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Hoy hace 3 meses que empecé la nueva etapa de asentación en Berlín. En este tiempo la verdad es que no me he sentado a ejecutar nada. Todo han sido excepciones. Rompí con Jessica. Eso me ha liberado tiempo y energía, pero a la vez me ha supuesto un alto precio emocional. También he invertido muchísimo tiempo en adecentar la casa. Justo ayer terminé de pintar y dar el proyecto por cerrado, aunque faltan todavía algunos detalles. En 8fit he dedicado varios días a trabajar jornada completa y también he viajado a Barcelona, Nuremberg y Cracovia. De alguna manera siento que estoy arreglando mi entorno para finalmente sentarme a ejecutar. Tengo miedo a que todo sea un rosario de excusas y que los próximos 3 meses sean otra letanía de cosas urgentes que me distraigan de lo importante.
En este tiempo también he decidido abrazar completamente la desolación y dejar la medicación, que es una ayuda para mantener un ánimo estable. Han sido semanas de noche oscura y, si bien el día empieza a despuntar, la temperatura interior sigue siendo gélida. No tengo nada que demostrar, es un experimento, la experiencia de vivir en un estado "alterado" de consciencia practicado no de las drogas sino de la falta de ellas. Cuando me canse, acabo el experimento.
Ayer conocí a Ana, "el chico de la clase de ballet". Durante seis años llevó un piercing en la nariz y se lo quitó simplemente para ver cómo se sentía sin él, para experimentar un nuevo rostro. Algo similar me sucede a mí sin la venlafaxina.
Desde Cracovia estoy siendo más consciente de mis sueños. Incluso entro en estados oníricos a voluntad. Mi mente empieza a divagar y hacer asociaciones libres que contemplo igual que si fuera espectador de un sueño. Normalmente cuando entro en ese estado acabo durmiendo y el sueño continúa, esta vez siendo totalmente inconsciente. Los sueños son como el Espíritu Santo, el gran desconocido. Vivimos muy centrados en nuestra encarnación, en nuestro "Yo construido", y ponemos nuestro "Yo deconstruido" en silencio. Nadie habla de sus sueños. Muchos ni los recuerdan. El 33% de nuestra actividad cerebral se produce en el sueño, y simplemente no lo tenemos en consideración. Son mensajes y aprendizajes tan importantes como la actividad mental consciente. Son como un negativo. Nuestra percepción de la realidad no es completa sin añadir a nuestro sistema la información que se genera en nuestros sueños. Cuando estaba en el Opus Dei solía tener sueños eróticos de manera recurrente que las más de las veces acababan en eyaculaciones que, en el argot opusiano, se conocen como "poluciones nocturnas". Siempre me pareció una palabra especialmente desagradable. Polución proviene del latín "pollutio" que significa mancha. Ciertamente mancha las sábanas. La primera acepción de la RAE define polución como "contaminación intensa y dañina del agua o del aire producida por los residuos de procesos industriales o biológicos". En el Opus Dei los sueños son contaminación. Pese a ser el producto de los procesos internos que estás viviendo, la etiqueta no puede ser otra que "dañino". Condenar un sueño como dañino es condenar nuestra propia existencia como dañina, ya que el sueño es un producto exclusivo de nuestra actividad vital. Los sueños no conocen de muros y se los saltan. Si construyes el muro del celibato y esa experiencia se revela como limitante en vez de liberadora, el producto será un sueño que permita a tu persona experimentar lo que se le presenta como inexpugnable durante la vigilia. Una vez activé mi vida sexual nunca más he vuelto a tener sueños eróticos, al menos que yo recuerde. En el Opus sin embargo eran frecuentes. Los cuerpos que soñaba no tenían rostros en la inmensa mayoría de los casos, salvo dos ocasiones en las que los rostros eran similares a mi madre y a mi hermana respectivamente. Aquello me perturbó profundamente. Tal aberración incestuosa reforzaba en mí la idea de los sueños como polución e incrementaban mi miedo a lo que podía ser de mi vida si algún día dejaba de contar con los muros de protección que el Opus Dei me había facilitado y que yo abracé con total identificación.
Es gracioso contemplar cómo los sueños se hacen realidad. En mi caso ese deseo sexual recurrente acabó cristalizándose y los sueños desaparecieron. El sueño se había hecho realidad. Creo que en general desconocemos hasta qué punto la realidad es un producto de nuestros sueños. En España fuimos enormemente conscientes de ello en el Siglo de Oro, cuando Calderón llegó a enunciar su famoso "La vida es sueño". "El Quijote" tiene exactamente el mismo mensaje: la vigilia onírica de el Quijote se convierte en realidad cuando en la segunda parte del libro la gente empieza a reconocer al ingenioso hidalgo como caballero y a tratarlo como tal. Innumerables aventuras suceden a el Quijote y ya no son el producto de su imaginación, sino que forman parte de la realidad.
Ayer vino a cenar "Ana, el chico de la clase de ballet". Se trataba de una primera cita de Tinder que decidió plantarse directamente en mi casa. Fumamos tres porros, no sin antes advertirle que bajo los efectos de esa droga mi mente entra en estados mentales que para mucha gente pueden ser abrumadores. Fue una conversación fluida y brillante, con muchos momentos de brillante simetría. Sólo esta cita estuvo suficientemente llena de ideas y ejemplos como para llenar un libro. Con Ana hablamos de sueños y le expliqué que yo tuve el hábito de entrar subiendo las escaleras de un edificio y repetidamente encontraba puertas con las llaves puestas. En cada una de ellas paraba y llamaba a la puerta para advertir al inquilino. Todas eran personas de edad avanzada. En principio lo asocié a mi miedo a perder las llaves y a dejármelas puestas. Ayer con Ana entendí que a medida que mi modelo de mauerfall madura y me permite entender mejor el trauma y nuestros mecanismos de protección, me siento con las llaves de la interioridad de las personas. Mi sueño me dice que cada vez que encuentre unas llaves, las tenga que devolver a su propietario. Aprovechar mi capacidad de análisis para influenciar a alguien sería como guardarse las llaves y visitar la casa cuando el inquilino no está en ella.
Me gustaría seguir escribiendo sobre la cita de ayer y sobre el asombroso episodio del pasado sábado, pero se me cierran los ojos. La cita me impidió dormir más que 4 o 5 horas.



Hoy hace 3 meses que empecé la nueva etapa de asentación en Berlín. En este tiempo la verdad es que no me he sentado a ejecutar nada. Todo han sido excepciones. Rompí con Jessica. Eso me ha liberado tiempo y energía, pero a la vez me ha supuesto un alto precio emocional. También he invertido muchísimo tiempo en adecentar la casa. Justo ayer terminé de pintar y dar el proyecto por cerrado, aunque faltan todavía algunos detalles. En 8fit he dedicado varios días a trabajar jornada completa y también he viajado a Barcelona, Nuremberg y Cracovia. De alguna manera siento que estoy arreglando mi entorno para finalmente sentarme a ejecutar. Tengo miedo a que todo sea un rosario de excusas y que los próximos 3 meses sean otra letanía de cosas urgentes que me distraigan de lo importante.
En este tiempo también he decidido abrazar completamente la desolación y dejar la medicación, que es una ayuda para mantener un ánimo estable. Han sido semanas de noche oscura y, si bien el día empieza a despuntar, la temperatura interior sigue siendo gélida. No tengo nada que demostrar, es un experimento, la experiencia de vivir en un estado "alterado" de consciencia practicado no de las drogas sino de la falta de ellas. Cuando me canse, acabo el experimento.
Ayer conocí a Ana, "el chico de la clase de ballet". Durante seis años llevó un piercing en la nariz y se lo quitó simplemente para ver cómo se sentía sin él, para experimentar un nuevo rostro. Algo similar me sucede a mí sin la venlafaxina.
Desde Cracovia estoy siendo más consciente de mis sueños. Incluso entro en estados oníricos a voluntad. Mi mente empieza a divagar y hacer asociaciones libres que contemplo igual que si fuera espectador de un sueño. Normalmente cuando entro en ese estado acabo durmiendo y el sueño continúa, esta vez siendo totalmente inconsciente. Los sueños son como el Espíritu Santo, el gran desconocido. Vivimos muy centrados en nuestra encarnación, en nuestro "Yo construido", y ponemos nuestro "Yo deconstruido" en silencio. Nadie habla de sus sueños. Muchos ni los recuerdan. El 33% de nuestra actividad cerebral se produce en el sueño, y simplemente no lo tenemos en consideración. Son mensajes y aprendizajes tan importantes como la actividad mental consciente. Son como un negativo. Nuestra percepción de la realidad no es completa sin añadir a nuestro sistema la información que se genera en nuestros sueños. Cuando estaba en el Opus Dei solía tener sueños eróticos de manera recurrente que las más de las veces acababan en eyaculaciones que, en el argot opusiano, se conocen como "poluciones nocturnas". Siempre me pareció una palabra especialmente desagradable. Polución proviene del latín "pollutio" que significa mancha. Ciertamente mancha las sábanas. La primera acepción de la RAE define polución como "contaminación intensa y dañina del agua o del aire producida por los residuos de procesos industriales o biológicos". En el Opus Dei los sueños son contaminación. Pese a ser el producto de los procesos internos que estás viviendo, la etiqueta no puede ser otra que "dañino". Condenar un sueño como dañino es condenar nuestra propia existencia como dañina, ya que el sueño es un producto exclusivo de nuestra actividad vital. Los sueños no conocen de muros y se los saltan. Si construyes el muro del celibato y esa experiencia se revela como limitante en vez de liberadora, el producto será un sueño que permita a tu persona experimentar lo que se le presenta como inexpugnable durante la vigilia. Una vez activé mi vida sexual nunca más he vuelto a tener sueños eróticos, al menos que yo recuerde. En el Opus sin embargo eran frecuentes. Los cuerpos que soñaba no tenían rostros en la inmensa mayoría de los casos, salvo dos ocasiones en las que los rostros eran similares a mi madre y a mi hermana respectivamente. Aquello me perturbó profundamente. Tal aberración incestuosa reforzaba en mí la idea de los sueños como polución e incrementaban mi miedo a lo que podía ser de mi vida si algún día dejaba de contar con los muros de protección que el Opus Dei me había facilitado y que yo abracé con total identificación.
Es gracioso contemplar cómo los sueños se hacen realidad. En mi caso ese deseo sexual recurrente acabó cristalizándose y los sueños desaparecieron. El sueño se había hecho realidad. Creo que en general desconocemos hasta qué punto la realidad es un producto de nuestros sueños. En España fuimos enormemente conscientes de ello en el Siglo de Oro, cuando Calderón llegó a enunciar su famoso "La vida es sueño". "El Quijote" tiene exactamente el mismo mensaje: la vigilia onírica de el Quijote se convierte en realidad cuando en la segunda parte del libro la gente empieza a reconocer al ingenioso hidalgo como caballero y a tratarlo como tal. Innumerables aventuras suceden a el Quijote y ya no son el producto de su imaginación, sino que forman parte de la realidad.
Ayer vino a cenar "Ana, el chico de la clase de ballet". Se trataba de una primera cita de Tinder que decidió plantarse directamente en mi casa. Fumamos tres porros, no sin antes advertirle que bajo los efectos de esa droga mi mente entra en estados mentales que para mucha gente pueden ser abrumadores. Fue una conversación fluida y brillante, con muchos momentos de brillante simetría. Sólo esta cita estuvo suficientemente llena de ideas y ejemplos como para llenar un libro. Con Ana hablamos de sueños y le expliqué que yo tuve el hábito de entrar subiendo las escaleras de un edificio y repetidamente encontraba puertas con las llaves puestas. En cada una de ellas paraba y llamaba a la puerta para advertir al inquilino. Todas eran personas de edad avanzada. En principio lo asocié a mi miedo a perder las llaves y a dejármelas puestas. Ayer con Ana entendí que a medida que mi modelo de mauerfall madura y me permite entender mejor el trauma y nuestros mecanismos de protección, me siento con las llaves de la interioridad de las personas. Mi sueño me dice que cada vez que encuentre unas llaves, las tenga que devolver a su propietario. Aprovechar mi capacidad de análisis para influenciar a alguien sería como guardarse las llaves y visitar la casa cuando el inquilino no está en ella.
Me gustaría seguir escribiendo sobre la cita de ayer y sobre el asombroso episodio del pasado sábado, pero se me cierran los ojos. La cita me impidió dormir más que 4 o 5 horas.



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