Allí, donde la sombra se muta en tu cuerpo donde el tiempo es una alucinación ajena, vuelvo a ser todos los que he sido: el que espera, el que olvida, el que busca reflejos en una esquina llena de espacios sin nombrar. Hay una puerta —de voces, de luz, de versos—, y detrás de ella tus pasos encienden poemas con los lamentos que derramaron tus noches. Yo era el que hablaba con las alboradas, el que tocaba tu imagen en los ayeres diversos, el que miraba desde otro siglo mi tardo destino. Pero e...