Este concepto cada vez se escucha más y más… pero para entenderlo mejor, podemos repasar el Internet en sus primeras etapas.
Web1. Por ahí de los años 90’s se mostraron las primeras versiones del internet el cual consistía en que alguien generaba en páginas estáticas básicas que sólo podían ser consultadas o leídas por los usuarios. Ni más ni menos.
Web2. Acá ya se puso más movido. En los 2000´s llegamos a una etapa donde se construyen plataformas dinámicas que permiten a los usuarios/clientes generar contenido e interactuar.
Estas plataformas y aplicaciones son controladas por empresas, las cuales prácticamente son dueñas de la mayoría de la información y las transacciones generadas.
Ahora sí…
Web3. Ya llegamos. En esta etapa no sólo se puede leer y generar, sino que también eres dueño de muchas actividades que generas en internet. En esta etapa, tus fotos, artículos, arte, diseños, entre otros tipos de trabajos que generas son realmente tuyos y puedes sacar provecho de ello.
Web3 se caracteriza por ser descentralizado, por lo que no hay un intermediario, sino una red con varios tipos de participantes y donde cada transacción se guarda de manera abierta e inmutable en algo llamado Blockchain.
Esto no significa que web2 va a desaparecer, pero sí va a integrarse con los modelos de transacción, organización y controles de la web3.
De esta manera encontrarás productos digitales y plataformas como las que ya conoces, pero con funcionalidades donde el usuario que genera el contenido demuestra su autoría y propiedad.
No sólo eso, la propiedad también cambia a nivel colectivo, ya que estos modelos descentralizados permiten crear nuevos tipos de organizaciones para co-gobernar, co-crear y ganar como comunidad.
Son muchas las posibilidades. Son indicios de un internet y una economía más justa donde los usuarios tienen más poder.
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