Mientras hablaba con un perro, las vibraciones de mi voz se tornaron repentinamente violentas, al ahuyentar a las ratas que se acercaban a mis piernas, queriendo robarme el pedazo de pizza que compartíamos el can y yo. Llevaba ya unas semanas frecuentando esa esquina en el Distrito de las Flores; disfruto cómo la luz se filtra suavemente entre los edificios, pero la principal razón es la escasez de feroces roedores de los que me tengo que cuidar. Pero la abundante presencia de turistas a unas...