Somos una comunidad de creyentes que busca profundizar en la palabra del Eterno basándonos en ella misma y compartirla con los buscadores.
Somos una comunidad de creyentes que busca profundizar en la palabra del Eterno basándonos en ella misma y compartirla con los buscadores.

Subscribe to HaDerajim

Subscribe to HaDerajim
Share Dialog
Share Dialog
<100 subscribers
<100 subscribers


Las esperanzas vanas y engañosas son para el imbécil, los sueños dan alas a los insensatos.
Tratar de asir una sombra o perseguir el viento es buscar apoyo en los sueños.
Espejo y sueño son casas semejantes, frente a un rostro, una imagen de rostro.
De los impuros, ¿qué pureza puede resultar? de la mentira, ¿qué verdad puede salir?
Adivinaciones, augurios y sueños cosas vanas son, como fantasías de corazón de mujer en parto.
A menos que te sean enviadas por el Altísimo en visita, no abras tu corazón a estas cosas.
Que a muchos extraviaron los sueños, y cayeron los que en ellos esperaban.
Sin dolo se ha de cumplir la Ley, y sabiduría en boca fiel es perfección.
Hombre que ha corrido mundo sabe muchas cosas, el que tiene experiencia se expresa con inteligencia.
Quien no ha pasado pruebas poco sabe, quien ha corrido mundo posee gran destreza.
Muchas cosas he visto en el curso de mis viajes, más vasta que mis palabras es mi inteligencia.
Bien de veces he estado en peligro de muerte, y me salvé gracias a todo esto.
El espíritu de los que temen al Adon vivirá, porque su esperanza está puesta en aquel que los salva.
Quien teme al Adon de nada tiene miedo, y no se intimida, porque él es su esperanza.
Feliz el alma del que teme al Adon: ¿en quién se sostiene? ¿cuál es su apoyo?
Los ojos del Adon sobre quienes le aman, poderosa protección, probado apoyo, abrigo contra el viento abrasador, abrigo contra el ardor del mediodía, guardia contra tropiezos, auxilio contra caídas,
que levanta el alma, alumbra los ojos, da salud, vida y bendición.
Sacrificar cosa injusta es hacer ofrenda rechazada, no logran complacencia los presentes de los sin ley.
No se complace el Altísimo en ofrendas de impíos, ni por el cúmulo de víctimas perdona los pecados.
Inmola a un hijo a los ojos de su padre quien ofrece víctima a costa de los bienes de los humildes.
Pan de indigentes es la vida de los pobres, quien se lo quita es un hombre sanguinario.
Mata a su prójimo quien le arrebata su sustento, vierte sangre quien quita el jornal al jornalero.
Uno edifica, el otro destruye, ¿qué ganan con ello más que fatigas?
Uno bendice, el otro maldice, ¿a quién de los dos escuchará el amo?
Quien se purifica del contacto de un muerto y le vuelve a tocar, ¿qué ha ganado con su baño de purificación?
Así el hombre que ayuna por sus pecados y que vuelve otra vez a hacer lo mismo; su oración, ¿quién la escuchará? ¿de qué le ha servido el humillarse?
Observar la ley es hacer muchas ofrendas, atender a los mandamientos es hacer sacrificios de comunión.
Devolver favor es hacer oblación de flor de harina, hacer limosna es ofrecer sacrificios de alabanza.
Apartarse del mal es complacer al Adon, sacrificio de expiación apartarse de la injusticia.
No te presentes ante el Adon con las manos vacías, pues todo esto es lo que prescribe el mandamiento.
La ofrenda del justo unge el altar, su buen olor sube ante el Altísimo.
El sacrificio del justo es aceptado, su memorial no se olvidará.
Con ojo generoso glorifica al Adon, y no escatimes las primicias de tus manos.
En todos tus dones pon tu rostro alegre, con contento consagra los diezmos.
Da al Altísimo como él te ha dado a ti, con ojo generoso, con arreglo a tus medios.
Porque el Adon sabe pagar, y te devolverá siete veces más.
No trates de corromperle con presentes, porque no los acepta, no te apoyes en sacrificio injusto.
Porque el Adon es juez, y no cuenta para él la gloria de nadie.
No hace acepción de personas contra el pobre, y la plegaria del agraviado escucha.
No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda, cuando derrama su lamento.
Las lágrimas de la viuda, ¿no bajan por su mejilla, y su clamor contra el que las provocó?
Quien sirve de buena gana, es aceptado, su plegaria sube hasta las nubes.
La oración del humilde las nubes atraviesa, hasta que no llega a su término no se consuela él.
Y no desiste hasta que vuelve los ojos el Altísimo, hace justicia a los justos y ejecuta el juicio.
Y el Adon no se tardará, ni tendrá con éstos más paciencia,
Y sucedió que, cuando acabó Yeshua todos estos discursos, dijo a sus discípulos:
«Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado.»
Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás;
y resolvieron prender a Yeshua con engaño y darle muerte.
Decían sin embargo: «Durante la fiesta no, para que no haya alboroto en el pueblo.»
Hallándose Yeshua en Betania, en casa de Simón el leproso,
se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa.
Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron: «¿Para qué este despilfarro?
Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres.»
Mas Yeshua, dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una "obra buena" ha hecho conmigo.
Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre.
Y al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho.
Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.»
Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes,
y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata.
Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.
El primer día de los Azimos, los discípulos se acercaron a Yeshua y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?»
El les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos."»
Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Yeshua para darle muerte.
Y después de atarle, le llevaron y le entregaron al procurador Pilato.
Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos,
diciendo: «Pequé entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú verás.»
El tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó.
Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura para los forasteros.
Por esta razón ese campo se llamó «Campo de Sangre», hasta hoy.
Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue apreciado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel,
y las dieron por el Campo del Alfarero, según lo que me ordenó el Señor.»
Yeshua compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Respondió Yeshua: «Sí, tú lo dices.»
Y, mientras los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada.
Entonces le dice Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?»
Pero él a nada respondió, de suerte que el procurador estaba muy sorprendido.
Cada Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que quisieran.
Tenían a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás.
Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Yeshua, el llamado Hamashia?»,
Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando Saúl mandó a vigilar su casa con el fin de matarle.
¡Líbrame de mis enemigos, oh Elohim mío, de mis agresores protégeme,
líbrame de los agentes de mal, de los hombres sanguinarios sálvame!
Mira que acechan a mi alma, poderosos se conjuran contra mí; sin rebeldía ni pecado en mí, Yahweh,
sin culpa alguna, corren y se aprestan. Despiértate, ven a mi encuentro y mira,
tú, Yahweh, Elohim Sebaot, Elohim de Israel, álzate a visitar a todos los gentiles, no te apiades de ninguno de esos traidores pérfidos.
Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad.
Míralos desbarrar a boca llena, espadas en sus labios: «¿Hay alguno que oiga?»
Mas tú, Yahweh, te ríes de ellos, tú te mofas de todos los gentiles.
Oh fuerza mía, hacia ti miro. Pues es Elohim mi ciudadela,
el Elohim de mi amor viene a mi encuentro. Dios me hará desafiar a los que me asechan.
¡Oh, no los mates, no se olvide mi pueblo, dispérsalos con tu poder, humíllalos, oh Adon, nuestro escudo!
Pecado es en su boca la palabra de sus labios; ¡queden, pues, presos en su orgullo, por la blasfemia, por la mentira que vocean!
¡Suprime con furor, suprímelos, no existan más! Y se sepa que Elohim domina en Jacob, hasta los confines de la tierra.
Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad;
vedlos buscando qué comer, hasta que no están hartos van gruñendo.
Yo, en cambio, cantaré tu fuerza, aclamaré tu amor a la mañana; pues tú has sido para mí una ciudadela, un refugio en el día de mi angustia.
Oh fuerza mía, para ti salmodiaré, pues es Elohim mi ciudadela, el Elohim de mi amor.
Las esperanzas vanas y engañosas son para el imbécil, los sueños dan alas a los insensatos.
Tratar de asir una sombra o perseguir el viento es buscar apoyo en los sueños.
Espejo y sueño son casas semejantes, frente a un rostro, una imagen de rostro.
De los impuros, ¿qué pureza puede resultar? de la mentira, ¿qué verdad puede salir?
Adivinaciones, augurios y sueños cosas vanas son, como fantasías de corazón de mujer en parto.
A menos que te sean enviadas por el Altísimo en visita, no abras tu corazón a estas cosas.
Que a muchos extraviaron los sueños, y cayeron los que en ellos esperaban.
Sin dolo se ha de cumplir la Ley, y sabiduría en boca fiel es perfección.
Hombre que ha corrido mundo sabe muchas cosas, el que tiene experiencia se expresa con inteligencia.
Quien no ha pasado pruebas poco sabe, quien ha corrido mundo posee gran destreza.
Muchas cosas he visto en el curso de mis viajes, más vasta que mis palabras es mi inteligencia.
Bien de veces he estado en peligro de muerte, y me salvé gracias a todo esto.
El espíritu de los que temen al Adon vivirá, porque su esperanza está puesta en aquel que los salva.
Quien teme al Adon de nada tiene miedo, y no se intimida, porque él es su esperanza.
Feliz el alma del que teme al Adon: ¿en quién se sostiene? ¿cuál es su apoyo?
Los ojos del Adon sobre quienes le aman, poderosa protección, probado apoyo, abrigo contra el viento abrasador, abrigo contra el ardor del mediodía, guardia contra tropiezos, auxilio contra caídas,
que levanta el alma, alumbra los ojos, da salud, vida y bendición.
Sacrificar cosa injusta es hacer ofrenda rechazada, no logran complacencia los presentes de los sin ley.
No se complace el Altísimo en ofrendas de impíos, ni por el cúmulo de víctimas perdona los pecados.
Inmola a un hijo a los ojos de su padre quien ofrece víctima a costa de los bienes de los humildes.
Pan de indigentes es la vida de los pobres, quien se lo quita es un hombre sanguinario.
Mata a su prójimo quien le arrebata su sustento, vierte sangre quien quita el jornal al jornalero.
Uno edifica, el otro destruye, ¿qué ganan con ello más que fatigas?
Uno bendice, el otro maldice, ¿a quién de los dos escuchará el amo?
Quien se purifica del contacto de un muerto y le vuelve a tocar, ¿qué ha ganado con su baño de purificación?
Así el hombre que ayuna por sus pecados y que vuelve otra vez a hacer lo mismo; su oración, ¿quién la escuchará? ¿de qué le ha servido el humillarse?
Observar la ley es hacer muchas ofrendas, atender a los mandamientos es hacer sacrificios de comunión.
Devolver favor es hacer oblación de flor de harina, hacer limosna es ofrecer sacrificios de alabanza.
Apartarse del mal es complacer al Adon, sacrificio de expiación apartarse de la injusticia.
No te presentes ante el Adon con las manos vacías, pues todo esto es lo que prescribe el mandamiento.
La ofrenda del justo unge el altar, su buen olor sube ante el Altísimo.
El sacrificio del justo es aceptado, su memorial no se olvidará.
Con ojo generoso glorifica al Adon, y no escatimes las primicias de tus manos.
En todos tus dones pon tu rostro alegre, con contento consagra los diezmos.
Da al Altísimo como él te ha dado a ti, con ojo generoso, con arreglo a tus medios.
Porque el Adon sabe pagar, y te devolverá siete veces más.
No trates de corromperle con presentes, porque no los acepta, no te apoyes en sacrificio injusto.
Porque el Adon es juez, y no cuenta para él la gloria de nadie.
No hace acepción de personas contra el pobre, y la plegaria del agraviado escucha.
No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda, cuando derrama su lamento.
Las lágrimas de la viuda, ¿no bajan por su mejilla, y su clamor contra el que las provocó?
Quien sirve de buena gana, es aceptado, su plegaria sube hasta las nubes.
La oración del humilde las nubes atraviesa, hasta que no llega a su término no se consuela él.
Y no desiste hasta que vuelve los ojos el Altísimo, hace justicia a los justos y ejecuta el juicio.
Y el Adon no se tardará, ni tendrá con éstos más paciencia,
Y sucedió que, cuando acabó Yeshua todos estos discursos, dijo a sus discípulos:
«Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado.»
Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás;
y resolvieron prender a Yeshua con engaño y darle muerte.
Decían sin embargo: «Durante la fiesta no, para que no haya alboroto en el pueblo.»
Hallándose Yeshua en Betania, en casa de Simón el leproso,
se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa.
Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron: «¿Para qué este despilfarro?
Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres.»
Mas Yeshua, dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una "obra buena" ha hecho conmigo.
Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre.
Y al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho.
Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.»
Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes,
y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata.
Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.
El primer día de los Azimos, los discípulos se acercaron a Yeshua y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?»
El les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos."»
Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Yeshua para darle muerte.
Y después de atarle, le llevaron y le entregaron al procurador Pilato.
Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos,
diciendo: «Pequé entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú verás.»
El tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó.
Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura para los forasteros.
Por esta razón ese campo se llamó «Campo de Sangre», hasta hoy.
Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue apreciado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel,
y las dieron por el Campo del Alfarero, según lo que me ordenó el Señor.»
Yeshua compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Respondió Yeshua: «Sí, tú lo dices.»
Y, mientras los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada.
Entonces le dice Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?»
Pero él a nada respondió, de suerte que el procurador estaba muy sorprendido.
Cada Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que quisieran.
Tenían a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás.
Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Yeshua, el llamado Hamashia?»,
Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando Saúl mandó a vigilar su casa con el fin de matarle.
¡Líbrame de mis enemigos, oh Elohim mío, de mis agresores protégeme,
líbrame de los agentes de mal, de los hombres sanguinarios sálvame!
Mira que acechan a mi alma, poderosos se conjuran contra mí; sin rebeldía ni pecado en mí, Yahweh,
sin culpa alguna, corren y se aprestan. Despiértate, ven a mi encuentro y mira,
tú, Yahweh, Elohim Sebaot, Elohim de Israel, álzate a visitar a todos los gentiles, no te apiades de ninguno de esos traidores pérfidos.
Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad.
Míralos desbarrar a boca llena, espadas en sus labios: «¿Hay alguno que oiga?»
Mas tú, Yahweh, te ríes de ellos, tú te mofas de todos los gentiles.
Oh fuerza mía, hacia ti miro. Pues es Elohim mi ciudadela,
el Elohim de mi amor viene a mi encuentro. Dios me hará desafiar a los que me asechan.
¡Oh, no los mates, no se olvide mi pueblo, dispérsalos con tu poder, humíllalos, oh Adon, nuestro escudo!
Pecado es en su boca la palabra de sus labios; ¡queden, pues, presos en su orgullo, por la blasfemia, por la mentira que vocean!
¡Suprime con furor, suprímelos, no existan más! Y se sepa que Elohim domina en Jacob, hasta los confines de la tierra.
Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad;
vedlos buscando qué comer, hasta que no están hartos van gruñendo.
Yo, en cambio, cantaré tu fuerza, aclamaré tu amor a la mañana; pues tú has sido para mí una ciudadela, un refugio en el día de mi angustia.
Oh fuerza mía, para ti salmodiaré, pues es Elohim mi ciudadela, el Elohim de mi amor.
hasta no haber machacado los lomos de los sin entrañas, y haber tomado venganza de las naciones,
haber extirpado el tropel de los soberbios, y quebrado el cetro de los injustos,
hasta no haber pagado a cada cual según sus actos, las obras de los hombres según sus intenciones,
haber hecho justicia a su pueblo, y haberles dado contento con su misericordia.
Grata es la misericordia en tiempo de tribulación, como nubes de lluvia en tiempo de sequía.
Los discípulos hicieron lo que Yeshua les había mandado, y prepararon la Pascua.
Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce.
Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.»
Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Adon?»
El respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»
Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí, tú lo has dicho.»
Mientras estaban comiendo, tomó Yeshua pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.»
Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos,
porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados.
Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.»
Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
Entonces les dice Yeshua: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño .
Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»
Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.»
Yeshua le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.»
Dícele Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Y lo mismo dijeron también todos los discípulos.
Entonces va Yeshua con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.»
Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.»
Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo?
Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»
Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.»
Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados.
Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
Viene entonces donde los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores.
¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca.»
Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle.»
Y al instante se acercó a Yeshua y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso.
Yeshua le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Yeshua y le prendieron.
51 En esto, uno de los que estaban con Yeshua echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja.
52 Dícele entonces Yeshua: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán.
53 ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?
54 Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?»
55 En aquel momento dijo Yeshua a la gente: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis.
56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.» Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron.
57 Los que prendieron a Yeshua le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
58 Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver el final.
59 Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Yeshua con ánimo de darle muerte,
60 y no lo encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos,
61 que dijeron: «Este dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Elohim, y en tres días edificarlo.»
62 Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?»
63 Pero Yeshua seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Elohim vivo que nos digas si tú eres el Yeshua Hamashia, el Hijo de Elohim.»
64 Dícele Yeshua: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.» 65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
66 ¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.»
67 Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle, 68 diciendo: «Adivínanos, Yeshua. ¿Quién es el que te ha pegado?»
69 Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y le dijo: «También tú estabas con Yeshua el Galileo.»
70 Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices.»
71 Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Este estaba con Yeshua el Nazoreo.»
72 Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!»
73 Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!»
74 Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo.
75 Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Yeshua: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
pues sabía que le habían entregado por envidia.
Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.»
Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Yeshua.
Y cuando el procurador les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?», respondieron: «¡A Barrabás!»
Díceles Pilato: «Y ¿qué voy a hacer con Yeshua, el llamado Hamashiaj?» Y todos a una: «¡Sea crucificado!» -
«Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado!»
Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.»
Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
Entonces, les soltó a Barrabás; y a Yeshua, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado.
Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Yeshua al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte.
Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura;
y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»;
y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.
Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz.
Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, «Calvario»,
le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo.
Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes.
Y se quedaron sentados allí para custodiarle.
Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena: «Este es Yeshua el Rey de los judíos.»
Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos salteadores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo:
«Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Elohim, y baja de la cruz!»
Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo:
«A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él.
Ha puesto su confianza en Elohim; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: "Soy Hijo de Elohim"»
De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él.
Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
Y alrededor de la hora nona clamó Yeshua con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Elohim mío, Elohim mío! ¿por qué me has abandonado?»
Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A Elías llama éste.»
Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber.
Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.»
Pero Yeshua, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.
51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron.
52 Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron.
53 Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
54 Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Yeshua al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «Verdaderamente éste era Hijo de Elohim»
55 Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Yeshua desde Galilea para servirle.
56 Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
57 Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Yeshua.
58 Se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Yeshua. Entonces Pilato dio orden de que se le entregase.
59 José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
60 y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.
61 Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.
62 Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato
63 y le dijeron: «Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: "A los tres días resucitaré."
64 Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: "Resucitó de entre los muertos", y la última impostura sea peor que la primera.»
65 Pilato les dijo: «Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis.»
66 Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
hasta no haber machacado los lomos de los sin entrañas, y haber tomado venganza de las naciones,
haber extirpado el tropel de los soberbios, y quebrado el cetro de los injustos,
hasta no haber pagado a cada cual según sus actos, las obras de los hombres según sus intenciones,
haber hecho justicia a su pueblo, y haberles dado contento con su misericordia.
Grata es la misericordia en tiempo de tribulación, como nubes de lluvia en tiempo de sequía.
Los discípulos hicieron lo que Yeshua les había mandado, y prepararon la Pascua.
Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce.
Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.»
Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Adon?»
El respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»
Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí, tú lo has dicho.»
Mientras estaban comiendo, tomó Yeshua pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.»
Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos,
porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados.
Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.»
Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
Entonces les dice Yeshua: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño .
Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»
Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.»
Yeshua le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.»
Dícele Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Y lo mismo dijeron también todos los discípulos.
Entonces va Yeshua con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.»
Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.»
Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo?
Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»
Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.»
Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados.
Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
Viene entonces donde los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores.
¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca.»
Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle.»
Y al instante se acercó a Yeshua y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso.
Yeshua le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Yeshua y le prendieron.
51 En esto, uno de los que estaban con Yeshua echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja.
52 Dícele entonces Yeshua: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán.
53 ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?
54 Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?»
55 En aquel momento dijo Yeshua a la gente: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis.
56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.» Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron.
57 Los que prendieron a Yeshua le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
58 Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver el final.
59 Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Yeshua con ánimo de darle muerte,
60 y no lo encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos,
61 que dijeron: «Este dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Elohim, y en tres días edificarlo.»
62 Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?»
63 Pero Yeshua seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Elohim vivo que nos digas si tú eres el Yeshua Hamashia, el Hijo de Elohim.»
64 Dícele Yeshua: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.» 65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
66 ¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.»
67 Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle, 68 diciendo: «Adivínanos, Yeshua. ¿Quién es el que te ha pegado?»
69 Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y le dijo: «También tú estabas con Yeshua el Galileo.»
70 Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices.»
71 Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Este estaba con Yeshua el Nazoreo.»
72 Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!»
73 Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!»
74 Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo.
75 Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Yeshua: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
pues sabía que le habían entregado por envidia.
Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.»
Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Yeshua.
Y cuando el procurador les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?», respondieron: «¡A Barrabás!»
Díceles Pilato: «Y ¿qué voy a hacer con Yeshua, el llamado Hamashiaj?» Y todos a una: «¡Sea crucificado!» -
«Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado!»
Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.»
Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
Entonces, les soltó a Barrabás; y a Yeshua, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado.
Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Yeshua al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte.
Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura;
y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»;
y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.
Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz.
Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, «Calvario»,
le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo.
Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes.
Y se quedaron sentados allí para custodiarle.
Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena: «Este es Yeshua el Rey de los judíos.»
Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos salteadores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo:
«Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Elohim, y baja de la cruz!»
Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo:
«A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él.
Ha puesto su confianza en Elohim; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: "Soy Hijo de Elohim"»
De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él.
Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
Y alrededor de la hora nona clamó Yeshua con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Elohim mío, Elohim mío! ¿por qué me has abandonado?»
Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A Elías llama éste.»
Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber.
Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.»
Pero Yeshua, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.
51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron.
52 Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron.
53 Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
54 Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Yeshua al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «Verdaderamente éste era Hijo de Elohim»
55 Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Yeshua desde Galilea para servirle.
56 Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
57 Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Yeshua.
58 Se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Yeshua. Entonces Pilato dio orden de que se le entregase.
59 José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
60 y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.
61 Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.
62 Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato
63 y le dijeron: «Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: "A los tres días resucitaré."
64 Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: "Resucitó de entre los muertos", y la última impostura sea peor que la primera.»
65 Pilato les dijo: «Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis.»
66 Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
No activity yet