<100 subscribers
<100 subscribers
Share Dialog
Share Dialog
Hay un tipo que me sigue en Twitter. Es músico –o, al menos, cree serlo– y sube sus temas a una plataforma web3 llamada Sound.xyz, un proyecto que ha levantado 20 millones de dólares en una ronda de financiación liderada por a16z, Coinbase y hasta el mismísimo Snoop Dogg, entre otros.
Sound.xyz es una especie de iTunes crypto –o descentralizado, que suena más sofisticado y menos ponzi– donde uno mintea canciones por un determinado precio, sigue a artistas, da likes a canciones, etc. Si conozco Sound.xyz es únicamente porque estoy farmeando en la plataforma por si se diera el caso de que lancen un token en el futuro y repartan un airdrop, algo incierto por otro lado, aunque probable dado su enorme financiación por parte de reconocidos VCs del sector crypto. En aras de calificar para un posible, remotísimo airdrop minteo un par de canciones por semana. Aunque con una canción por semana sería suficiente, incluso con un par de ellas al mes. Por supuesto, minteo las canciones gratuitas o, en su defecto, las de muy bajo coste (0.15$ aprox.).
Entre este tipo de canciones de baratijo se encuentran las compuestas por el chico que he mencionado al comienzo de este post. Para simplificar las cosas llamaremos M a este chico. Ni siquiera sé qué tipo de música hace M, pero tiene pinta de ser una especie de trap sobre lujos y vicios hedonistas, cochazos deslumbrantes, billetes verdes, mujeres infieles etc.; en fin, la temática decadente y nihilista a la que nos tiene acostumbrados el trap, siempre regado con abundante sintetizador. Lo cierto es que no me paro a escuchar las canciones de M; simplemente las minteo porque son gratis o casi gratis y ya está.
Sin embargo, él realmente cree que soy un fan incondicional, su fan número uno, una quinceañera mojando las braguitas frente a su ídolo. Es por ello que me escribe mensajes de agradecimiento desbordantes de ilusión en Twitter, me da likes y retuitea mis tuits a pesar de que solo cuento con una veintena escasa de seguidores, la mayoría bots haciéndose pasar por mujeres calenturientas en tanga.
A lo que voy con todo esto es que yo no quiero hacer trizas las ilusiones de M porque, en cierto modo, puedo empatizar con él. Supongo que la mayor ilusión de M es ser músico y ganarse la vida con ello. No hay nada de malo en ello. Así que cada vez que da like o comenta uno de mis tuits simplemente le sigo el rollo y le digo lo gran músico que es.
Creo que si empatizo con M es porque una vez yo quise ser escritor. De hecho, ese fue el único motivo por el que me metí en el mundo de las criptomonedas. Vista la dificultad que representa ganarse la vida con tan precario oficio, decidí aprovechar la volatilidad del mundo crypto para granjearme aquello que los Cryptobros llaman «libertad financiera». Mi idea, al principio, era la de ganar el suficiente dinero como para dejar mi empleo y dedicarme a lo que me gusta. Así que desde el comienzo del bear market he estado invirtiendo una parte de mi sueldo con la esperanza de librarme de mi trabajo. Sigo aquí, así que parece ser que eso de la libertad financiera no era tan fácil como la pintaban los youtubers.
En cierto modo, ni siquiera creo que me guste este mundillo. Absorbe mi tiempo y mi vida, me quita horas de sueño y a menudo me provoca migrañas. Es más, creo que con el devenir de los meses —aunque con la tontería llevaré mínimo un par de años—, con el devenir del tiempo, digo, me he vuelto un adicto.
Ojo, nótese la diferencia: he dicho adicto, no ludópata. Hay una diferencia, y me gusta creer que es una diferencia sustancial. Al contrario de lo que haría un degenerado ludópata, yo todos los meses invierto la misma cantidad, ni un euro más ni uno menos. Tengo autocontrol. No he acabado viviendo debajo de un puente por culpa del mercado de futuros ni por las shitcoins. ¿Que, cinco minutos después de haber hecho mi compra mensual, Bitcoin cae un 10% y el mercado se desangra? Mala suerte. Éste es un límite que me he impuesto y que sigo a rajatabla.
Como mi sueldo no es para tirar cohetes, la cantidad que invierto mensualmente en crypto tampoco lo es. Es por ello que me he visto forzado a encontrar otras fuentes de ingreso alternativas para potenciar mi paupérrimo portfolio. Y es ahí donde entran en juego los airdrops.
No sé cuánto llevaré con esto de los airdrops, pero por el momento he ganado alguno que otro. Me vienen a la cabeza Aptos, Arbitrum y Arkham, aunque por el camino haya habido algunos más que han repartido migajas.
Lo cierto es que esto de cazar airdrops exige dedicación y acaba siendo una tarea tediosa, y más cuando vuelves cansado del trabajo y, en lugar de descansar, te toca leer a insoportables "airdrop hunters" en Twitter. Copia-pegas de hilos escritos para dummies repetidos hasta la saciedad, el mismo hilo de Twitter repetido un millón de veces en un bucle infinito con el único propósito de generar engagement. En fin, todo sea por la libertad financiera, por hacer realidad algún día de estos la ilusión de dejar un trabajo que no tengo en muy alta estima
Y es así cómo llegamos a Sound.xyz y a las canciones de M. Porque M no representa para mí más que la posibilidad de otro airdrop más. Y, sin embargo, puedo empatizar con él y con sus ilusiones, porque también yo tengo las mías.
Por supuesto, Paragraph tampoco representa para mí más que la posibilidad de otro airdrop más, como ya habréis podido intuir. Solo el tiempo dirá si esta plataforma se convierte en un canal de expresión válido para mí, un mecanismo de autodefensa, de desahogo.
Este es mi primer post en Paragraph. Desconozco si será el último.
Hay un tipo que me sigue en Twitter. Es músico –o, al menos, cree serlo– y sube sus temas a una plataforma web3 llamada Sound.xyz, un proyecto que ha levantado 20 millones de dólares en una ronda de financiación liderada por a16z, Coinbase y hasta el mismísimo Snoop Dogg, entre otros.
Sound.xyz es una especie de iTunes crypto –o descentralizado, que suena más sofisticado y menos ponzi– donde uno mintea canciones por un determinado precio, sigue a artistas, da likes a canciones, etc. Si conozco Sound.xyz es únicamente porque estoy farmeando en la plataforma por si se diera el caso de que lancen un token en el futuro y repartan un airdrop, algo incierto por otro lado, aunque probable dado su enorme financiación por parte de reconocidos VCs del sector crypto. En aras de calificar para un posible, remotísimo airdrop minteo un par de canciones por semana. Aunque con una canción por semana sería suficiente, incluso con un par de ellas al mes. Por supuesto, minteo las canciones gratuitas o, en su defecto, las de muy bajo coste (0.15$ aprox.).
Entre este tipo de canciones de baratijo se encuentran las compuestas por el chico que he mencionado al comienzo de este post. Para simplificar las cosas llamaremos M a este chico. Ni siquiera sé qué tipo de música hace M, pero tiene pinta de ser una especie de trap sobre lujos y vicios hedonistas, cochazos deslumbrantes, billetes verdes, mujeres infieles etc.; en fin, la temática decadente y nihilista a la que nos tiene acostumbrados el trap, siempre regado con abundante sintetizador. Lo cierto es que no me paro a escuchar las canciones de M; simplemente las minteo porque son gratis o casi gratis y ya está.
Sin embargo, él realmente cree que soy un fan incondicional, su fan número uno, una quinceañera mojando las braguitas frente a su ídolo. Es por ello que me escribe mensajes de agradecimiento desbordantes de ilusión en Twitter, me da likes y retuitea mis tuits a pesar de que solo cuento con una veintena escasa de seguidores, la mayoría bots haciéndose pasar por mujeres calenturientas en tanga.
A lo que voy con todo esto es que yo no quiero hacer trizas las ilusiones de M porque, en cierto modo, puedo empatizar con él. Supongo que la mayor ilusión de M es ser músico y ganarse la vida con ello. No hay nada de malo en ello. Así que cada vez que da like o comenta uno de mis tuits simplemente le sigo el rollo y le digo lo gran músico que es.
Creo que si empatizo con M es porque una vez yo quise ser escritor. De hecho, ese fue el único motivo por el que me metí en el mundo de las criptomonedas. Vista la dificultad que representa ganarse la vida con tan precario oficio, decidí aprovechar la volatilidad del mundo crypto para granjearme aquello que los Cryptobros llaman «libertad financiera». Mi idea, al principio, era la de ganar el suficiente dinero como para dejar mi empleo y dedicarme a lo que me gusta. Así que desde el comienzo del bear market he estado invirtiendo una parte de mi sueldo con la esperanza de librarme de mi trabajo. Sigo aquí, así que parece ser que eso de la libertad financiera no era tan fácil como la pintaban los youtubers.
En cierto modo, ni siquiera creo que me guste este mundillo. Absorbe mi tiempo y mi vida, me quita horas de sueño y a menudo me provoca migrañas. Es más, creo que con el devenir de los meses —aunque con la tontería llevaré mínimo un par de años—, con el devenir del tiempo, digo, me he vuelto un adicto.
Ojo, nótese la diferencia: he dicho adicto, no ludópata. Hay una diferencia, y me gusta creer que es una diferencia sustancial. Al contrario de lo que haría un degenerado ludópata, yo todos los meses invierto la misma cantidad, ni un euro más ni uno menos. Tengo autocontrol. No he acabado viviendo debajo de un puente por culpa del mercado de futuros ni por las shitcoins. ¿Que, cinco minutos después de haber hecho mi compra mensual, Bitcoin cae un 10% y el mercado se desangra? Mala suerte. Éste es un límite que me he impuesto y que sigo a rajatabla.
Como mi sueldo no es para tirar cohetes, la cantidad que invierto mensualmente en crypto tampoco lo es. Es por ello que me he visto forzado a encontrar otras fuentes de ingreso alternativas para potenciar mi paupérrimo portfolio. Y es ahí donde entran en juego los airdrops.
No sé cuánto llevaré con esto de los airdrops, pero por el momento he ganado alguno que otro. Me vienen a la cabeza Aptos, Arbitrum y Arkham, aunque por el camino haya habido algunos más que han repartido migajas.
Lo cierto es que esto de cazar airdrops exige dedicación y acaba siendo una tarea tediosa, y más cuando vuelves cansado del trabajo y, en lugar de descansar, te toca leer a insoportables "airdrop hunters" en Twitter. Copia-pegas de hilos escritos para dummies repetidos hasta la saciedad, el mismo hilo de Twitter repetido un millón de veces en un bucle infinito con el único propósito de generar engagement. En fin, todo sea por la libertad financiera, por hacer realidad algún día de estos la ilusión de dejar un trabajo que no tengo en muy alta estima
Y es así cómo llegamos a Sound.xyz y a las canciones de M. Porque M no representa para mí más que la posibilidad de otro airdrop más. Y, sin embargo, puedo empatizar con él y con sus ilusiones, porque también yo tengo las mías.
Por supuesto, Paragraph tampoco representa para mí más que la posibilidad de otro airdrop más, como ya habréis podido intuir. Solo el tiempo dirá si esta plataforma se convierte en un canal de expresión válido para mí, un mecanismo de autodefensa, de desahogo.
Este es mi primer post en Paragraph. Desconozco si será el último.
No comments yet