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Habitar nuevos espacios

Opinión impopular: el arrepentimiento está bien y es humano sentirlo.

De esto hablaba ayer con mi terapeuta. Recientemente tomé la decisión de terminar mi ciclo en un espacio de trabajo. Muchas razones (y ninguna) fueron las que me motivaron a hacerlo: mayor calidad de vida, crecimiento, mi salud mental, mi salud física, la ética organizacional. Pero todas estas fueron razones para intentar explicar (y explicarme) por qué lo decidí. La verdad es que ese ya no era mi lugar.

La fecha de mi salida se va acercando y mi mente ha viajado por una gama interminable de emociones (mi terapeuta se divierte mucho últimamente). He pasado por la alegría de soltar, por el miedo a lo desconocido, por la emoción de crear cosas nuevas, por el “y si hubiera hecho esto diferente”, por el “ya voy a poder hacer esto”. Y, de nuevo, la realidad es que ese ya no era mi lugar.

Me parece importante repetir esto, ya que a veces no reconocemos cuando un espacio ha dejado de nutrirnos. Al inicio absorbemos todo lo que hay y empezamos a crecer con cada nueva situación. Pero puede pasar que el espacio tenga un límite, a pesar del amor que le tengamos.

Puede pasar que hayamos aprendido todo sobre el espacio, y puede pasar que deje de quedarnos. No somos parte del mobiliario, entonces no hay por qué adaptarnos a lugares donde ya no cabemos. Incluso a las plantas hay que cambiarlas de maceta porque sus raíces empiezan a dañarse. A veces, con todo el amor del mundo, toca despedirse y habitar nuevos espacios.