Las Cortes de Internet de China: Hacia el Tribunal de Justicia del Futuro
En China, las cortes virtuales utilizan blockchain e inteligencia artificial para resolver disputas legales…Esta es una versión traducida y adaptada del artículo “Robot Justice: The Rise of China’s Internet Courts” publicado por Bryan Lynn. En China, millones de casos judiciales actualmente son resueltos por “cortes de Internet” que no requieren que los ciudadanos comparezcan en un juzgado físico. Estas “cortes inteligentes” incluyen jueces robot, programados con inteligencia artificial. Si a...
Cómo el Cripto Está Dando Forma a la Revolución Digital
Esta es una versión adaptada y traducida del texto “How Crypto Is Shaping the Digital Revolution” publicado por Mario Laul el 11 de octubre de 2021. En el pasado, definí al “cripto” (un término para denominar al blockchain y toda la innovación vinculada con la Web3) como una parte de la revolución digital que empezó hacia finales de la década de 1960 y comienzos de 1970 con la invención de las redes, los microprocesadores, y otras tecnología digitales que permiten la proliferación de computad...
Contratos Inteligentes, ¿Por Qué Importan?
Los contratos inteligentes son acuerdos escritos en código de computadora y registrados en un blockchain. Van a marcar el futuro de la industria legal…Este artículo es una versión traducida y adaptada del texto The Promise of Smart Contracts de Kate Sills. La película Fargo (1996) trata sobre las promesas. Se plantea si cumpliremos con nuestras promesas, incluso cuando vayan contra nuestro propio interés. Las promesas de la película no estaban respaldadas por el sistema legal. Y por un buen m...
Web3 & Legaltech Entrepreneur. Founder at Kleros and Proof of Humanity. Building the Future of Law.
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Esta es una versión traducida y adaptada del texto “NFTs Are Shaking Up the Art World — But They Could Change So Much” publicado por Andrew Chow en la revista Time el 22 de marzo de 2021.
Hasta hace algunos meses, Jazmine Boykins acostumbraba publicar su arte de manera gratuita en Internet. Las animaciones de esta artista digital de 20 años atraían muchos likes y comentarios. Pero no generaban muchos ingresos, más allá de lo que la artista ganaba vendiendo buzos con sus diseños entre sus clases en la Universidad A&T State de Carolina del Norte.
Pero recientemente Boykins empezó a vender esas mismas obras a miles de dólares cada una gracias a una tecnología emergente que está transformando las reglas de la propiedad digital: los NFT o tokens no fungibles.
Los NFTs (tokens digitales atados a activos que pueden comprarse, venderse e intercambiarse) están permitiendo a artistas como Boykins monetizar su trabajo de una forma que nunca antes había sido posible.
“Al comienzo, no sabía si esto era confiable o legítimo” dice Boykins, que utiliza el nickname BLACKSNEAKERS y quien vendió más de 60 mil dólares de NFTs con su arte en los últimos seis meses. “Pero ver arte digital comprado a estos valores es sorprendente. Me da coraje para seguir adelante.”
Los NFT están teniendo su gran momento: coleccionistas y especuladores han gastado más de 200 millones de dólares en arte basado en NFTs, memes y GIFs solo en el último mes, de acuerdo a la firma NonFungible.com, en comparación con los 250 millones que se gastaron en todo el 2020.
Y esto fue antes de que el artista digital Mike Winkelmann, conocido como Beeple, vendiera una obra por la cifra récord de 69 millones de dólares en la famosa casa de subastas Christie’s — el tercer precio más alto conseguido por un artista vivo después de Jeff Koons y David Hockney.

Los NFT son archivos de computadora combinados con una prueba de propiedad y autenticidad, como un título de propiedad. Al igual que las criptomonedas como el bitcoin, existen en el blockchain, un registro público a prueba de fraudes.
Como los dólares, las criptomonedas son fungibles, lo que significa que un bitcoin siempre es igual a cualquier otro bitcoin. Pero los NFT son únicos y sus valuaciones son determinadas por quien haga la oferta más alta, como un Rembrandt o un Picasso.
Los artistas que deseen vender su obra como NFT tienen que entrar en un marketplace y luego acuñar tokens digitales subiendo y validando su información en un blockchain (típicamente, el blockchain de Ethereum). Este proceso cuesta entre 40 y 200 dólares. Luego pueden listar su obra para ser subastada en un marketplace de NFT parecido a eBay.
A primera vista, todo esto podría parecer absurdo: ¿coleccionistas pagando cifras de seis a ocho dígitos por obras que pueden verse y compartirse online de manera gratuita?
Los críticos minimizan la manía por el arte de NFT como una nueva burbuja. El fenómeno atrae una extraña mezcla de artistas y coleccionistas, pero también especuladores que buscan hacerse ricos con esta última moda.
Tal vez sea una burbuja. Pero muchos artistas digitales, hartos de pasar años creando contenido que genera visitas y comentarios en plataformas como Facebook e Instagram sin recibir casi nada a cambio, se metieron de cabeza en la manía.
Ahora, artistas de todo tipo (escritores, músicos, cineastas) imaginan un futuro en el que los NFT transformarán su proceso creativo y la forma en que el mundo valora sus obras, ahora que por primera vez es posible ser propietario de arte digital.
“Gente de los orígenes y géneros más diversos llegarán para compartir su arte, conectarse con otros y tal vez construir una carrera”, dice Boykins. “Los artistas ponen mucho tiempo (y de ellos mismos) en su obra. Es reconfortante ver que ahora esto está siendo recompensado de manera adecuada”.
Los tecnólogos, por su parte, dicen que los NFT son la siguiente etapa de una revolución del blockchain que podría transformar radicalmente el capitalismo, con implicancias que van desde los préstamos para viviendas hasta los seguros de salud.
El arte digital fue históricamente subvalorado, en gran medida porque está disponible gratis online. Para ayudar a los artistas a crear valor financiero con su trabajo, los NFT añaden el componente clave de la escasez.
Algunos coleccionistas está dispuestos a pagar un precio adicional por la versión original de una obra, la “obra auténtica”. La escasez es lo que explica por qué algunos coleccionistas de tarjetas de béisbol están dispuestos a pagar 3,12 millones de dólares por un pedazo de cartón con una foto de Honus Wagner, un legendario jugador de los Piratas de Pittsburgh.

Pero las tarjetas de béisbol existen en el mundo físico, por lo que es más fácil entender por qué valen algo. Puede ser más difícil de entender porqué el arte digital (o cualquier otro archivo digital) tiene valor.
Algunos coleccionistas de arte digital dicen que no están pagando solo por pixels sino también por el trabajo de un artista digital. Es una forma de dar legitimidad a una nueva forma de arte.
“Quiero que veas mi colección y digas ‘estas son piezas únicas’”, dice Shaylin Wallace, una artista y coleccionista de NFTs de 22 años. “El artista puso mucho trabajo en su obra y esta fue vendida al precio que merecía”.
El movimiento también cobra relevancia después de que muchos pasamos casi todo el año pasado completamente online. Si casi todo tu mundo es virtual, tiene sentido que gastes tu dinero en cosas virtuales.
Las bases para el boom del arte digital se sentaron en 2017, con el lanzamiento de CryptoKitties. Los fans gastaron más de 32 millones de dólares en coleccionar, intercambiar y criar esas caricaturas de gatos.
Los jugadores de videojuegos, por su parte, también invierten grandes sumas en mejoras cosméticas para sus avatares. Los jugadores de Fortnite gastaron un promedio de 82 dólares en contenido dentro del juego en 2019 volviendo más aceptable la idea de gastar dinero real en bienes digitales.
Al mismo tiempo, las criptomonedas crecieron en valor, alimentadas en parte por celebridades como Elon Musk y Mark Cuban. El Bitcoin creció más de 1000% durante el último año, y esto generó una manía en torno a otros activos digitales de cripto, incluyendo los NFT.
Los hermanos y emprendedores tecnológicos Duncan y Griffin Cock Foster percibieron la oportunidad y lanzaron un marketplace de arte en NFT llamado Nifty Gateway. Cuando empezaron, el arte en NFT estaba empezando a crecer en algunos círculos, pero era difícil para los recién llegados comprar, vender e intercambiar obras.
Nifty Gateway priorizó la accesibilidad y la usabilidad, ayudando a fomentar la adopción.
“Todavía estábamos en una fase muy temprana. No teníamos muchas expectativas de cómo iba a salir”, dice Duncan Cock Foster.
En su primer año, los usuarios de Nifty Gateway compraron y vendieron más de 100 millones de dólares de arte en NFT. Plataformas similares como SuperRare, OpenSea y MakersPlace experimentaron un crecimiento similar. Típicamente cobran entre un 10 y un 15% de las ventas iniciales.

Las grandes empresas y las celebridades también se están sumando a la acción: NBA Top Shot, la plataforma oficial de la NBA para comprar y vender las mejores jugadas de los partidos en NFT (empaquetados bajo la forma de tarjetas digitales), registró más de 390 millones de dólares en ventas desde su lanzamiento en octubre, según la compañía Dapper Labs.
La estrella del fútbol americano Rob Gronkowski vendió tarjetas coleccionables en NFT de las mejores jugadas del Super Bowl por más de 1,6 millones de dólares; la banda de rock Kings of Leon recaudó más de 2 millones vendiendo música en NFT.

Los últimos meses fueron una creciente manía, con récords que se batían todos los días. Beeple lo puso de manera clara tras su subasta récord: “Estoy jodidamente avasallado ahora mismo”, dijo a fans y colaboradores en la app de chat Clubhouse.
Las “ballenas” están haciendo los mayores negocios en el mundo del arte NFT. Esos inversores y evangelistas de las criptomonedas de bolsillos profundos promocionan cualquier cosa que esté relacionado con cripto.
“Un Winklevoss gastando 700 mil dólares en un Beeple u otra obra es marketing para la idea de que están muy invertidos en el tema”, dice el tecnólogo y artista Mat Dryhurst, refiriéndose a Tyler y Cameron Winklevoss, dos famosos inversores de cripto que compraron Nifty Gateway en 2019.
Una de estas ballenas es Daniel Maegaard, un trader de cripto australiano que hizo una fortuna superior a los 15 millones de dólares cuando el precio del Bitcoin se disparó en 2017. Maegaard compró y vendió arte digital y otros bienes en NFT por millones de dólares, incluyendo un terreno digital de 1,5 millones en el universo virtual Axie Infinity.
Si bien Maegaard inicialmente vio a los NFT como una forma de ganar dinero, con el tiempo se volvió fan de las obras, exhibiendo su colección online con orgullo y compartiendo noticias de sus nuevas compras y ventas con sus seguidores.
Está especialmente apegado a una obra llamada CriptoPunk 8348, una imagen pixelada de un hombre que se parece un poco a Walter White de Breaking Bad. Maegaard, que usa a esa obra como su avatar en las redes sociales, recientemente rechazó una oferta de un millón de dólares por ella.
“La gente asocia ese personaje a mi”, dice. “Si vendiera esa obra sería como vender una parte de mí mismo”.
Pero incluso los inversores que ven al arte de NFT como un activo a comprar barato y vender caro están poniendo dinero en el bolsillo de los artistas. Andrew Benson, un artista basado en Los Ángeles, estuvo experimentando con videos psicodélicos digitales por años. Sus obras se exhibieron en museos y galerías.
Pero, para ganarse la vida, siempre tuvo en paralelo un empleo en una empresa de software e hizo trabajos freelance para músicos como M.I.A. y Aphex Twin.
“Por mucho tiempo, mi perspectiva fue que la mejor forma de sobrevivir como artista es no tener que sobrevivir como artista”, dice Benson.
Un año y media atrás, cuando se frustraron sus planes de realizar una serie de exhibiciones, Benson sufrió severas dudas sobre su futuro en el mundo del arte.
“Me puse a pensar. ¿Quiero seguir con todos los problemas de hacer este tipo de trabajo y buscar lugares donde exhibirlo?”, recuerda.
En enero, un amigo que trabaja en una plataforma de NFT llamada Foundation le sugirió enviar una obra. Benson no pensó que fuese una gran cosa, pero envió un video que de otro modo “hubiese ido a un website o algo así”, dice.
Esa obra, que parece un Rorschach colorido, se vendió en 10 días a 1250 dólares. Desde entonces, Benson vendió otras 10 obras en el mismo rango de precio. Ahora imagina un futuro en el que podría vivir completamente de su arte.
“Esto realmente cambió mi forma de ver el mundo”, dice. “Ver que en este mundo mis obras pueden encontrar un contexto en el que importan me hacen desear más ser un artista”.
Muchos otros artistas que trabajan en estilos disruptivos (y a veces controvertidos) también están recibiendo una atención sin precedentes de coleccionistas de NFT. Arte con renders 3D, street art con colores saturados, e historietas están teniendo un gran éxito.
Este tipo de estética nacida de Internet atrae la atención de una joven generación criada con Instagram y de una clientela de cripto.
“El street art y los estilos contraculturales refuerzan la impresión que tiene la mayoría de la gente de finanzas de cripto de que son los ‘punks’ del mundo de la tecnología y las finanzas”, dice Dryhurst.
Todos estos desarrollos contrastan con el mundo tradicional del arte.
“Muchos coleccionistas de arte tradicional miran a la industria de los NFT y son incapaces de conectarla con su sistema de creencias”, dice Wendy Cromwell, una consultora de arte basada en Nueva York. “Estamos en un punto de inflexión: muchas de las personas más experimentadas del mundo del arte son ancianas y no tienen el interés ni el ancho de banda mental para entender el lenguaje de Internet.”
Tras la subasta de Beeple, la casa de subastas rival Sotheby’s rápidamente anunció un parntership con el artista de NFT Pak, mostrando que aunque las grandes casas de arte quizá no entiendan el género, sí entienden el potencial financiero.

Con o sin el apoyo del establishment, una nueva oleada de artistas digitales se están uniendo en comunidades de NFT, al igual que los artistas de las generaciones anteriores pasaban tiempo juntos y se influían mutuamente en su pensamiento, enfoque y obra.
“Hay una gran ética de la generosidad en el espacio”, dice Benson. “Hay una sensación de abundancia donde parece que todos pueden beneficiarse”.
En algunos casos, ballenas y mojarritas nadan juntas. El comprador de la obra de Beeple por 69 millones fue un grupo de coleccionistas llamado Metapurse, formado por dos inversores anónimos de Singapur que están experimentando con modelos tecnológicos innovadores de propiedad colectiva.
En enero, estas dos personas compraron 20 obras de Beeple, las colocaron en un museo virtual que puede ser visitado por cualquiera, y fraccionaron su nuevo proyecto en tokens que ahora son propiedad de 5400 personas. Su valor se multiplicó por 6 desde el 16 de marzo. La dupla está considerando una movida similar con su más reciente adquisición que salió en los diarios de todo el mundo, que esperan mostrar en un museo virtual de última generación.
La idea, dice el partner de Metapurse Twobadour, es “abrir la experiencia y la propiedad del arte a todo el mundo.”
Aunque los artistas, los coleccionistas y los especuladores se benefician de la manía de los NFTs, el fenómeno también tiene su lado oscuro. Las barreras a la entrada (cuesta dinero y requiere conocimiento tecnológico) podría evitar que algunos creadores se unan a la acción. Muchos están preocupados de que los jóvenes artistas de color serán dejados de lado, de igual forma a como han sido marginados históricamente del mundo del arte tradicional.
Los abogados, por su parte, están intentando determinar de qué forma las leyes existentes de copyright van a interactuar con esta nueva tecnología, ya que algunos artistas vieron su trabajo copiado y vendido como NFT sin su permiso.
“Esto provee una nueva plataforma para que algunos se aprovechen del trabajo de otra gente” dice el artista Connor Bell, cuyo trabajo fue plagiado y publicado en un marketplace de NFTs.
Y también están las preocupaciones ambientales. Crear NFTs requiere una enorme capacidad de cómputo y muchas de las granjas de servidores donde ocurre este trabajo está alimentada por combustibles fósiles.
“El impacto ambiental del blockchain es un enorme problema” dice Amy Whitaker, profesora asistente de artes visuales en New York University, aunque algunos defensores de las criptomonedas dicen que estos miedos están sobreestimados.
En teoría, artistas preocupados por el cambio climático podrían mudarse hacia plataformas de blockchain alternativas con menor impacto ambierntal. Ya están encontrando formas de adaptar la tecnología de NFT de otras formas beneficas. Por ejemplo, algunos están creando sus propios tokens, para ser recompensados cada vez que su trabajo es revendido, como un actor que recibe un cheque de regalías cada vez que su show vuelve a estar al aire.
La startup de Taiwan Bitmark comenzó un programa de NFT para dar derechos y regalías a productores de música alrededor del mundo. Los artistas que se registran en sitios de redes sociales basados en NFTs como Friends With Benefits reciben una propiedad fraccionaria en la plataforma y pueden recibir una compensación directa por el trabajo que crearon a través de la red, a diferencia de lo que ocurre en plataformas como Facebook e Instagram.
Para los evangelistas de la tecnología, la manía de los NFT es sólo una evidencia más de su creencia de que las criptomonedas y las plataformas de blockchain tienen el potencial de cambiar el mundo de maneras muy profundas.
La tecnología de blockchain ya fue implementada en intentos para hacer votaciones seguras en Utah, combatir el fraude de seguros en Nationwide Insurance, y asegurar los datos de un puñado de empresas de registros médicos de Estados Unidos. Sus defensores también dicen que podría ayudar a las empresas a lograr mayor transparencia en las cadenas de suministro y reducir los sesgos raciales en las solicitudes de créditos.
“El impacto social potencial es tan grande que deberíamos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para hacerlo manejable ambientalmente y de otras formas”, dice Whitaker. “Las nuevas tecnologías idealistas siempre son imperfectas en sus comienzos: pueden tener un boom especulativo y gente que las usará de maneras desagradables. Pero yo elijo concentrarme en sus posibilidades”.
Con ayuda en el reportaje de Julia Zorthian.

Esta es una versión traducida y adaptada del texto “NFTs Are Shaking Up the Art World — But They Could Change So Much” publicado por Andrew Chow en la revista Time el 22 de marzo de 2021.
Hasta hace algunos meses, Jazmine Boykins acostumbraba publicar su arte de manera gratuita en Internet. Las animaciones de esta artista digital de 20 años atraían muchos likes y comentarios. Pero no generaban muchos ingresos, más allá de lo que la artista ganaba vendiendo buzos con sus diseños entre sus clases en la Universidad A&T State de Carolina del Norte.
Pero recientemente Boykins empezó a vender esas mismas obras a miles de dólares cada una gracias a una tecnología emergente que está transformando las reglas de la propiedad digital: los NFT o tokens no fungibles.
Los NFTs (tokens digitales atados a activos que pueden comprarse, venderse e intercambiarse) están permitiendo a artistas como Boykins monetizar su trabajo de una forma que nunca antes había sido posible.
“Al comienzo, no sabía si esto era confiable o legítimo” dice Boykins, que utiliza el nickname BLACKSNEAKERS y quien vendió más de 60 mil dólares de NFTs con su arte en los últimos seis meses. “Pero ver arte digital comprado a estos valores es sorprendente. Me da coraje para seguir adelante.”
Los NFT están teniendo su gran momento: coleccionistas y especuladores han gastado más de 200 millones de dólares en arte basado en NFTs, memes y GIFs solo en el último mes, de acuerdo a la firma NonFungible.com, en comparación con los 250 millones que se gastaron en todo el 2020.
Y esto fue antes de que el artista digital Mike Winkelmann, conocido como Beeple, vendiera una obra por la cifra récord de 69 millones de dólares en la famosa casa de subastas Christie’s — el tercer precio más alto conseguido por un artista vivo después de Jeff Koons y David Hockney.

Los NFT son archivos de computadora combinados con una prueba de propiedad y autenticidad, como un título de propiedad. Al igual que las criptomonedas como el bitcoin, existen en el blockchain, un registro público a prueba de fraudes.
Como los dólares, las criptomonedas son fungibles, lo que significa que un bitcoin siempre es igual a cualquier otro bitcoin. Pero los NFT son únicos y sus valuaciones son determinadas por quien haga la oferta más alta, como un Rembrandt o un Picasso.
Los artistas que deseen vender su obra como NFT tienen que entrar en un marketplace y luego acuñar tokens digitales subiendo y validando su información en un blockchain (típicamente, el blockchain de Ethereum). Este proceso cuesta entre 40 y 200 dólares. Luego pueden listar su obra para ser subastada en un marketplace de NFT parecido a eBay.
A primera vista, todo esto podría parecer absurdo: ¿coleccionistas pagando cifras de seis a ocho dígitos por obras que pueden verse y compartirse online de manera gratuita?
Los críticos minimizan la manía por el arte de NFT como una nueva burbuja. El fenómeno atrae una extraña mezcla de artistas y coleccionistas, pero también especuladores que buscan hacerse ricos con esta última moda.
Tal vez sea una burbuja. Pero muchos artistas digitales, hartos de pasar años creando contenido que genera visitas y comentarios en plataformas como Facebook e Instagram sin recibir casi nada a cambio, se metieron de cabeza en la manía.
Ahora, artistas de todo tipo (escritores, músicos, cineastas) imaginan un futuro en el que los NFT transformarán su proceso creativo y la forma en que el mundo valora sus obras, ahora que por primera vez es posible ser propietario de arte digital.
“Gente de los orígenes y géneros más diversos llegarán para compartir su arte, conectarse con otros y tal vez construir una carrera”, dice Boykins. “Los artistas ponen mucho tiempo (y de ellos mismos) en su obra. Es reconfortante ver que ahora esto está siendo recompensado de manera adecuada”.
Los tecnólogos, por su parte, dicen que los NFT son la siguiente etapa de una revolución del blockchain que podría transformar radicalmente el capitalismo, con implicancias que van desde los préstamos para viviendas hasta los seguros de salud.
El arte digital fue históricamente subvalorado, en gran medida porque está disponible gratis online. Para ayudar a los artistas a crear valor financiero con su trabajo, los NFT añaden el componente clave de la escasez.
Algunos coleccionistas está dispuestos a pagar un precio adicional por la versión original de una obra, la “obra auténtica”. La escasez es lo que explica por qué algunos coleccionistas de tarjetas de béisbol están dispuestos a pagar 3,12 millones de dólares por un pedazo de cartón con una foto de Honus Wagner, un legendario jugador de los Piratas de Pittsburgh.

Pero las tarjetas de béisbol existen en el mundo físico, por lo que es más fácil entender por qué valen algo. Puede ser más difícil de entender porqué el arte digital (o cualquier otro archivo digital) tiene valor.
Algunos coleccionistas de arte digital dicen que no están pagando solo por pixels sino también por el trabajo de un artista digital. Es una forma de dar legitimidad a una nueva forma de arte.
“Quiero que veas mi colección y digas ‘estas son piezas únicas’”, dice Shaylin Wallace, una artista y coleccionista de NFTs de 22 años. “El artista puso mucho trabajo en su obra y esta fue vendida al precio que merecía”.
El movimiento también cobra relevancia después de que muchos pasamos casi todo el año pasado completamente online. Si casi todo tu mundo es virtual, tiene sentido que gastes tu dinero en cosas virtuales.
Las bases para el boom del arte digital se sentaron en 2017, con el lanzamiento de CryptoKitties. Los fans gastaron más de 32 millones de dólares en coleccionar, intercambiar y criar esas caricaturas de gatos.
Los jugadores de videojuegos, por su parte, también invierten grandes sumas en mejoras cosméticas para sus avatares. Los jugadores de Fortnite gastaron un promedio de 82 dólares en contenido dentro del juego en 2019 volviendo más aceptable la idea de gastar dinero real en bienes digitales.
Al mismo tiempo, las criptomonedas crecieron en valor, alimentadas en parte por celebridades como Elon Musk y Mark Cuban. El Bitcoin creció más de 1000% durante el último año, y esto generó una manía en torno a otros activos digitales de cripto, incluyendo los NFT.
Los hermanos y emprendedores tecnológicos Duncan y Griffin Cock Foster percibieron la oportunidad y lanzaron un marketplace de arte en NFT llamado Nifty Gateway. Cuando empezaron, el arte en NFT estaba empezando a crecer en algunos círculos, pero era difícil para los recién llegados comprar, vender e intercambiar obras.
Nifty Gateway priorizó la accesibilidad y la usabilidad, ayudando a fomentar la adopción.
“Todavía estábamos en una fase muy temprana. No teníamos muchas expectativas de cómo iba a salir”, dice Duncan Cock Foster.
En su primer año, los usuarios de Nifty Gateway compraron y vendieron más de 100 millones de dólares de arte en NFT. Plataformas similares como SuperRare, OpenSea y MakersPlace experimentaron un crecimiento similar. Típicamente cobran entre un 10 y un 15% de las ventas iniciales.

Las grandes empresas y las celebridades también se están sumando a la acción: NBA Top Shot, la plataforma oficial de la NBA para comprar y vender las mejores jugadas de los partidos en NFT (empaquetados bajo la forma de tarjetas digitales), registró más de 390 millones de dólares en ventas desde su lanzamiento en octubre, según la compañía Dapper Labs.
La estrella del fútbol americano Rob Gronkowski vendió tarjetas coleccionables en NFT de las mejores jugadas del Super Bowl por más de 1,6 millones de dólares; la banda de rock Kings of Leon recaudó más de 2 millones vendiendo música en NFT.

Los últimos meses fueron una creciente manía, con récords que se batían todos los días. Beeple lo puso de manera clara tras su subasta récord: “Estoy jodidamente avasallado ahora mismo”, dijo a fans y colaboradores en la app de chat Clubhouse.
Las “ballenas” están haciendo los mayores negocios en el mundo del arte NFT. Esos inversores y evangelistas de las criptomonedas de bolsillos profundos promocionan cualquier cosa que esté relacionado con cripto.
“Un Winklevoss gastando 700 mil dólares en un Beeple u otra obra es marketing para la idea de que están muy invertidos en el tema”, dice el tecnólogo y artista Mat Dryhurst, refiriéndose a Tyler y Cameron Winklevoss, dos famosos inversores de cripto que compraron Nifty Gateway en 2019.
Una de estas ballenas es Daniel Maegaard, un trader de cripto australiano que hizo una fortuna superior a los 15 millones de dólares cuando el precio del Bitcoin se disparó en 2017. Maegaard compró y vendió arte digital y otros bienes en NFT por millones de dólares, incluyendo un terreno digital de 1,5 millones en el universo virtual Axie Infinity.
Si bien Maegaard inicialmente vio a los NFT como una forma de ganar dinero, con el tiempo se volvió fan de las obras, exhibiendo su colección online con orgullo y compartiendo noticias de sus nuevas compras y ventas con sus seguidores.
Está especialmente apegado a una obra llamada CriptoPunk 8348, una imagen pixelada de un hombre que se parece un poco a Walter White de Breaking Bad. Maegaard, que usa a esa obra como su avatar en las redes sociales, recientemente rechazó una oferta de un millón de dólares por ella.
“La gente asocia ese personaje a mi”, dice. “Si vendiera esa obra sería como vender una parte de mí mismo”.
Pero incluso los inversores que ven al arte de NFT como un activo a comprar barato y vender caro están poniendo dinero en el bolsillo de los artistas. Andrew Benson, un artista basado en Los Ángeles, estuvo experimentando con videos psicodélicos digitales por años. Sus obras se exhibieron en museos y galerías.
Pero, para ganarse la vida, siempre tuvo en paralelo un empleo en una empresa de software e hizo trabajos freelance para músicos como M.I.A. y Aphex Twin.
“Por mucho tiempo, mi perspectiva fue que la mejor forma de sobrevivir como artista es no tener que sobrevivir como artista”, dice Benson.
Un año y media atrás, cuando se frustraron sus planes de realizar una serie de exhibiciones, Benson sufrió severas dudas sobre su futuro en el mundo del arte.
“Me puse a pensar. ¿Quiero seguir con todos los problemas de hacer este tipo de trabajo y buscar lugares donde exhibirlo?”, recuerda.
En enero, un amigo que trabaja en una plataforma de NFT llamada Foundation le sugirió enviar una obra. Benson no pensó que fuese una gran cosa, pero envió un video que de otro modo “hubiese ido a un website o algo así”, dice.
Esa obra, que parece un Rorschach colorido, se vendió en 10 días a 1250 dólares. Desde entonces, Benson vendió otras 10 obras en el mismo rango de precio. Ahora imagina un futuro en el que podría vivir completamente de su arte.
“Esto realmente cambió mi forma de ver el mundo”, dice. “Ver que en este mundo mis obras pueden encontrar un contexto en el que importan me hacen desear más ser un artista”.
Muchos otros artistas que trabajan en estilos disruptivos (y a veces controvertidos) también están recibiendo una atención sin precedentes de coleccionistas de NFT. Arte con renders 3D, street art con colores saturados, e historietas están teniendo un gran éxito.
Este tipo de estética nacida de Internet atrae la atención de una joven generación criada con Instagram y de una clientela de cripto.
“El street art y los estilos contraculturales refuerzan la impresión que tiene la mayoría de la gente de finanzas de cripto de que son los ‘punks’ del mundo de la tecnología y las finanzas”, dice Dryhurst.
Todos estos desarrollos contrastan con el mundo tradicional del arte.
“Muchos coleccionistas de arte tradicional miran a la industria de los NFT y son incapaces de conectarla con su sistema de creencias”, dice Wendy Cromwell, una consultora de arte basada en Nueva York. “Estamos en un punto de inflexión: muchas de las personas más experimentadas del mundo del arte son ancianas y no tienen el interés ni el ancho de banda mental para entender el lenguaje de Internet.”
Tras la subasta de Beeple, la casa de subastas rival Sotheby’s rápidamente anunció un parntership con el artista de NFT Pak, mostrando que aunque las grandes casas de arte quizá no entiendan el género, sí entienden el potencial financiero.

Con o sin el apoyo del establishment, una nueva oleada de artistas digitales se están uniendo en comunidades de NFT, al igual que los artistas de las generaciones anteriores pasaban tiempo juntos y se influían mutuamente en su pensamiento, enfoque y obra.
“Hay una gran ética de la generosidad en el espacio”, dice Benson. “Hay una sensación de abundancia donde parece que todos pueden beneficiarse”.
En algunos casos, ballenas y mojarritas nadan juntas. El comprador de la obra de Beeple por 69 millones fue un grupo de coleccionistas llamado Metapurse, formado por dos inversores anónimos de Singapur que están experimentando con modelos tecnológicos innovadores de propiedad colectiva.
En enero, estas dos personas compraron 20 obras de Beeple, las colocaron en un museo virtual que puede ser visitado por cualquiera, y fraccionaron su nuevo proyecto en tokens que ahora son propiedad de 5400 personas. Su valor se multiplicó por 6 desde el 16 de marzo. La dupla está considerando una movida similar con su más reciente adquisición que salió en los diarios de todo el mundo, que esperan mostrar en un museo virtual de última generación.
La idea, dice el partner de Metapurse Twobadour, es “abrir la experiencia y la propiedad del arte a todo el mundo.”
Aunque los artistas, los coleccionistas y los especuladores se benefician de la manía de los NFTs, el fenómeno también tiene su lado oscuro. Las barreras a la entrada (cuesta dinero y requiere conocimiento tecnológico) podría evitar que algunos creadores se unan a la acción. Muchos están preocupados de que los jóvenes artistas de color serán dejados de lado, de igual forma a como han sido marginados históricamente del mundo del arte tradicional.
Los abogados, por su parte, están intentando determinar de qué forma las leyes existentes de copyright van a interactuar con esta nueva tecnología, ya que algunos artistas vieron su trabajo copiado y vendido como NFT sin su permiso.
“Esto provee una nueva plataforma para que algunos se aprovechen del trabajo de otra gente” dice el artista Connor Bell, cuyo trabajo fue plagiado y publicado en un marketplace de NFTs.
Y también están las preocupaciones ambientales. Crear NFTs requiere una enorme capacidad de cómputo y muchas de las granjas de servidores donde ocurre este trabajo está alimentada por combustibles fósiles.
“El impacto ambiental del blockchain es un enorme problema” dice Amy Whitaker, profesora asistente de artes visuales en New York University, aunque algunos defensores de las criptomonedas dicen que estos miedos están sobreestimados.
En teoría, artistas preocupados por el cambio climático podrían mudarse hacia plataformas de blockchain alternativas con menor impacto ambierntal. Ya están encontrando formas de adaptar la tecnología de NFT de otras formas beneficas. Por ejemplo, algunos están creando sus propios tokens, para ser recompensados cada vez que su trabajo es revendido, como un actor que recibe un cheque de regalías cada vez que su show vuelve a estar al aire.
La startup de Taiwan Bitmark comenzó un programa de NFT para dar derechos y regalías a productores de música alrededor del mundo. Los artistas que se registran en sitios de redes sociales basados en NFTs como Friends With Benefits reciben una propiedad fraccionaria en la plataforma y pueden recibir una compensación directa por el trabajo que crearon a través de la red, a diferencia de lo que ocurre en plataformas como Facebook e Instagram.
Para los evangelistas de la tecnología, la manía de los NFT es sólo una evidencia más de su creencia de que las criptomonedas y las plataformas de blockchain tienen el potencial de cambiar el mundo de maneras muy profundas.
La tecnología de blockchain ya fue implementada en intentos para hacer votaciones seguras en Utah, combatir el fraude de seguros en Nationwide Insurance, y asegurar los datos de un puñado de empresas de registros médicos de Estados Unidos. Sus defensores también dicen que podría ayudar a las empresas a lograr mayor transparencia en las cadenas de suministro y reducir los sesgos raciales en las solicitudes de créditos.
“El impacto social potencial es tan grande que deberíamos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para hacerlo manejable ambientalmente y de otras formas”, dice Whitaker. “Las nuevas tecnologías idealistas siempre son imperfectas en sus comienzos: pueden tener un boom especulativo y gente que las usará de maneras desagradables. Pero yo elijo concentrarme en sus posibilidades”.
Con ayuda en el reportaje de Julia Zorthian.
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