Las Cortes de Internet de China: Hacia el Tribunal de Justicia del Futuro
En China, las cortes virtuales utilizan blockchain e inteligencia artificial para resolver disputas legales…Esta es una versión traducida y adaptada del artículo “Robot Justice: The Rise of China’s Internet Courts” publicado por Bryan Lynn. En China, millones de casos judiciales actualmente son resueltos por “cortes de Internet” que no requieren que los ciudadanos comparezcan en un juzgado físico. Estas “cortes inteligentes” incluyen jueces robot, programados con inteligencia artificial. Si a...
Cómo el Cripto Está Dando Forma a la Revolución Digital
Esta es una versión adaptada y traducida del texto “How Crypto Is Shaping the Digital Revolution” publicado por Mario Laul el 11 de octubre de 2021. En el pasado, definí al “cripto” (un término para denominar al blockchain y toda la innovación vinculada con la Web3) como una parte de la revolución digital que empezó hacia finales de la década de 1960 y comienzos de 1970 con la invención de las redes, los microprocesadores, y otras tecnología digitales que permiten la proliferación de computad...
Contratos Inteligentes, ¿Por Qué Importan?
Los contratos inteligentes son acuerdos escritos en código de computadora y registrados en un blockchain. Van a marcar el futuro de la industria legal…Este artículo es una versión traducida y adaptada del texto The Promise of Smart Contracts de Kate Sills. La película Fargo (1996) trata sobre las promesas. Se plantea si cumpliremos con nuestras promesas, incluso cuando vayan contra nuestro propio interés. Las promesas de la película no estaban respaldadas por el sistema legal. Y por un buen m...
Web3 & Legaltech Entrepreneur. Founder at Kleros and Proof of Humanity. Building the Future of Law.
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Esta es una versión traducida y adaptada del artículo “Lambda School’s For-Profit Plan to Solve Student Debt” publicado por Gregory Barber en Wired el 26 de agosto de 2019.
A comienzos de este verano, el emprendedor tecnológico Austen Allred estaba en Reddit, como suele hacerlo, cuando notó algo sospechoso. Los foros de programación que frecuentaba, donde la gente típicamente hablaba de errores de JavaScript, estaban saturados por un tema en particular: una escuela de programación llamada Lambda School, de la que él era fundador y CEO.
A Allred, las publicaciones le parecieron sospechosamente robóticas. ¿Tal vez un competidor estaba publicando spam bajo el nombre de Lambda para que ésta fuese expulsada de los foros?
“Algunos quieren que fracasemos”, dice, echando un vistazo desde debajo de su característica gorra roja y gris con la letra griega Lambda. “Muchos prefieren pensar que Lambda es una estafa, porque quieren creer que los resultados que estamos obteniendo son imposibles”.
Lambda School es un curso de programación en línea que es gratuito hasta que lo terminas y consigues un trabajo. Su modelo se basa en un acuerdo de participación de ingresos (income share agreement, ISA): los estudiantes no pagan nada mientras asisten a la escuela y empiezan a pagar una parte de sus ingresos una vez que consiguen empleo.
El concepto, propuesto por primera vez por el economista Milton Friedman en la década de 1950 como un “contrato de capital humano”, es celebrado por algunos como una solución de mercado para la deuda estudiantil.
La idea resultó especialmente atractiva para ciertos sectores de Silicon Valley para quienes la expresión “alinear incentivos” suena como música para los oídos. Los defensores de Lambda School dicen que el modelo permite democratizar el acceso en una industria dominada por préstamos privados para estudiantes.

Lambda School no tiene campus; las videoconferencias están disponibles donde sea que los estudiantes tengan Wi-Fi y, por lo tanto, son infinitamente escalables siempre que haya trabajos de programación para cubrir (por el momento, hay muchos).
En enero, Lambda recibió 30 millones de dólares de inversores como Google Ventures, Y Combinator y Ashton Kutcher.
Según Allred, cualquiera puede ser un programador, siempre que esté dispuesto a esforzarse. La cualidad más importante, dice, es la “determinación”. Eso molesta a algunas personas, sospecha. “Eliminamos las excusas que la gente usa para justificar por qué no tiene éxito, por qué no son ricos o por qué tomaron un camino diferente”.
Ese mensaje tiene un gran atractivo. El número de seguidores de Allred en las redes sociales se ha vuelto tan grande que incluso él a veces lo encuentra desconcertante.
En Twitter, @Austen ofrece una mezcla viral de relatos retuiteados de estudiantes que salieron de la pobreza gracias a trabajos de programación increíbles y sobrios gráficos sobre deuda estudiantil e innovación. Allred incluso responde punto por punto a críticas anónimas sobre la escuela (tanto es así que el cofundador de Y Combinator, Paul Graham, le tuiteó que tal vez debería desconectarse de las redes de vez en cuando).
A estas alturas, el eslogan “gratis hasta que consigas un trabajo” se ha enraizado profundamente en el subconsciente no solo de los inversores de Silicon Valley, sino básicamente de cualquiera que haya buscado en Google “cómo aprender a programar” desde su sala de estar en Tallahassee o desde una un cafetería en Kalamazoo.
Pero se trata, en gran medida, de un modelo que todavía no ha sido probado.
Los críticos señalan que los ISA están diseñados no solo para devolver la matrícula, sino para maximizar los rendimientos financieros para la escuela, sus capitalistas de riesgo y también otros inversores que podrían comprar participaciones en ISA individuales como un nuevo tipo de activo.
Lambda dice que la matrícula, ahora de 2.700 estudiantes, crece al 10% mensual. Pronto prevé llevar el modelo ISA a otras disciplinas, como la enfermería.
Pero, ¿qué más cambia cuando los estudiantes se convierten en inversiones?

Allred, de 29 años, lanzó lo que se convertiría en Lambda School en 2017. Estaba viviendo en Utah, donde había crecido en una familia mormona, adonde había regresado tras abandonar su primera startup de Silicon Valley, un sitio de crowdsourcing donde los usuarios informan y verifican noticias.
De regreso en su casa, escribió una guía de “growth hacking”, titulada Secret Sauce, con consejos para generar entusiasmo por un negocio en Twitter e Instagram.
Lambda School comenzó como un curso corto de programación (el nombre se refiere a un concepto dentro de la asignatura original, programación funcional). Allred no tenía experiencia en educación, pero estaba interesado en “crear oportunidades”, dice.
Antes, había abandonado sus estudios universitarios en Brigham Young por considerar que no valían la inversión y tras ver a muchos amigos luchar con la deuda contraída para pagar sus estudios.
Así que Lambda, decidió Allred, sería gratis. También notó que la saturada industria de las escuelas de programación, popular entre los que cambiaron de carrera después de la crisis de 2008, tenía problemas en lograr que los estudiantes pagaran la matrícula.
Allred no fue el primero en aplicar un modelo de participación de ingresos en educación. Los ISA se probaron en otras escuelas de programación e incluso en algunas universidades tradicionales, sobre todo en Purdue, que comenzó una prueba piloto en 2016.
Pero estos modelos no eran más que una fracción mínima (quizá sólo $200 millones) de un mercado de deuda estudiantil que asciende a 1.5 billones de dólares. Y aún hay pocos datos para analizar cuál es el impacto sobre los estudiantes.
No obstante, la idea está creciendo, en gran parte debido a Lambda School, que representa más de la mitad del mercado de ISA.
Como en la mayoría de las escuelas de programación, el plan de estudios de Lambda no está acreditado oficialmente y produce sus propios informes de rendimiento.
La idea es dar educación tanto a completos principiantes como a candidatos que buscan cambiar de carrera. Con 9 meses de duración, el programa es más largo que en otras escuelas de programación e incluye una sección con conceptos básicos de informática. Todos los alumnos siguen el curso a la misma velocidad, independientemente de cuál sea su conocimiento inicial. Pero la estructura del curso a partir de videos permite a los alumnos repetirlo en caso de que sea necesario.
Las condiciones del ISA son más onerosas que los típicos cursos de programación de $10,000. Una vez que el alumno gana al menos $50,000 al año trabajando en tecnología, paga el 17% de sus ingresos (un mínimo de $708 por mes). El total tiene un límite de $30,000 o 24 meses de pagos.
Si el alumno no consiguió un trabajo en tecnología cinco años después de la graduación, sus obligaciones de pago caducan.
Muchos graduados están felices con el acuerdo. Chris Atoki (23), de Nueva Jersey, estaba empezando a estudiar ingeniería eléctrica en un colegio comunitario cuando descubrió que no tenía vocación para el hardware. Acabó en el área de ventas de una empresa de colchones.
Tras ver un aviso de Lambda School en Facebook, en 2017 se unió a una de las primeras camadas y empezó a ver las clases desde su iPhone en la oficina. Aprender a programar fue todo un desafío, dice. Pero al final fue una experiencia transformadora… tal como se lo habían prometido.
Tras su graduación, Atoki decidió permanecer en Lambda como profesor asistente (una oportunidad para repasar el contenido antes de lanzarse al mercado laboral) y más adelante fue contratado como desarrollador en una empresa de Filadelfia.
Atoki dice que sus nuevos ingresos (aproximadamente $95,000) lo ponen en buen camino para pagar los $30,000 completos, mucho más de lo que hubiese pagado en un curso con un competidor. Cobra su salario en una cuenta bancaria supervisada por una empresa llamada Leif, que administra los ISA de Lambda, de donde serán retirados $1,345 cada mes.
Eso es más que el alquiler típico en la mayoría de las ciudades de Estados Unidos. Pero Atoki dice que no le importa, ya que gana aproximadamente tres veces más que vendiendo colchones.
Aún así, menos de la mitad de sus aproximadamente 50 compañeros de clase acabaron graduándose. “La escuela Lambda no aceptaba a cualquiera, pero fueron indulgentes en su política de ingresos”, dice. Para algunos, el curso fue demasiado difícil. Otros abandonaron después de analizar más cuidadosamente los términos del ISA.
Estamos a mediados de junio, y en todo el país los estudiantes inician sesión en sus conferencias y proyectos grupales. La sede de Lambda School, en un piso alto del distrito financiero de San Francisco, está tranquila. Allred acaba de terminar una sesión de brainstorming sobre la automatización del proceso de admisiones a Lambda; una pizarra detrás de él contiene un boceto de posibles soluciones.
Entre sorbos de Coca-Cola Zero, dice que la retención ha mejorado desde los primeros días: el 85% de los estudiantes ahora se gradúan. (Lambda dice que la cifra se basa en una “muestra representativa de cohortes recientes”). Eso es, en parte, porque la escuela ha mejorado en la selección de estudiantes que tendrán éxito.
El proceso de admisión implica algunas semanas de trabajo antes del curso, seguidas de una entrevista telefónica para evaluar la probabilidad de que el aplicante finalmente llegue a graduarse. El objetivo es lograr que el proceso sea lo más eficiente posible removiendo a los humanos de la ecuación. El equipo de Allred había explorado la posibilidad de usar scoring de crédito y administrar pruebas de coeficiente intelectual. Pero finalmente descubrió que la mejor medida de la “determinación” era el esfuerzo que los aplicantes ponían en las semanas de trabajo previas al curso.
La escuela ahora recibe 2,000 solicitudes por semana, me dice. (La empresa aclaró que el número se refiere a las personas que comienzan el trabajo previo al curso; “varios cientos” completan el proceso cada mes).
Desde la inyección de $30 millones de capital de riesgo en enero, la escuela se ha expandido rápidamente, con una meta de 4,000 estudiantes para fin de año. En octubre pasado, fueron 700. Nuevas camadas de estudiantes comienzan cada cuatro a ocho semanas, lo que permite a Lambda probar rápidamente nuevos métodos de instrucción.
En la semana de mi visita, la escuela había lanzado un programa diseñado para estudiantes de África Occidental. También está preparando un curso de ciberseguridad para finales de este año. Mientras tanto, un grupo de 50 estudiantes está participando en un programa piloto que les cubre los gastos de viáticos a cambio de un contrato ISA más largo.
La gran visión, dice Allred, es construir un motor optimizado (admisiones, plataforma de aprendizaje, buscador de empleo) que servirá como base para un imperio educativo. “La escuela es sólo una pequeña parte del motor”, dice.
Con el tiempo, se convertirá en una alternativa al modelo universitario actual, ofreciendo una amplia variedad de programas. Para llegar a su objetivo, Lambda se centrará primero en carreras donde haya escasez de mano de obra calificada. La próxima meta concreta es la enfermería. Lambda probablemente comprará una escuela de enfermería existente, incluidas sus licencias, y la integrará en el modelo ISA.
Por ahora, sin embargo, Lambda está “quemando” millones de dólares al mes, dice Allred. “La ecuación principal es el costo por alumno y luego el éxito por alumno”. Estaba preocupado por la segunda parte: la contratación de los graduados para que la escuela pueda ganar dinero con los ISA.
La contratación de los graduados es la principal limitación para admitir más estudiantes. La empresa ha invertido grandes sumas en un “equipo de ventas” que conecta a los graduados con potenciales empleadores y los ayuda a prepararse para las entrevistas.
El desafío, dice Allred, es superar el estigma de las escuelas de programación, especialmente entre las empresas de Silicon Valley.
“Es mucho más fácil lograr que un graduado sea contratado en una zona rural de Ohio que en San Francisco”, dice Allred. Eso no es un problema para muchos estudiantes de Lambda, agrega, que quieren trabajar en el lugar donde viven.
En aproximadamente la mitad de los ISA, Lambda vende a inversores los derechos de una parte de sus rendimientos; a cambio, recibe efectivo por adelantado. El arreglo no es ideal para Lambda, reconoce Allred. La escuela debe vender los derechos con un importante descuento para compensar el riesgo de que los beneficios nunca se materialicen para el inversor. Pero, dado que el primer ISA de la escuela solo se pagó en su totalidad en mayo, el acuerdo “permite que la empresa evite la quiebra”, dice.
Esto apunta a una “alineación de incentivos” más complicada de lo que Lambda sostiene. La venta de ISA a inversores externos podría generar incentivos a la emisión de muchos ISA y mantener bajos los costos de instrucción, por ejemplo, apostando que los altos márgenes de unos pocos estudiantes exitosos subsidien a los otros, dice Julie Margetta Morgan, miembro del Instituto Roosevelt, especialista en deudas de estudios.
Eso es especialmente cierto si resulta difícil conseguir trabajos para los graduados. Pero Allred insiste en que la estructura de incentivos que alinea los intereses de los estudiantes con los de la escuela no está rota. “Todavía corremos con la mayor parte del riesgo”, dice.
Recientemente, estos temas han estado en el centro de un debate más amplio sobre la regulación de los ISA, nacido en parte por el interés de la administración Trump en volverlos parte del financiamiento federal para estudiantes. En el Congreso, un proyecto de ley respaldado por la industria de los ISA busca regularlos como una categoría única, distinta de los préstamos para estudiantes, estableciendo topes en los pagos totales y un umbral mínimo de ingresos.
Algunos, especialmente desde la izquierda, argumentan que crear una categoría especial para los ISA podría conllevar riesgos para el consumidor ya que las escuelas controlan tanto los arreglos financieros como el marketing de sus programas.
En junio, la senadora Elizabeth Warren escribió una carta a la Secretaria de Educación Betsy DeVos argumentando que los ISA conllevan muchos de los riesgos de los préstamos privados para estudiantes “con el peligro adicional de una retórica y un marketing engañosos que ocultan su verdadera naturaleza”. La búsqueda de maximizar los retornos podría conducir a prácticas discriminatorias en las admisiones y, en última instancia, en los graduados que se someten a contratación.
Una preocupación es si los estudiantes se dan cuenta de que están incurriendo en una forma de deuda estudiantil. Los que consigan un trabajo, como Atoki, probablemente acabarán pagando más que los estudiantes de mayores ingresos que pagaron su educación al contado o mediante préstamos.
Algunos finalmente tendrán dificultades para realizar los pagos. Y aunque es cierto que los estudiantes no tendrán que pagar los gastos de su educación si no consiguen trabajo (una mejora clave con respecto a los préstamos privados para estudiantes, señala Morgan), eso aún deja fuera el tiempo y el dinero potencialmente perdido para tomar el curso.
Los partidarios de las ISA argumentan que tener más opciones es algo bueno y que la industria pone a los estudiantes en primer lugar. El CEO de Leif, Jeffrey Groeber, señala que, a diferencia de la industria de préstamos privados, su empresa no utiliza calificaciones crediticias para financiar los ISA, lo que elimina una fuente generalizada de discriminación. En cualquier escuela, todos los estudiantes reciben los mismos términos ISA.
La compañía, dice, solo acepta inversores cuyos valores considera que están alineados con las escuelas con las que trabaja. (Eso es un amortiguador, por ejemplo, contra los inversores que podrían intentar perseguir agresivamente a un estudiante en quiebra).
Este verano, Lambda School comenzó a manifestar algunos dolores de crecimiento. A finales de julio, un hilo de Twitter anónimo destacó el padecimiento de los estudiantes en la escuela. Muchos habían comenzado en mayo, en un curso de desarrollo web con 226 estudiantes, el mayor que haya tenido la escuela.
Varios estudiantes dijeron que el gran tamaño de la clase sumado a cambios repentinos en el plan de estudios y una nueva política de evaluación hicieron que algunos estudiantes, especialmente los recién llegados a la programación, no pudieran mantenerse al día.
Algunos se plantearon si la escuela estaba en condiciones de ayudar a estudiantes tan diversos, provenientes de todos los caminos de la vida.
El marketing había retratado a Lambda como una escuela de élite (con referencias a Google y a una tasa de admisión muy baja) pero a la vez como un lugar que aceptaba principiantes que buscaban construir una nueva vida desde cero. A pesar del discurso sobre el valor de la determinación, la escuela no se sintió como un campo de juego nivelado para todos. Dos estudiantes de color notaron que, a pesar de que Lambda tenía un cuerpo estudiantil diverso, la escuela parecía tener pocos miembros del personal que no fueran blancos.
Según Allred, los cambios en el plan de estudios apuntaban a que los estudiantes de Lambda ingresaran antes en el proceso de contratación y en dar más estructura al progreso de los estudiantes. Reconoció que había sido un desafío para la escuela realizar un seguimiento de alumnos que avanzaban por los cursos a diferentes velocidades.
Después de que surgieron las quejas, Allred dejó por un tiempo de tuitear historias de éxito y reconoció que el modelo Lambda no era perfecto. La escuela estaba tratando de mejorar el manejo del feedback interno, escribió, y había estado trabajando para aumentar la diversidad entre el personal.
¿Acaso la realidad había mostrado los límites de la perseverancia?
La interpretación de Allred fue que tal vez las redes sociales lo hicieron parecer demasiado fácil, y la escuela necesitaba comunicar mejor lo duro que trabajaban los estudiantes para transformar sus carreras y sus vidas. Poco después, tuiteó una encuesta de estudiantes que indicaba que el 2,7% “no estaría decepcionado” si Lambda desapareciera. “Son las personas por las que pierdo el sueño”, dice.
Por ahora, sin embargo, dice que está concentrado en hacer funcionar su ecuación. Eso significa contratar a más personas, más rápido. La única forma de convencer a los escépticos es cumplir sus promesas de Twitter, haciendo que sus graduados ingresen a esas lujosas carreras tecnológicas.

Esta es una versión traducida y adaptada del artículo “Lambda School’s For-Profit Plan to Solve Student Debt” publicado por Gregory Barber en Wired el 26 de agosto de 2019.
A comienzos de este verano, el emprendedor tecnológico Austen Allred estaba en Reddit, como suele hacerlo, cuando notó algo sospechoso. Los foros de programación que frecuentaba, donde la gente típicamente hablaba de errores de JavaScript, estaban saturados por un tema en particular: una escuela de programación llamada Lambda School, de la que él era fundador y CEO.
A Allred, las publicaciones le parecieron sospechosamente robóticas. ¿Tal vez un competidor estaba publicando spam bajo el nombre de Lambda para que ésta fuese expulsada de los foros?
“Algunos quieren que fracasemos”, dice, echando un vistazo desde debajo de su característica gorra roja y gris con la letra griega Lambda. “Muchos prefieren pensar que Lambda es una estafa, porque quieren creer que los resultados que estamos obteniendo son imposibles”.
Lambda School es un curso de programación en línea que es gratuito hasta que lo terminas y consigues un trabajo. Su modelo se basa en un acuerdo de participación de ingresos (income share agreement, ISA): los estudiantes no pagan nada mientras asisten a la escuela y empiezan a pagar una parte de sus ingresos una vez que consiguen empleo.
El concepto, propuesto por primera vez por el economista Milton Friedman en la década de 1950 como un “contrato de capital humano”, es celebrado por algunos como una solución de mercado para la deuda estudiantil.
La idea resultó especialmente atractiva para ciertos sectores de Silicon Valley para quienes la expresión “alinear incentivos” suena como música para los oídos. Los defensores de Lambda School dicen que el modelo permite democratizar el acceso en una industria dominada por préstamos privados para estudiantes.

Lambda School no tiene campus; las videoconferencias están disponibles donde sea que los estudiantes tengan Wi-Fi y, por lo tanto, son infinitamente escalables siempre que haya trabajos de programación para cubrir (por el momento, hay muchos).
En enero, Lambda recibió 30 millones de dólares de inversores como Google Ventures, Y Combinator y Ashton Kutcher.
Según Allred, cualquiera puede ser un programador, siempre que esté dispuesto a esforzarse. La cualidad más importante, dice, es la “determinación”. Eso molesta a algunas personas, sospecha. “Eliminamos las excusas que la gente usa para justificar por qué no tiene éxito, por qué no son ricos o por qué tomaron un camino diferente”.
Ese mensaje tiene un gran atractivo. El número de seguidores de Allred en las redes sociales se ha vuelto tan grande que incluso él a veces lo encuentra desconcertante.
En Twitter, @Austen ofrece una mezcla viral de relatos retuiteados de estudiantes que salieron de la pobreza gracias a trabajos de programación increíbles y sobrios gráficos sobre deuda estudiantil e innovación. Allred incluso responde punto por punto a críticas anónimas sobre la escuela (tanto es así que el cofundador de Y Combinator, Paul Graham, le tuiteó que tal vez debería desconectarse de las redes de vez en cuando).
A estas alturas, el eslogan “gratis hasta que consigas un trabajo” se ha enraizado profundamente en el subconsciente no solo de los inversores de Silicon Valley, sino básicamente de cualquiera que haya buscado en Google “cómo aprender a programar” desde su sala de estar en Tallahassee o desde una un cafetería en Kalamazoo.
Pero se trata, en gran medida, de un modelo que todavía no ha sido probado.
Los críticos señalan que los ISA están diseñados no solo para devolver la matrícula, sino para maximizar los rendimientos financieros para la escuela, sus capitalistas de riesgo y también otros inversores que podrían comprar participaciones en ISA individuales como un nuevo tipo de activo.
Lambda dice que la matrícula, ahora de 2.700 estudiantes, crece al 10% mensual. Pronto prevé llevar el modelo ISA a otras disciplinas, como la enfermería.
Pero, ¿qué más cambia cuando los estudiantes se convierten en inversiones?

Allred, de 29 años, lanzó lo que se convertiría en Lambda School en 2017. Estaba viviendo en Utah, donde había crecido en una familia mormona, adonde había regresado tras abandonar su primera startup de Silicon Valley, un sitio de crowdsourcing donde los usuarios informan y verifican noticias.
De regreso en su casa, escribió una guía de “growth hacking”, titulada Secret Sauce, con consejos para generar entusiasmo por un negocio en Twitter e Instagram.
Lambda School comenzó como un curso corto de programación (el nombre se refiere a un concepto dentro de la asignatura original, programación funcional). Allred no tenía experiencia en educación, pero estaba interesado en “crear oportunidades”, dice.
Antes, había abandonado sus estudios universitarios en Brigham Young por considerar que no valían la inversión y tras ver a muchos amigos luchar con la deuda contraída para pagar sus estudios.
Así que Lambda, decidió Allred, sería gratis. También notó que la saturada industria de las escuelas de programación, popular entre los que cambiaron de carrera después de la crisis de 2008, tenía problemas en lograr que los estudiantes pagaran la matrícula.
Allred no fue el primero en aplicar un modelo de participación de ingresos en educación. Los ISA se probaron en otras escuelas de programación e incluso en algunas universidades tradicionales, sobre todo en Purdue, que comenzó una prueba piloto en 2016.
Pero estos modelos no eran más que una fracción mínima (quizá sólo $200 millones) de un mercado de deuda estudiantil que asciende a 1.5 billones de dólares. Y aún hay pocos datos para analizar cuál es el impacto sobre los estudiantes.
No obstante, la idea está creciendo, en gran parte debido a Lambda School, que representa más de la mitad del mercado de ISA.
Como en la mayoría de las escuelas de programación, el plan de estudios de Lambda no está acreditado oficialmente y produce sus propios informes de rendimiento.
La idea es dar educación tanto a completos principiantes como a candidatos que buscan cambiar de carrera. Con 9 meses de duración, el programa es más largo que en otras escuelas de programación e incluye una sección con conceptos básicos de informática. Todos los alumnos siguen el curso a la misma velocidad, independientemente de cuál sea su conocimiento inicial. Pero la estructura del curso a partir de videos permite a los alumnos repetirlo en caso de que sea necesario.
Las condiciones del ISA son más onerosas que los típicos cursos de programación de $10,000. Una vez que el alumno gana al menos $50,000 al año trabajando en tecnología, paga el 17% de sus ingresos (un mínimo de $708 por mes). El total tiene un límite de $30,000 o 24 meses de pagos.
Si el alumno no consiguió un trabajo en tecnología cinco años después de la graduación, sus obligaciones de pago caducan.
Muchos graduados están felices con el acuerdo. Chris Atoki (23), de Nueva Jersey, estaba empezando a estudiar ingeniería eléctrica en un colegio comunitario cuando descubrió que no tenía vocación para el hardware. Acabó en el área de ventas de una empresa de colchones.
Tras ver un aviso de Lambda School en Facebook, en 2017 se unió a una de las primeras camadas y empezó a ver las clases desde su iPhone en la oficina. Aprender a programar fue todo un desafío, dice. Pero al final fue una experiencia transformadora… tal como se lo habían prometido.
Tras su graduación, Atoki decidió permanecer en Lambda como profesor asistente (una oportunidad para repasar el contenido antes de lanzarse al mercado laboral) y más adelante fue contratado como desarrollador en una empresa de Filadelfia.
Atoki dice que sus nuevos ingresos (aproximadamente $95,000) lo ponen en buen camino para pagar los $30,000 completos, mucho más de lo que hubiese pagado en un curso con un competidor. Cobra su salario en una cuenta bancaria supervisada por una empresa llamada Leif, que administra los ISA de Lambda, de donde serán retirados $1,345 cada mes.
Eso es más que el alquiler típico en la mayoría de las ciudades de Estados Unidos. Pero Atoki dice que no le importa, ya que gana aproximadamente tres veces más que vendiendo colchones.
Aún así, menos de la mitad de sus aproximadamente 50 compañeros de clase acabaron graduándose. “La escuela Lambda no aceptaba a cualquiera, pero fueron indulgentes en su política de ingresos”, dice. Para algunos, el curso fue demasiado difícil. Otros abandonaron después de analizar más cuidadosamente los términos del ISA.
Estamos a mediados de junio, y en todo el país los estudiantes inician sesión en sus conferencias y proyectos grupales. La sede de Lambda School, en un piso alto del distrito financiero de San Francisco, está tranquila. Allred acaba de terminar una sesión de brainstorming sobre la automatización del proceso de admisiones a Lambda; una pizarra detrás de él contiene un boceto de posibles soluciones.
Entre sorbos de Coca-Cola Zero, dice que la retención ha mejorado desde los primeros días: el 85% de los estudiantes ahora se gradúan. (Lambda dice que la cifra se basa en una “muestra representativa de cohortes recientes”). Eso es, en parte, porque la escuela ha mejorado en la selección de estudiantes que tendrán éxito.
El proceso de admisión implica algunas semanas de trabajo antes del curso, seguidas de una entrevista telefónica para evaluar la probabilidad de que el aplicante finalmente llegue a graduarse. El objetivo es lograr que el proceso sea lo más eficiente posible removiendo a los humanos de la ecuación. El equipo de Allred había explorado la posibilidad de usar scoring de crédito y administrar pruebas de coeficiente intelectual. Pero finalmente descubrió que la mejor medida de la “determinación” era el esfuerzo que los aplicantes ponían en las semanas de trabajo previas al curso.
La escuela ahora recibe 2,000 solicitudes por semana, me dice. (La empresa aclaró que el número se refiere a las personas que comienzan el trabajo previo al curso; “varios cientos” completan el proceso cada mes).
Desde la inyección de $30 millones de capital de riesgo en enero, la escuela se ha expandido rápidamente, con una meta de 4,000 estudiantes para fin de año. En octubre pasado, fueron 700. Nuevas camadas de estudiantes comienzan cada cuatro a ocho semanas, lo que permite a Lambda probar rápidamente nuevos métodos de instrucción.
En la semana de mi visita, la escuela había lanzado un programa diseñado para estudiantes de África Occidental. También está preparando un curso de ciberseguridad para finales de este año. Mientras tanto, un grupo de 50 estudiantes está participando en un programa piloto que les cubre los gastos de viáticos a cambio de un contrato ISA más largo.
La gran visión, dice Allred, es construir un motor optimizado (admisiones, plataforma de aprendizaje, buscador de empleo) que servirá como base para un imperio educativo. “La escuela es sólo una pequeña parte del motor”, dice.
Con el tiempo, se convertirá en una alternativa al modelo universitario actual, ofreciendo una amplia variedad de programas. Para llegar a su objetivo, Lambda se centrará primero en carreras donde haya escasez de mano de obra calificada. La próxima meta concreta es la enfermería. Lambda probablemente comprará una escuela de enfermería existente, incluidas sus licencias, y la integrará en el modelo ISA.
Por ahora, sin embargo, Lambda está “quemando” millones de dólares al mes, dice Allred. “La ecuación principal es el costo por alumno y luego el éxito por alumno”. Estaba preocupado por la segunda parte: la contratación de los graduados para que la escuela pueda ganar dinero con los ISA.
La contratación de los graduados es la principal limitación para admitir más estudiantes. La empresa ha invertido grandes sumas en un “equipo de ventas” que conecta a los graduados con potenciales empleadores y los ayuda a prepararse para las entrevistas.
El desafío, dice Allred, es superar el estigma de las escuelas de programación, especialmente entre las empresas de Silicon Valley.
“Es mucho más fácil lograr que un graduado sea contratado en una zona rural de Ohio que en San Francisco”, dice Allred. Eso no es un problema para muchos estudiantes de Lambda, agrega, que quieren trabajar en el lugar donde viven.
En aproximadamente la mitad de los ISA, Lambda vende a inversores los derechos de una parte de sus rendimientos; a cambio, recibe efectivo por adelantado. El arreglo no es ideal para Lambda, reconoce Allred. La escuela debe vender los derechos con un importante descuento para compensar el riesgo de que los beneficios nunca se materialicen para el inversor. Pero, dado que el primer ISA de la escuela solo se pagó en su totalidad en mayo, el acuerdo “permite que la empresa evite la quiebra”, dice.
Esto apunta a una “alineación de incentivos” más complicada de lo que Lambda sostiene. La venta de ISA a inversores externos podría generar incentivos a la emisión de muchos ISA y mantener bajos los costos de instrucción, por ejemplo, apostando que los altos márgenes de unos pocos estudiantes exitosos subsidien a los otros, dice Julie Margetta Morgan, miembro del Instituto Roosevelt, especialista en deudas de estudios.
Eso es especialmente cierto si resulta difícil conseguir trabajos para los graduados. Pero Allred insiste en que la estructura de incentivos que alinea los intereses de los estudiantes con los de la escuela no está rota. “Todavía corremos con la mayor parte del riesgo”, dice.
Recientemente, estos temas han estado en el centro de un debate más amplio sobre la regulación de los ISA, nacido en parte por el interés de la administración Trump en volverlos parte del financiamiento federal para estudiantes. En el Congreso, un proyecto de ley respaldado por la industria de los ISA busca regularlos como una categoría única, distinta de los préstamos para estudiantes, estableciendo topes en los pagos totales y un umbral mínimo de ingresos.
Algunos, especialmente desde la izquierda, argumentan que crear una categoría especial para los ISA podría conllevar riesgos para el consumidor ya que las escuelas controlan tanto los arreglos financieros como el marketing de sus programas.
En junio, la senadora Elizabeth Warren escribió una carta a la Secretaria de Educación Betsy DeVos argumentando que los ISA conllevan muchos de los riesgos de los préstamos privados para estudiantes “con el peligro adicional de una retórica y un marketing engañosos que ocultan su verdadera naturaleza”. La búsqueda de maximizar los retornos podría conducir a prácticas discriminatorias en las admisiones y, en última instancia, en los graduados que se someten a contratación.
Una preocupación es si los estudiantes se dan cuenta de que están incurriendo en una forma de deuda estudiantil. Los que consigan un trabajo, como Atoki, probablemente acabarán pagando más que los estudiantes de mayores ingresos que pagaron su educación al contado o mediante préstamos.
Algunos finalmente tendrán dificultades para realizar los pagos. Y aunque es cierto que los estudiantes no tendrán que pagar los gastos de su educación si no consiguen trabajo (una mejora clave con respecto a los préstamos privados para estudiantes, señala Morgan), eso aún deja fuera el tiempo y el dinero potencialmente perdido para tomar el curso.
Los partidarios de las ISA argumentan que tener más opciones es algo bueno y que la industria pone a los estudiantes en primer lugar. El CEO de Leif, Jeffrey Groeber, señala que, a diferencia de la industria de préstamos privados, su empresa no utiliza calificaciones crediticias para financiar los ISA, lo que elimina una fuente generalizada de discriminación. En cualquier escuela, todos los estudiantes reciben los mismos términos ISA.
La compañía, dice, solo acepta inversores cuyos valores considera que están alineados con las escuelas con las que trabaja. (Eso es un amortiguador, por ejemplo, contra los inversores que podrían intentar perseguir agresivamente a un estudiante en quiebra).
Este verano, Lambda School comenzó a manifestar algunos dolores de crecimiento. A finales de julio, un hilo de Twitter anónimo destacó el padecimiento de los estudiantes en la escuela. Muchos habían comenzado en mayo, en un curso de desarrollo web con 226 estudiantes, el mayor que haya tenido la escuela.
Varios estudiantes dijeron que el gran tamaño de la clase sumado a cambios repentinos en el plan de estudios y una nueva política de evaluación hicieron que algunos estudiantes, especialmente los recién llegados a la programación, no pudieran mantenerse al día.
Algunos se plantearon si la escuela estaba en condiciones de ayudar a estudiantes tan diversos, provenientes de todos los caminos de la vida.
El marketing había retratado a Lambda como una escuela de élite (con referencias a Google y a una tasa de admisión muy baja) pero a la vez como un lugar que aceptaba principiantes que buscaban construir una nueva vida desde cero. A pesar del discurso sobre el valor de la determinación, la escuela no se sintió como un campo de juego nivelado para todos. Dos estudiantes de color notaron que, a pesar de que Lambda tenía un cuerpo estudiantil diverso, la escuela parecía tener pocos miembros del personal que no fueran blancos.
Según Allred, los cambios en el plan de estudios apuntaban a que los estudiantes de Lambda ingresaran antes en el proceso de contratación y en dar más estructura al progreso de los estudiantes. Reconoció que había sido un desafío para la escuela realizar un seguimiento de alumnos que avanzaban por los cursos a diferentes velocidades.
Después de que surgieron las quejas, Allred dejó por un tiempo de tuitear historias de éxito y reconoció que el modelo Lambda no era perfecto. La escuela estaba tratando de mejorar el manejo del feedback interno, escribió, y había estado trabajando para aumentar la diversidad entre el personal.
¿Acaso la realidad había mostrado los límites de la perseverancia?
La interpretación de Allred fue que tal vez las redes sociales lo hicieron parecer demasiado fácil, y la escuela necesitaba comunicar mejor lo duro que trabajaban los estudiantes para transformar sus carreras y sus vidas. Poco después, tuiteó una encuesta de estudiantes que indicaba que el 2,7% “no estaría decepcionado” si Lambda desapareciera. “Son las personas por las que pierdo el sueño”, dice.
Por ahora, sin embargo, dice que está concentrado en hacer funcionar su ecuación. Eso significa contratar a más personas, más rápido. La única forma de convencer a los escépticos es cumplir sus promesas de Twitter, haciendo que sus graduados ingresen a esas lujosas carreras tecnológicas.
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