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El que ama a su hijo, le azota sin cesar, para poderse alegrar en su futuro.
El que enseña a su hijo, sacará provecho de él, entre sus conocidos de él se gloriará.
El que instruye a su hijo, pondrá celoso a su enemigo, y ante sus amigos se sentirá gozoso.
Murió su padre, y como si no hubiera muerto, pues dejó tras de sí un hombre igual que él.
En su vida le mira con contento, y a su muerte no se siente triste.
Contra sus enemigos deja un vengador, y para los amigos quien les pague sus favores.
El que mima a su hijo, vendará sus heridas, a cada grito se le conmoverán sus entrañas.
Caballo no domado, sale indócil, hijo consentido, sale libertino.
Halaga a tu hijo, y te dará sorpresas juega con él, y te traerá pesares.
No rías con él, para no llorar y acabar rechinando de dientes.
No le des libertad en su juventud, y no pases por alto sus errores.
Doblega su cerviz mientras es joven, tunde sus costillas cuando es niño, no sea que, volviéndose indócil, te desobedezca, y sufras por él amargura de alma.
Enseña a tu hijo y trabaja en él, para que no tropieces por su desvergüenza.
Vale más pobre sano y fuerte de constitución que rico lleno de achaques en su cuerpo.
Salud y buena constitución valen más que todo el oro, cuerpo vigoroso más que inmensa fortuna.
Ni hay riqueza mejor que la salud del cuerpo, ni contento mayor que la alegría del corazón.
Mejor es la muerte que una vida amarga, el descanso eterno que enfermedad permanente.
Manjares derramados sobre boca cerrada, eso son las ofrendas de alimentos puestas sobre una tumba.
¿De qué le sirve el sacrificio a un ídolo? ¡ni lo comerá ni lo olerá! Así aquel a quien persigue el Adon,
que mira con sus ojos y gime. Escomo un eunuco que oprime a una virgen y gime.
No entregues tu alma a la tristeza, ni te atormentes a ti mismo con tus cavilaciones.
La alegría de corazón es la vida del hombre, el regocijo del varón, prolongación de sus días.
Engaña tu alma y consuela tu corazón, echa lejos de ti la tristeza; que la tristeza perdió a muchos, y no hay en ella utilidad.
Envidia y malhumor los días acortan, las preocupaciones traen la vejez antes de tiempo.
Un corazón radiante viene bien en las comidas, se preocupa de lo que come.
El insomnio por la riqueza consume las carnes, las preocupaciones que trae ahuyentan el sueño.
Las preocupaciones del día impiden dormir, la enfermedad grave quita el sueño.
Se afana el rico por juntar riquezas, y cuando descansa, se hastía de sus placeres.
Se afana el pobre por falta de sustento, y cuando descansa, se acaba en la indigencia.
El que ama el oro no se verá justificado, el que anda tras el lucro se extraviará en él.
Muchos se arruinaron por causa del oro, su perdición la tenían delante.
Es leño de tropiezo para los que le ofrecen sacrificios, y todo insensato queda preso en él.
Feliz el rico que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue.
¿Quién es, y le felicitaremos?, pues obró maravillas en su pueblo.
¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? será para él motivo de gloria. ¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó, hacer mal y no lo hizo?
Sus bienes se consolidarán, y la asamblea hablará de sus bondades.
¿En mesa suntuosa te has sentado?, no abras hacia ella tus fauces, no digas: «¡Qué de cosas hay aquí!»
Recuerda que es cosa mala tener un ojo ávido, ¿qué ha sido creado peor que el ojo? por eso, por cualquier cosa llora.
Donde mire tu huésped no extiendas tú la mano, y no te eches sobre el plato al tiempo que él.
Juzga al prójimo como a ti mismo, y en todo asunto actúa con reflexión.
Come como hombre bien educado lo que tienes delante, no te muestres glotón, para no hacerte odioso.
Termina el primero por educación, no seas insaciable, y no tendrás tropiezo.
Si en medio de muchos te has sentado a la mesa, no alargues tu mano antes que ellos.
Tomando Yeshúa de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo:
«El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo.
Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir.
Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: "Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda."
Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio;
y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron.
Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
Entonces dice a sus siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos.
Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda."
Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
«Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda,
le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" El se quedó callado.
Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes."
Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.»
Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra.
Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Elohim con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas.
Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?»
Entonces Yeshúa se dirigió a la gente y a sus discípulos
y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.
Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.
Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.
Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto;
quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí".
«Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos.
Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo.
Ni tampoco os dejéis llamar "Directores", porque uno solo es vuestro Director: el Yeshúa.
El mayor entre vosotros será vuestro servidor.
Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!
«¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!"
¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro?
Y también: "Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado."
Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando, huyendo de Saúl, se escondió en la cueva.
Tenme piedad, oh Elohim, tenme piedad, que en ti se cobija mi alma; a la sombra de tus alas me cobijo hasta que pase el infortunio.
Invoco al Elohim Altísimo, al Elohim que tanto hace por mí.
Mande desde los cielos y me salve, confunda a quien me pisa, envíe Dios su amor y su verdad.
Mi alma está tendida en medio de leones, que devoran a los hijos de Adán; sus dientes son lanzas y saetas, su lengua, una espada acerada.
¡Alzate, oh Elohim, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria
Tendían ellos una red bajo mis pasos, mi alma se doblaba; una fosa cavaron ante mí, ¡cayeron ellos dentro!
A punto está mi corazón, oh Elohim, mi corazón a punto; voy a cantar, voy a salmodiar,
¡gloria mía, despierta!, ¡despertad, arpa y cítara!, ¡a la aurora he de despertar!
Te alabaré entre los pueblos, Adon, te salmodiaré entre las gentes;
porque tu amor es grande hasta los cielos, tu verdad hasta las nubes.
¡Alzate, oh Elohim, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria!
El que ama a su hijo, le azota sin cesar, para poderse alegrar en su futuro.
El que enseña a su hijo, sacará provecho de él, entre sus conocidos de él se gloriará.
El que instruye a su hijo, pondrá celoso a su enemigo, y ante sus amigos se sentirá gozoso.
Murió su padre, y como si no hubiera muerto, pues dejó tras de sí un hombre igual que él.
En su vida le mira con contento, y a su muerte no se siente triste.
Contra sus enemigos deja un vengador, y para los amigos quien les pague sus favores.
El que mima a su hijo, vendará sus heridas, a cada grito se le conmoverán sus entrañas.
Caballo no domado, sale indócil, hijo consentido, sale libertino.
Halaga a tu hijo, y te dará sorpresas juega con él, y te traerá pesares.
No rías con él, para no llorar y acabar rechinando de dientes.
No le des libertad en su juventud, y no pases por alto sus errores.
Doblega su cerviz mientras es joven, tunde sus costillas cuando es niño, no sea que, volviéndose indócil, te desobedezca, y sufras por él amargura de alma.
Enseña a tu hijo y trabaja en él, para que no tropieces por su desvergüenza.
Vale más pobre sano y fuerte de constitución que rico lleno de achaques en su cuerpo.
Salud y buena constitución valen más que todo el oro, cuerpo vigoroso más que inmensa fortuna.
Ni hay riqueza mejor que la salud del cuerpo, ni contento mayor que la alegría del corazón.
Mejor es la muerte que una vida amarga, el descanso eterno que enfermedad permanente.
Manjares derramados sobre boca cerrada, eso son las ofrendas de alimentos puestas sobre una tumba.
¿De qué le sirve el sacrificio a un ídolo? ¡ni lo comerá ni lo olerá! Así aquel a quien persigue el Adon,
que mira con sus ojos y gime. Escomo un eunuco que oprime a una virgen y gime.
No entregues tu alma a la tristeza, ni te atormentes a ti mismo con tus cavilaciones.
La alegría de corazón es la vida del hombre, el regocijo del varón, prolongación de sus días.
Engaña tu alma y consuela tu corazón, echa lejos de ti la tristeza; que la tristeza perdió a muchos, y no hay en ella utilidad.
Envidia y malhumor los días acortan, las preocupaciones traen la vejez antes de tiempo.
Un corazón radiante viene bien en las comidas, se preocupa de lo que come.
El insomnio por la riqueza consume las carnes, las preocupaciones que trae ahuyentan el sueño.
Las preocupaciones del día impiden dormir, la enfermedad grave quita el sueño.
Se afana el rico por juntar riquezas, y cuando descansa, se hastía de sus placeres.
Se afana el pobre por falta de sustento, y cuando descansa, se acaba en la indigencia.
El que ama el oro no se verá justificado, el que anda tras el lucro se extraviará en él.
Muchos se arruinaron por causa del oro, su perdición la tenían delante.
Es leño de tropiezo para los que le ofrecen sacrificios, y todo insensato queda preso en él.
Feliz el rico que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue.
¿Quién es, y le felicitaremos?, pues obró maravillas en su pueblo.
¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? será para él motivo de gloria. ¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó, hacer mal y no lo hizo?
Sus bienes se consolidarán, y la asamblea hablará de sus bondades.
¿En mesa suntuosa te has sentado?, no abras hacia ella tus fauces, no digas: «¡Qué de cosas hay aquí!»
Recuerda que es cosa mala tener un ojo ávido, ¿qué ha sido creado peor que el ojo? por eso, por cualquier cosa llora.
Donde mire tu huésped no extiendas tú la mano, y no te eches sobre el plato al tiempo que él.
Juzga al prójimo como a ti mismo, y en todo asunto actúa con reflexión.
Come como hombre bien educado lo que tienes delante, no te muestres glotón, para no hacerte odioso.
Termina el primero por educación, no seas insaciable, y no tendrás tropiezo.
Si en medio de muchos te has sentado a la mesa, no alargues tu mano antes que ellos.
Tomando Yeshúa de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo:
«El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo.
Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir.
Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: "Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda."
Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio;
y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron.
Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
Entonces dice a sus siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos.
Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda."
Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
«Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda,
le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" El se quedó callado.
Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes."
Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.»
Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra.
Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Elohim con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas.
Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?»
Entonces Yeshúa se dirigió a la gente y a sus discípulos
y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.
Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.
Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.
Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto;
quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí".
«Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos.
Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo.
Ni tampoco os dejéis llamar "Directores", porque uno solo es vuestro Director: el Yeshúa.
El mayor entre vosotros será vuestro servidor.
Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!
«¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!"
¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro?
Y también: "Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado."
Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando, huyendo de Saúl, se escondió en la cueva.
Tenme piedad, oh Elohim, tenme piedad, que en ti se cobija mi alma; a la sombra de tus alas me cobijo hasta que pase el infortunio.
Invoco al Elohim Altísimo, al Elohim que tanto hace por mí.
Mande desde los cielos y me salve, confunda a quien me pisa, envíe Dios su amor y su verdad.
Mi alma está tendida en medio de leones, que devoran a los hijos de Adán; sus dientes son lanzas y saetas, su lengua, una espada acerada.
¡Alzate, oh Elohim, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria
Tendían ellos una red bajo mis pasos, mi alma se doblaba; una fosa cavaron ante mí, ¡cayeron ellos dentro!
A punto está mi corazón, oh Elohim, mi corazón a punto; voy a cantar, voy a salmodiar,
¡gloria mía, despierta!, ¡despertad, arpa y cítara!, ¡a la aurora he de despertar!
Te alabaré entre los pueblos, Adon, te salmodiaré entre las gentes;
porque tu amor es grande hasta los cielos, tu verdad hasta las nubes.
¡Alzate, oh Elohim, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria!
A vientre moderado, sueño saludable, se levanta temprano y es dueño de sí. Insomnio, vómitos y cólicos le esperan al hombre insaciable.
Si te viste obligado a comer demasiado, levántate, vomítalo lejos, y quedarás tranquilo.
Oyeme, hijo, y no me desprecies, al fin comprenderás mis palabras. En todo lo que hagas sé moderado, y no te vendrá enfermedad alguna.
Al espléndido en las comidas le bendicen los labios, el testimonio de su munificencia es firme.
Al mezquino en la comida le murmura la ciudad, el testimonio de su mezquindad es minucioso.
Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino.
El horno prueba el temple del acero, así el vino a los corazones en disputa de orgullosos.
Como la vida es el vino para el hombre, si lo bebes con medida. ¿Qué es la vida a quien le falta el vino, que ha sido creado para contento de los hombres?
Regocijo del corazón y contento del alma es el vino bebido a tiempo y con medida.
Amargura del alma, el vino bebido con exceso por provocación o desafío.
La embriaguez acrecienta el furor del insensato hasta su caída, disminuye la fuerza y provoca las heridas.
En banquete no reproches a tu prójimo, no le desprecies cuando está contento, palabra injuriosa no le digas ni le molestes reclamándole dinero.
Mas Yeshúa, conociendo su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?
Mostradme la moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario.
Y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?»
Dícenle: «Del César.» Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Elohim a Elohim.»
Al oír esto, quedaron maravillados, y dejándole, se fueron.
Aquel día se le acercaron unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le preguntaron:
«Maestro, Moisés dijo: Si alguien muere sin tener hijos, su hermano se casará con la mujer de aquél para dar descendencia a su hermano.
Ahora bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y murió; y, no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.
Sucedió lo mismo con el segundo, y con el tercero, hasta los siete.
Después de todos murió la mujer.
En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron.»
Yeshúa les respondió: «Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Elohim.
Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el cielo.
Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído aquellas palabras de Elohim cuando os dice:
Yo soy el Elohim de Abraham, el Elohim de Isaac y el Elohim de Jacob? No es un Elohim de muertos, sino de vivos.»
Al oír esto, la gente se maravillaba de su doctrina.
Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo,
y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?»
El le dijo: «Amarás al Adon, tu Elohim, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
Este es el mayor y el primer mandamiento.
El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.»
Estando reunidos los fariseos, les propuso Yeshúa esta cuestión:
«¿Qué pensáis acerca del Yeshúa? ¿De quién es hijo?» Dícenle: «De David.»
Díceles: «Pues ¿cómo David, movido por el Espíritu, le llama Adon, cuando dice:
Dijo el adon a mi Adon, Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies?
Si, pues, David le llama Adon, ¿cómo puede ser hijo suyo?»
Nadie era capaz de contestarle nada; y desde ese día ninguno se atrevió ya a hacerle más preguntas.
¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?
Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él.
Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita.
Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Elohim y por Aquel que está sentado en él.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia!
¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!
Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos,
y decís: "Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!"
Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas.
¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!
«¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?
Por eso, he aquí que yo envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad,
para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el Santuario y el altar.
Yo os aseguro: todo esto recaerá sobre esta generación.
«¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!
Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa.
Porque os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Adon!»
A vientre moderado, sueño saludable, se levanta temprano y es dueño de sí. Insomnio, vómitos y cólicos le esperan al hombre insaciable.
Si te viste obligado a comer demasiado, levántate, vomítalo lejos, y quedarás tranquilo.
Oyeme, hijo, y no me desprecies, al fin comprenderás mis palabras. En todo lo que hagas sé moderado, y no te vendrá enfermedad alguna.
Al espléndido en las comidas le bendicen los labios, el testimonio de su munificencia es firme.
Al mezquino en la comida le murmura la ciudad, el testimonio de su mezquindad es minucioso.
Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino.
El horno prueba el temple del acero, así el vino a los corazones en disputa de orgullosos.
Como la vida es el vino para el hombre, si lo bebes con medida. ¿Qué es la vida a quien le falta el vino, que ha sido creado para contento de los hombres?
Regocijo del corazón y contento del alma es el vino bebido a tiempo y con medida.
Amargura del alma, el vino bebido con exceso por provocación o desafío.
La embriaguez acrecienta el furor del insensato hasta su caída, disminuye la fuerza y provoca las heridas.
En banquete no reproches a tu prójimo, no le desprecies cuando está contento, palabra injuriosa no le digas ni le molestes reclamándole dinero.
Mas Yeshúa, conociendo su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?
Mostradme la moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario.
Y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?»
Dícenle: «Del César.» Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Elohim a Elohim.»
Al oír esto, quedaron maravillados, y dejándole, se fueron.
Aquel día se le acercaron unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le preguntaron:
«Maestro, Moisés dijo: Si alguien muere sin tener hijos, su hermano se casará con la mujer de aquél para dar descendencia a su hermano.
Ahora bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y murió; y, no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.
Sucedió lo mismo con el segundo, y con el tercero, hasta los siete.
Después de todos murió la mujer.
En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron.»
Yeshúa les respondió: «Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Elohim.
Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el cielo.
Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído aquellas palabras de Elohim cuando os dice:
Yo soy el Elohim de Abraham, el Elohim de Isaac y el Elohim de Jacob? No es un Elohim de muertos, sino de vivos.»
Al oír esto, la gente se maravillaba de su doctrina.
Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo,
y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?»
El le dijo: «Amarás al Adon, tu Elohim, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
Este es el mayor y el primer mandamiento.
El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.»
Estando reunidos los fariseos, les propuso Yeshúa esta cuestión:
«¿Qué pensáis acerca del Yeshúa? ¿De quién es hijo?» Dícenle: «De David.»
Díceles: «Pues ¿cómo David, movido por el Espíritu, le llama Adon, cuando dice:
Dijo el adon a mi Adon, Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies?
Si, pues, David le llama Adon, ¿cómo puede ser hijo suyo?»
Nadie era capaz de contestarle nada; y desde ese día ninguno se atrevió ya a hacerle más preguntas.
¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?
Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él.
Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita.
Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Elohim y por Aquel que está sentado en él.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia!
¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!
Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos,
y decís: "Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!"
Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas.
¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!
«¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?
Por eso, he aquí que yo envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad,
para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el Santuario y el altar.
Yo os aseguro: todo esto recaerá sobre esta generación.
«¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!
Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa.
Porque os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Adon!»
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