Era oprimente. Estaba recostada, mirándome fijamente como cuando se mira lo que se entiende. Nuestros rostros estaban muy cerca, pero ella no decía nada, no podía decir palabra alguna. Nos mirábamos tan cerca pero observábamos tan lejos. Todo lo que me quería decir lo entendí al mirar más allá de su pupila, de sus iris color gris azulado que contrastaban con su corto cabello oscuro. Su mirada me inundaba y entendía su miedo, su angustia. Acaricié su rostro para confortarla. Su piel era muy tersa y al tocarla comprendí aún más lo que expresaba con todo su inmóvil ser: un miedo del que no se puede escapar; macizo, inquebrantable; pesado como el hierro, frío.
De repente sus ojos se abrieron aún más y sus pupilas se dilataron mientras su cuerpo tuvo un sobresalto casi eléctrico. Intentó respirar y la ansiedad sólo aceleró las últimas contracciones para expeler su aliento. La abracé lo más fuerte que pude intentando retener su vida. Fue entonces cuando escuché el sonido agudo de la máquina. Un sonido palpitante, pulsante, isócrono que anunciaba las 6:45 am. Desperté.
❝ alexgsrubio
⤺ 19 octubre, 2004
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