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El café "La Estrella Fija" nunca tuvo un cartel luminoso, solo un neón azul que parpadeaba. Kaia lo había visto parpadear por veinte años exactos.
Su cabello, del color de la plata antigua, era la única cosa en el lugar que no se movía con la prisa habitual del pueblo. Kaia no era de allí, pero se había fundido con el paisaje; era la mujer silenciosa que limpiaba las tazas y nunca preguntaba nombres. Su presencia era un ancla invisible en la rutina.
Se sentaba siempre en la misma silla de madera, justo debajo del viejo reloj de pared cuyas manecillas se habían detenido a las 11:11 desde hacía una década. Ella sabía, y solo ella, que ese reloj no marcaba el tiempo perdido, sino el tiempo en pausa.
Una noche, mientras el último cliente cerraba la puerta con un golpe seco, Kaia sintió un escalofrío que no era de aire. El golpe no fue un sonido de cierre; fue una señal. Al levantar la vista, el neón azul sobre la entrada no parpadeó; se apagó por completo. Por primera vez en veinte años, "La Estrella Fija" estaba en total oscuridad. Kaia sonrió suavemente. La vigilia había finalizado. Su trabajo, el que nadie en el pueblo entendió, estaba finalmente terminado.
Dejó la llave del café sobre la barra, junto a una taza de té sin terminar, un gesto que valía más que una nota.
Y fue entonces que Kaia salió por última vez de aquel café. Las estrellas brillaban tan fuertes, como si la hubieran estado esperando. Kaia hizo una pausa y observó su motocicleta, justo a la salida. Sintió el viento de la noche... como una voz: "Vamos, Kaia, ya es hora."
Caminó hasta su moto blanca, se sentó en ella y encendió la radio. En ese momento sonaba: City of New Orleans de John Denver. Kaia arrancó y tomó camino, mientras su cabello largo y blanco se despedía de su Pueblo, aquel en el que por mucho tiempo vivió. Dobló la esquina, y se disolvió con la música y la noche
¿Qué tiempo fue reanudado? ¿Qué vigilia ha terminado?
P.S. El eco de este universo ahora busca un nuevo hogar.
El café "La Estrella Fija" nunca tuvo un cartel luminoso, solo un neón azul que parpadeaba. Kaia lo había visto parpadear por veinte años exactos.
Su cabello, del color de la plata antigua, era la única cosa en el lugar que no se movía con la prisa habitual del pueblo. Kaia no era de allí, pero se había fundido con el paisaje; era la mujer silenciosa que limpiaba las tazas y nunca preguntaba nombres. Su presencia era un ancla invisible en la rutina.
Se sentaba siempre en la misma silla de madera, justo debajo del viejo reloj de pared cuyas manecillas se habían detenido a las 11:11 desde hacía una década. Ella sabía, y solo ella, que ese reloj no marcaba el tiempo perdido, sino el tiempo en pausa.
Una noche, mientras el último cliente cerraba la puerta con un golpe seco, Kaia sintió un escalofrío que no era de aire. El golpe no fue un sonido de cierre; fue una señal. Al levantar la vista, el neón azul sobre la entrada no parpadeó; se apagó por completo. Por primera vez en veinte años, "La Estrella Fija" estaba en total oscuridad. Kaia sonrió suavemente. La vigilia había finalizado. Su trabajo, el que nadie en el pueblo entendió, estaba finalmente terminado.
Dejó la llave del café sobre la barra, junto a una taza de té sin terminar, un gesto que valía más que una nota.
Y fue entonces que Kaia salió por última vez de aquel café. Las estrellas brillaban tan fuertes, como si la hubieran estado esperando. Kaia hizo una pausa y observó su motocicleta, justo a la salida. Sintió el viento de la noche... como una voz: "Vamos, Kaia, ya es hora."
Caminó hasta su moto blanca, se sentó en ella y encendió la radio. En ese momento sonaba: City of New Orleans de John Denver. Kaia arrancó y tomó camino, mientras su cabello largo y blanco se despedía de su Pueblo, aquel en el que por mucho tiempo vivió. Dobló la esquina, y se disolvió con la música y la noche
¿Qué tiempo fue reanudado? ¿Qué vigilia ha terminado?
P.S. El eco de este universo ahora busca un nuevo hogar.
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