Dreamer, change maker, aware of the need to be aware.

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Intento separarme lo más posible de los mensajes que los grandes medios lanzan continuamente intentando construir con ellos el escenario de nuestras vidas, y observo cómo es inevitable que de un modo u otro lleguen a ti. En todo este contexto me viene a la mente un episodio del podcast The Way Out Is In en el que la hermana Chân Diệu Nghiêm hace referencia a la importancia de tener en consideración todo aquello que vemos, oímos, leemos, aquello que consumimos y que de un modo u otro atraviesa nuestra mente y que , a buen seguro, genera pensamiento. Pensamientos en torno a los cuales construimos nuestro propio escenario de vida en un contexto de falsa libertad. Me atrevo a hablar de falsa libertad en base al estado de colonización cultural y dogmática que sufre nuestra mente y que condiciona de un modo inconsciente aquello que pensamos. Es una buena estrategia para controlar comportamientos sociales, la construcción de una realidad no real que se ocupa de aquello donde sientes que no puedes actuar.

Henry D. Thoreau nos habla de ello en su libro Una Vida Sin Principios cuando afirma que la mente se puede profanar permanentemente con el hábito de escuchar cosas triviales de modo que todos nuestros pensamientos se teñirán de trivialidad. En los tiempos que corren sumamos a esa trivialidad que los medios nos sirven en bandeja en el desayuno comida y cena, al igual que como tentempié en cualquier momento del día, el impulso al odio y la polarización, el nosotros contra vosotros tan dañino y separador. Una polarización buscadora del enfrentamiento y antitética del diálogo y la escucha, que sirve solo para emborronar las percepciones y ofuscar las mentes del mortal común. Cortinas de humo que nos alejan del camino hacia un mundo más horizontal, descentralizado, regenerador y que gira en torno al amor, en contraposición a ese peligroso odio.
Ante esto no queda otra que ser consciente, entrenar nuestros propios seres con buenas dosis de meditación y escucha activa, crear y compartir otros escenarios de vida, diversos , ricos, coloridos, llenos de escenarios empáticos, generativos y poblados de futuro. Un futuro que está por construir y cuya construcción está en nuestras manos. Cuan peligroso para el statu quo actual es que abramos los ojos a esta posibilidad.
De hecho, las posibilidades son infinitas. Dejando ir a lo viejo, lo caduco, lo que ya no sirve y que en muchas ocasiones llega a convertirse en un obstáculo. Haciendo espacio en nuestras vidas a algo nuevo que quizá todavía no existe más allá de pequeñas semillas alojadas en nuestro interior. Dejar ir para dejar venir. Reconocer lo inservible de los antiguos trayectos recorridos tantas veces para llegar a la *falsa verdad, la verdad interesada, *y buscar nuevos caminos hacia nuestro interior que nos permitan llegar a descubrir esas semillas, regarlas y hacerlas crecer.

Nosotras en Mans al Terra hemos leído así nuestro futuro. Sabemos donde estamos y tenemos muy claro cuál es el punto al que queremos llegar. De momento hemos implementado un primer paso y estamos trabajando para construir el siguiente. Nos dedicamos a descubrir el camino para unir estos dos puntos: la situación inevitable del hoy y el lugar futuro que queremos construir. Ese punto es un camino limpio, de recuperación de la vida, del entendimiento entre lo vivo, en el que vamos a descubrir y crear cuando sea necesario espacios de simbiosis, de relación y de reconocimiento de la interdependencia existente entre todo aquello portador de vida.
Estamos diseñando un espacio inclusivo, que se regenere a sí mismo mientras aloja en su seno a personas y entidades poseedoras de proyectos de vida en torno a la tierra. Un colectivo amplio y que, en ocasiones, se encasilla en modelos tradicionales de gestión y explotación de la tierra construidos en base a un paradigma de pensamiento caduco e imperfecto, pero que cuenta con personas con un gran corazón y amor por la tierra. Este amor es en ocasiones el combustible que permite arrancar cada día la maquinaría humana que mantiene vivos sus proyectos pese a los obstáculos que han de abordar cada día.
Trabajan para competir contra productos que han sido producidos con insumos y técnicas muy dañinas para el suelo que los aloja, que generan externalidades ya asumidas por la sociedad — o mejor dicho desconocidas en la mayoría de los casos — que proporcionan una posición ventajosa a la hora de competir en un mercado todavía hoy basado en el precio y, últimamente, la especulación. Se trata de un campo de juego en el que las cartas están marcadas y las reglas han sido construidas, y son defendidas, por aquellos que las marcaron.
Nuestro espacio es un tablero de juego diferente, donde entran más factores en la ecuación económica y en el que las reglas están todavía por definir. Eso sí, desde la consciencia, la cooperación y el amor por la vida. Nos proponemos construir un espacio crítico con el concepto de propiedad privada sobre el que se sustenta el capitalismo depredador que intenta dirigir todas nuestras vidas. Para ello vamos a utilizar esa misma idea, la propiedad privada, para acopiar terrenos productivos y establecer internamente una suerte de propiedad de los comunes. Lo haremos con una herramienta legal, lo suficientemente potente como para defender ese nuevo status, centrada únicamente en dos procesos: la creación de una comunidad aportadora de recursos para el acopio de suelos y la cesión del usufructo de los mismos a una comunidad complementaria autogestionada, formada por personas y entidades deseosas de construir un proyecto de vida en estos suelos.
Nos estamos refiriendo a dos comunidades intersectas que deben ser construidas en base a un propósito muy claro: transformar el sistema. Cada una en el campo que le corresponde y, a buen seguro, con piezas en común.
Una primera comunidad que parte del grupo motor con el que ya hemos comenzado este camino y cuya labor principal es la consolidación de recursos, provenientes tanto de sus propios fondos de ocio como de acciones de captación de fundraising. Una consolidación de recursos sin objetivos de retorno financero, únicamente retornos sociales y ambientales, una propuesta para la que una gran parte de la sociedad no es lógica y en verdad no está basada en la lógica sino en la consciencia.
Entendemos por fondo de ocio a aquel dinero que utilizamos en actividades lúdicas perfectamente prescindibles y a las que no renunciamos en su totalidad. Simplemente cambiamos el destino de esos fondos en la medida en que cada una de nosotras sienta que puede hacerlo sin que esto suponga una pérdida en su percepción del sentido o la calidad de su estilo de vida.
Actividades de fundraising basadas tanto en las aportaciones recurrentes de personas y colectivos socias o asociadas al proyecto como de proyectos puntuales de crowdfunding utilizando plataformas alineadas con la aportación de valores y activos al común, como es goteo.org. Allí saldremos con una propuesta provocadora en unos meses.
En este campo no nos olvidamos del nuevo ecosistema socio económico que emerge de las bases sociales, de los propósitos colectivos y de la defensa del bien común. Colectovs que proponen la utilización de la cripto economía para transformar este desalmado sistema en el que vivimos y llegar a alcanzar un modelo justo y sostenible, diverso y descentralizado. Seguimos muy de cerca aquello que crece en celo.org y en gooddollar.org como ejemplos a los que unirse a la hora de provocar ese cambio. Las semillas que llevamos dentro bien pueden nutrirse con estos elementos para construir ese futuro que anhelamos.
Diversos marcos en los que obtener recursos de un modo suficiente para ir, poco a poco, construyendo un espacio físico común y acogedor para hacedoras dispuestas a cambiar el modelo en el que vivimos y construir y vivir uno nuevo cimentado sobre un paradigma de pensamiento alternativo a aquel que domina hoy nuestras mentes.
Una comunidad abierta a la que todas las personas que compartan ese propósito de regeneración global, tanto del suelo como de las sociedades y sus relaciones o de la propia forma de entender la vida en sí, están invitadas a participar y a compartir.
La segunda de las comunidades ya existe en forma diseminada. Se compone de personas que, siempre en colectivos y siguiendo los principios de la cooperación, deciden llevar a cabo proyectos transformadores basados en la tierra, ya sea a través de la producción orgánica de alimentos o a través de su conservación y/o regeneración. Para dar sentido a proyectos cuyos resultados óptimos, debido a que interactúan con la naturaleza en una variante respetuosa, son alcanzados a largo plazo, desde esta primera comunidad acopiadora de recursos físicos se cede el usufructo de los mismos a iniciativas transformadoras siempre bajo un paraguas de principios de respeto por la tierra, la vida y la comunidad.
En el proceso de regeneración de los suelos vamos a obtener una mayor capacidad de captación y secuestro del CO2 en el propio suelo, así como un incremento en su capacidad de absorción y almacenamiento del agua de lluvia, una mejora de la biodiversidad y el incremento en la presencia de nutrientes. La aplicación de materia orgánica como insumo principal en todo el proceso de regeneración va a producir estos cambios positivos. Queda en nuestras manos la capacidad de generar modelos de negocio innovadores, construidos en torno a estos elementos y en base a una ecuación económica completa, actualizada, que incluya en términos de igualdad al valor financiero-como mínimo- los valores sociales y ambientales que se generan.
En este marco creemos en espacios participativos que sean capaces de descubrir esas semillas que contienen las primeras propuestas, para poder respirarlas y buscar su resonancia en nuestro ser. Construiremos estos espacios y abrazamos desde ya a todas las personas que quieran estar en ellos.
Estamos diseñando y construyendo el futuro en el que queremos vivir y lo propuesto saldrá desde nuestro interior. Lo que hay fuera ya lo conocemos, y no nos gusta.
Intento separarme lo más posible de los mensajes que los grandes medios lanzan continuamente intentando construir con ellos el escenario de nuestras vidas, y observo cómo es inevitable que de un modo u otro lleguen a ti. En todo este contexto me viene a la mente un episodio del podcast The Way Out Is In en el que la hermana Chân Diệu Nghiêm hace referencia a la importancia de tener en consideración todo aquello que vemos, oímos, leemos, aquello que consumimos y que de un modo u otro atraviesa nuestra mente y que , a buen seguro, genera pensamiento. Pensamientos en torno a los cuales construimos nuestro propio escenario de vida en un contexto de falsa libertad. Me atrevo a hablar de falsa libertad en base al estado de colonización cultural y dogmática que sufre nuestra mente y que condiciona de un modo inconsciente aquello que pensamos. Es una buena estrategia para controlar comportamientos sociales, la construcción de una realidad no real que se ocupa de aquello donde sientes que no puedes actuar.

Henry D. Thoreau nos habla de ello en su libro Una Vida Sin Principios cuando afirma que la mente se puede profanar permanentemente con el hábito de escuchar cosas triviales de modo que todos nuestros pensamientos se teñirán de trivialidad. En los tiempos que corren sumamos a esa trivialidad que los medios nos sirven en bandeja en el desayuno comida y cena, al igual que como tentempié en cualquier momento del día, el impulso al odio y la polarización, el nosotros contra vosotros tan dañino y separador. Una polarización buscadora del enfrentamiento y antitética del diálogo y la escucha, que sirve solo para emborronar las percepciones y ofuscar las mentes del mortal común. Cortinas de humo que nos alejan del camino hacia un mundo más horizontal, descentralizado, regenerador y que gira en torno al amor, en contraposición a ese peligroso odio.
Ante esto no queda otra que ser consciente, entrenar nuestros propios seres con buenas dosis de meditación y escucha activa, crear y compartir otros escenarios de vida, diversos , ricos, coloridos, llenos de escenarios empáticos, generativos y poblados de futuro. Un futuro que está por construir y cuya construcción está en nuestras manos. Cuan peligroso para el statu quo actual es que abramos los ojos a esta posibilidad.
De hecho, las posibilidades son infinitas. Dejando ir a lo viejo, lo caduco, lo que ya no sirve y que en muchas ocasiones llega a convertirse en un obstáculo. Haciendo espacio en nuestras vidas a algo nuevo que quizá todavía no existe más allá de pequeñas semillas alojadas en nuestro interior. Dejar ir para dejar venir. Reconocer lo inservible de los antiguos trayectos recorridos tantas veces para llegar a la *falsa verdad, la verdad interesada, *y buscar nuevos caminos hacia nuestro interior que nos permitan llegar a descubrir esas semillas, regarlas y hacerlas crecer.

Nosotras en Mans al Terra hemos leído así nuestro futuro. Sabemos donde estamos y tenemos muy claro cuál es el punto al que queremos llegar. De momento hemos implementado un primer paso y estamos trabajando para construir el siguiente. Nos dedicamos a descubrir el camino para unir estos dos puntos: la situación inevitable del hoy y el lugar futuro que queremos construir. Ese punto es un camino limpio, de recuperación de la vida, del entendimiento entre lo vivo, en el que vamos a descubrir y crear cuando sea necesario espacios de simbiosis, de relación y de reconocimiento de la interdependencia existente entre todo aquello portador de vida.
Estamos diseñando un espacio inclusivo, que se regenere a sí mismo mientras aloja en su seno a personas y entidades poseedoras de proyectos de vida en torno a la tierra. Un colectivo amplio y que, en ocasiones, se encasilla en modelos tradicionales de gestión y explotación de la tierra construidos en base a un paradigma de pensamiento caduco e imperfecto, pero que cuenta con personas con un gran corazón y amor por la tierra. Este amor es en ocasiones el combustible que permite arrancar cada día la maquinaría humana que mantiene vivos sus proyectos pese a los obstáculos que han de abordar cada día.
Trabajan para competir contra productos que han sido producidos con insumos y técnicas muy dañinas para el suelo que los aloja, que generan externalidades ya asumidas por la sociedad — o mejor dicho desconocidas en la mayoría de los casos — que proporcionan una posición ventajosa a la hora de competir en un mercado todavía hoy basado en el precio y, últimamente, la especulación. Se trata de un campo de juego en el que las cartas están marcadas y las reglas han sido construidas, y son defendidas, por aquellos que las marcaron.
Nuestro espacio es un tablero de juego diferente, donde entran más factores en la ecuación económica y en el que las reglas están todavía por definir. Eso sí, desde la consciencia, la cooperación y el amor por la vida. Nos proponemos construir un espacio crítico con el concepto de propiedad privada sobre el que se sustenta el capitalismo depredador que intenta dirigir todas nuestras vidas. Para ello vamos a utilizar esa misma idea, la propiedad privada, para acopiar terrenos productivos y establecer internamente una suerte de propiedad de los comunes. Lo haremos con una herramienta legal, lo suficientemente potente como para defender ese nuevo status, centrada únicamente en dos procesos: la creación de una comunidad aportadora de recursos para el acopio de suelos y la cesión del usufructo de los mismos a una comunidad complementaria autogestionada, formada por personas y entidades deseosas de construir un proyecto de vida en estos suelos.
Nos estamos refiriendo a dos comunidades intersectas que deben ser construidas en base a un propósito muy claro: transformar el sistema. Cada una en el campo que le corresponde y, a buen seguro, con piezas en común.
Una primera comunidad que parte del grupo motor con el que ya hemos comenzado este camino y cuya labor principal es la consolidación de recursos, provenientes tanto de sus propios fondos de ocio como de acciones de captación de fundraising. Una consolidación de recursos sin objetivos de retorno financero, únicamente retornos sociales y ambientales, una propuesta para la que una gran parte de la sociedad no es lógica y en verdad no está basada en la lógica sino en la consciencia.
Entendemos por fondo de ocio a aquel dinero que utilizamos en actividades lúdicas perfectamente prescindibles y a las que no renunciamos en su totalidad. Simplemente cambiamos el destino de esos fondos en la medida en que cada una de nosotras sienta que puede hacerlo sin que esto suponga una pérdida en su percepción del sentido o la calidad de su estilo de vida.
Actividades de fundraising basadas tanto en las aportaciones recurrentes de personas y colectivos socias o asociadas al proyecto como de proyectos puntuales de crowdfunding utilizando plataformas alineadas con la aportación de valores y activos al común, como es goteo.org. Allí saldremos con una propuesta provocadora en unos meses.
En este campo no nos olvidamos del nuevo ecosistema socio económico que emerge de las bases sociales, de los propósitos colectivos y de la defensa del bien común. Colectovs que proponen la utilización de la cripto economía para transformar este desalmado sistema en el que vivimos y llegar a alcanzar un modelo justo y sostenible, diverso y descentralizado. Seguimos muy de cerca aquello que crece en celo.org y en gooddollar.org como ejemplos a los que unirse a la hora de provocar ese cambio. Las semillas que llevamos dentro bien pueden nutrirse con estos elementos para construir ese futuro que anhelamos.
Diversos marcos en los que obtener recursos de un modo suficiente para ir, poco a poco, construyendo un espacio físico común y acogedor para hacedoras dispuestas a cambiar el modelo en el que vivimos y construir y vivir uno nuevo cimentado sobre un paradigma de pensamiento alternativo a aquel que domina hoy nuestras mentes.
Una comunidad abierta a la que todas las personas que compartan ese propósito de regeneración global, tanto del suelo como de las sociedades y sus relaciones o de la propia forma de entender la vida en sí, están invitadas a participar y a compartir.
La segunda de las comunidades ya existe en forma diseminada. Se compone de personas que, siempre en colectivos y siguiendo los principios de la cooperación, deciden llevar a cabo proyectos transformadores basados en la tierra, ya sea a través de la producción orgánica de alimentos o a través de su conservación y/o regeneración. Para dar sentido a proyectos cuyos resultados óptimos, debido a que interactúan con la naturaleza en una variante respetuosa, son alcanzados a largo plazo, desde esta primera comunidad acopiadora de recursos físicos se cede el usufructo de los mismos a iniciativas transformadoras siempre bajo un paraguas de principios de respeto por la tierra, la vida y la comunidad.
En el proceso de regeneración de los suelos vamos a obtener una mayor capacidad de captación y secuestro del CO2 en el propio suelo, así como un incremento en su capacidad de absorción y almacenamiento del agua de lluvia, una mejora de la biodiversidad y el incremento en la presencia de nutrientes. La aplicación de materia orgánica como insumo principal en todo el proceso de regeneración va a producir estos cambios positivos. Queda en nuestras manos la capacidad de generar modelos de negocio innovadores, construidos en torno a estos elementos y en base a una ecuación económica completa, actualizada, que incluya en términos de igualdad al valor financiero-como mínimo- los valores sociales y ambientales que se generan.
En este marco creemos en espacios participativos que sean capaces de descubrir esas semillas que contienen las primeras propuestas, para poder respirarlas y buscar su resonancia en nuestro ser. Construiremos estos espacios y abrazamos desde ya a todas las personas que quieran estar en ellos.
Estamos diseñando y construyendo el futuro en el que queremos vivir y lo propuesto saldrá desde nuestro interior. Lo que hay fuera ya lo conocemos, y no nos gusta.
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