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En el centro del mapa de Rooted Home, allí donde la arena se encuentra con el cristal, Kairos ha terminado de construir una estructura nueva. No es un edificio de piedra, sino un Aeropuerto de Corrientes Ascendentes. La pista es larga, pero al final no hay un vacío, sino un salto hacia el baile del viento.
Kairos camina por la pista con el cuerpo fortalecido, recordando aquel encuentro matutino: "El sol sale para todos". Esa frase se convirtió en el combustible de su motor. Entendió que su iglesia era ese preciso momento de conexión humana, donde la explicación más sencilla es siempre la más poderosa: El Amor.
Antes del despegue, Kairos mira hacia atrás. El sueño de la pequeña que retrocedía ya no le causa confusión. Ahora sabe que esa niña no era Nova, sino Aura, el cometa que cruzó su cielo cuando él todavía luchaba a ciegas contra sus propios miedos. Madrid ya no se siente como una distancia de mares, sino como una estación de paso en un mapa que hoy, por fin, se comprende.
En su mente, Kairos vuelve a ver las fotos que Aura le mostraba: sus viajes, su camino, el museo que alguna vez visitó. Escucha su voz clara diciéndole: "Papá, ella, una doncella... quiere salir a cenar contigo". Kairos sonríe al recordar su propia pregunta: ¿Quién es ella?, y la respuesta mágica de su hija: "Una muñeca de cera, una artista que ahora también habita en el museo".
Esos días de celebraciones familiares y transformaciones inusuales ya no son fragmentos de una herida a la deriva. Ahora son fotogramas de una película que ha encontrado su final feliz. "Karma ha sido nuestro camino de sanación", susurra Kairos al viento.
De repente, el peso de la gravedad desaparece. Kairos siente el viento circulando por todo su cuerpo. Ya no vuela solo. A sus espaldas, tres amigos —sus ángeles, sus hadas de acero y alma— baten sus alas en perfecta sincronía. Los cuatro se entrelazan en el cielo, formando un Círculo de Fuerza Bíblica, una geometría sagrada que brilla con más intensidad que cualquier estrella fugaz.
Desde el centro de ese círculo, Kairos mira hacia abajo y ve la pista de nieve que alguna vez recorrió con Aura. Cada instante vivido, cada rastro dejado en el blanco, es hoy una línea de luz que guía su vuelo. Las miradas de los cuatro amigos se cruzan y lo que encuentran es una sonrisa amigable que viene desde la misma alma.
La fase ha cambiado. El cometa ha regresado a casa, no para quemarse, sino para iluminar el camino de lo que vendrá.
P.S. Como la pista de nieve que recorrimos, con cada instante que juntos vivimos.
En el centro del mapa de Rooted Home, allí donde la arena se encuentra con el cristal, Kairos ha terminado de construir una estructura nueva. No es un edificio de piedra, sino un Aeropuerto de Corrientes Ascendentes. La pista es larga, pero al final no hay un vacío, sino un salto hacia el baile del viento.
Kairos camina por la pista con el cuerpo fortalecido, recordando aquel encuentro matutino: "El sol sale para todos". Esa frase se convirtió en el combustible de su motor. Entendió que su iglesia era ese preciso momento de conexión humana, donde la explicación más sencilla es siempre la más poderosa: El Amor.
Antes del despegue, Kairos mira hacia atrás. El sueño de la pequeña que retrocedía ya no le causa confusión. Ahora sabe que esa niña no era Nova, sino Aura, el cometa que cruzó su cielo cuando él todavía luchaba a ciegas contra sus propios miedos. Madrid ya no se siente como una distancia de mares, sino como una estación de paso en un mapa que hoy, por fin, se comprende.
En su mente, Kairos vuelve a ver las fotos que Aura le mostraba: sus viajes, su camino, el museo que alguna vez visitó. Escucha su voz clara diciéndole: "Papá, ella, una doncella... quiere salir a cenar contigo". Kairos sonríe al recordar su propia pregunta: ¿Quién es ella?, y la respuesta mágica de su hija: "Una muñeca de cera, una artista que ahora también habita en el museo".
Esos días de celebraciones familiares y transformaciones inusuales ya no son fragmentos de una herida a la deriva. Ahora son fotogramas de una película que ha encontrado su final feliz. "Karma ha sido nuestro camino de sanación", susurra Kairos al viento.
De repente, el peso de la gravedad desaparece. Kairos siente el viento circulando por todo su cuerpo. Ya no vuela solo. A sus espaldas, tres amigos —sus ángeles, sus hadas de acero y alma— baten sus alas en perfecta sincronía. Los cuatro se entrelazan en el cielo, formando un Círculo de Fuerza Bíblica, una geometría sagrada que brilla con más intensidad que cualquier estrella fugaz.
Desde el centro de ese círculo, Kairos mira hacia abajo y ve la pista de nieve que alguna vez recorrió con Aura. Cada instante vivido, cada rastro dejado en el blanco, es hoy una línea de luz que guía su vuelo. Las miradas de los cuatro amigos se cruzan y lo que encuentran es una sonrisa amigable que viene desde la misma alma.
La fase ha cambiado. El cometa ha regresado a casa, no para quemarse, sino para iluminar el camino de lo que vendrá.
P.S. Como la pista de nieve que recorrimos, con cada instante que juntos vivimos.
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