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Una población padecía de una extraña sensación, como una enfermedad que no se podía explicar... El sabio supuso, pero no era una receta o medicina regular lo que todo lo podía sanar. Había algo más, algo que necesitaba de una mujer valiente, como un capitán, que bajara las gradas para encontrar el secreto y así despertar de esa extraña enfermedad.
La mujer valiente escuchó lo que el sabio mandaba a pedir para sanar. Pero en lugar de una arma, tomó una fruta que parecía un mango verde. Lo partió, le quitó la cáscara y le dio forma de un cuerpo haciendo reverencia con los trozos de la fruta verde.
La mujer valiente con la fruta las gradas bajó y al llegar al final se encontró con una Reina. Ella parecía saber por qué la mujer valiente había llegado hasta allí. A simple vista, la mujer valiente observó un espacio que parecía pertenecerle a quien a la Reina le servía con devoción. Sin embargo, esa persona ya no estaba: parecía haberse perdido, desaparecido o tal vez huido. Solo el espacio del devoto sirviente se encontraba justo a la par de la Reina... Y dentro de ese espacio vacío, había un botón que servía como un interruptor.
La mujer valiente se acercó más a donde estaba la Reina, que bien podía ser una faraona de la antigua tierra. Ella sabía que podía usar su fuerza, que era infinita, contra ella. Pero en su lugar, le mostró la fruta de la reverencia. Ella, al ver a la mujer valiente y la fruta, lo comprendió todo; incluyendo por qué su devoto sirviente estaba en ausencia permanente. Así también, comprendió el daño que habían causado a toda una población con el uso de ese botón.
La Reina desactivó inmediatamente ese botón, moviéndose al lado donde solía estar su devoto sirviente. Justo al momento que ella desactivó el interruptor, la mujer valiente sintió en su cuerpo un sentimiento de liberación... Como el final de una creencia que dentro de esas paredes se concretó, y toda una población que por fin despertó.
Una población padecía de una extraña sensación, como una enfermedad que no se podía explicar... El sabio supuso, pero no era una receta o medicina regular lo que todo lo podía sanar. Había algo más, algo que necesitaba de una mujer valiente, como un capitán, que bajara las gradas para encontrar el secreto y así despertar de esa extraña enfermedad.
La mujer valiente escuchó lo que el sabio mandaba a pedir para sanar. Pero en lugar de una arma, tomó una fruta que parecía un mango verde. Lo partió, le quitó la cáscara y le dio forma de un cuerpo haciendo reverencia con los trozos de la fruta verde.
La mujer valiente con la fruta las gradas bajó y al llegar al final se encontró con una Reina. Ella parecía saber por qué la mujer valiente había llegado hasta allí. A simple vista, la mujer valiente observó un espacio que parecía pertenecerle a quien a la Reina le servía con devoción. Sin embargo, esa persona ya no estaba: parecía haberse perdido, desaparecido o tal vez huido. Solo el espacio del devoto sirviente se encontraba justo a la par de la Reina... Y dentro de ese espacio vacío, había un botón que servía como un interruptor.
La mujer valiente se acercó más a donde estaba la Reina, que bien podía ser una faraona de la antigua tierra. Ella sabía que podía usar su fuerza, que era infinita, contra ella. Pero en su lugar, le mostró la fruta de la reverencia. Ella, al ver a la mujer valiente y la fruta, lo comprendió todo; incluyendo por qué su devoto sirviente estaba en ausencia permanente. Así también, comprendió el daño que habían causado a toda una población con el uso de ese botón.
La Reina desactivó inmediatamente ese botón, moviéndose al lado donde solía estar su devoto sirviente. Justo al momento que ella desactivó el interruptor, la mujer valiente sintió en su cuerpo un sentimiento de liberación... Como el final de una creencia que dentro de esas paredes se concretó, y toda una población que por fin despertó.
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