<100 subscribers
Share Dialog
Share Dialog
He estado esforzándome por acuñar la frase “El Futuro Pertenece a quienes tienen una historia por contar” (O Storytellers en inglés) como mi tesis para los próximos 10 años.
La mayoría de la gente me mira como si estuviera escupiendo alguna tontería de un libro de autoayuda. Pero sí creo que es la mejor manera de comunicar lo que va a ayudar a las personas a destacar frente a la automatización generalizada que se cierne sobre la sociedad.
La narración como concepto ha sido secuestrada últimamente por firmas consultoras e influencers para significar “Empaquetar todo tu ser en un producto”. Y aunque sí creo que algunas tácticas probadas pueden aplicar, me refiero a algo completamente diferente cuando hablo de “Storytellers”.
La gente habla de los 90s como la década que nos trajo la Globalización a su mayor escala. McDonald’s abriendo una tienda en la Plaza Roja, encontrar un buen restaurante de sushi en Medellín, Nueva York, o Lagos, con igual facilidad. El mundo estaba verdaderamente “conectado” a través del medio del comercio internacional por primera vez.
O al menos, esa es la historia que nos cuentan.
Había otra cara de la globalización, una que creo que la mayoría de nosotros conocemos implícitamente ahora, pero una que también he notado muy pocas personas discuten en sus vidas cotidianas.
La globalización abrió las puertas para que las marcas globales echaran una red amplia alrededor del mundo, pero también llevó a la adopción institucionalizada de la automatización en los sectores de distribución, producción, y venta al por menor de los negocios, lo cual llevó a dos cosas:
Los procesos han sido tan optimizados que en realidad hay más personas gestionando el proceso que personas realmente haciendo el trabajo en sí hoy en día.
Aproximadamente 1.7 millones de trabajos de clase trabajadora se volvieron obsoletos a través de automatización directa, e incontables más fueron reemplazados indirectamente al ser subcontratados a proveedores con procesos más optimizados.
Creo que este cambio fue el mayor contribuyente a la crisis del 2008, incluso más que la especulación; también jugó un factor enorme en la inestabilidad política subsecuente que aún estamos viviendo hasta el día de hoy. COVID fue solo un catalizador; el castillo de naipes se derrumbó hace 30 años, y apenas ahora nos estamos dando cuenta.
Justo ahora, estamos empezando a cuestionar qué valen las personas en un mundo automatizado, pero la mayoría de las personas fuera del mundo white collar han estado haciendo esta misma pregunta durante décadas.
La respuesta ahora es la misma que era entonces:
El futuro pertenece a los storytellers. O, mejor dicho, el futuro pertenece a aquellos con una historia que contar.
Cuando los trabajos blue collar fueron reemplazados por terceros extranjeros o máquinas, las personas que se mantuvieron en el negocio lo hicieron porque se apoyaron en sus comunidades, su maestría, o lo que sea que los hiciera únicos.
Cuando cuestionamos qué pasará con artistas, analistas, redactores, diseñadores, y tantos más en la era de IA que viene, tengo la sensación de que el mismo principio aplicará.
En su artículo de 2018 “La Generación Perdida del Diseño,” Mike Monteiro lamenta una generación de diseñadores que nunca se detuvieron a cuestionar si estaban construyendo algo para mejorar la humanidad. Cuando leí por primera vez esta pieza, no la entendí del todo. El mundo corporativo aún no me había desencantado lo suficiente para entender por qué un diseñador de oficina sacrificaría sus ideas creativas a cambio de un cheque gordo.
“Un diseñador que pierde sus manos sigue siendo un diseñador, pero un diseñador que no ofrece consejo a su cliente no lo es.” - Mike Monteiro, un maldito genio poético.
Apenas ahora estoy empezando a entender cuánto se perdió cuando redujimos la pasión y creatividad de las personas a KPIs que son fácilmente digeribles en una presentación trimestral.
Nos hemos acostumbrado demasiado a definir nuestra profesión por nuestros títulos o el tipo de labor que hacemos, pero en realidad, un ser humano debería ser valorado por mucho más que solo sus manos.
La IA puede quitarte tu habilidad de diseñar creativos publicitarios, pero ¿deberías haber estado esclavizándote en la 5ta prueba A/B con variaciones de copy de todos modos? ¿De eso se trata ser diseñador?
No, ser diseñador se trata de tener la experiencia, gusto, y contexto para tomar decisiones basadas en la necesidad fundamental. Photoshop, Illustrator, Figma, o n8n no te hacen más o menos diseñador; si acaso, te están diluyendo y distrayendo del verdadero conjunto de herramientas que necesitarás para sobresalir en tu campo.
Esto aplica a cualquier profesión. Contadores, abogados, doctores, programadores—todos ustedes son valiosos debido al contexto único y perspectiva que desarrollan cuando se enfrentan a preguntas del mundo real día tras día. Ninguna IA jamás podrá quitarte eso, entonces ¿por qué apoyarte en lo que va a ser automatizado para destacar?
Necesitamos reencuadrar qué hace tu oficio interesante y valioso; solo entonces tú (y las personas a cargo de contratarte y despedirte) entenderán que eres irreemplazable, sin importar qué nueva tecnología se desarrolle.
He estado jugando con un pequeño marco para los diferentes tipos de “narradores” que existen. Algo para ayudar a que el término suene menos vago y marketinero.
Tómalo con pinzas, pero a mis ojos, toda persona con una historia que vale la pena contar caen en una de las siguientes tres categorías:
Personas con algo que decir, sin importar su medio. A través de palabra hablada o lienzo, rompen las barreras del tiempo y cultura para revelar algo sobre nosotros mismos. No es coincidencia que nuestras personas más reconocidas y bien compensadas sean todos artistas de alguna manera (músicos, actores, atletas, políticos).
La parte complicada sobre convertirse en artista es que está mayormente en manos de otras personas si llegas a hacerlo o no, a diferencia de las otras dos definiciones abajo, un artista se hace cuando alguien más lo reconoce como tal.
Alguien que domina un oficio a través de décadas, obsesionándose con los detalles pequeños, haciéndolo ver fácil, aunque con dominio absoluto sobre lo que hacen.
Has visto documentales sobre artesanos japoneses, coleccionistas de estampillas o monedas, apicultores, lo que sea. Si pasas suficiente tiempo entendiendo el zen de las reparaciones de motocicletas, la gente lo notará y te admirará por ello.
(Del latín “designum,” es decir, poner algo en su lugar) No me refiero a ilustradores o diseñadores de productos, me refiero a las personas con un entendimiento de una necesidad que abordar, y la habilidad de planear un enfoque para resolverla. El Marketing empareja oferta existente con demanda, el Diseño empareja demanda con nueva oferta.
Esta tesis a medio hornear ha impulsado cada una de mis acciones durante los últimos años. He ido por el mercado laboral buscando trabajos donde soy valioso debido a mi perspectiva única, las cosas por las que he pasado, las influencias que he recolectado; cualquier cosa excepto mis manos.
Puede ser complicado ver cómo tus talentos en Excel o Jira pueden ayudarte a ser reconocido como cualquiera de los anteriores cuando la temporada de despidos está sobre ti, pero eso usualmente se debe a que no lo estás viendo desde un punto de vista lo suficientemente amplio.
Si eres contador, tu trabajo no es hacer que las fórmulas de Excel cuadren en los libros; es ayudar a las personas a priorizar cómo manejar sus recursos (gestión de gastos) y cómo participar dentro de sus restricciones sociales libremente (consejo fiscal).
Si eres gerente de proyectos, tu trabajo es lograr que las personas colaboren hacia una meta más grande.
Etc. ad infinitum.
Las herramientas y plataformas son irrelevantes; has ejercitado tu cerebro de una manera que no muchas personas han hecho. Usa eso a tu ventaja, cuenta esa historia, y notarás que la ansiedad de IA empieza a desvanecerse.
Incluso si muchas personas terminarán teniendo llamadas incómodas de Recursos Humanos en los años venideros, espero que todos usemos este momento para preguntarnos si aquello por lo que actualmente nos pagan vale nuestros talentos.
Sería severamente desconectado de mi parte siquiera insinuar que las personas pueden vivir sus vidas sin trabajo, pero el tren en el que actualmente nos estamos subiendo sí apunta hacia que muchos de nosotros tendremos que hacer un plan para adaptarnos y salir adelante.
El sistema tendrá que cambiar, ya sea una fuerza laboral de IA, Ingreso Básico Universal, o cualquiera de las otras palabras de moda; lo que veo como la constante es que los seres humanos serán lo suficientemente perseverantes y orgullosos para dejar que el mundo sepa que son valiosos incluso si el mercado laboral dice lo contrario, porque lo son.
Así que, incluso si este es un pensamiento sin terminar. Cuando quiera que el terror existencial se cuele y empieces a sentir que estás siendo reemplazado con IA, ¿qué tal si te desafías a poner tu historia ahí afuera? Las personas a tu alrededor pueden empezar a notarte y admirarte un poco más por ello.
He estado esforzándome por acuñar la frase “El Futuro Pertenece a quienes tienen una historia por contar” (O Storytellers en inglés) como mi tesis para los próximos 10 años.
La mayoría de la gente me mira como si estuviera escupiendo alguna tontería de un libro de autoayuda. Pero sí creo que es la mejor manera de comunicar lo que va a ayudar a las personas a destacar frente a la automatización generalizada que se cierne sobre la sociedad.
La narración como concepto ha sido secuestrada últimamente por firmas consultoras e influencers para significar “Empaquetar todo tu ser en un producto”. Y aunque sí creo que algunas tácticas probadas pueden aplicar, me refiero a algo completamente diferente cuando hablo de “Storytellers”.
La gente habla de los 90s como la década que nos trajo la Globalización a su mayor escala. McDonald’s abriendo una tienda en la Plaza Roja, encontrar un buen restaurante de sushi en Medellín, Nueva York, o Lagos, con igual facilidad. El mundo estaba verdaderamente “conectado” a través del medio del comercio internacional por primera vez.
O al menos, esa es la historia que nos cuentan.
Había otra cara de la globalización, una que creo que la mayoría de nosotros conocemos implícitamente ahora, pero una que también he notado muy pocas personas discuten en sus vidas cotidianas.
La globalización abrió las puertas para que las marcas globales echaran una red amplia alrededor del mundo, pero también llevó a la adopción institucionalizada de la automatización en los sectores de distribución, producción, y venta al por menor de los negocios, lo cual llevó a dos cosas:
Los procesos han sido tan optimizados que en realidad hay más personas gestionando el proceso que personas realmente haciendo el trabajo en sí hoy en día.
Aproximadamente 1.7 millones de trabajos de clase trabajadora se volvieron obsoletos a través de automatización directa, e incontables más fueron reemplazados indirectamente al ser subcontratados a proveedores con procesos más optimizados.
Creo que este cambio fue el mayor contribuyente a la crisis del 2008, incluso más que la especulación; también jugó un factor enorme en la inestabilidad política subsecuente que aún estamos viviendo hasta el día de hoy. COVID fue solo un catalizador; el castillo de naipes se derrumbó hace 30 años, y apenas ahora nos estamos dando cuenta.
Justo ahora, estamos empezando a cuestionar qué valen las personas en un mundo automatizado, pero la mayoría de las personas fuera del mundo white collar han estado haciendo esta misma pregunta durante décadas.
La respuesta ahora es la misma que era entonces:
El futuro pertenece a los storytellers. O, mejor dicho, el futuro pertenece a aquellos con una historia que contar.
Cuando los trabajos blue collar fueron reemplazados por terceros extranjeros o máquinas, las personas que se mantuvieron en el negocio lo hicieron porque se apoyaron en sus comunidades, su maestría, o lo que sea que los hiciera únicos.
Cuando cuestionamos qué pasará con artistas, analistas, redactores, diseñadores, y tantos más en la era de IA que viene, tengo la sensación de que el mismo principio aplicará.
En su artículo de 2018 “La Generación Perdida del Diseño,” Mike Monteiro lamenta una generación de diseñadores que nunca se detuvieron a cuestionar si estaban construyendo algo para mejorar la humanidad. Cuando leí por primera vez esta pieza, no la entendí del todo. El mundo corporativo aún no me había desencantado lo suficiente para entender por qué un diseñador de oficina sacrificaría sus ideas creativas a cambio de un cheque gordo.
“Un diseñador que pierde sus manos sigue siendo un diseñador, pero un diseñador que no ofrece consejo a su cliente no lo es.” - Mike Monteiro, un maldito genio poético.
Apenas ahora estoy empezando a entender cuánto se perdió cuando redujimos la pasión y creatividad de las personas a KPIs que son fácilmente digeribles en una presentación trimestral.
Nos hemos acostumbrado demasiado a definir nuestra profesión por nuestros títulos o el tipo de labor que hacemos, pero en realidad, un ser humano debería ser valorado por mucho más que solo sus manos.
La IA puede quitarte tu habilidad de diseñar creativos publicitarios, pero ¿deberías haber estado esclavizándote en la 5ta prueba A/B con variaciones de copy de todos modos? ¿De eso se trata ser diseñador?
No, ser diseñador se trata de tener la experiencia, gusto, y contexto para tomar decisiones basadas en la necesidad fundamental. Photoshop, Illustrator, Figma, o n8n no te hacen más o menos diseñador; si acaso, te están diluyendo y distrayendo del verdadero conjunto de herramientas que necesitarás para sobresalir en tu campo.
Esto aplica a cualquier profesión. Contadores, abogados, doctores, programadores—todos ustedes son valiosos debido al contexto único y perspectiva que desarrollan cuando se enfrentan a preguntas del mundo real día tras día. Ninguna IA jamás podrá quitarte eso, entonces ¿por qué apoyarte en lo que va a ser automatizado para destacar?
Necesitamos reencuadrar qué hace tu oficio interesante y valioso; solo entonces tú (y las personas a cargo de contratarte y despedirte) entenderán que eres irreemplazable, sin importar qué nueva tecnología se desarrolle.
He estado jugando con un pequeño marco para los diferentes tipos de “narradores” que existen. Algo para ayudar a que el término suene menos vago y marketinero.
Tómalo con pinzas, pero a mis ojos, toda persona con una historia que vale la pena contar caen en una de las siguientes tres categorías:
Personas con algo que decir, sin importar su medio. A través de palabra hablada o lienzo, rompen las barreras del tiempo y cultura para revelar algo sobre nosotros mismos. No es coincidencia que nuestras personas más reconocidas y bien compensadas sean todos artistas de alguna manera (músicos, actores, atletas, políticos).
La parte complicada sobre convertirse en artista es que está mayormente en manos de otras personas si llegas a hacerlo o no, a diferencia de las otras dos definiciones abajo, un artista se hace cuando alguien más lo reconoce como tal.
Alguien que domina un oficio a través de décadas, obsesionándose con los detalles pequeños, haciéndolo ver fácil, aunque con dominio absoluto sobre lo que hacen.
Has visto documentales sobre artesanos japoneses, coleccionistas de estampillas o monedas, apicultores, lo que sea. Si pasas suficiente tiempo entendiendo el zen de las reparaciones de motocicletas, la gente lo notará y te admirará por ello.
(Del latín “designum,” es decir, poner algo en su lugar) No me refiero a ilustradores o diseñadores de productos, me refiero a las personas con un entendimiento de una necesidad que abordar, y la habilidad de planear un enfoque para resolverla. El Marketing empareja oferta existente con demanda, el Diseño empareja demanda con nueva oferta.
Esta tesis a medio hornear ha impulsado cada una de mis acciones durante los últimos años. He ido por el mercado laboral buscando trabajos donde soy valioso debido a mi perspectiva única, las cosas por las que he pasado, las influencias que he recolectado; cualquier cosa excepto mis manos.
Puede ser complicado ver cómo tus talentos en Excel o Jira pueden ayudarte a ser reconocido como cualquiera de los anteriores cuando la temporada de despidos está sobre ti, pero eso usualmente se debe a que no lo estás viendo desde un punto de vista lo suficientemente amplio.
Si eres contador, tu trabajo no es hacer que las fórmulas de Excel cuadren en los libros; es ayudar a las personas a priorizar cómo manejar sus recursos (gestión de gastos) y cómo participar dentro de sus restricciones sociales libremente (consejo fiscal).
Si eres gerente de proyectos, tu trabajo es lograr que las personas colaboren hacia una meta más grande.
Etc. ad infinitum.
Las herramientas y plataformas son irrelevantes; has ejercitado tu cerebro de una manera que no muchas personas han hecho. Usa eso a tu ventaja, cuenta esa historia, y notarás que la ansiedad de IA empieza a desvanecerse.
Incluso si muchas personas terminarán teniendo llamadas incómodas de Recursos Humanos en los años venideros, espero que todos usemos este momento para preguntarnos si aquello por lo que actualmente nos pagan vale nuestros talentos.
Sería severamente desconectado de mi parte siquiera insinuar que las personas pueden vivir sus vidas sin trabajo, pero el tren en el que actualmente nos estamos subiendo sí apunta hacia que muchos de nosotros tendremos que hacer un plan para adaptarnos y salir adelante.
El sistema tendrá que cambiar, ya sea una fuerza laboral de IA, Ingreso Básico Universal, o cualquiera de las otras palabras de moda; lo que veo como la constante es que los seres humanos serán lo suficientemente perseverantes y orgullosos para dejar que el mundo sepa que son valiosos incluso si el mercado laboral dice lo contrario, porque lo son.
Así que, incluso si este es un pensamiento sin terminar. Cuando quiera que el terror existencial se cuele y empieces a sentir que estás siendo reemplazado con IA, ¿qué tal si te desafías a poner tu historia ahí afuera? Las personas a tu alrededor pueden empezar a notarte y admirarte un poco más por ello.


No comments yet