Las patatas Pringles llegaron a nuestros supermercados justo después del diluvio que arrasó con gran parte de nuestro barrio. Como consecuencia, a muchos de nuestros vecinos se los tragó la tierra. Mamá decía que Dios castigó nuestro vecindario por ocupar esas tierras sin permiso y por robarnos la luz de los cables públicos; pero lo decía cuando papá no podía escucharla, que era casi siempre, y con el mismo tono del sermón de la misa a la que íbamos los domingos, mientras papá se iba a jugar ...