Cada mañana se sentaba solo, se pedía un cafe solo, se bebía el café solo y solo se marchaba. No fue hasta el cuarto día que me di cuenta que nunca me había pagado. Al quinto día le quise cobrar, aun no entiedo que paso, pero solo me pago con un gracias majo. No lo he vuelto a ver, pero su historia no acaba aquí. Cuenta la leyenda que miles de bares conocieron a nuestro amigo, ningudo de ellos cobro un solo cafe solo.