Las Cortes de Internet de China: Hacia el Tribunal de Justicia del Futuro
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Cómo el Cripto Está Dando Forma a la Revolución Digital
Esta es una versión adaptada y traducida del texto “How Crypto Is Shaping the Digital Revolution” publicado por Mario Laul el 11 de octubre de 2021. En el pasado, definí al “cripto” (un término para denominar al blockchain y toda la innovación vinculada con la Web3) como una parte de la revolución digital que empezó hacia finales de la década de 1960 y comienzos de 1970 con la invención de las redes, los microprocesadores, y otras tecnología digitales que permiten la proliferación de computad...
Contratos Inteligentes, ¿Por Qué Importan?
Los contratos inteligentes son acuerdos escritos en código de computadora y registrados en un blockchain. Van a marcar el futuro de la industria legal…Este artículo es una versión traducida y adaptada del texto The Promise of Smart Contracts de Kate Sills. La película Fargo (1996) trata sobre las promesas. Se plantea si cumpliremos con nuestras promesas, incluso cuando vayan contra nuestro propio interés. Las promesas de la película no estaban respaldadas por el sistema legal. Y por un buen m...
Web3 & Legaltech Entrepreneur. Founder at Kleros and Proof of Humanity. Building the Future of Law.
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Esta es una versión traducida del artículo “What Kenya can teach its neighbors — and the US — about improving the lives of the ‘unbanked’” publicado por Kelsey Piper el 11 de septiembre de 2020 en Vox.
En una aldea rural de Kenia, una mujer se dispone a hacer la compra de alimentos para el día. Necesita dinero en efectivo antes de dirigirse al mercado. Pero el banco más cercano está a varios días a pie. En cambio, saca su teléfono y envía un mensaje de texto con una contraseña y una solicitud de dinero.
Unos minutos más tarde, se encuentra con un hombre con un teléfono celular quien le entrega dinero en efectivo. Es el retiro de su cuenta que acaba de hacer con su teléfono. Luego, se marcha a hacer las compras.
Bienvenido al mundo de la banca con dinero móvil.
En gran parte del mundo, la gente no vive cerca de los bancos ni tiene cuenta bancaria. En Senegal, por ejemplo, solo el 8 por ciento de la población tiene una cuenta. En Uganda es el 11 por ciento. Durante mucho tiempo, esa gente estuvo excluidas del sistema financiero: no podían enviar dinero, ahorrar, comprar cosas sin efectivo u obtener préstamos.
Pero en la era del teléfono móvil es posible acceder a las funciones clave de un sistema financiero sin una cuenta bancaria formal.
Lanzada en la década del 2000 en Kenia, servicios bancarios basados en teléfonos móviles ha superado en muchos aspectos los sistemas de pago que tenemos en los Estados Unidos. Algunas investigaciones sugieren que la rápida expansión de estos sistemas de dinero móvil condujo a un crecimiento económico significativo en las áreas afectadas.
Más de una década después, no siempre es fácil pagar las compras con el teléfono en Estados Unidos. Pero en algunas partes de África, los sistemas de dinero móvil son omnipresentes. En Uganda, el 43 por ciento de las personas tiene una cuenta de dinero móvil. En Kenia, es el 72 por ciento.


Los sistemas de dinero móvil son bastante simples. En muchos sentidos, las aplicaciones que se utilizan ampliamente para transacciones móviles en algunos países africanos se parecen a las aplicaciones para enviar dinero a amigos, como Venmo. Pero Venmo requiere vincularse a un banco o una tarjeta de crédito. Esto significa que, si usted no las tiene, quedará fuera del sistema.
Las cuentas de dinero móvil funcionan como Venmo, pero con una diferencia clave: no se requiere una cuenta bancaria.
Para realizar un depósito o retirar efectivo de la aplicación, se utilizan agentes humanos distribuidos en todo el país, incluyendo áreas rurales remotas, con efectivo y un teléfono celular. También se puede utilizar el dinero móvil para transacciones sin efectivo, incluida la compra de alimentos o el pago de servicios.
Los agentes funcionan como un cajero automático: usted se acerca a ellos y les da efectivo para que depositen dinero en su cuenta de dinero móvil o les transfiere dinero de su cuenta a cambio de efectivo. En países donde casi nadie tiene una cuenta bancaria, los agentes representan un gran paso hacia la disponibilidad de efectivo cuando se lo necesita y de un lugar seguro para guardarlo cuando no se lo necesita.
Este sencillo sistema, inicialmente construido a partir de mensajes de texto sin necesidad de teléfonos inteligentes ni aplicaciones, hace una gran diferencia para las familias pobres.
Un estudio realizado en Kenia encontró que si una familia vivía más cerca de un agente de dinero móvil cerca del lanzamiento del sistema en 2007, era mucho menos probable que viviera en la pobreza extrema (menos de $1,25 por día) y menos probable de que viviera en la pobreza (menos de $2 al día). Mientras que las familias pobres normalmente experimentan “shocks de consumo” (tener que privarse de satisfacer necesidades básicas cuando caen sus ingresos), el acceso al dinero móvil brinda estabilidad. La capacidad de ahorrar dinero y recibir transferencias de amigos y familiares funciona como una red de contención.
En Kenia, líder mundial en la expansión de estos servicios y donde el 96 por ciento de los hogares tiene una cuenta de dinero móvil, es posible encontrar un agente en casi cualquier lugar.
Pero todavía hay un gran terreno para la expansión del dinero móvil en los países vecinos de Kenia, muchos de los cuales todavía tienen una población enorme sin acceso a dinero móvil o a la banca convencional.
Tras el éxito en Kenia, muchos esperaban una rápida adopción en todas partes. Pero esto no ocurrió. Por eso, descubrir cómo replicar el éxito del dinero móvil en Kenia debería ser una prioridad para el desarrollo global. Y también puede enseñarnos algunas cosas sobre cómo expandir el acceso a los servicios financieros en los Estados Unidos.
Antes de que los teléfonos móviles se volvieran masivos, la población rural de Kenia tenía muy pocas opciones para administrar su dinero. Acceder a una cuenta bancaria era prácticamente imposible: los bancos quedaban lejos y no estaban preparados para atender a clientes rurales con pocos recursos.
La principal alternativa era el dinero en efectivo, lo que volvía a la gente vulnerable a los robos. Cuando miembros de la familia que vivían en la ciudad querían enviar dinero a casa, tenían que hacerlo a través de mensajeros que cobraban tarifas elevadas. O hacer ellos mismos el viaje, muchas veces peligroso.
Así es como surgieron las cuentas de dinero móvil.
Las aplicaciones de dinero móvil no requieren un banco tradicional. Pero, por lo demás, funcionan de manera muy parecida a como lo hacen una cuenta bancaria y una tarjeta de débito para un estadounidense. Esto significa que un habitante promedio en Kenia con una cuenta de dinero móvil tiene acceso a muchos de los mismos servicios financieros que un habitante de Estados Unidos.
El dinero móvil despegó temprano en el mundo en desarrollo, donde las personas usaban servicios basados en mensajes de texto antes de que los teléfonos inteligentes se volvieran comunes. Hubo intentos iniciales de establecer tales sistemas en la década de 2000 en Sudáfrica y Filipinas.
Pero el gran avance fue el extraordinario éxito de M-Pesa en Kenia, que es incluso anterior a aplicaciones como Venmo. (“Pesa” significa dinero en swahili; la “M” significa “móvil”).
El proyecto que acabó por convertirse en M-Pesa comenzó en 2002 cuando las compañías telefónicas notaron que habían inventado involuntariamente algo que casi se parecía a una moneda.
Los usuarios de Kenia estaban comprando y vendiendo créditos móviles (datos telefónicos o minutos), transfiriéndolos a familiares y, en algunos casos, usándolos como una cuenta de ahorros al poner la mayor parte de su patrimonio en créditos móviles que luego podrían revender. Era más seguro que llevar dinero en efectivo y más conveniente que un banco porque podían encontrarse vendedores de créditos en todos lados.

Según el libro “Money, Real Quick” de Tonny Omwansa, un equipo de producto de Safaricom, la compañía telefónica más grande de Kenia (parte del grupo Vodafone), desarrolló M-Pesa, un sistema de mensajes de texto para almacenar y enviar dinero. Kenia estaba llena de distribuidores de créditos móviles, propietarios de pequeñas empresas que vendían a la gente créditos prepagos. Algunos de ellos también empezaron a distribuir M-Pesa.
Durante la prueba piloto, el objetivo era utilizar M-Pesa para pagos de reembolso de microcréditos (préstamos muy pequeños otorgados a personas de ingresos extremadamente bajos, a menudo por ONGs y organizaciones benéficas internacionales).
Pero según Omwansa, los creadores de M-Pesa comenzaron a ver otros usos: “negocios que usaban M-Pesa como caja fuerte nocturna porque los bancos cerraban antes que la tienda”, “personas que viajaban entre áreas que formaban parte de la prueba piloto, depositaban efectivo en un extremo y lo retiraban pocas horas después en el otro”,“personas que enviaban créditos comprados por M-Pesa directamente a sus familiares en las aldeas”, y otros ejemplos.
En otras palabras, la gente lo estaba usando como un sustituto de las instituciones financieras a las que no tenían acceso: en estos casos, transferencias de dinero de un día para otro, seguras, de baja fricción y de bajo costo, para ahorrar dinero y para evitar tener que viajar con dinero en efectivo encima.
En comunidades donde la gente no podía satisfacer sus necesidades financieras básicas, M-Pesa despegó. A fines de 2009, cuando se lanzó Venmo en Estados Unidos, M-Pesa ya tenía más de 8 millones de usuarios en Kenia. En 2012, tenía 15 millones de usuarios y más de 30.000 agentes.
Poder enviar dinero a un miembro de la familia sin tener que hacer un viaje peligroso o guardar los ahorros en un smartphone en vez de bajo el colchón son cosas que la gente en los países desarrollados da por sentadas.
Sin embargo, para miles de millones de personas en todo el mundo, tener alternativas a llevar todo su patrimonio en efectivo es algo nuevo. El dinero móvil cambió eso y los efectos económicos fueron profundos.
Los economistas del desarrollo Tavneet Suri y William Jack analizaron estos impactos en una serie de artículos de investigación, incluido un artículo de Science de 2016.
En 2016, encontraron que M-Pesa era omnipresente en Kenia: el 96 por ciento de los hogares lo usaba. Pero de 2008 a 2010, algunos de los hogares encuestados por los investigadores tenían varios agentes de M-Pesa a poca distancia y otros no, principalmente por casualidad.
Eso permitió a los investigadores analizar la pregunta: ¿Tener M-Pesa en una región antes ayudó a las familias a escapar de la pobreza?
Descubrieron que sí.
“Los servicios financieros básicos, como la capacidad de almacenar, enviar y realizar transacciones de dinero de forma segura, que se dan por sentado en la mayoría de las economías avanzadas y que, en forma de dinero móvil, han llegado a millones de keniatas a una velocidad sin precedentes durante la última década parecen tener el potencial de impulsar directamente el bienestar económico”, concluye el documento de 2016, que estima que el repentino despegue de M-Pesa había sacado de la pobreza a 194.000 hogares.
Los efectos reales fueron bastante pequeños, tal vez sólo 10 centavos de dólar por día en dinero adicional. Pero incluso un pequeño impacto fue suficiente para elevar a muchos hogares por encima de la línea de la pobreza extrema.

Los investigadores encontraron efectos similares en otros países. Un artículo de 2016 de Ggombe Kasim Munyegera y Tomoya Matsumoto analizó los hogares en las zonas rurales de Uganda y encontró un aumento significativo en el consumo de los hogares que tenían acceso al dinero móvil.
En ese caso, el mecanismo fueron principalmente las remesas: dinero enviado a casa por miembros de la familia que vivían y trabajaban en otro lugar. El dinero móvil hace que enviar dinero a casa sea más seguro y más fácil, y las tarifas son mucho más bajas que las de las transferencias electrónicas o los servicios postales. Esto hace que llegue más dinero a casa y que sea menos probable que las personas en las comunidades rurales pasen hambre.
Otro estudio de Uganda en 2019 encontró que el dinero móvil aumentó las remesas y el autoempleo no agrícola (es decir, la tasa de personas que inician pequeñas empresas) y “redujo la proporción de hogares con muy poca cantidad de alimentos del 62,9 al 47,2 por ciento “.
Un artículo de 2019 de Haseeb Ahmed y Benjamin W. Cowan encontró que el dinero móvil también aumenta el acceso a la atención médica. Dado que es más probable que las personas ahorren dinero cuando tienen una manera conveniente y segura de hacerlo, es más probable que tengan ahorros como colchón si un miembro del hogar se enferma.
Una mayor facilidad para enviar dinero también significa que es más probable que puedan obtener ayuda de amigos y familiares en caso de emergencia. En general, el dinero móvil hace que las personas tengan más probabilidades de acceder a la atención médica cuando están enfermas.
Por todo esto, la comunidad internacional debería poner más atención en el dinero móvil como instrumento de lucha contra la pobreza. Durante décadas, señalan Suri y Jack, la comunidad global del desarrollo ha dedicado mucho esfuerzo y energía a programas como las microfinanzas, que buscan brindar acceso a instrumentos financieros sofisticados como préstamos comerciales a largo plazo para personas de bajos recursos.
Pero la evidencia empírica es bastante decepcionante: no está claro que los préstamos comerciales saquen a muchas personas de la pobreza. En cambio, el mayor beneficio parece ser que brinda acceso al sistema financiero a quienes los reciben. Gracias a la banca móvil, ese beneficio se puede obtener sin los gastos generales ni la carga de la deuda de los microcréditos.
Durante la última década, M-Pesa y sus competidores han trabajado para replicar la fórmula que condujo al éxito en Kenia en decenas de países más de Asia y África. Hoy, M-Pesa tiene 42 millones de clientes activos y 400.000 agentes en siete países.
Este éxito ha inspirado a otros a seguir su ejemplo.
La Fundación Gates ha financiado proyectos de dinero móvil y ha desarrollado software para plataformas de dinero móvil.
Emprendedores del sector privado han creado empresas competidoras de M-Pesa. Una de ellas es Wave, una aplicación de dinero móvil elegante y de bajo costo. Wave fue fundada y es dirigida por personas que quieren llevar programas similares a M-Pesa a personas no bancarizadas en otros países.
Desafortunadamente, el éxito inicial ha sido difícil de replicar.
“Cuando el dinero móvil tuvo éxito en Kenia, sacó de la pobreza a un millón de personas. Y, sin embargo, más de 10 años después, la mayoría de los africanos aún carecen de acceso a formas asequibles de ahorrar, transferir o pedir prestado el dinero que necesitan para construir negocios o mantener a sus familias”, señala la página de bienvenida de Wave.
M-Pesa era exactamente lo que Kenia necesitaba, y despegó allí. Pero no hay dos países iguales y convencer a toda una sociedad para que adopte una nueva forma de hacer transacciones financieras no es fácil.
En algunos países, el dinero móvil no ha logrado despegar, tal vez debido a un problema del huevo y la gallina: debe haber una extensa red de agentes para que el servicio sea útil, pero colocar agentes en todas partes no es viable hasta que el servicio se vuelva masivo.
Esa es la razón por la que el dinero móvil no despegó en Níger, según una investigación de 2020. A pesar de que el país tiene una gran parte de su población no bancarizada y mucho interés en un mejor sistema de transferencia de dinero, M-Pesa y sus competidores no han logrado establecerse. En otros países, el gobierno ha cerrado los sistemas de dinero móvil a instancias de los bancos centrales o de la competencia.
“En términos de implementación de dinero móvil, cada país es diferente”, dice Lincoln Quirk, cofundador y director de producto de Wave.
En Kenia y algunos países vecinos, es muy común que las personas que trabajan en la ciudad envíen gran parte de su salario para mantener a su familia rural. Esto es un gran impulsor de la adopción de dinero móvil. Pero esta costumbre no es común en todas partes.
Y muchos otros factores también son diferentes. “Solo algunos tipos de negocios requieren una transferencia rápida de dinero entre diferentes regiones de un país, y solo algunos países tienen grandes problemas de disponibilidad de efectivo”.
Eso significa que, más de una década después de que el dinero móvil tomara a Kenia por asalto, muchos de los países vecinos todavía se encuentran en una posición frustrante.
“Kenia, China y Bangladesh [otros países que vieron despegar el dinero móvil] son casos excepcionales, más que la norma”, dice Tim Ogden, director de la Iniciativa de Acceso Financiero de la Universidad de Nueva York. Inicialmente, dice, algunas personas imaginaron que podían replicar directamente el éxito de M-Pesa en Kenia a cualquier otro país donde gran parte de la población no tuviese acceso a una cuenta bancaria.
“La forma en que pensamos sobre esto fue que no teníamos idea de que el dinero móvil pudiera hacer esto, y lo hizo en estos lugares, por lo que puede hacerlo en todas partes, ¿verdad?”.
Pero no es tan simple.
Un país en el que opera Wave es Senegal. Allí solo el 8% de la población tiene acceso a los bancos y solo el 8% tiene una cuenta de dinero móvil.
“La mayoría de la gente no tiene cuentas bancarias. No confían en los bancos. Prefieren tener cuentas móviles antes que tratar con bancos. Estos siempre están tratando de aumentar las tarifas “, dice Tariq, un usuario de Wave en Senegal. “Cada vez más gente está empezando a utilizarlo y todos conocen los servicios”.
A pesar de ser relativamente nuevo, el volumen de transacciones en Wave representa el 3 por ciento del producto bruto de Senegal.
Es posible que, en algunos años, la trayectoria de Senegal se parezca a la de Kenia. Pero también es posible que el esfuerzo termine en una decepción.
En muchos países, programas de dinero móvil inicialmente exitosos fueron paralizados por nuevas leyes una vez que se volvieron demasiado grandes, o se les aplicaron tantos impuestos que no pudieron ser más utilizados para pequeñas transacciones.
El éxito aparentemente mágico de M-Pesa no fue sólo producto de M-Pesa. Fue una combinación de la tecnología adecuada, en el momento adecuado, implementada de la manera correcta, con las decisiones correctas del gobierno de Kenia que no aplicó regulaciones onerosas ni altos impuestos a las transacciones.

En los Estados Unidos, es mucho más raro que alguien no esté completamente bancarizado. Pero aún vale la pena pensar qué lecciones podemos aprender de presenciar el nacimiento de un nuevo sistema financiero basado en el teléfono.
Primero, está la conclusión de los muchos estudios de M-Pesa: cuando las personas no tienen acceso a la banca, obtener ese acceso las ayuda a salir de la pobreza. Hace que el ahorro sea alcanzable, reduce el riesgo de ser víctimas de delitos, les permite asumir riesgos y desplazarse para trabajar mientras envían dinero a casa.
Segundo, está la idea de que las tecnologías más prometedoras del siglo XXI son aquellas que se ofrecen a los usuarios donde estos se encuentran efectivamente: en sus teléfonos, que están en el bolsillo de casi todos los estadounidenses.
En Estados Unidos, ya hay bancos que operan completamente en línea, tratando de aprovechar el cambio en la forma en que realizamos nuestras transacciones para evitar los altos costos de las sucursales físicas. Tal vez ese sea el enfoque correcto, o tal vez todavía sea demasiado pequeño.
Demasiadas personas en Estados Unidos todavía no cuentan con servicios bancarios por una diversidad de razones: no tienen acceso a un banco tradicional, no tienen documentos de identidad o quizá no tienen una dirección fija. Si queremos que más personas accedan a los servicios financieros, tal vez no deberíamos centrarnos en buscar que abran cuentas bancarias, sino en darles herramientas flexibles para realizar pagos, ahorrar y obtener préstamos sin la necesidad de una cuenta.
El dinero móvil no es la solución fácil para la pobreza en el mundo. Tal cosa no existe. Pero es una herramienta extraordinariamente simple que funciona muy bien.
La evidencia sobre la efectividad del dinero móvil en la lucha contra la pobreza es significativamente más sólida que la evidencia a favor de intervenciones de acceso financiero populares como los microcréditos.
Y, sin embargo, una década después de su primer despegue, el dinero móvil sigue estando infrautilizado en muchos lugares.
Hay mucho que la comunidad global podría hacer para que el dinero móvil se vuelva viable en aquellos países donde todavía no ha despegado: desde ayudar a los gobiernos a desarrollar buenos marcos de regulación e impuestos justos hasta distribuir fondos gubernamentales a sus beneficiarios directamente a través de sistemas de dinero móvil.
Ese tipo de trabajo tal vez no sea vistoso, pero sienta las bases para un mundo donde todos pueden ahorrar, enviar y gastar dinero desde sus teléfonos. Y eso, según sugiere la evidencia, puede marcar una gran diferencia.

Esta es una versión traducida del artículo “What Kenya can teach its neighbors — and the US — about improving the lives of the ‘unbanked’” publicado por Kelsey Piper el 11 de septiembre de 2020 en Vox.
En una aldea rural de Kenia, una mujer se dispone a hacer la compra de alimentos para el día. Necesita dinero en efectivo antes de dirigirse al mercado. Pero el banco más cercano está a varios días a pie. En cambio, saca su teléfono y envía un mensaje de texto con una contraseña y una solicitud de dinero.
Unos minutos más tarde, se encuentra con un hombre con un teléfono celular quien le entrega dinero en efectivo. Es el retiro de su cuenta que acaba de hacer con su teléfono. Luego, se marcha a hacer las compras.
Bienvenido al mundo de la banca con dinero móvil.
En gran parte del mundo, la gente no vive cerca de los bancos ni tiene cuenta bancaria. En Senegal, por ejemplo, solo el 8 por ciento de la población tiene una cuenta. En Uganda es el 11 por ciento. Durante mucho tiempo, esa gente estuvo excluidas del sistema financiero: no podían enviar dinero, ahorrar, comprar cosas sin efectivo u obtener préstamos.
Pero en la era del teléfono móvil es posible acceder a las funciones clave de un sistema financiero sin una cuenta bancaria formal.
Lanzada en la década del 2000 en Kenia, servicios bancarios basados en teléfonos móviles ha superado en muchos aspectos los sistemas de pago que tenemos en los Estados Unidos. Algunas investigaciones sugieren que la rápida expansión de estos sistemas de dinero móvil condujo a un crecimiento económico significativo en las áreas afectadas.
Más de una década después, no siempre es fácil pagar las compras con el teléfono en Estados Unidos. Pero en algunas partes de África, los sistemas de dinero móvil son omnipresentes. En Uganda, el 43 por ciento de las personas tiene una cuenta de dinero móvil. En Kenia, es el 72 por ciento.


Los sistemas de dinero móvil son bastante simples. En muchos sentidos, las aplicaciones que se utilizan ampliamente para transacciones móviles en algunos países africanos se parecen a las aplicaciones para enviar dinero a amigos, como Venmo. Pero Venmo requiere vincularse a un banco o una tarjeta de crédito. Esto significa que, si usted no las tiene, quedará fuera del sistema.
Las cuentas de dinero móvil funcionan como Venmo, pero con una diferencia clave: no se requiere una cuenta bancaria.
Para realizar un depósito o retirar efectivo de la aplicación, se utilizan agentes humanos distribuidos en todo el país, incluyendo áreas rurales remotas, con efectivo y un teléfono celular. También se puede utilizar el dinero móvil para transacciones sin efectivo, incluida la compra de alimentos o el pago de servicios.
Los agentes funcionan como un cajero automático: usted se acerca a ellos y les da efectivo para que depositen dinero en su cuenta de dinero móvil o les transfiere dinero de su cuenta a cambio de efectivo. En países donde casi nadie tiene una cuenta bancaria, los agentes representan un gran paso hacia la disponibilidad de efectivo cuando se lo necesita y de un lugar seguro para guardarlo cuando no se lo necesita.
Este sencillo sistema, inicialmente construido a partir de mensajes de texto sin necesidad de teléfonos inteligentes ni aplicaciones, hace una gran diferencia para las familias pobres.
Un estudio realizado en Kenia encontró que si una familia vivía más cerca de un agente de dinero móvil cerca del lanzamiento del sistema en 2007, era mucho menos probable que viviera en la pobreza extrema (menos de $1,25 por día) y menos probable de que viviera en la pobreza (menos de $2 al día). Mientras que las familias pobres normalmente experimentan “shocks de consumo” (tener que privarse de satisfacer necesidades básicas cuando caen sus ingresos), el acceso al dinero móvil brinda estabilidad. La capacidad de ahorrar dinero y recibir transferencias de amigos y familiares funciona como una red de contención.
En Kenia, líder mundial en la expansión de estos servicios y donde el 96 por ciento de los hogares tiene una cuenta de dinero móvil, es posible encontrar un agente en casi cualquier lugar.
Pero todavía hay un gran terreno para la expansión del dinero móvil en los países vecinos de Kenia, muchos de los cuales todavía tienen una población enorme sin acceso a dinero móvil o a la banca convencional.
Tras el éxito en Kenia, muchos esperaban una rápida adopción en todas partes. Pero esto no ocurrió. Por eso, descubrir cómo replicar el éxito del dinero móvil en Kenia debería ser una prioridad para el desarrollo global. Y también puede enseñarnos algunas cosas sobre cómo expandir el acceso a los servicios financieros en los Estados Unidos.
Antes de que los teléfonos móviles se volvieran masivos, la población rural de Kenia tenía muy pocas opciones para administrar su dinero. Acceder a una cuenta bancaria era prácticamente imposible: los bancos quedaban lejos y no estaban preparados para atender a clientes rurales con pocos recursos.
La principal alternativa era el dinero en efectivo, lo que volvía a la gente vulnerable a los robos. Cuando miembros de la familia que vivían en la ciudad querían enviar dinero a casa, tenían que hacerlo a través de mensajeros que cobraban tarifas elevadas. O hacer ellos mismos el viaje, muchas veces peligroso.
Así es como surgieron las cuentas de dinero móvil.
Las aplicaciones de dinero móvil no requieren un banco tradicional. Pero, por lo demás, funcionan de manera muy parecida a como lo hacen una cuenta bancaria y una tarjeta de débito para un estadounidense. Esto significa que un habitante promedio en Kenia con una cuenta de dinero móvil tiene acceso a muchos de los mismos servicios financieros que un habitante de Estados Unidos.
El dinero móvil despegó temprano en el mundo en desarrollo, donde las personas usaban servicios basados en mensajes de texto antes de que los teléfonos inteligentes se volvieran comunes. Hubo intentos iniciales de establecer tales sistemas en la década de 2000 en Sudáfrica y Filipinas.
Pero el gran avance fue el extraordinario éxito de M-Pesa en Kenia, que es incluso anterior a aplicaciones como Venmo. (“Pesa” significa dinero en swahili; la “M” significa “móvil”).
El proyecto que acabó por convertirse en M-Pesa comenzó en 2002 cuando las compañías telefónicas notaron que habían inventado involuntariamente algo que casi se parecía a una moneda.
Los usuarios de Kenia estaban comprando y vendiendo créditos móviles (datos telefónicos o minutos), transfiriéndolos a familiares y, en algunos casos, usándolos como una cuenta de ahorros al poner la mayor parte de su patrimonio en créditos móviles que luego podrían revender. Era más seguro que llevar dinero en efectivo y más conveniente que un banco porque podían encontrarse vendedores de créditos en todos lados.

Según el libro “Money, Real Quick” de Tonny Omwansa, un equipo de producto de Safaricom, la compañía telefónica más grande de Kenia (parte del grupo Vodafone), desarrolló M-Pesa, un sistema de mensajes de texto para almacenar y enviar dinero. Kenia estaba llena de distribuidores de créditos móviles, propietarios de pequeñas empresas que vendían a la gente créditos prepagos. Algunos de ellos también empezaron a distribuir M-Pesa.
Durante la prueba piloto, el objetivo era utilizar M-Pesa para pagos de reembolso de microcréditos (préstamos muy pequeños otorgados a personas de ingresos extremadamente bajos, a menudo por ONGs y organizaciones benéficas internacionales).
Pero según Omwansa, los creadores de M-Pesa comenzaron a ver otros usos: “negocios que usaban M-Pesa como caja fuerte nocturna porque los bancos cerraban antes que la tienda”, “personas que viajaban entre áreas que formaban parte de la prueba piloto, depositaban efectivo en un extremo y lo retiraban pocas horas después en el otro”,“personas que enviaban créditos comprados por M-Pesa directamente a sus familiares en las aldeas”, y otros ejemplos.
En otras palabras, la gente lo estaba usando como un sustituto de las instituciones financieras a las que no tenían acceso: en estos casos, transferencias de dinero de un día para otro, seguras, de baja fricción y de bajo costo, para ahorrar dinero y para evitar tener que viajar con dinero en efectivo encima.
En comunidades donde la gente no podía satisfacer sus necesidades financieras básicas, M-Pesa despegó. A fines de 2009, cuando se lanzó Venmo en Estados Unidos, M-Pesa ya tenía más de 8 millones de usuarios en Kenia. En 2012, tenía 15 millones de usuarios y más de 30.000 agentes.
Poder enviar dinero a un miembro de la familia sin tener que hacer un viaje peligroso o guardar los ahorros en un smartphone en vez de bajo el colchón son cosas que la gente en los países desarrollados da por sentadas.
Sin embargo, para miles de millones de personas en todo el mundo, tener alternativas a llevar todo su patrimonio en efectivo es algo nuevo. El dinero móvil cambió eso y los efectos económicos fueron profundos.
Los economistas del desarrollo Tavneet Suri y William Jack analizaron estos impactos en una serie de artículos de investigación, incluido un artículo de Science de 2016.
En 2016, encontraron que M-Pesa era omnipresente en Kenia: el 96 por ciento de los hogares lo usaba. Pero de 2008 a 2010, algunos de los hogares encuestados por los investigadores tenían varios agentes de M-Pesa a poca distancia y otros no, principalmente por casualidad.
Eso permitió a los investigadores analizar la pregunta: ¿Tener M-Pesa en una región antes ayudó a las familias a escapar de la pobreza?
Descubrieron que sí.
“Los servicios financieros básicos, como la capacidad de almacenar, enviar y realizar transacciones de dinero de forma segura, que se dan por sentado en la mayoría de las economías avanzadas y que, en forma de dinero móvil, han llegado a millones de keniatas a una velocidad sin precedentes durante la última década parecen tener el potencial de impulsar directamente el bienestar económico”, concluye el documento de 2016, que estima que el repentino despegue de M-Pesa había sacado de la pobreza a 194.000 hogares.
Los efectos reales fueron bastante pequeños, tal vez sólo 10 centavos de dólar por día en dinero adicional. Pero incluso un pequeño impacto fue suficiente para elevar a muchos hogares por encima de la línea de la pobreza extrema.

Los investigadores encontraron efectos similares en otros países. Un artículo de 2016 de Ggombe Kasim Munyegera y Tomoya Matsumoto analizó los hogares en las zonas rurales de Uganda y encontró un aumento significativo en el consumo de los hogares que tenían acceso al dinero móvil.
En ese caso, el mecanismo fueron principalmente las remesas: dinero enviado a casa por miembros de la familia que vivían y trabajaban en otro lugar. El dinero móvil hace que enviar dinero a casa sea más seguro y más fácil, y las tarifas son mucho más bajas que las de las transferencias electrónicas o los servicios postales. Esto hace que llegue más dinero a casa y que sea menos probable que las personas en las comunidades rurales pasen hambre.
Otro estudio de Uganda en 2019 encontró que el dinero móvil aumentó las remesas y el autoempleo no agrícola (es decir, la tasa de personas que inician pequeñas empresas) y “redujo la proporción de hogares con muy poca cantidad de alimentos del 62,9 al 47,2 por ciento “.
Un artículo de 2019 de Haseeb Ahmed y Benjamin W. Cowan encontró que el dinero móvil también aumenta el acceso a la atención médica. Dado que es más probable que las personas ahorren dinero cuando tienen una manera conveniente y segura de hacerlo, es más probable que tengan ahorros como colchón si un miembro del hogar se enferma.
Una mayor facilidad para enviar dinero también significa que es más probable que puedan obtener ayuda de amigos y familiares en caso de emergencia. En general, el dinero móvil hace que las personas tengan más probabilidades de acceder a la atención médica cuando están enfermas.
Por todo esto, la comunidad internacional debería poner más atención en el dinero móvil como instrumento de lucha contra la pobreza. Durante décadas, señalan Suri y Jack, la comunidad global del desarrollo ha dedicado mucho esfuerzo y energía a programas como las microfinanzas, que buscan brindar acceso a instrumentos financieros sofisticados como préstamos comerciales a largo plazo para personas de bajos recursos.
Pero la evidencia empírica es bastante decepcionante: no está claro que los préstamos comerciales saquen a muchas personas de la pobreza. En cambio, el mayor beneficio parece ser que brinda acceso al sistema financiero a quienes los reciben. Gracias a la banca móvil, ese beneficio se puede obtener sin los gastos generales ni la carga de la deuda de los microcréditos.
Durante la última década, M-Pesa y sus competidores han trabajado para replicar la fórmula que condujo al éxito en Kenia en decenas de países más de Asia y África. Hoy, M-Pesa tiene 42 millones de clientes activos y 400.000 agentes en siete países.
Este éxito ha inspirado a otros a seguir su ejemplo.
La Fundación Gates ha financiado proyectos de dinero móvil y ha desarrollado software para plataformas de dinero móvil.
Emprendedores del sector privado han creado empresas competidoras de M-Pesa. Una de ellas es Wave, una aplicación de dinero móvil elegante y de bajo costo. Wave fue fundada y es dirigida por personas que quieren llevar programas similares a M-Pesa a personas no bancarizadas en otros países.
Desafortunadamente, el éxito inicial ha sido difícil de replicar.
“Cuando el dinero móvil tuvo éxito en Kenia, sacó de la pobreza a un millón de personas. Y, sin embargo, más de 10 años después, la mayoría de los africanos aún carecen de acceso a formas asequibles de ahorrar, transferir o pedir prestado el dinero que necesitan para construir negocios o mantener a sus familias”, señala la página de bienvenida de Wave.
M-Pesa era exactamente lo que Kenia necesitaba, y despegó allí. Pero no hay dos países iguales y convencer a toda una sociedad para que adopte una nueva forma de hacer transacciones financieras no es fácil.
En algunos países, el dinero móvil no ha logrado despegar, tal vez debido a un problema del huevo y la gallina: debe haber una extensa red de agentes para que el servicio sea útil, pero colocar agentes en todas partes no es viable hasta que el servicio se vuelva masivo.
Esa es la razón por la que el dinero móvil no despegó en Níger, según una investigación de 2020. A pesar de que el país tiene una gran parte de su población no bancarizada y mucho interés en un mejor sistema de transferencia de dinero, M-Pesa y sus competidores no han logrado establecerse. En otros países, el gobierno ha cerrado los sistemas de dinero móvil a instancias de los bancos centrales o de la competencia.
“En términos de implementación de dinero móvil, cada país es diferente”, dice Lincoln Quirk, cofundador y director de producto de Wave.
En Kenia y algunos países vecinos, es muy común que las personas que trabajan en la ciudad envíen gran parte de su salario para mantener a su familia rural. Esto es un gran impulsor de la adopción de dinero móvil. Pero esta costumbre no es común en todas partes.
Y muchos otros factores también son diferentes. “Solo algunos tipos de negocios requieren una transferencia rápida de dinero entre diferentes regiones de un país, y solo algunos países tienen grandes problemas de disponibilidad de efectivo”.
Eso significa que, más de una década después de que el dinero móvil tomara a Kenia por asalto, muchos de los países vecinos todavía se encuentran en una posición frustrante.
“Kenia, China y Bangladesh [otros países que vieron despegar el dinero móvil] son casos excepcionales, más que la norma”, dice Tim Ogden, director de la Iniciativa de Acceso Financiero de la Universidad de Nueva York. Inicialmente, dice, algunas personas imaginaron que podían replicar directamente el éxito de M-Pesa en Kenia a cualquier otro país donde gran parte de la población no tuviese acceso a una cuenta bancaria.
“La forma en que pensamos sobre esto fue que no teníamos idea de que el dinero móvil pudiera hacer esto, y lo hizo en estos lugares, por lo que puede hacerlo en todas partes, ¿verdad?”.
Pero no es tan simple.
Un país en el que opera Wave es Senegal. Allí solo el 8% de la población tiene acceso a los bancos y solo el 8% tiene una cuenta de dinero móvil.
“La mayoría de la gente no tiene cuentas bancarias. No confían en los bancos. Prefieren tener cuentas móviles antes que tratar con bancos. Estos siempre están tratando de aumentar las tarifas “, dice Tariq, un usuario de Wave en Senegal. “Cada vez más gente está empezando a utilizarlo y todos conocen los servicios”.
A pesar de ser relativamente nuevo, el volumen de transacciones en Wave representa el 3 por ciento del producto bruto de Senegal.
Es posible que, en algunos años, la trayectoria de Senegal se parezca a la de Kenia. Pero también es posible que el esfuerzo termine en una decepción.
En muchos países, programas de dinero móvil inicialmente exitosos fueron paralizados por nuevas leyes una vez que se volvieron demasiado grandes, o se les aplicaron tantos impuestos que no pudieron ser más utilizados para pequeñas transacciones.
El éxito aparentemente mágico de M-Pesa no fue sólo producto de M-Pesa. Fue una combinación de la tecnología adecuada, en el momento adecuado, implementada de la manera correcta, con las decisiones correctas del gobierno de Kenia que no aplicó regulaciones onerosas ni altos impuestos a las transacciones.

En los Estados Unidos, es mucho más raro que alguien no esté completamente bancarizado. Pero aún vale la pena pensar qué lecciones podemos aprender de presenciar el nacimiento de un nuevo sistema financiero basado en el teléfono.
Primero, está la conclusión de los muchos estudios de M-Pesa: cuando las personas no tienen acceso a la banca, obtener ese acceso las ayuda a salir de la pobreza. Hace que el ahorro sea alcanzable, reduce el riesgo de ser víctimas de delitos, les permite asumir riesgos y desplazarse para trabajar mientras envían dinero a casa.
Segundo, está la idea de que las tecnologías más prometedoras del siglo XXI son aquellas que se ofrecen a los usuarios donde estos se encuentran efectivamente: en sus teléfonos, que están en el bolsillo de casi todos los estadounidenses.
En Estados Unidos, ya hay bancos que operan completamente en línea, tratando de aprovechar el cambio en la forma en que realizamos nuestras transacciones para evitar los altos costos de las sucursales físicas. Tal vez ese sea el enfoque correcto, o tal vez todavía sea demasiado pequeño.
Demasiadas personas en Estados Unidos todavía no cuentan con servicios bancarios por una diversidad de razones: no tienen acceso a un banco tradicional, no tienen documentos de identidad o quizá no tienen una dirección fija. Si queremos que más personas accedan a los servicios financieros, tal vez no deberíamos centrarnos en buscar que abran cuentas bancarias, sino en darles herramientas flexibles para realizar pagos, ahorrar y obtener préstamos sin la necesidad de una cuenta.
El dinero móvil no es la solución fácil para la pobreza en el mundo. Tal cosa no existe. Pero es una herramienta extraordinariamente simple que funciona muy bien.
La evidencia sobre la efectividad del dinero móvil en la lucha contra la pobreza es significativamente más sólida que la evidencia a favor de intervenciones de acceso financiero populares como los microcréditos.
Y, sin embargo, una década después de su primer despegue, el dinero móvil sigue estando infrautilizado en muchos lugares.
Hay mucho que la comunidad global podría hacer para que el dinero móvil se vuelva viable en aquellos países donde todavía no ha despegado: desde ayudar a los gobiernos a desarrollar buenos marcos de regulación e impuestos justos hasta distribuir fondos gubernamentales a sus beneficiarios directamente a través de sistemas de dinero móvil.
Ese tipo de trabajo tal vez no sea vistoso, pero sienta las bases para un mundo donde todos pueden ahorrar, enviar y gastar dinero desde sus teléfonos. Y eso, según sugiere la evidencia, puede marcar una gran diferencia.
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