Las Cortes de Internet de China: Hacia el Tribunal de Justicia del Futuro
En China, las cortes virtuales utilizan blockchain e inteligencia artificial para resolver disputas legales…Esta es una versión traducida y adaptada del artículo “Robot Justice: The Rise of China’s Internet Courts” publicado por Bryan Lynn. En China, millones de casos judiciales actualmente son resueltos por “cortes de Internet” que no requieren que los ciudadanos comparezcan en un juzgado físico. Estas “cortes inteligentes” incluyen jueces robot, programados con inteligencia artificial. Si a...
Cómo el Cripto Está Dando Forma a la Revolución Digital
Esta es una versión adaptada y traducida del texto “How Crypto Is Shaping the Digital Revolution” publicado por Mario Laul el 11 de octubre de 2021. En el pasado, definí al “cripto” (un término para denominar al blockchain y toda la innovación vinculada con la Web3) como una parte de la revolución digital que empezó hacia finales de la década de 1960 y comienzos de 1970 con la invención de las redes, los microprocesadores, y otras tecnología digitales que permiten la proliferación de computad...
Contratos Inteligentes, ¿Por Qué Importan?
Los contratos inteligentes son acuerdos escritos en código de computadora y registrados en un blockchain. Van a marcar el futuro de la industria legal…Este artículo es una versión traducida y adaptada del texto The Promise of Smart Contracts de Kate Sills. La película Fargo (1996) trata sobre las promesas. Se plantea si cumpliremos con nuestras promesas, incluso cuando vayan contra nuestro propio interés. Las promesas de la película no estaban respaldadas por el sistema legal. Y por un buen m...
Web3 & Legaltech Entrepreneur. Founder at Kleros and Proof of Humanity. Building the Future of Law.
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En China, las cortes virtuales utilizan blockchain e inteligencia artificial para resolver disputas legales…Esta es una versión traducida y adaptada del artículo “Robot Justice: The Rise of China’s Internet Courts” publicado por Bryan Lynn. En China, millones de casos judiciales actualmente son resueltos por “cortes de Internet” que no requieren que los ciudadanos comparezcan en un juzgado físico. Estas “cortes inteligentes” incluyen jueces robot, programados con inteligencia artificial. Si a...
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El 30 de abril de 2016, se lanzó la campaña de venta de participaciones para El DAO. Era el primer intento de construir una organización autónoma descentralizada de gran escala sobre el blockchain de Ethereum.
Se trataba de un fondo de inversión completamente descentralizado y transparente. Una sucesión de líneas de código, que cualquiera podía ver y auditar, definía el proceso por el cual el fondo iba a asignar el capital.
El DAO buscaba demostrar que los mismos usuarios podían decidir qué proyectos financiar, sin la necesidad de intermediarios, como los directores de los fondos de capital de riesgo.
En El DAO, cualquiera podía proponer un proyecto y buscar financiamiento de la comunidad. Primero, las propuestas eran revisadas por un equipo de curadores. Luego, se sometían a votación entre todos los tenedores de tokens. Si había un consenso de más del 20%, los fondos solicitados serían transferidos en ETH a la dirección del solicitante.
Más de 11.000 inversores compraron tokens de participación en la plataforma. Esos tokens les daban derecho a votar los proyectos a financiar y recibir beneficios de dichos proyectos. Cuando se cerró el proceso, a fines de mayo de 2016, se habían recaudado más de 170 millones de dólares.
El lanzamiento se realizó con bombos y platillos, como la inauguración de una nueva época para la industria del capital de riesgo. Se recibieron propuestas y se empezó a votar sobre ellas. Algunas voces, sin embargo, advertían que El DAO tenía severas fallas de seguridad…
El 18 de junio, miembros de la comunidad descubrieron que alguien había robado más de 70 millones de dólares en Ether de El DAO. Lo había hecho a través de una vulnerabilidad en una característica técnica llamada función de split.
Era una especie de “escotilla de escape” que permitía a los inversores recuperar sus fondos en caso de que no estuviesen satisfechos con el funcionamiento. Desde un punto de vista técnico, si un inversor quería salir de El DAO, tenía que crear una “Pequeña DAO” y transferir sus fondos allí. Una vez transcurrido un período de seguridad de 28 días, podría retirar los fondos de la Pequeña DAO.
El atacante había descubierto una vulnerabilidad en la función de split, que le permitía utilizar las mismas tokens para retirar fondos una y otra vez. Así que los fondos extraídos por el atacante quedaron en su Pequeña DAO, donde permanecerían congelados por 28 días hasta que pudiese retirarlos.
Esas semanas tuvieron frenéticas discusiones dentro de la comunidad de Ethereum. Primero, se resolvió realizar un soft fork con el objetivo de evitar que el atacante pudiera retirar el Ether de su Pequeña DAO tras el período de 28 días. Esa solución, sin embargo, se encontró con problemas técnicos y no pudo ser implementada.
Así que la comunidad llegó a una solución más drástica: un hard fork con el objetivo de revertir todo al punto inicial. Es decir, desmantelar El DAO y devolver todos los fondos a los inversores… incluyendo los que habían sido robados por el hacker. Los inversores recibirían 1 ETH por cada 100 tokens de DAO en su poder.
La propuesta despertó una enorme controversia, y la comunidad de Ethereum se fracturó en dos grupos: los que apoyaban el hard fork y los que no.
El grupo opositor al hard fork sostenía: El código es ley.
Los términos y condiciones de El DAO no debían cambiar bajo ninguna circunstancia, aunque esto implicara que el atacante conservara el dinero. Devolver los fondos a los inversores sentaría un precedente de escasa transparencia. ¿Quién garantizaba que, en el futuro, no se decidiese introducir otras modificaciones de manera retroactiva?
El grupo a favor del hard fork sostenía que la posición de código es ley era demasiado drástica. Sería moralmente incorrecto, advertían, permitir que el atacante se beneficiara de sus actos. En última instancia no debía ser el código sino los humanos quienes tomaran esta clase de decisiones.
La propuesta del hard fork fue votada y aprobada por el 89% de los tenedores de Ether. El 20 de julio de 2016 se realizó un hard fork en la red, y los fondos volvieron a manos de los inversores.
No todos lo aceptaron. Una parte de la comunidad, en drástico desacuerdo con la posición mayoritaria, siguió en la cadena original. Así que nació una nueva moneda llamada Ethereum Classic formada por la parte de la comunidad desilusionada con la decisión del hard fork.
Ese el fue el final del experimento de El DAO, el primer fondo de inversión descentralizado. Aunque no tuvo un final feliz, fue una pequeña muestra del futuro de las organizaciones descentralizadas.


El 30 de abril de 2016, se lanzó la campaña de venta de participaciones para El DAO. Era el primer intento de construir una organización autónoma descentralizada de gran escala sobre el blockchain de Ethereum.
Se trataba de un fondo de inversión completamente descentralizado y transparente. Una sucesión de líneas de código, que cualquiera podía ver y auditar, definía el proceso por el cual el fondo iba a asignar el capital.
El DAO buscaba demostrar que los mismos usuarios podían decidir qué proyectos financiar, sin la necesidad de intermediarios, como los directores de los fondos de capital de riesgo.
En El DAO, cualquiera podía proponer un proyecto y buscar financiamiento de la comunidad. Primero, las propuestas eran revisadas por un equipo de curadores. Luego, se sometían a votación entre todos los tenedores de tokens. Si había un consenso de más del 20%, los fondos solicitados serían transferidos en ETH a la dirección del solicitante.
Más de 11.000 inversores compraron tokens de participación en la plataforma. Esos tokens les daban derecho a votar los proyectos a financiar y recibir beneficios de dichos proyectos. Cuando se cerró el proceso, a fines de mayo de 2016, se habían recaudado más de 170 millones de dólares.
El lanzamiento se realizó con bombos y platillos, como la inauguración de una nueva época para la industria del capital de riesgo. Se recibieron propuestas y se empezó a votar sobre ellas. Algunas voces, sin embargo, advertían que El DAO tenía severas fallas de seguridad…
El 18 de junio, miembros de la comunidad descubrieron que alguien había robado más de 70 millones de dólares en Ether de El DAO. Lo había hecho a través de una vulnerabilidad en una característica técnica llamada función de split.
Era una especie de “escotilla de escape” que permitía a los inversores recuperar sus fondos en caso de que no estuviesen satisfechos con el funcionamiento. Desde un punto de vista técnico, si un inversor quería salir de El DAO, tenía que crear una “Pequeña DAO” y transferir sus fondos allí. Una vez transcurrido un período de seguridad de 28 días, podría retirar los fondos de la Pequeña DAO.
El atacante había descubierto una vulnerabilidad en la función de split, que le permitía utilizar las mismas tokens para retirar fondos una y otra vez. Así que los fondos extraídos por el atacante quedaron en su Pequeña DAO, donde permanecerían congelados por 28 días hasta que pudiese retirarlos.
Esas semanas tuvieron frenéticas discusiones dentro de la comunidad de Ethereum. Primero, se resolvió realizar un soft fork con el objetivo de evitar que el atacante pudiera retirar el Ether de su Pequeña DAO tras el período de 28 días. Esa solución, sin embargo, se encontró con problemas técnicos y no pudo ser implementada.
Así que la comunidad llegó a una solución más drástica: un hard fork con el objetivo de revertir todo al punto inicial. Es decir, desmantelar El DAO y devolver todos los fondos a los inversores… incluyendo los que habían sido robados por el hacker. Los inversores recibirían 1 ETH por cada 100 tokens de DAO en su poder.
La propuesta despertó una enorme controversia, y la comunidad de Ethereum se fracturó en dos grupos: los que apoyaban el hard fork y los que no.
El grupo opositor al hard fork sostenía: El código es ley.
Los términos y condiciones de El DAO no debían cambiar bajo ninguna circunstancia, aunque esto implicara que el atacante conservara el dinero. Devolver los fondos a los inversores sentaría un precedente de escasa transparencia. ¿Quién garantizaba que, en el futuro, no se decidiese introducir otras modificaciones de manera retroactiva?
El grupo a favor del hard fork sostenía que la posición de código es ley era demasiado drástica. Sería moralmente incorrecto, advertían, permitir que el atacante se beneficiara de sus actos. En última instancia no debía ser el código sino los humanos quienes tomaran esta clase de decisiones.
La propuesta del hard fork fue votada y aprobada por el 89% de los tenedores de Ether. El 20 de julio de 2016 se realizó un hard fork en la red, y los fondos volvieron a manos de los inversores.
No todos lo aceptaron. Una parte de la comunidad, en drástico desacuerdo con la posición mayoritaria, siguió en la cadena original. Así que nació una nueva moneda llamada Ethereum Classic formada por la parte de la comunidad desilusionada con la decisión del hard fork.
Ese el fue el final del experimento de El DAO, el primer fondo de inversión descentralizado. Aunque no tuvo un final feliz, fue una pequeña muestra del futuro de las organizaciones descentralizadas.

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