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En la vasta estructura que intentaban convertir en hogar, la cuarta noche del año trajo un silencio diferente. El Arquitecto, cansado pero firme, observaba cómo la joven regresaba de su largo viaje, lista para reencontrarse con el espacio y con él.
Pero no estaban solos. La casa aún guardaba el eco de tres antiguos inquilinos: las Sombras de la Duda, el Miedo y la Nostalgia. Durante las tres primeras noches, estas Sombras habían llenado los pasillos con ruidos de incertidumbre, intentando aferrarse a lo que alguna vez fue.
Sin embargo, bajo la luz plateada de esa cuarta luna, algo cambió. Las tres Sombras se miraron en el espejo de la claridad nocturna y reconocieron su propia verdad: eran fantasmas de un tiempo caduco. Al mirar hacia el centro de la casa, vieron la pequeña "Semilla" —la esperanza naciente de este nuevo comienzo— luchando por respirar bajo su opresión.
En un acto de consciencia suprema, comprendieron que liberar a esa Semilla era la única llave para su propia libertad. Decidieron dejar de ser carceleros del pasado para convertirse en guardianes del futuro, apartándose para dejar entrar la luz.
La casa suspiró aliviada. La joven y el Arquitecto se miraron; ya no había preguntas imaginarias flotando en el aire, ni ruidos que distrajeran. Solo quedaba el espacio limpio para un abrazo sostenido en la más pura verdad.
En la vasta estructura que intentaban convertir en hogar, la cuarta noche del año trajo un silencio diferente. El Arquitecto, cansado pero firme, observaba cómo la joven regresaba de su largo viaje, lista para reencontrarse con el espacio y con él.
Pero no estaban solos. La casa aún guardaba el eco de tres antiguos inquilinos: las Sombras de la Duda, el Miedo y la Nostalgia. Durante las tres primeras noches, estas Sombras habían llenado los pasillos con ruidos de incertidumbre, intentando aferrarse a lo que alguna vez fue.
Sin embargo, bajo la luz plateada de esa cuarta luna, algo cambió. Las tres Sombras se miraron en el espejo de la claridad nocturna y reconocieron su propia verdad: eran fantasmas de un tiempo caduco. Al mirar hacia el centro de la casa, vieron la pequeña "Semilla" —la esperanza naciente de este nuevo comienzo— luchando por respirar bajo su opresión.
En un acto de consciencia suprema, comprendieron que liberar a esa Semilla era la única llave para su propia libertad. Decidieron dejar de ser carceleros del pasado para convertirse en guardianes del futuro, apartándose para dejar entrar la luz.
La casa suspiró aliviada. La joven y el Arquitecto se miraron; ya no había preguntas imaginarias flotando en el aire, ni ruidos que distrajeran. Solo quedaba el espacio limpio para un abrazo sostenido en la más pura verdad.
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