Dreamer, change maker, aware of the need to be aware.


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Es una obviedad que vivimos tiempos de cambio. Personalmente no creo que sea un cambio transitivo sino un rotundo y claro momento de inflexión, de transformación. Lo más apasionante es pensar que no sabemos con certeza cuál es ese futuro al que vamos a llegar.
Vuelve a presentarse aquí la dicotomía de actitudes; sea construimos nosotras ese destino, sea que — como hasta ahora — dejamos que nos lo construyan y permanecemos inmóviles asumiendo como dogma lo mostrado como tal, lo vendido como tal y lo comprado como tal por la mayor parte de la población. Es sencillo, solo hay que levantar la mirada de nuestro ombligo y ver la realidad que nos rodea, darnos cuenta de lo que existe y ser capaces de, desde la tranquilidad y la quietud, comprender el cuadro general de nuestra vida. Nuestra vida como comunidad, como colectivo más allá de la cercanía individual que acostumbramos a utilizar como limitadora de nuestra propia consciencia.

Leía esta mañana a Antonio Turiel en un artículo de kaosenlared.net que relata las consecuencias reales de una postura sancionadora, en lo referente a sus relaciones energéticas con Rusia, por parte de la Unión Europea. Un artículo cuya lectura recomiendo y del que únicamente, pese a la riqueza de todo lo tratado en él, voy a centrarme en un punto. El precio de los fertilizantes, su futura escasez y el impacto sobre la seguridad alimentaria.
El uso de estos elementos, los fertilizantes, no es más que la consecuencia de una visión equivocada de la vida, de la tierra, del suelo y su vida, y de la especulación financiera a la que nos hemos acostumbrado y que parece ser lo que da sentido a nuestras vidas. Con el paso del tiempo, con la agricultura industrial hemos contaminado nuestros suelos, hemos extraído los nutrientes de ellos, hemos casi acabado con la vida presente en ellos anulando así su capacidad de alimentar a la plantas que después, se supone, vamos a utilizar como alimento.
Hablando con personas que se dedican a la agricultura, en extensiones de tierra de mediano tamaño, hacen continuamente referencia a los costes de estos fertilizantes como uno de los elementos que hacen sus explotaciones insostenibles hasta el punto de plantearse el abandono de las mismas. Sumamos a esto los precios que se pagan por las producciones, la escasez de agua, los costes laborales, etc y llegamos a esa conclusión: abandonar.
Podríamos analizar con detalle el origen de todas estas realidades, que lo son, y lo único que vamos a conseguir es reafirmarnos en la gravedad de la situación y en nuestra incapacidad, no por falta de capacidad sino por falta de poder, de cambiarlas. Y así no cambiamos nada, como suele suceder: hablarle a nadie, quejarse a nadie y esperar que ese nadie lo solucione. Eso sí, sin esperanza de que lo haga y con resignación.
Hemos perdido nuestro sentido de la libertad — más bien la libertad en sí — somos dependientes de decisiones ajenas y hemos llegado un punto en el que somos incapaces de guiar nuestras propias vidas. Seguimos los envites de la realidad que se nos impone desde los medios de comunicación, desde los poderes fácticos y nos olvidamos de que somos dueños de nuestro destino. Esa zona de confort que ha sido construida para mantenernos dentro del redil es el principal obstáculo que existe para que retomemos una vida libre.
Ted Trainer, en su libro la Vía de la Simplicidad, al igual que Leon Tolstoi o Masanobu Fukuoka en su obra La revolución de una brizna de paja , al igual que otras muchas personas comprendemos, afirman cuán importante es la capacidad de las personas para producir su propia alimentación como primer paso hacia la libertad. Todo empieza por devolverle al suelo aquello que durante tanto tiempo hemos extraído de él: la vida. Eso es posible retornando la materia orgánica que le pertenece y que, hasta ahora, hemos observado como un residuo para el que construir vertederos a modo de alfombra bajo la cual esconder el problema.

Fotografia tomada en marzo de 2022 en Chandra, a 200 m del pueblo de Albal (València)
Ese mismo residuo, con la mirada adecuada, se transforma en un recurso que va a servir para devolver la vida al suelo. Para permitirle capturar ese CO2 que nos tiene en vilo, para que la biodiversidad renazca en él y se vuelva mucho más esponjoso, permitiendo que el agua de lluvia se filtre y recargue los acuíferos que hemos ido contaminando y agotando día tras día, año tras año.Una aportación de vida que va a devolver al suelo la capacidad de generar los nutrientes que después estarán presentes en nuestra comida y enriquecerán así nuestro cuerpo, nuestra mente y, lo más importante, nuestro espíritu. Necesitamos esa conexión espiritual con el suelo, con la vida, que vaya más allá de su rol de sustento alimenticio, de elemento explotable y nos permita reconocer dónde comienza la vida y porqué hemos de cuidarla.
Así abandonamos los fertilizantes, abandonamos los plaguicidas, abandonamos los herbicidas, abandonamos la dominación que aplasta nuestras vidas y ganamos libertad. Libertad para organizarnos de un modo diferente, en el que la visión comunal y colectiva crea bienestar para la vida como un todo.
Esto es posible, nosotras ya lo hacemos y hay muchos colectivos, cada vez más por suerte, que viven con esta mirada y que están devolviendo a la vida su sentido, el sentido de vivir plenamente y en libertad. El recorrido hasta llegar al escalado que permita hablar con propiedad de una transformación, de una inflexión real de vida es largo y no falto de obstáculos. Pero ahora mismo puedes dar el primer paso, unete a un colectivo o crealo, coje una azada, paja y los restos de tus comidas y empieza a devolver la vida al suelo.

Oasis de Mariposas en el Bosque Mediterraneo, un espacio en Albal (València)
Si no tienes suelo en propiedad, no te frenes, busca el colectivo que ya lo tenga o que este construyendo estos espacios. Haz, no dejes de transmitir tu mirada, tu visión de la vida en todos los espacios que puedas, pero haz, haz.
Nosotras a través de del Camp a la Taula ya hemos empezado un proceso de regeneración de suelo, productivos y no productivos, sin fertilizantes, sin plaguicidas, sin herbicidas, utilizando nuestros restos de comida, de un modo colectivo a través de albalcircular.org. Las compañeras de Paiporta Circular ya son otra pata importante de este proceso transformador, y estamos trabajando para que más municipios se sumen al proceso compartan sus expèriencias y sinergías a través de Pobles Circulars y si no tienen el conocimiento lo tomen libremente del mismo proyecto. Estamos construyendo espacios productivos donde poder aplicar esta mirada regenerativa y construir propuestas de vida en torno a ella. En mansalterra.org estamos construyendo el prototipo para este propósito.
Puedes tomar las riendas de tu vida, no hace falta que abandones todo lo hecho hasta ahora pero sí que te levantes del sofá y vivas tu vida, la que tú misma quieres vivir, y no la que te construyen otras desde las guerras, desde las pandemias, desde la mercantilización de todo.
La revolución empieza en tu cocina
P.D.: Si bien los enlaces a los libros te llevan a la web de una tienda on line, si te interesa alguno de ellos puedes darle el ISBN del libro a la librería de tu barrio y te lo traen al mismo precio y sin costes de entrega.
Es una obviedad que vivimos tiempos de cambio. Personalmente no creo que sea un cambio transitivo sino un rotundo y claro momento de inflexión, de transformación. Lo más apasionante es pensar que no sabemos con certeza cuál es ese futuro al que vamos a llegar.
Vuelve a presentarse aquí la dicotomía de actitudes; sea construimos nosotras ese destino, sea que — como hasta ahora — dejamos que nos lo construyan y permanecemos inmóviles asumiendo como dogma lo mostrado como tal, lo vendido como tal y lo comprado como tal por la mayor parte de la población. Es sencillo, solo hay que levantar la mirada de nuestro ombligo y ver la realidad que nos rodea, darnos cuenta de lo que existe y ser capaces de, desde la tranquilidad y la quietud, comprender el cuadro general de nuestra vida. Nuestra vida como comunidad, como colectivo más allá de la cercanía individual que acostumbramos a utilizar como limitadora de nuestra propia consciencia.

Leía esta mañana a Antonio Turiel en un artículo de kaosenlared.net que relata las consecuencias reales de una postura sancionadora, en lo referente a sus relaciones energéticas con Rusia, por parte de la Unión Europea. Un artículo cuya lectura recomiendo y del que únicamente, pese a la riqueza de todo lo tratado en él, voy a centrarme en un punto. El precio de los fertilizantes, su futura escasez y el impacto sobre la seguridad alimentaria.
El uso de estos elementos, los fertilizantes, no es más que la consecuencia de una visión equivocada de la vida, de la tierra, del suelo y su vida, y de la especulación financiera a la que nos hemos acostumbrado y que parece ser lo que da sentido a nuestras vidas. Con el paso del tiempo, con la agricultura industrial hemos contaminado nuestros suelos, hemos extraído los nutrientes de ellos, hemos casi acabado con la vida presente en ellos anulando así su capacidad de alimentar a la plantas que después, se supone, vamos a utilizar como alimento.
Hablando con personas que se dedican a la agricultura, en extensiones de tierra de mediano tamaño, hacen continuamente referencia a los costes de estos fertilizantes como uno de los elementos que hacen sus explotaciones insostenibles hasta el punto de plantearse el abandono de las mismas. Sumamos a esto los precios que se pagan por las producciones, la escasez de agua, los costes laborales, etc y llegamos a esa conclusión: abandonar.
Podríamos analizar con detalle el origen de todas estas realidades, que lo son, y lo único que vamos a conseguir es reafirmarnos en la gravedad de la situación y en nuestra incapacidad, no por falta de capacidad sino por falta de poder, de cambiarlas. Y así no cambiamos nada, como suele suceder: hablarle a nadie, quejarse a nadie y esperar que ese nadie lo solucione. Eso sí, sin esperanza de que lo haga y con resignación.
Hemos perdido nuestro sentido de la libertad — más bien la libertad en sí — somos dependientes de decisiones ajenas y hemos llegado un punto en el que somos incapaces de guiar nuestras propias vidas. Seguimos los envites de la realidad que se nos impone desde los medios de comunicación, desde los poderes fácticos y nos olvidamos de que somos dueños de nuestro destino. Esa zona de confort que ha sido construida para mantenernos dentro del redil es el principal obstáculo que existe para que retomemos una vida libre.
Ted Trainer, en su libro la Vía de la Simplicidad, al igual que Leon Tolstoi o Masanobu Fukuoka en su obra La revolución de una brizna de paja , al igual que otras muchas personas comprendemos, afirman cuán importante es la capacidad de las personas para producir su propia alimentación como primer paso hacia la libertad. Todo empieza por devolverle al suelo aquello que durante tanto tiempo hemos extraído de él: la vida. Eso es posible retornando la materia orgánica que le pertenece y que, hasta ahora, hemos observado como un residuo para el que construir vertederos a modo de alfombra bajo la cual esconder el problema.

Fotografia tomada en marzo de 2022 en Chandra, a 200 m del pueblo de Albal (València)
Ese mismo residuo, con la mirada adecuada, se transforma en un recurso que va a servir para devolver la vida al suelo. Para permitirle capturar ese CO2 que nos tiene en vilo, para que la biodiversidad renazca en él y se vuelva mucho más esponjoso, permitiendo que el agua de lluvia se filtre y recargue los acuíferos que hemos ido contaminando y agotando día tras día, año tras año.Una aportación de vida que va a devolver al suelo la capacidad de generar los nutrientes que después estarán presentes en nuestra comida y enriquecerán así nuestro cuerpo, nuestra mente y, lo más importante, nuestro espíritu. Necesitamos esa conexión espiritual con el suelo, con la vida, que vaya más allá de su rol de sustento alimenticio, de elemento explotable y nos permita reconocer dónde comienza la vida y porqué hemos de cuidarla.
Así abandonamos los fertilizantes, abandonamos los plaguicidas, abandonamos los herbicidas, abandonamos la dominación que aplasta nuestras vidas y ganamos libertad. Libertad para organizarnos de un modo diferente, en el que la visión comunal y colectiva crea bienestar para la vida como un todo.
Esto es posible, nosotras ya lo hacemos y hay muchos colectivos, cada vez más por suerte, que viven con esta mirada y que están devolviendo a la vida su sentido, el sentido de vivir plenamente y en libertad. El recorrido hasta llegar al escalado que permita hablar con propiedad de una transformación, de una inflexión real de vida es largo y no falto de obstáculos. Pero ahora mismo puedes dar el primer paso, unete a un colectivo o crealo, coje una azada, paja y los restos de tus comidas y empieza a devolver la vida al suelo.

Oasis de Mariposas en el Bosque Mediterraneo, un espacio en Albal (València)
Si no tienes suelo en propiedad, no te frenes, busca el colectivo que ya lo tenga o que este construyendo estos espacios. Haz, no dejes de transmitir tu mirada, tu visión de la vida en todos los espacios que puedas, pero haz, haz.
Nosotras a través de del Camp a la Taula ya hemos empezado un proceso de regeneración de suelo, productivos y no productivos, sin fertilizantes, sin plaguicidas, sin herbicidas, utilizando nuestros restos de comida, de un modo colectivo a través de albalcircular.org. Las compañeras de Paiporta Circular ya son otra pata importante de este proceso transformador, y estamos trabajando para que más municipios se sumen al proceso compartan sus expèriencias y sinergías a través de Pobles Circulars y si no tienen el conocimiento lo tomen libremente del mismo proyecto. Estamos construyendo espacios productivos donde poder aplicar esta mirada regenerativa y construir propuestas de vida en torno a ella. En mansalterra.org estamos construyendo el prototipo para este propósito.
Puedes tomar las riendas de tu vida, no hace falta que abandones todo lo hecho hasta ahora pero sí que te levantes del sofá y vivas tu vida, la que tú misma quieres vivir, y no la que te construyen otras desde las guerras, desde las pandemias, desde la mercantilización de todo.
La revolución empieza en tu cocina
P.D.: Si bien los enlaces a los libros te llevan a la web de una tienda on line, si te interesa alguno de ellos puedes darle el ISBN del libro a la librería de tu barrio y te lo traen al mismo precio y sin costes de entrega.
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