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Kairos no era un niño común. A sus ocho años, su amigo Luzbel puso la guitarra melancólica de Eros Ramazzotti: "Nada sin ti".
Luzbel le pidió: —Cierra los ojos, enano. No pienses en mamá, piensa en lo que no tienes, en lo que imaginas que será... siente la canción.
Recordaba muy bien una frase de esa canción, una enfatuación que se sembró:
"Alguien llama a la puerta, voy a ver quien es. Eres tu, no me lo creo, no te quedes fuera, pasa. Ten las llaves de mi casa, no te irás de aquí!"
La Tinta a media verdad (Ink in between) comenzaba a escribirse.
La vida de Kairos se convirtió en la sinfonía de la dualidad. Tuvo dos hijas con diferentes madres, unidas por el número: el 29. La primera fue Aura (nacida un 29 de agosto); la segunda, Nova (nacida un 29 de junio). La simetría del tiempo se revelaría en 2026: Aura tendrá 25 años (la edad de Kairos al nacer Nova), y Nova tendrá 18 años (la edad de Kairos al nacer Aura).
Luego vinieron sus dos hijos varones. El primero fue Ian (nacido un 22 de noviembre), y el segundo, Elián (nacido el 23 de abril). El número sagrado 777 se anclaba en la fecha que Kairos compartía con las madres de sus hijos varones: el 25 de Julio.
La sanación de Kairos comenzó con la memoria de un momento en el silencio del hospital con Elián, su hijo más joven... que partió el 7 de marzo de 2018.
En el hospital, Elián y su padre se miraban a los ojos, cuando una enfermera exclamó: "Perdón, regresaré más tarde para que tengan su momento." En ese silencio, Elián (de 4 años) levantó su mano derecha y la acercó al corazón de Kairos.
Fue entonces que Kairos comprendió la verdad que sus hijos le habían enseñado:
No siempre un padre es la parte principal del árbol... A veces los hijos, como las ramas, se vuelven raíz con sus gestos, con sus alegrías, con la manera de ver al mundo... Cumpliendo un rol importante en el cambio de las líneas de la historia del árbol.
Tras siete años de sanación, Kairos logró la conquista del 777. Una mañana, la cocina se convirtió en el escenario del cierre:
Y juntos compartimos en la cocina, así como en cualquier otro lugar... Así como este hogar. Donde no hay medicina, como una hija que todo lo puede lograr. Porque si huecos antes en mi alma habían, ahora son espacios listos, para siempre poderte abrazar.
El umbral final se presentó ante la madre de su prometida.
—¿Sabes cocinar, Kairos? —le preguntó ella.
Omelettes, pensó él. Pero la sabiduría de su vida le recordó la lección: no se trataba de lo individual.
—He aprendido a cocinar para mí —respondió—, pero si hay algo que necesite aprender... sé que lo haré.
Hizo una pausa y compartió la verdad final:
—Pero no se trata de lo que yo pueda hacer, sino lo que juntos podamos lograr.
Con esa convicción, la Tinta a media verdad se había secado.
Kairos no era un niño común. A sus ocho años, su amigo Luzbel puso la guitarra melancólica de Eros Ramazzotti: "Nada sin ti".
Luzbel le pidió: —Cierra los ojos, enano. No pienses en mamá, piensa en lo que no tienes, en lo que imaginas que será... siente la canción.
Recordaba muy bien una frase de esa canción, una enfatuación que se sembró:
"Alguien llama a la puerta, voy a ver quien es. Eres tu, no me lo creo, no te quedes fuera, pasa. Ten las llaves de mi casa, no te irás de aquí!"
La Tinta a media verdad (Ink in between) comenzaba a escribirse.
La vida de Kairos se convirtió en la sinfonía de la dualidad. Tuvo dos hijas con diferentes madres, unidas por el número: el 29. La primera fue Aura (nacida un 29 de agosto); la segunda, Nova (nacida un 29 de junio). La simetría del tiempo se revelaría en 2026: Aura tendrá 25 años (la edad de Kairos al nacer Nova), y Nova tendrá 18 años (la edad de Kairos al nacer Aura).
Luego vinieron sus dos hijos varones. El primero fue Ian (nacido un 22 de noviembre), y el segundo, Elián (nacido el 23 de abril). El número sagrado 777 se anclaba en la fecha que Kairos compartía con las madres de sus hijos varones: el 25 de Julio.
La sanación de Kairos comenzó con la memoria de un momento en el silencio del hospital con Elián, su hijo más joven... que partió el 7 de marzo de 2018.
En el hospital, Elián y su padre se miraban a los ojos, cuando una enfermera exclamó: "Perdón, regresaré más tarde para que tengan su momento." En ese silencio, Elián (de 4 años) levantó su mano derecha y la acercó al corazón de Kairos.
Fue entonces que Kairos comprendió la verdad que sus hijos le habían enseñado:
No siempre un padre es la parte principal del árbol... A veces los hijos, como las ramas, se vuelven raíz con sus gestos, con sus alegrías, con la manera de ver al mundo... Cumpliendo un rol importante en el cambio de las líneas de la historia del árbol.
Tras siete años de sanación, Kairos logró la conquista del 777. Una mañana, la cocina se convirtió en el escenario del cierre:
Y juntos compartimos en la cocina, así como en cualquier otro lugar... Así como este hogar. Donde no hay medicina, como una hija que todo lo puede lograr. Porque si huecos antes en mi alma habían, ahora son espacios listos, para siempre poderte abrazar.
El umbral final se presentó ante la madre de su prometida.
—¿Sabes cocinar, Kairos? —le preguntó ella.
Omelettes, pensó él. Pero la sabiduría de su vida le recordó la lección: no se trataba de lo individual.
—He aprendido a cocinar para mí —respondió—, pero si hay algo que necesite aprender... sé que lo haré.
Hizo una pausa y compartió la verdad final:
—Pero no se trata de lo que yo pueda hacer, sino lo que juntos podamos lograr.
Con esa convicción, la Tinta a media verdad se había secado.
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