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La Escena: Un lienzo en blanco espera en el centro de una habitación iluminada por una luz tenue. Frente a él, una mujer sostiene un pincel, no como una herramienta, sino como una llave.
El Relato: Durante décadas, la verdadera identidad de la artista habitó en una isla remota, lejos de toda civilización. Se quedó allí a los siete años, el día en que los cuentos antiguos de la comunidad pesaron más que el color de sus óleos. En ese exilio, sus sueños fueron reemplazados por miedos y su inspiración quedó cautiva tras muros que ella misma construyó en su adolescencia.
En aquellos muros, proyectó la imagen de un hombre mayor, un amigo que solo le había ofrecido un regalo sincero. Sin embargo, en la ausencia de sus propios sueños, ella idealizó aquel gesto, convirtiendo un acto de aprecio en una cárcel de celos y malentendidos. Creyó estar enamorada, cuando en realidad estaba sedienta de su propio brillo.
Pero hoy, el tiempo se ha reanudado.
Al reconocer que el hombre no era el captor, sino que los muros eran su propia creación mental, la mujer ha girado la llave. Al liberarlo a él del juicio, se ha liberado a sí misma del olvido. Los muros de celos no se derrumbaron en el vacío; se disolvieron para convertirse en pigmentos vibrantes sobre la tela.
Aquella niña de siete años ha regresado de la isla. Ya no hay muros, solo un Cuadro de Honor donde cada sombra del pasado se transforma en una pincelada de sabiduría. Ella ya no está fuera de la escena; ahora, ella es la escena. Su inspiración, su máxima riqueza, ha vuelto a casa para quedarse.
P.S. Siguiendo sueños, creando oportunidades.
La Escena: Un lienzo en blanco espera en el centro de una habitación iluminada por una luz tenue. Frente a él, una mujer sostiene un pincel, no como una herramienta, sino como una llave.
El Relato: Durante décadas, la verdadera identidad de la artista habitó en una isla remota, lejos de toda civilización. Se quedó allí a los siete años, el día en que los cuentos antiguos de la comunidad pesaron más que el color de sus óleos. En ese exilio, sus sueños fueron reemplazados por miedos y su inspiración quedó cautiva tras muros que ella misma construyó en su adolescencia.
En aquellos muros, proyectó la imagen de un hombre mayor, un amigo que solo le había ofrecido un regalo sincero. Sin embargo, en la ausencia de sus propios sueños, ella idealizó aquel gesto, convirtiendo un acto de aprecio en una cárcel de celos y malentendidos. Creyó estar enamorada, cuando en realidad estaba sedienta de su propio brillo.
Pero hoy, el tiempo se ha reanudado.
Al reconocer que el hombre no era el captor, sino que los muros eran su propia creación mental, la mujer ha girado la llave. Al liberarlo a él del juicio, se ha liberado a sí misma del olvido. Los muros de celos no se derrumbaron en el vacío; se disolvieron para convertirse en pigmentos vibrantes sobre la tela.
Aquella niña de siete años ha regresado de la isla. Ya no hay muros, solo un Cuadro de Honor donde cada sombra del pasado se transforma en una pincelada de sabiduría. Ella ya no está fuera de la escena; ahora, ella es la escena. Su inspiración, su máxima riqueza, ha vuelto a casa para quedarse.
P.S. Siguiendo sueños, creando oportunidades.
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