filipos, que es una de las principales ciudades de la demarcación de Macedonia, y colonia. En esta ciudad nos detuvimos algunos días.
El sábado salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde suponíamos que habría un sitio para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar a las mujeres que habían concurrido.
Una de ellas, llamada Lidia, vendedora de púrpura, natural de la ciudad de Tiatira, y que adoraba a Elohim, nos escuchaba. El Señor le abrió el corazón para que se adhiriese a las palabras de Pablo.
Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo, suplicó: «Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa.» Y nos obligó a ir.
Sucedió que al ir nosotros al lugar de oración, nos vino al encuentro una muchacha esclava poseída de un espíritu adivino, que pronunciando oráculos producía mucho dinero a sus amos.
Nos seguía a Pablo y a nosotros gritando: «Estos hombres son siervos del Elohim Altísimo, que os anuncian un camino de salvación.»
Venía haciendo esto durante muchos días. Cansado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «En nombre de Yeshúa HaMashiaj te mando que salgas de ella.» Y en el mismo instante salió.
Al ver sus amos que se les había ido su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta el ágora, ante los magistrados;
los presentaron a los pretores y dijeron: «Estos hombres alborotan nuestra ciudad; son judíos
y predican unas costumbres que nosotros, por ser romanos, no podemos aceptar ni practicar.»
La gente se amotinó contra ellos; los pretores les hicieron arrancar los vestidos y mandaron azotarles con varas.
Después de haberles dado muchos azotes, los echaron a la cárcel y mandaron al carcelero que los guardase con todo cuidado.
Este, al recibir tal orden, los metió en el calabozo interior y sujetó sus pies en el cepo.
Hacia la media noche Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Elohim; los presos les escuchaban.
De repente se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos.
Despertó el carcelero y al ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada e iba a matarse, creyendo que los presos habían huido.
Pero Pablo le gritó: «No te hagas ningún mal, que estamos todos aquí.»
El carcelero pidió luz, entró de un salto y tembloroso se arrojó a los pies de Pablo y Silas,
los sacó fuera y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?»
Le respondieron: «Ten fe en el Señor Yeshúa y te salvarás tú y tu casa.»
Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa.
En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el bautismo él y todos los suyos.
Les hizo entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Elohim.
Llegado el día, los pretores enviaron a los lictores a decir al carcelero: «Pon en libertad a esos hombres.»
El carcelero transmitió estas palabras a Pablo: «Los pretores han enviado a decir que os suelte. Ahora, pues, salid y marchad.»
Pero Pablo les contestó: «Después de habernos azotado públicamente sin habernos juzgado, a pesar de ser nosotros ciudadanos romanos, nos echaron a la cárcel; ¿y ahora quieren mandarnos de aquí a escondidas? Eso no; que vengan ellos a sacarnos.»
Los lictores transmitieron estas palabras a los pretores. Les entró miedo al oír que eran romanos.
Vinieron y les rogaron que saliesen de la ciudad.
Al salir de la cárcel se fueron a casa de Lidia, volvieron a ver a los hermanos, los animaron y se marcharon."
Salmo. Cantad a Yahweh un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; victoria le ha dado su diestra y su brazo santo.
Yahweh ha dado a conocer su salvación, a los ojos de las naciones ha revelado su justicia;
se ha acordado de su amor y su lealtad para con la casa de Israel. Todos los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Elohim.
¡Aclamad a Yahweh, toda la tierra, estallad, gritad de gozo y salmodiad!
Salmodiad para Yahweh con la cítara, con la cítara y al son de la salmodia;
con las trompetas y al son del cuerno aclamad ante la faz del rey Yahweh.
Brama el mar y cuanto encierra, el orbe y los que le habitan;
los ríos baten palmas, a una los montes gritan de alegría,
ante el rostro de Yahweh, pues viene a juzgar a la tierra; él juzgará al orbe con justicia, y a los pueblos con equidad.

