Llorar me permite vaciar mis océanos, que son ya infinitos, abismales me ayuda a abrazar al dolor y a no darle la espalda para así dejar atrás las pesadillas que hace treinta y cuatro sueños que no me dejan dormir. Llorar me permite mostrarme vulnerable y humana en un paseo de gala, vacío y seco al que la mayoría se han atrevido a tatuar a fuego como la definición más pura de la vida justamente porque fueron conformistas y hace ya mucho que decidieron dejar de regar la maceta del querer(se). ...