Jeremías 13-14, Romanos 5-6 y Tehilim 107
Yahweh me dijo así: «Anda y cómprate una faja de lino y te la pones a la cintura, pero no la metas en agua.»
Compré la faja, según la orden de Yahweh, y me la puse a la cintura.
Entonces me fue dirigida la palabra de Yahweh por la segunda vez:
«Toma la faja que has comprado y que llevas a la cintura, levántate y vete al Eufrates y la escondes allí en un resquicio de la peña.»
Yo fui y la escondí en el Eufrates como me había mandado Yahweh.
Al cabo de mucho tiempo me dijo Yahweh: «Levántate, vete al Eufrates y recoges de allí la faja que te mandé que escondieras allí.»
Yo fui al Eufrates, cavé, recogí la faja del sitio donde la había escondido y he aquí que se había echado a perder la faja: no valía para nada.
Entonces me fue dirigida la palabra de Yahweh en estos términos:
«Así dice Yahweh: Del mismo modo echaré a perder la mucha soberbia de Judá y de Jerusalén.
Ese pueblo malo que rehúsa oír mis palabras, que caminan según la terquedad de sus corazones y han ido en pos de otros dioses a servirles y adorarles, serán como esta faja que no vale para nada.
Porque así como se pega la faja a la cintura de uno, de igual modo hice apegarse a mí a toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá - oráculo de Yahweh - con idea de que fuesen mi pueblo, mi nombradía, mi loor y mi prez, pero ellos no me oyeron.
Diles este refrán: Así dice Yahweh, el Elohim de Israel: «Todo cántaro se puede llenar de vino.» Ellos te dirán: «¿No sabemos de sobra que todo cántaro se puede llenar de vino?»
Entonces les dices: «Pues así dice Yahweh: He aquí que yo lleno de borrachera a todos los habitantes de esta tierra, a los reyes sucesores de David en el trono, a los sacerdotes y profetas y a todos los habitantes de Jerusalén,
y los estrellaré, a cada cual contra su hermano, padres e hijos a una - oráculo de Yahweh - sin que piedad, compasión y lástima me quiten de destruirlos.»
Oíd y escuchad, no seáis altaneros, porque habla Yahweh.
Dad gloria a vuestro Elohim Yahweh antes que haga oscurecer, y antes que se os vayan los pies sobre la sierra oscura, y esperéis la luz, y él la haya convertido en negrura, la haya trocado en tiniebla densa.
Pero si no le oyereis, en silencio llorará mi alma por ese orgullo, y dejarán caer mi ojos lágrimas, y verterán copiosas lágrimas, porque va cautiva la grey de Yahweh.
Di al rey y a la Gran Dama: Humillaos, sentaos, porque ha caído de vuestras cabezas vuestra diadema preciosa.
Las ciudades del Négueb están cercadas, y no hay quien abra. Todo Judá es deportado, deportado en masa.
Alza tus ojos, Jerusalén, y mira a los que vienen del norte. ¿Dónde está la grey que se te dio, tus preciosas ovejas?
¿Qué dirás cuando te visiten con autoridad sobre ti? Pues lo que tú les enseñabas a hacer sobre ti eran caricias. ¿No te acometerán dolores como de parturienta?
Pero acaso digas en tus adentros: «¿Por qué me ocurren estas cosas?» Por tu gran culpa han sido alzadas tus faldas y han sido forzados tus calcañales.
¿Muda el kusita su piel, o el leopardo sus pintas? ¡También vosotros podéis entonces hacer el bien, los avezados a hacer el mal!
Por eso os esparcí como paja liviana al viento de la estepa.
Esa es tu suerte, el tanto por tu medida que te toca de mi parte - oráculo de Yahweh -: por cuanto que me olvidaste y te fiaste de la Mentira.
Pues también yo te he levantado las faldas sobre tu rostro, y se ha visto tu indecencia.
¡Ah, tus adulterios y tus relinchos, la bajeza de tu prostitución! Sobre los altos, por la campiña he visto tus Monstruos abominables. ¡Ay de ti, Jerusalén, que no estás pura! ¿Hasta cuándo todavía...?
Palabra de Yahweh a Jeremías, a propósito de la sequía.
Judá está de luto, y sus ciudades lánguidas: están sórdidas de tierra, y sube el alarido de Jerusalén.
Sus nobles mandaban a los pequeños por agua: llegaban a los aljibes y no la encontraban; volvían con sus cántaros vacíos. Quedaban confundidos y avergonzados y se cubrían la cabeza.
El suelo está consternado por no haber lluvia en la tierra. Confusos andan los labriegos, se han cubierto la cabeza.
Hasta la cierva en el campo parió y abandonó, porque no había césped.
Los onagros se paraban sobre los calveros, aspiraban el aire como chacales, tenían los ojos consumidos por falta de hierba.
Aunque nuestras culpas atesten contra nosotros, Yahweh, obra por amor de tu Nombre. Cierto, son muchas nuestras apostasías, contra ti hemos pecado.
¡Oh esperanza de Israel, Yahweh, Salvador suyo en tiempo de angustia! ¿Por qué has de ser cual forastero en la tierra, o cual viajero que se tumba para hacer noche?
¿Por qué has de ser como un pasmado, como un valiente incapaz de ayudar? Pues tú estás entre nosotros, Yahweh, y por tu Nombre se nos llama, ¡no te deshagas de nosotros!
Así dice Yahweh de este pueblo: ¡Cómo les gusta vagabundear!, no contienen sus pies. Pero Yahweh no se complace en ellos: ahora se va a acordar de su culpa y a castigar su pecado.
Y me dijo Yahweh: «No intercedas en pro de este pueblo.
Así ayunen, no escucharé su clamoreo; y así levanten holocausto y ofrenda, no me complacerán; sino que con espada, con hambre y con peste voy a acabarlos.»
Dije yo: «¡Ah, Señor Yahweh! Pues he aquí que los profetas están diciéndoles: No veréis espada, ni tendréis hambre, sino que voy a daros paz segura en este lugar.»
Y me dijo Yahweh: «Mentira profetizan esos profetas en mi nombre. Yo no les he enviado ni dado instrucciones, ni les he hablado. Visión mentirosa, augurio fútil y delirio de sus corazones os dan por profecía.
Por tanto, así dice Yahweh: Tocante a los profetas que profetizan en mi nombre sin haberles enviado yo, y que dicen: No habrá espada ni hambre en este país, con espada y con hambre serán rematados los tales profetas,
y el pueblo al que profetizan yacerá derribado por las calles de Jerusalén, por causa del hambre y de la espada, y no habrá sepulturero para ellos ni para sus mujeres, sus hijos y sus hijas; pues volcaré sobre ellos mismos su maldad.»
Les dirás esta palabra: Dejen caer mis ojos lágrimas de noche y de día sin parar, porque de quebranto grande es quebrantada la doncella, hija de mi pueblo, de golpe gravísimo,
Si salgo al campo encuentro heridos de espada; y si entro en la ciudad, encuentro desfallecidos de hambre. Y aun el mismo profeta, aun el mismo sacerdote andan errantes por el país y nada saben.
- ¿Es que has desechado a Judá? ¿o acaso de Sión se ha hastiado tu alma? ¿Por qué nos has herido, que no tenemos cura? Esperábamos paz, y no hubo bien alguno; el tiempo de la cura, y se presenta el miedo.
Reconocemos, Yahweh, nuestras maldades, la culpa de nuestros padres; que hemos pecado contra ti.
No desprecies, por amor de tu Nombre, no deshonres la sede de tu Gloria. Recuerda, no anules tu alianza con nosotros.
¿Hay entre las Vanidades gentílicas quienes hagan llover? ¿o acaso los cielos dan de suyo la llovizna? ¿No eres tú mismo, oh Yahweh? ¡Elohim nuestro, esperamos en ti, porque tú hiciste todas estas cosas!"
Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Elohim, por nuestro Señor Yeshúa HaMashiaj,
por quien hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Elohim.
Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia;
la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza,
y la esperanza no falla, porque el amor de Elohim ha sido derramado en nuestros corazones por el Ruaj HaKodesh que nos ha sido dado.
En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Mashiaj murió por los impíos; -
en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -;
mas la prueba de que Elohim nos ama es que Mashiaj, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.
¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la cólera!
Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Elohim por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida!
Y no solamente eso, sino que también nos gloriamos en Elohim, por nuestro Señor Yeshúa HaMashiaj, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.
Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron;
- porque, hasta la ley, había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa no habiendo ley;
con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir...
Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno solo murieron todos ¡cuánto más la gracia de Elohim y el don otorgado por la gracia de un solo hombre Yeshúa HaMashiaj, se han desbordado sobre todos!
Y no sucede con el don como con las consecuencias del pecado de uno solo; porque la sentencia, partiendo de uno solo, lleva a la condenación, mas la obra de la gracia, partiendo de muchos delitos, se resuelve en justificación.
En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte por un solo hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por un solo, por Yeshúa HaMashiaj!
Así pues, como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procura toda la justificación que da la vida.
En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos.
La ley, en verdad, intervino para que abundara el delito; pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia;
así, la mismo que el pecado reinó en la muerte, así también reinaría la gracia en virtud de la justicia para vida eterna por Yeshúa HaMashiaj nuestro Señor.
¿Qué diremos, pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique? ¡De ningún modo!
Los que hemos muerto al pecado ¿cómo seguir viviendo en él?
¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Yeshúa HaMashiaj, fuimos bautizados en su muerte?
Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Mashiaj fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.
Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante;
sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado.
Pues el que está muerto, queda librado del pecado.
Y si hemos muerto con Mashiaj, creemos que también viviremos con él,
sabiendo que Mashiaj, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él.
Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Elohim.
Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Elohim en Yeshúa HaMashiaj.
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias.
Ni hagáis ya de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Elohim como muertos retornados a la vida; y vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Elohim.
Pues el pecado no dominará ya sobre vosotros, ya que no estáis bajo la ley sino bajo la gracia.
Pues ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ningún modo!
¿No sabéis que al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de obediencia, para la justicia?
Pero gracias a Elohim, vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados,
y liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia. -
Hablo en términos humanos, en atención a vuestra flaqueza natural -. Pues si en otros tiempos ofrecisteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y al desorden hasta desordenaros, ofrecedlos igualmente ahora a la justicia para la santidad.
Pues cuando erais esclavos del pecado, erais libres respecto de la justicia.
¿Qué frutos cosechasteis entonces de aquellas cosas que al presente os avergüenzan? Pues su fin es la muerte.
Pero al presente, libres del pecado y esclavos de Elohim, fructificáis para la santidad; y el fin, la vida eterna.
Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Elohim, la vida eterna en Yeshúa HaMashiaj Señor nuestro."
Dad gracias a Yahweh, porque es bueno, porque es eterno su amor.
Que lo digan los redimidos de Yahweh, los que él ha redimido del poder del adversario,
los que ha reunido de entre los países, de oriente y de poniente, del norte y mediodía.
En el desierto erraban, por la estepa, no encontraban camino de ciudad habitada;
hambrientos, y sedientos, desfallecía en ellos su alma.
Y hacia Yahweh gritaron en su apuro, y él los libró de sus angustias,
les condujo por camino recto, hasta llegar a ciudad habitada.
¡Den gracias a Yahweh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!
Porque él sació el alma anhelante, el alma hambrienta saturó de bienes.
Habitantes de tiniebla y sombra, cautivos de la miseria y de los hierros,
por haber sido rebeldes a las órdenes de Elohim y haber despreciado el consejo del Altísimo,
él sometió su corazón a la fatiga, sucumbían, y no había quien socorriera.
Y hacia Yahweh gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias,
los sacó de la tiniebla y de la sombra, y rompió sus cadenas.
¡Den gracias a Yahweh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!
Pues las puertas de bronce quebrantó, y los barrotes de hierro hizo pedazos.
Embotados de resultas de sus yerros, miserables a causa de sus culpas,
todo manjar les daba náusea, tocaban ya a las puertas de la muerte.
Y hacia Yahweh gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias;
su palabra envió para sanarlos y arrancar sus vidas de la fosa.
¡Den gracias a Yahweh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!
Ofrezcan sacrificios de acción de gracias, y sus obras pregonen con gritos de alegría.
Los que a la mar se hicieron en sus naves, llevando su negocio por las muchas aguas,
vieron las obras de Yahweh, sus maravillas en el piélago.
Dijo, y suscitó un viento de borrasca, que entumeció las olas;
subiendo hasta los cielos, bajando hasta el abismo, bajo el peso del mal su alma se hundía;
dando vuelcos, vacilando como un ebrio, tragada estaba toda su pericia.
Y hacia Yahweh gritaron en su apuro, y él los sacó de sus angustias;
a silencio redujo la borrasca, y las olas callaron.
Se alegraron de verlas amansarse, y él los llevó hasta el puerto deseado.
¡Den gracias a Yahweh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!
¡Ensálcenle en la asamblea del pueblo, en el concejo de los ancianos le celebren!
El cambia los ríos en desierto, y en suelo de sed los manantiales,
la tierra fértil en salinas, por la malicia de sus habitantes.
Y él cambia el desierto en un estanque, y la árida tierra en manantial.
Allí asienta a los hambrientos, y ellos fundan una ciudad habitada.
Y siembran campos, plantan viñas, que producen sus frutos de cosecha.
El los bendice y crecen mucho y no deja que mengüen sus ganados.
Menguados estaban, y abatidos por la tenaza del mal y la aflicción.
El que vierte desprecio sobre príncipes, los hacía errar por caos sin camino.
Mas él recobra de la miseria al pobre, aumenta como un rebaño las familias;
los hombres rectos lo ven y se recrean, y toda iniquidad cierra su boca.
¿Hay algún sabio? ¡Que guarde estas cosas, y comprenda el amor de Yahweh!

