Making Argentina the Crypto Capital of the World with @crecimientoar
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Cuando la gente me pregunta acerca del origen de Crecimiento nunca se bien que contestar. Yo supongo que hay un momento puntual en que la idea se empieza a dibujar en alguna cabeza brillante en algún rincón del mundo. Pero creo que tambien es posible decir que hay partecitas de la idea que se fueron dibujando en algunas cabezas brillantes en algunos rincones del mundo. Y hay un momento, o algunos momentos, en que esas partecitas empezaron a conectarse, a dar forma a algo nuevo.
Con los equipos de futbol pasa algo parecido. Cuando nace “el Barsa de Pep Guardiola”? La respuesta fácil es “cuando Pep Guardiola asume como director técnico del Futbol Club Barcelona”. La respuesta real tiene algo de Cruyff, cuando Guardiola repartía futbol a diestra y siniestra desde adentro de la cancha, desde el corazón del Camp Nou. Tiene algo de Ronaldinho, los videos suyos a los 9 años haciendo de a 15 goles en torneos de futbol sala amateur de Porto Alegre. Algo de la Masía, de Xavi, de Iniesta y por supuesto de Lionel Andrés Messi.
Con las relaciones pasa lo mismo. Las parejas se ponen de acuerdo en una fecha, y se inventan un aniversario. Y celebran con total normalidad como si algo tan maravilloso como el amor pudiera engendrarse un día. Autogenerarse. Con las empresas, incluso también. Solow debe tener 3 o 4 aniversarios. Uno va re inventando la historia a medida que la cuenta y que la crea. Pensemos en la Revolución Francesa, por ejemplo. Por motivos meramente pragmáticos los historiadores habrán acordado ciertas fechas, y las recuerdan y nosotros en el colegio las estudiamos. Pero creo que sería absurdo pensar en identificar su origen exacto. Un punto exacto en la línea espacio-temporal que defina el principio de algo tan grande. No, no tiene sentido.
Estas cosas no son de un día para otro. Se cuecen durante años, como un buen vacío a fuego lento, marinado entre morrones, cebollas y papas. Que rico unas papitas la horno. Bueno, lo mismo pasa con Crecimiento.
Hay varios momentos claves, eso sí. En Febrero del 2024, primera semana si no me equivoco, se empezó a hablar de la oportunidad argentina en una conferencia cripto. Y del talento cripto que hay en argentina. En ese entonces se estaban popularizando las pop up cities. Se habló de una gran pop up city en agosto. Pero claro había que hacer algo más. La oportunidad de Argentina es demasiado grande. Necesitamos algo más. Necesitamos impacto a largo plazo. Algo transformacional. La idea fue tomando forma: un movimiento, hay que empezar un movimiento. Operación Crecimiento se llamaba en aquel entonces.
Pero insisto. Los movimientos no se inventan de un día para otro. Mejor dicho, los movimientos no se inventan. No se empiezan. No importa cuanta gente brillante haya atrás. Hay un acto creativo, sí, pero mucho más hay un acto interpretativo. Porque los movimientos, quizá, simplemente se identifican. Se nombran. El valor creativo no reside tanto en la decisión de que “nazca algo nuevo” sino en identificar que ya “hay algo ahí”, a partir de lo cual se puede construir.
Y sin dudas que había algo. En Argentina hace años que se respira cripto. Desde siempre. En Argentina se respira cripto desde antes de que Satoshi se invente Bitcoin. Desde el contrabando de los 1800s, a la hiperinflación de Alfonsín, al 1 a 1 y el peso. El peso argentino, la mejor y la peor moneda del mundo. Hay algo en el argentinismo que tiende a lo extremo. Lo mejor y lo peor, junto. El corralito de 2001 y millones de personas comiendose el rugpull de los bancos, del sistema.
En Argentina cripto fue tomando forma a través del sufrimiento de millones y del sudor de otros tantos. De las miles de personas que desde los inicios de esta industria se dedican a agigantarla. Cada uno a su manera. Con productos, con educación, con verdadera vocación de construir algo valioso. Hay un esfuerzo muy intencional en este artículo de no dar nombres propios, pero todos saben de que estoy hablando. Una serie de construcciones míticas que se remontan al principio de todo y convierten a argentina en la capital cripto del mundo hace rato.
Así que sí, había algo ahí. Pero volvamos a las fechas importantes. La idea se concibe en una o algunas cabezas en Febrero. En aquel momento poca gente sabía lo que era una pop up city. Esos eventos de varias semanas que hoy vemos en todos los rincones del planeta cripto. Había habido algunas en Europa y Asia. En Marzo del 2024 se hizo la primera de Latinoamérica.
Volví de Europa unos meses antes de eso, el 22 de Noviembre de 2023, directo desde Estambul, apenas terminada Devconnect 2023. El 23 se casó un gran amigo, y de las muchas cosas bonitas que nos dijo en el tradicional discurso de novio, hay una que me quedó grabada. Conociéndolo sé que practicó ese discurso cientos de veces. El tipo habló de esas películas que tienen varios protagonistas con varias historias paralelas que se cruzan en la escena final. Si lo pensas es bastante conmovedor. Mi amigo, parado desde su altar, se dió vuelta y vió a todas las personas que alguna vez formaron parte de su vida juntas en un mismo lugar.
Y creo que Crecimiento tiene algo de eso. Es, ante todo, un acto de convergencia.
En abril del 2024 convergieron en Buenos Aires años de desarrollo de la comunidad cripto argentina, el momento económico del país, la tendencia global a construir pop up cities y la visión un grupo de pioneros que identificaron una de las oportunidades de transformación más increíbles del mundo moderno.
El 10 de abril del 2024 se hizo un summit virtual que trajo gente de toda la industria. Fueron dos horitas de charla. Unas 10 exposiciones, de 5 a 10 minutos cada una si no recuerdo más. Fue el primer momento oficial de Crecimiento. No había un equipo formado aún. Solo gente con muchas ganas de que pasen cosas increíbles. Con muchas ganas de que pase todo lo que pasó en este último año.
La última semana de ese abril fue quizá el comienzo formal de Crecimiento como tal. Para reconstruir los hechos con la precisión que amerita debería tomarme un par de buenas horas y de a poquito reconstruir cada paso. Debería hablar con decenas de personas para completar piezas faltantes. Debería después recopilar todo eso con algún criterio ordenador que me permita contar la historia. Pero creo que no hace falta, y por más que me encante escribir tampoco tengo tanto tiempo, ya son casi las dos de la mañana y me quiero ir a dormir.
Hubo varios asados. Sesiones de trabajo con decenas de personas. Un meetup formal, el 25 de abril, con cientos de personas. Muchas ideas. Mucho caos, demasiado quizá.
Entre el 27 y el 30 de abril se terminó de configurar un equipo que había ido tomando forma a lo largo del mes, y se estableció una estructura organizacional para empezar a trabajar. Un trío de directores, un equipo de operaciones de 4 personas, 8 working groups para empujar distintas áreas. Decenas de contribuidores. Mucho caos, demasiado quizá.
Pero un rumbo claro: el 5 de agosto, el inicio de Aleph, el “hello world” de Crecimiento.
Aleph fue un evento nunca antes visto en el mundo. Miles de personas construyendo juntas a lo largo de 4 semanas para construir un nuevo futuro. Pero esa es una historia para otro día.
Hoy estamos acá para hablar del origen de crecimiento. El problema es que, para mi, crecimiento no tiene origen. Repito. Crecimiento, como la revolución francesa, no se explica de un día para otro. Y Crecimiento, como el casamiento de mi amigo, es un acto de convergencia. Y, como el casamiento de mi amigo, también está lleno de amor. Porque es la convergencia de cientos de personas y sus historias de vida, y no hay historia de vida que no esté llena de amor.
Pero ojo, que cuando hablo de Crecimiento, en realidad no hablo de Crecimiento como organización, ni como equipo, ni siquiera como movimiento. Porque lo que está pasando no solo no tiene origen, sino que en realidad tampoco tiene que ver con Crecimiento.
Insisto, los movimientos no se crean. Se identifican. Se nombran. Y la verdad es que lo que pasa en Argentina bien podría llamarse de cualquier otra manera. Y seguirá existiendo pase lo que pase.
A excepción de un par de jugadores de futbol, este texto fue escrito intencionalmente sin nombres propios.
Crecimiento es como la revolución francesa, como el casamiento de mi amigo, pero, sobre todo, como el Barcelona de Guardiola. Por supuesto que podemos decir que todo empezó cuando llegó Pep, pero un futbol tan maravilloso solo se explica conociendo al Barcelona de Cruyff de unos 40 años antes. Y a Ronaldinho, por supuesto.
Cierro con una frase de Borges: Nadie es la patria, pero todos lo somos
Cuando la gente me pregunta acerca del origen de Crecimiento nunca se bien que contestar. Yo supongo que hay un momento puntual en que la idea se empieza a dibujar en alguna cabeza brillante en algún rincón del mundo. Pero creo que tambien es posible decir que hay partecitas de la idea que se fueron dibujando en algunas cabezas brillantes en algunos rincones del mundo. Y hay un momento, o algunos momentos, en que esas partecitas empezaron a conectarse, a dar forma a algo nuevo.
Con los equipos de futbol pasa algo parecido. Cuando nace “el Barsa de Pep Guardiola”? La respuesta fácil es “cuando Pep Guardiola asume como director técnico del Futbol Club Barcelona”. La respuesta real tiene algo de Cruyff, cuando Guardiola repartía futbol a diestra y siniestra desde adentro de la cancha, desde el corazón del Camp Nou. Tiene algo de Ronaldinho, los videos suyos a los 9 años haciendo de a 15 goles en torneos de futbol sala amateur de Porto Alegre. Algo de la Masía, de Xavi, de Iniesta y por supuesto de Lionel Andrés Messi.
Con las relaciones pasa lo mismo. Las parejas se ponen de acuerdo en una fecha, y se inventan un aniversario. Y celebran con total normalidad como si algo tan maravilloso como el amor pudiera engendrarse un día. Autogenerarse. Con las empresas, incluso también. Solow debe tener 3 o 4 aniversarios. Uno va re inventando la historia a medida que la cuenta y que la crea. Pensemos en la Revolución Francesa, por ejemplo. Por motivos meramente pragmáticos los historiadores habrán acordado ciertas fechas, y las recuerdan y nosotros en el colegio las estudiamos. Pero creo que sería absurdo pensar en identificar su origen exacto. Un punto exacto en la línea espacio-temporal que defina el principio de algo tan grande. No, no tiene sentido.
Estas cosas no son de un día para otro. Se cuecen durante años, como un buen vacío a fuego lento, marinado entre morrones, cebollas y papas. Que rico unas papitas la horno. Bueno, lo mismo pasa con Crecimiento.
Hay varios momentos claves, eso sí. En Febrero del 2024, primera semana si no me equivoco, se empezó a hablar de la oportunidad argentina en una conferencia cripto. Y del talento cripto que hay en argentina. En ese entonces se estaban popularizando las pop up cities. Se habló de una gran pop up city en agosto. Pero claro había que hacer algo más. La oportunidad de Argentina es demasiado grande. Necesitamos algo más. Necesitamos impacto a largo plazo. Algo transformacional. La idea fue tomando forma: un movimiento, hay que empezar un movimiento. Operación Crecimiento se llamaba en aquel entonces.
Pero insisto. Los movimientos no se inventan de un día para otro. Mejor dicho, los movimientos no se inventan. No se empiezan. No importa cuanta gente brillante haya atrás. Hay un acto creativo, sí, pero mucho más hay un acto interpretativo. Porque los movimientos, quizá, simplemente se identifican. Se nombran. El valor creativo no reside tanto en la decisión de que “nazca algo nuevo” sino en identificar que ya “hay algo ahí”, a partir de lo cual se puede construir.
Y sin dudas que había algo. En Argentina hace años que se respira cripto. Desde siempre. En Argentina se respira cripto desde antes de que Satoshi se invente Bitcoin. Desde el contrabando de los 1800s, a la hiperinflación de Alfonsín, al 1 a 1 y el peso. El peso argentino, la mejor y la peor moneda del mundo. Hay algo en el argentinismo que tiende a lo extremo. Lo mejor y lo peor, junto. El corralito de 2001 y millones de personas comiendose el rugpull de los bancos, del sistema.
En Argentina cripto fue tomando forma a través del sufrimiento de millones y del sudor de otros tantos. De las miles de personas que desde los inicios de esta industria se dedican a agigantarla. Cada uno a su manera. Con productos, con educación, con verdadera vocación de construir algo valioso. Hay un esfuerzo muy intencional en este artículo de no dar nombres propios, pero todos saben de que estoy hablando. Una serie de construcciones míticas que se remontan al principio de todo y convierten a argentina en la capital cripto del mundo hace rato.
Así que sí, había algo ahí. Pero volvamos a las fechas importantes. La idea se concibe en una o algunas cabezas en Febrero. En aquel momento poca gente sabía lo que era una pop up city. Esos eventos de varias semanas que hoy vemos en todos los rincones del planeta cripto. Había habido algunas en Europa y Asia. En Marzo del 2024 se hizo la primera de Latinoamérica.
Volví de Europa unos meses antes de eso, el 22 de Noviembre de 2023, directo desde Estambul, apenas terminada Devconnect 2023. El 23 se casó un gran amigo, y de las muchas cosas bonitas que nos dijo en el tradicional discurso de novio, hay una que me quedó grabada. Conociéndolo sé que practicó ese discurso cientos de veces. El tipo habló de esas películas que tienen varios protagonistas con varias historias paralelas que se cruzan en la escena final. Si lo pensas es bastante conmovedor. Mi amigo, parado desde su altar, se dió vuelta y vió a todas las personas que alguna vez formaron parte de su vida juntas en un mismo lugar.
Y creo que Crecimiento tiene algo de eso. Es, ante todo, un acto de convergencia.
En abril del 2024 convergieron en Buenos Aires años de desarrollo de la comunidad cripto argentina, el momento económico del país, la tendencia global a construir pop up cities y la visión un grupo de pioneros que identificaron una de las oportunidades de transformación más increíbles del mundo moderno.
El 10 de abril del 2024 se hizo un summit virtual que trajo gente de toda la industria. Fueron dos horitas de charla. Unas 10 exposiciones, de 5 a 10 minutos cada una si no recuerdo más. Fue el primer momento oficial de Crecimiento. No había un equipo formado aún. Solo gente con muchas ganas de que pasen cosas increíbles. Con muchas ganas de que pase todo lo que pasó en este último año.
La última semana de ese abril fue quizá el comienzo formal de Crecimiento como tal. Para reconstruir los hechos con la precisión que amerita debería tomarme un par de buenas horas y de a poquito reconstruir cada paso. Debería hablar con decenas de personas para completar piezas faltantes. Debería después recopilar todo eso con algún criterio ordenador que me permita contar la historia. Pero creo que no hace falta, y por más que me encante escribir tampoco tengo tanto tiempo, ya son casi las dos de la mañana y me quiero ir a dormir.
Hubo varios asados. Sesiones de trabajo con decenas de personas. Un meetup formal, el 25 de abril, con cientos de personas. Muchas ideas. Mucho caos, demasiado quizá.
Entre el 27 y el 30 de abril se terminó de configurar un equipo que había ido tomando forma a lo largo del mes, y se estableció una estructura organizacional para empezar a trabajar. Un trío de directores, un equipo de operaciones de 4 personas, 8 working groups para empujar distintas áreas. Decenas de contribuidores. Mucho caos, demasiado quizá.
Pero un rumbo claro: el 5 de agosto, el inicio de Aleph, el “hello world” de Crecimiento.
Aleph fue un evento nunca antes visto en el mundo. Miles de personas construyendo juntas a lo largo de 4 semanas para construir un nuevo futuro. Pero esa es una historia para otro día.
Hoy estamos acá para hablar del origen de crecimiento. El problema es que, para mi, crecimiento no tiene origen. Repito. Crecimiento, como la revolución francesa, no se explica de un día para otro. Y Crecimiento, como el casamiento de mi amigo, es un acto de convergencia. Y, como el casamiento de mi amigo, también está lleno de amor. Porque es la convergencia de cientos de personas y sus historias de vida, y no hay historia de vida que no esté llena de amor.
Pero ojo, que cuando hablo de Crecimiento, en realidad no hablo de Crecimiento como organización, ni como equipo, ni siquiera como movimiento. Porque lo que está pasando no solo no tiene origen, sino que en realidad tampoco tiene que ver con Crecimiento.
Insisto, los movimientos no se crean. Se identifican. Se nombran. Y la verdad es que lo que pasa en Argentina bien podría llamarse de cualquier otra manera. Y seguirá existiendo pase lo que pase.
A excepción de un par de jugadores de futbol, este texto fue escrito intencionalmente sin nombres propios.
Crecimiento es como la revolución francesa, como el casamiento de mi amigo, pero, sobre todo, como el Barcelona de Guardiola. Por supuesto que podemos decir que todo empezó cuando llegó Pep, pero un futbol tan maravilloso solo se explica conociendo al Barcelona de Cruyff de unos 40 años antes. Y a Ronaldinho, por supuesto.
Cierro con una frase de Borges: Nadie es la patria, pero todos lo somos
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