Treinta y dos años me ha tomado decirme esto con propiedad y honestidad. Acogiéndome. Aceptándome. Valorizándome y perdonándome por todas las veces que no supe que hacer con las emociones que me traspasaron con tanta fuerza, y que luego me cobré y culpé por sentirlas. Me perdoné por no saber como lidiar con la tristeza, la rabia, los celos, la frustración, el miedo, ni sostener con templanza la alegria y el placer. Por abusarme y herir mis cuerpos como escape y herir a otros por no saber lidi...