Dreamer, change maker, aware of the need to be aware.
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El poder, la riqueza económica, el pensamiento, la gestión de las emociones colectivas, la acción incluso. Realidades que en el siglo XXI siguen muy centralizadas, en manos de un grupo reducido de personas, y aceptadas por una parte importante de las que no tienen poder, ni riqueza económica, ni piensan libremente, que dejan que sus emociones sean construidas desde fuera de sí mismas, que actúan según lo esperado siguiendo los estereotipos construidos por nuestra cultura — cada una por la suya — por nuestro imaginario.
Son las herencias de siglos de desarrollo hacia lo externo, de una educación que niega la existencia de un Yo interior para construir identidades moldeadas en base a las necesidades de la perpetuación de lo que ya conocemos.
Asumimos así lo creado por los seres humanos como realidades inamovibles que, a pesar de reventarnos la cabeza en muchas ocasiones, aceptamos sin más llegando a enroscamos en ellas y negando la posibilidad de aceptar todo aquello que no está dentro de esta caja. Construimos así una zona de confort que nos desocupa y reconforta, que mantiene nuestros ojos cerrados, nuestros corazones miserables y nuestra voluntad dormida.

Este escenario es sencillo de mantener gracias a que a las estructuras tradicionales del poder (legislativo, ejecutivo y judicial) se ha unido un cuarto poder, en manos de los medios de comunicación, que las controla.Cerrar los ojos a esto es el comportamiento habitual que alimenta el escenario descrito anteriormente; entre abrirlos y seguir con los brazos caídos lo perpetúa.
Somos cada vez más las personas que vivimos y construimos alternativas en el escenario completamente opuesto. Día a día desarrollamos acciones que dirigidas a la descentralización del poder, de la riqueza, del pensamiento, a dotarnos de capacidad de la libre emoción, de la emoción personal, de la acción colectiva. Va naciendo así una organización social que no se basa en monopolio de la violencia*** ***si no en la consciencia y el acuerdo. Este tipo de estructuras deben mantenerse en una escala de dimensión humana que permita el entendimiento entre sus miembros y que sea suficiente para ir asumiendo retos no asumibles individualmente, dirigidos al mantenimiento, y mejora si procede, de la vida en ese espacio. Son como células que se relacionan con otras y forman tejidos capaces de asumir retos mayores y configurar órganos que aportan servicios globales a todo el ecosistema. Esta analogía con el cuerpo humano, se rompe desde una mirada que reconoce cómo esas estructuras no precisan de un órgano superior que las coordine y las dirija, un cerebro central. Precisa de una consciencia distribuida con ese mismo fin, precisa de aprender a escuchar a las neuronas del corazón y a las de los intestinos , reconocer las nuevas capacidades y aplicarlas al crear nuevas estructuras.

Dejar de descargar, de emplear los patrones del pasado para construir el futuro, y empezar a sentir nuestra realidad desde una posición limpia y libre de cargas culturales y experienciales de nuestro pasado. Dejar ir, para dejar venir.
Anticipándonos a la escasez que promete el modo en que el mundo avanza, y desde hace ya más de año, el colectivo que forma Del Camp a la Taula*** ***ha diseñado e implementado una hoja de ruta para la recuperación de la soberanía sobre nuestras propias vidas. El centro de todo esto está en el suelo, donde se sustenta la vida, la de las personas y la del resto de seres que la posibilitan. Un suelo que precisa de nuestros cuidados como un enfermo que acude al hospital en busca de los tratamientos necesarios para su recuperación.

Los manejos del suelo que se han llevado a cabo, y se siguen manteniendo, por parte de agroindustria han acabado con la vida que en él había. Este ha sido uno de los factores, no el único, que ha hecho que la materia orgánica presente en él, necesaria para el mantenimiento de la capacidad de soporte de la vida por parte del suelo, haya caído a niveles inaceptables. Extraemos vida de él en forma de alimentos y, a cambio, no aportamos más que fertilizantes y herbicidas que provocan y alargan su agonía. Productos que hacen crecer artificialmente las plantas mientras contaminan los suelos y los acuíferos y acaban con la biodiversidad existente poco a poco.
Nosotras planteamos un enfoque alternativo, construido desde la ciudadanía y que cuente — de hecho en la actualidad contamos con ello — con el apoyo de las administraciones locales. Así nace Pobles Circulars, una iniciativa bio territorial que une la acción de diversos municipios para el enriquecimiento de los suelos en términos de materia orgánica. Para ello se crean comunidades en los municipios con el objetivo de una gestión colectiva de los residuos orgánicos domésticos, restos de comida. Este recurso, junto con los restos de poda de parques y jardines triturados adecuadamente, se utilizan para producir compost de un modo artesanal. Un compost que presenta unas características de limpieza y ausencia de impropios — plásticos, metales, etc — que superan de un modo asombroso las del subproducto ofrecido por las plantas industriales gestionadas por las administraciones.
Alcanzar una escala equiparable en los dos modelos pasa por la construcción de las comunidades en torno a estos proyectos ***descentralizados ***y es ahí donde se pone el acento, en las réplicas de los proyectos locales y el escalado de las comunidades que los soportan.
El siguiente paso, en el que ahora estamos, es el retorno de toda esta materia orgánica, de toda esta vida, al suelo. Este trabajo lo estamos haciendo desde dos perspectivas; por una parte la regeneración de suelo naturales, parques y jardines, y por otra la aplicación del compost en el ciclo de producción ecológica regenerativa. Ambas variantes tienen un objetivo común: la lucha contra el cambio climático mediante la captura de CO2 por el suelo regenerado. Está demostrado que la presencia de materia orgánica en el suelo incrementa su capacidad de absorción de CO2, un proceso necesario en la actualidad ya que, para una recuperación adecuada de los niveles de CO2 en la atmósfera, no es suficiente con reducir las emisiones actuales.
Si bien desde los primeros momentos de aplicación de manejos regenerativos se observan mejoras en la situación del suelo, estos procesos regenerativos son largos. Hacen falta muchos años con un manejo adecuado del suelo para recuperar un estado óptimo. Por esta razón, y para garantizar la duración adecuada del proceso, hemos creado mans la terra***, ***un colectivo que pretende acopiar suelo en propiedad y ceder su usufructo, a largo plazo, a personas o colectivos que desarrollen en ellos proyectos basados en modelos de negocio innovadores que giren en torno a estas 4 propuestas: captura del CO2, absorción del agua, mejora de la bio diversidad y mayor presencia de nutrientes en el suelo.
La idea es descentralizar la planificación y la ejecución de estos proyectos para garantizar su sostenibilidad en el marco de un propósito compartido que vaya más allá de los meros intereses a corto plazo de personas o entidades concretas. El bien común, sí, el bien común como objetivo último. Incluyendo en ese concepto de común a toda la vida, no únicamente a los seres humanos como se ha venido haciendo tradicionalmente con las consecuencias que todas podemos ver simplemente levantando nuestra mirada un poco más allá de nuestro ombligo.
Mans al terra comienza a andar a modo de prototipo, en un colectivo pequeño que va a recorrer los caminos necesarios para seleccionar terrenos, conseguir los recursos para adquirirlos, realizar la adquisición efectiva y llevar a cabo la cesión del usufructo. La idea es descubrir los retos y problemas que, a buen seguro, van a surgir por el camino y tener la capacidad de afrontarlos de un modo coherente y siempre desde la confianza de unas en las otras. Es este todavía un espacio de dimensión reducida abierto a actores muy específicos. Con el tiempo construiremos una estructura horizontal, amplia y gobernada por todas, de una forma descentralizada, superando las ideas de falsa democracia con las que se nos ha educado, y entrando en una conexión y comprensión mucho más profunda de cada una de nosotras y de todas en conjunto, encarnadas en la propia entidad.
Somos conscientes de que no existe un gran número de personas y colectivos con el enfoque necesario para establecer a largo plazo proyectos de la naturaleza que son precisos para alcanzar el propósito global que nos marcamos como colectivo. Por este motivo trabajamos desde ya, en la preparación de talleres, jornadas y cursos que nos permitan descubrir cómo es ese futuro en el que somos necesarias y que vamos a construir de un modo compartido. Nos avala esa mirada viva, curiosa y abierta que nos define, la compasión ante toda la vida marcada por corazones vivos y abiertos, y el coraje y la valentía que una voluntad también abierta nos otorga. Si estás interesada en participar en este viaje, las puertas están abiertas, en un par de meses comenzamos las actividades.
El poder, la riqueza económica, el pensamiento, la gestión de las emociones colectivas, la acción incluso. Realidades que en el siglo XXI siguen muy centralizadas, en manos de un grupo reducido de personas, y aceptadas por una parte importante de las que no tienen poder, ni riqueza económica, ni piensan libremente, que dejan que sus emociones sean construidas desde fuera de sí mismas, que actúan según lo esperado siguiendo los estereotipos construidos por nuestra cultura — cada una por la suya — por nuestro imaginario.
Son las herencias de siglos de desarrollo hacia lo externo, de una educación que niega la existencia de un Yo interior para construir identidades moldeadas en base a las necesidades de la perpetuación de lo que ya conocemos.
Asumimos así lo creado por los seres humanos como realidades inamovibles que, a pesar de reventarnos la cabeza en muchas ocasiones, aceptamos sin más llegando a enroscamos en ellas y negando la posibilidad de aceptar todo aquello que no está dentro de esta caja. Construimos así una zona de confort que nos desocupa y reconforta, que mantiene nuestros ojos cerrados, nuestros corazones miserables y nuestra voluntad dormida.

Este escenario es sencillo de mantener gracias a que a las estructuras tradicionales del poder (legislativo, ejecutivo y judicial) se ha unido un cuarto poder, en manos de los medios de comunicación, que las controla.Cerrar los ojos a esto es el comportamiento habitual que alimenta el escenario descrito anteriormente; entre abrirlos y seguir con los brazos caídos lo perpetúa.
Somos cada vez más las personas que vivimos y construimos alternativas en el escenario completamente opuesto. Día a día desarrollamos acciones que dirigidas a la descentralización del poder, de la riqueza, del pensamiento, a dotarnos de capacidad de la libre emoción, de la emoción personal, de la acción colectiva. Va naciendo así una organización social que no se basa en monopolio de la violencia*** ***si no en la consciencia y el acuerdo. Este tipo de estructuras deben mantenerse en una escala de dimensión humana que permita el entendimiento entre sus miembros y que sea suficiente para ir asumiendo retos no asumibles individualmente, dirigidos al mantenimiento, y mejora si procede, de la vida en ese espacio. Son como células que se relacionan con otras y forman tejidos capaces de asumir retos mayores y configurar órganos que aportan servicios globales a todo el ecosistema. Esta analogía con el cuerpo humano, se rompe desde una mirada que reconoce cómo esas estructuras no precisan de un órgano superior que las coordine y las dirija, un cerebro central. Precisa de una consciencia distribuida con ese mismo fin, precisa de aprender a escuchar a las neuronas del corazón y a las de los intestinos , reconocer las nuevas capacidades y aplicarlas al crear nuevas estructuras.

Dejar de descargar, de emplear los patrones del pasado para construir el futuro, y empezar a sentir nuestra realidad desde una posición limpia y libre de cargas culturales y experienciales de nuestro pasado. Dejar ir, para dejar venir.
Anticipándonos a la escasez que promete el modo en que el mundo avanza, y desde hace ya más de año, el colectivo que forma Del Camp a la Taula*** ***ha diseñado e implementado una hoja de ruta para la recuperación de la soberanía sobre nuestras propias vidas. El centro de todo esto está en el suelo, donde se sustenta la vida, la de las personas y la del resto de seres que la posibilitan. Un suelo que precisa de nuestros cuidados como un enfermo que acude al hospital en busca de los tratamientos necesarios para su recuperación.

Los manejos del suelo que se han llevado a cabo, y se siguen manteniendo, por parte de agroindustria han acabado con la vida que en él había. Este ha sido uno de los factores, no el único, que ha hecho que la materia orgánica presente en él, necesaria para el mantenimiento de la capacidad de soporte de la vida por parte del suelo, haya caído a niveles inaceptables. Extraemos vida de él en forma de alimentos y, a cambio, no aportamos más que fertilizantes y herbicidas que provocan y alargan su agonía. Productos que hacen crecer artificialmente las plantas mientras contaminan los suelos y los acuíferos y acaban con la biodiversidad existente poco a poco.
Nosotras planteamos un enfoque alternativo, construido desde la ciudadanía y que cuente — de hecho en la actualidad contamos con ello — con el apoyo de las administraciones locales. Así nace Pobles Circulars, una iniciativa bio territorial que une la acción de diversos municipios para el enriquecimiento de los suelos en términos de materia orgánica. Para ello se crean comunidades en los municipios con el objetivo de una gestión colectiva de los residuos orgánicos domésticos, restos de comida. Este recurso, junto con los restos de poda de parques y jardines triturados adecuadamente, se utilizan para producir compost de un modo artesanal. Un compost que presenta unas características de limpieza y ausencia de impropios — plásticos, metales, etc — que superan de un modo asombroso las del subproducto ofrecido por las plantas industriales gestionadas por las administraciones.
Alcanzar una escala equiparable en los dos modelos pasa por la construcción de las comunidades en torno a estos proyectos ***descentralizados ***y es ahí donde se pone el acento, en las réplicas de los proyectos locales y el escalado de las comunidades que los soportan.
El siguiente paso, en el que ahora estamos, es el retorno de toda esta materia orgánica, de toda esta vida, al suelo. Este trabajo lo estamos haciendo desde dos perspectivas; por una parte la regeneración de suelo naturales, parques y jardines, y por otra la aplicación del compost en el ciclo de producción ecológica regenerativa. Ambas variantes tienen un objetivo común: la lucha contra el cambio climático mediante la captura de CO2 por el suelo regenerado. Está demostrado que la presencia de materia orgánica en el suelo incrementa su capacidad de absorción de CO2, un proceso necesario en la actualidad ya que, para una recuperación adecuada de los niveles de CO2 en la atmósfera, no es suficiente con reducir las emisiones actuales.
Si bien desde los primeros momentos de aplicación de manejos regenerativos se observan mejoras en la situación del suelo, estos procesos regenerativos son largos. Hacen falta muchos años con un manejo adecuado del suelo para recuperar un estado óptimo. Por esta razón, y para garantizar la duración adecuada del proceso, hemos creado mans la terra***, ***un colectivo que pretende acopiar suelo en propiedad y ceder su usufructo, a largo plazo, a personas o colectivos que desarrollen en ellos proyectos basados en modelos de negocio innovadores que giren en torno a estas 4 propuestas: captura del CO2, absorción del agua, mejora de la bio diversidad y mayor presencia de nutrientes en el suelo.
La idea es descentralizar la planificación y la ejecución de estos proyectos para garantizar su sostenibilidad en el marco de un propósito compartido que vaya más allá de los meros intereses a corto plazo de personas o entidades concretas. El bien común, sí, el bien común como objetivo último. Incluyendo en ese concepto de común a toda la vida, no únicamente a los seres humanos como se ha venido haciendo tradicionalmente con las consecuencias que todas podemos ver simplemente levantando nuestra mirada un poco más allá de nuestro ombligo.
Mans al terra comienza a andar a modo de prototipo, en un colectivo pequeño que va a recorrer los caminos necesarios para seleccionar terrenos, conseguir los recursos para adquirirlos, realizar la adquisición efectiva y llevar a cabo la cesión del usufructo. La idea es descubrir los retos y problemas que, a buen seguro, van a surgir por el camino y tener la capacidad de afrontarlos de un modo coherente y siempre desde la confianza de unas en las otras. Es este todavía un espacio de dimensión reducida abierto a actores muy específicos. Con el tiempo construiremos una estructura horizontal, amplia y gobernada por todas, de una forma descentralizada, superando las ideas de falsa democracia con las que se nos ha educado, y entrando en una conexión y comprensión mucho más profunda de cada una de nosotras y de todas en conjunto, encarnadas en la propia entidad.
Somos conscientes de que no existe un gran número de personas y colectivos con el enfoque necesario para establecer a largo plazo proyectos de la naturaleza que son precisos para alcanzar el propósito global que nos marcamos como colectivo. Por este motivo trabajamos desde ya, en la preparación de talleres, jornadas y cursos que nos permitan descubrir cómo es ese futuro en el que somos necesarias y que vamos a construir de un modo compartido. Nos avala esa mirada viva, curiosa y abierta que nos define, la compasión ante toda la vida marcada por corazones vivos y abiertos, y el coraje y la valentía que una voluntad también abierta nos otorga. Si estás interesada en participar en este viaje, las puertas están abiertas, en un par de meses comenzamos las actividades.
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