
Hace solo un par de días, mi mamá me comentaba lo que leyó en Facebook sobre la opinión de una persona cuando llego a un restaurant «inclusivo», en donde no utilizaban la a o la o para referirse a masculino y femenino.
Me refiero a la forma de expresar con palabras que se ha ido haciendo común en la actualidad, el uso de la e en reemplazo de la o de las palabras como niños transformándola en niñes (de niños y niñas) o chiques (de chicos y chicas).
La inclusión, para mí, no va con que cambiemos la forma de hablar, menos de escribir cambiando una simple letra, la inclusión va de la mano del respeto a la otra persona por sobre toda condición.
Para lograr una verdadera inclusión hay que prestar las herramientas adecuadas para que todos puedan hacer lo que se espera que hagan, en un restaurante, algo tan sencillo como pedir de comer.
La inclusión tiene que ser para todos (y todas) y no solo para un grupo, que es el que está más de moda, son muchas las personas que están buscando un lugar dentro de lo que conocemos como sociedad en donde puedan desarrollar sus propias capacidades, o incluso solo pasar un buen rato.
Algo de esto estuvo tratando de hacer mi hermana hace mucho tiempo atrás a través del teatro, en donde creó y presentó una obra de teatro en donde la comunidad oyente y la comunidad sorda pudieran disfrutar de la misma forma.
El grupo de actores estaba compuesto por oyentes y sordos, pero no mudos, y no es que una persona estuviera relatando los parlamentos en lenguaje de señas, todos los actores tuvieron que aprenderlo, eso para mí es inclusión.
El uso de lenguaje inclusivo es algo que ha generado mucho debate en los últimos años. Algunos argumentan que cambiar la terminación de las palabras a 'e' en lugar de 'a' o 'o' puede ser una barrera comunicativa más que una herramienta de inclusión.
Pero al final del día, la verdadera inclusión va más allá de la gramática. Es sobre consideración, respeto y adaptabilidad. Es sobre proporcionar oportunidades equitativas para que todos puedan interactuar, participar y disfrutar de experiencias sin importar si son hombres, mujeres, personas con discapacidades, etcétera.
La inclusión no se trata solo de ser 'políticamente correcto', sino de genuinamente comprender y celebrar nuestras diferencias y similitudes como seres humanos.
Luis Olave
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