Acabo de hablar con Robert. Creo que puede ayudarme. Entiende mi situación interior y cómo el miedo paraliza todos los ámbitos de mi vida. Las preguntas que me hace son interesantes y me ayudan a desbloquearme. No en vano, estoy aquí escribiendo.
Le he explicado el episodio de la epifanía así como mi manera de entender su workshop sobre las seis necesidades humanas, conectándolas con los tres mauerfalls. He sido muy explícito sobre mis miedos y mi constante dualidad parálisis/epifanía. Se me hace difícil poner la conversación por escrito. Me voy a limitar a describir algunas ideas que me han ayudado.
La primera es sobre la DEPRESIÓN. Casualmente un hombre anónimo se acercó a nosotros al final de la conversación y me dio un papel que decía: "The Depression Cure. Dr. Steve Ilardi." La depresión, como todo en la vida, es una construcción que tiene una función. Tiene un mensaje, una enseñanza. La depresión me sacó del Opus, de Mercedes y de Berlín. Es un mecanismo que me protege. Siempre que enfoco mi vida como un holocausto aparece la depresión para evitar que inmole mi vida a los dieoses. Es como un recordatorio que dice: "no vale la pena".
La depresión es una parte de mi vida, pero no es mi vida. Simplemente delimita el terreno de juego. Cuando me salgo del "camino", cuando me salgo del juego, aparece la ansiedad y la depresión. Un antidepresivo es una droga que te permite continuar el juego. Pero esa misma "ayuda" es a la vez un freno cuando lo que realmente quieres es cambiar el juego. Es una barrera entre mí mismo y mis miedos. Mejor un antidepresivo que ser derrotado por mis miedos, pero mejor aún amar mis miedos a tomar drogas. La depresión es una ilusión que construyo para protegerme y me permite descansar, cuidar de mí mismo, mostrarme vulnerable y recibir el cuidado y atención de los demás. Tras hablar con Robert, por primera vez veo mi depresión como una herramienta en vez de un obstáculo. Casi podría decir que estoy contento de estar deprimido, significa que hay algo que me importa, y mucho. Significa que hay una energía dentro de mí. Veo la depresión como el mecanismo de protección ante el esfuerzo, el voluntarismo, la tiranía del ego. La depresión no se vence con esfuerzo, sino lo contrario, disolviendo la dualidad esfuerzo/depresión. Es lo mismo que el mal. El mal no se vence con el bien, sino evitando la dualidad bien/mal. Es lo mismo que el odio. El odio no se vence con amor, sino disolviendo la dualidad atracción/repulsión. Cualquier cosa que nos atrae dice algo de lo que falta en nosotros y cualquier cosa que nos repele dice algo de lo que falta en nosotros. Una gran atracción se puede convertir en un gran odio tan pronto como se cae el castillo de naipes de la ilusión. De la misma manera un gran esfuerzo se convierte en depresión tras la "desilusión". En un estado de completa "desilusión" como el que me encuentro es normal sentir la depresión. La deconstrucción de los mitos, el mauerfall, conduce a un estado depresivo como protección ante el esfuerzo por seguir construyendo un mito en el que ya no creemos. Huir de la depresión abrazando una nueva ilusión simplemente hace continuar la rueda, la espiral. Mi desolación radica en la imposibilidad de abrazar un nuevo mito. La depresión me recuerda que no hay ningún mito que me pueda "salvar". ¿Qué queda entonces? Lo único que queda es vivir sin esfuerzo, es decir, fluir. Cuando fluyes no sientes que estás haciendo ningún esfuerzo. No inviertes tu energía en ponerte en movimiento ni en mantenerte en movimiento. Simplemente te mueves porque moverte te hace sentir bien. ¿Hacia dónde te mueves? ¿Cuál es el fin? ¿Cómo puedes controlar el movimiento? Todas esas preguntas implican una expectativa, un objetivo, y por tanto, un esfuerzo que eventualmente se transformará en depresión. ¿Es la muerte, el suicidio, la salida? Es una salida. La otra es simplemente continuar moviéndose. Este fue exactamente el consejo de Robert. También utilizó la palabra coraje o valentía. Entendemos la fortaleza como esfuerzo, pero hay otra manera de verla: quitar los límites, quitar el freno, el obstáculo que impide el movimiento. Puedes invertir tu energía en provocar el movimiento o la puedes invertir en eliminar lo que obstruye el movimiento. El resultado es el mismo: creación, el precio es muy diferente: en uno pagas con depresión y en el otro no. Pongamos por caso mi torpeza y vergüenza dibujando o con la música. Puedo esforzarme por aprender, utilizar mi energía para construir la ilusión de que soy Quino o The Album Leaf, o puedo simplemente dibujar y fabricar sonidos e investigar nuevas técnicas para dibujar y fabricar sonidos de manera más fluida. Por eso es importante empezar cuanto antes a crear cosas, aunque parezcan ridículas, porque empiezas a moverte y detectas dónde está el obstáculo. Entonces puedes volver a la educación para aprender cómo otras personas removieron el obstáculo. Pero si la aproximación es primero prepararse para cualquier obstáculo y, una vez equipados, moverse, el resultado es la parálisis, porque nunca estaremos suficientemente preparados. De igual manera, elegir un método nos paraliza a la larga. Puede ser una manera de empezar el creer que gracias al método tenemos todo lo necesario, pero tan pronto como llegue la primera dificultad no prevista por el método llegará la parálisis. La diferencia entre una vía (esfuerzo para eliminar obstáculos) y la otra (esfuerzo para mantener el movimiento) es mínima. Es fácil pasar de la una a la otra en un abrir y cerrar de ojos. Ahí es donde entra en juego la meditación. Al meditar nos liberamos del pasado (la historia que nos contamos a nosotros mismos) y del futuro (la historia que queremos contaros) y podemos sentir qué es lo que nos mueve y qué es lo que nos está frenando. En este punto expliqué a Robert la historia de esta mañana cuando Norman me dijo que Pablo solo tiene una ventana de atención de 10 segundos. Yo la tengo de 10 milenios. Cuando medito reduzco mi ventana de atención al aquí y ahora, puedo sentir lo que me mueve y lo que me frena. Si no medito tengo 10 milenios de historias que me mueven y frenan y mis acciones tienen 10 milenios de repercusión positiva o negativa. ¿Cómo no sentirse paralizado ante este panorama? Aquí es cuando Robert intervino de nuevo: La solución no es renunciar a mi ventana de atención natural (10 milenios) sino en entender que 1) mi impacto no depende de mí, es una elección de la gente que me rodea seguirme o no y 2) lo único que puedo hacer para provocar un impacto de aquí a 10.000 años es fluir aquí y ahora.
En un momento de la conversación achaqué mi mesianismo a la manera en que mis padres me criaron: siendo el absoluto centro de atención. Esto vuelve a tener una perspectiva diferente: mis padres eligieron tenerme, no fue mi mérito. De la misma manera, si mis ideas tienen que ser escuchadas, no es porque yo lo merezca, sino porque otras personas lo deciden. Incluso en el caso de que esté intentando reproducir mi infancia rodeándome de gente que me presten toda su atención, me equivoco si pienso que eso tiene algo que ver con mi esfuerzo. Mis padres me van a querer igual. Los que quieran escucharme me van a querer igual y viceversa. Habrá cosas que mis padres no podrán entender ni compartir y habrá cosas que nadie querrá comprender ni compartir. Siempre habrá un juicio y nunca seré juzgado como inocente por todo el mundo. Ante esta realidad puedo inmolarme (ser el cordero sacrificado, el inocente que paga por los pecados del mundo) o puedo aprovecharme (ser el demonio, el que todo el mundo juzga por culpable de los males del mundo). La solución es una tercera vía: ignorar el juicio de los demás y mi propio juicio tanto como sea posible y simplemente vivir. Mi vida será luz para unos y oscuridad para otros y para mí mismo. Cuando sea luz he de recordar que mi destino no es el del cordero y cuando sea oscuridad he de recordar que mi destino no es el del demonio. De igual manera, si me inunda la luz he de recordar que no tengo que pagarla ni con mi sacrificio ni con mi condenación. Y si me inunda la oscuridad no tengo que rescatarme ni con mi sacrificio ni con mi condena.
Todo es una construcción. Yo soy el que soy. Todo lo demás son ideas sobre mí mismo que construyo yo mismo y los que me rodean. Son ideas, ilusiones, virtualidades. Su resultado es categorizarme como inocente/culpable y crear la dualidad sacrificio/condena. La única manera de escapar de la condena no es el sacrificio, sino la disolución de la dualidad LUZ/OSCURIDAD, frenar el juicio y dejar de categorizar, en una palabra: fluir y meditar.
Otra idea que Robert me ha ayudado a detectar es que mi miedo es un meta-miedo. Es decir, mi miedo es mi miedo a tener miedo. Mi parálisis es mi respuesta a mi miedo al miedo. A lo largo de mi vida he ido afrontando diferentes miedos, a la sexualidad, a la soledad, al fracaso... No puedo decir que haya superado ninguno de ellos pero a la vez sin duda he podido explorar terrenos que jamás pensé que me atrevería a investigar. Ahora me siento como un bebé, descubriendo nuevas maneras de percibir la realidad y de construir mi mensaje. No se parece a nada que haya vivido antes, no sé qué miedos me esperan, sólo sé que tendré miedo. Por eso el miedo que me domina es el miedo al miedo. Visto de otra manera, el miedo al miedo es el primer miedo de esta nueva aventura. La manera como integre este primer miedo sentará un precedente para los futuros miedos. Es por tanto una oportunidad creativa. En este reto creativo tengo tres limitaciones: no puedo ignorarlo, no puedo abrazar ningún omen, no puedo convertirlo en el centro de mi vida. Estas tres actitudes ya las he explorado en el pasado: si quiero ignorarlo necesito medicación, si quiero combatirlo como un omen necesito un mito y si quiero convertirlo en el centro de mi vida necesito destruirme a mí mismo. ¿Qué me queda entonces? Aceptar su compañía e invitarlo a acompañarme en esta aventura donde tendrá el rol de avisarme cada vez que esté olvidándome de fluir y esté viviendo centrado en mi propio juicio y el juicio de los demás.





Acabo de hablar con Robert. Creo que puede ayudarme. Entiende mi situación interior y cómo el miedo paraliza todos los ámbitos de mi vida. Las preguntas que me hace son interesantes y me ayudan a desbloquearme. No en vano, estoy aquí escribiendo.
Le he explicado el episodio de la epifanía así como mi manera de entender su workshop sobre las seis necesidades humanas, conectándolas con los tres mauerfalls. He sido muy explícito sobre mis miedos y mi constante dualidad parálisis/epifanía. Se me hace difícil poner la conversación por escrito. Me voy a limitar a describir algunas ideas que me han ayudado.
La primera es sobre la DEPRESIÓN. Casualmente un hombre anónimo se acercó a nosotros al final de la conversación y me dio un papel que decía: "The Depression Cure. Dr. Steve Ilardi." La depresión, como todo en la vida, es una construcción que tiene una función. Tiene un mensaje, una enseñanza. La depresión me sacó del Opus, de Mercedes y de Berlín. Es un mecanismo que me protege. Siempre que enfoco mi vida como un holocausto aparece la depresión para evitar que inmole mi vida a los dieoses. Es como un recordatorio que dice: "no vale la pena".
La depresión es una parte de mi vida, pero no es mi vida. Simplemente delimita el terreno de juego. Cuando me salgo del "camino", cuando me salgo del juego, aparece la ansiedad y la depresión. Un antidepresivo es una droga que te permite continuar el juego. Pero esa misma "ayuda" es a la vez un freno cuando lo que realmente quieres es cambiar el juego. Es una barrera entre mí mismo y mis miedos. Mejor un antidepresivo que ser derrotado por mis miedos, pero mejor aún amar mis miedos a tomar drogas. La depresión es una ilusión que construyo para protegerme y me permite descansar, cuidar de mí mismo, mostrarme vulnerable y recibir el cuidado y atención de los demás. Tras hablar con Robert, por primera vez veo mi depresión como una herramienta en vez de un obstáculo. Casi podría decir que estoy contento de estar deprimido, significa que hay algo que me importa, y mucho. Significa que hay una energía dentro de mí. Veo la depresión como el mecanismo de protección ante el esfuerzo, el voluntarismo, la tiranía del ego. La depresión no se vence con esfuerzo, sino lo contrario, disolviendo la dualidad esfuerzo/depresión. Es lo mismo que el mal. El mal no se vence con el bien, sino evitando la dualidad bien/mal. Es lo mismo que el odio. El odio no se vence con amor, sino disolviendo la dualidad atracción/repulsión. Cualquier cosa que nos atrae dice algo de lo que falta en nosotros y cualquier cosa que nos repele dice algo de lo que falta en nosotros. Una gran atracción se puede convertir en un gran odio tan pronto como se cae el castillo de naipes de la ilusión. De la misma manera un gran esfuerzo se convierte en depresión tras la "desilusión". En un estado de completa "desilusión" como el que me encuentro es normal sentir la depresión. La deconstrucción de los mitos, el mauerfall, conduce a un estado depresivo como protección ante el esfuerzo por seguir construyendo un mito en el que ya no creemos. Huir de la depresión abrazando una nueva ilusión simplemente hace continuar la rueda, la espiral. Mi desolación radica en la imposibilidad de abrazar un nuevo mito. La depresión me recuerda que no hay ningún mito que me pueda "salvar". ¿Qué queda entonces? Lo único que queda es vivir sin esfuerzo, es decir, fluir. Cuando fluyes no sientes que estás haciendo ningún esfuerzo. No inviertes tu energía en ponerte en movimiento ni en mantenerte en movimiento. Simplemente te mueves porque moverte te hace sentir bien. ¿Hacia dónde te mueves? ¿Cuál es el fin? ¿Cómo puedes controlar el movimiento? Todas esas preguntas implican una expectativa, un objetivo, y por tanto, un esfuerzo que eventualmente se transformará en depresión. ¿Es la muerte, el suicidio, la salida? Es una salida. La otra es simplemente continuar moviéndose. Este fue exactamente el consejo de Robert. También utilizó la palabra coraje o valentía. Entendemos la fortaleza como esfuerzo, pero hay otra manera de verla: quitar los límites, quitar el freno, el obstáculo que impide el movimiento. Puedes invertir tu energía en provocar el movimiento o la puedes invertir en eliminar lo que obstruye el movimiento. El resultado es el mismo: creación, el precio es muy diferente: en uno pagas con depresión y en el otro no. Pongamos por caso mi torpeza y vergüenza dibujando o con la música. Puedo esforzarme por aprender, utilizar mi energía para construir la ilusión de que soy Quino o The Album Leaf, o puedo simplemente dibujar y fabricar sonidos e investigar nuevas técnicas para dibujar y fabricar sonidos de manera más fluida. Por eso es importante empezar cuanto antes a crear cosas, aunque parezcan ridículas, porque empiezas a moverte y detectas dónde está el obstáculo. Entonces puedes volver a la educación para aprender cómo otras personas removieron el obstáculo. Pero si la aproximación es primero prepararse para cualquier obstáculo y, una vez equipados, moverse, el resultado es la parálisis, porque nunca estaremos suficientemente preparados. De igual manera, elegir un método nos paraliza a la larga. Puede ser una manera de empezar el creer que gracias al método tenemos todo lo necesario, pero tan pronto como llegue la primera dificultad no prevista por el método llegará la parálisis. La diferencia entre una vía (esfuerzo para eliminar obstáculos) y la otra (esfuerzo para mantener el movimiento) es mínima. Es fácil pasar de la una a la otra en un abrir y cerrar de ojos. Ahí es donde entra en juego la meditación. Al meditar nos liberamos del pasado (la historia que nos contamos a nosotros mismos) y del futuro (la historia que queremos contaros) y podemos sentir qué es lo que nos mueve y qué es lo que nos está frenando. En este punto expliqué a Robert la historia de esta mañana cuando Norman me dijo que Pablo solo tiene una ventana de atención de 10 segundos. Yo la tengo de 10 milenios. Cuando medito reduzco mi ventana de atención al aquí y ahora, puedo sentir lo que me mueve y lo que me frena. Si no medito tengo 10 milenios de historias que me mueven y frenan y mis acciones tienen 10 milenios de repercusión positiva o negativa. ¿Cómo no sentirse paralizado ante este panorama? Aquí es cuando Robert intervino de nuevo: La solución no es renunciar a mi ventana de atención natural (10 milenios) sino en entender que 1) mi impacto no depende de mí, es una elección de la gente que me rodea seguirme o no y 2) lo único que puedo hacer para provocar un impacto de aquí a 10.000 años es fluir aquí y ahora.
En un momento de la conversación achaqué mi mesianismo a la manera en que mis padres me criaron: siendo el absoluto centro de atención. Esto vuelve a tener una perspectiva diferente: mis padres eligieron tenerme, no fue mi mérito. De la misma manera, si mis ideas tienen que ser escuchadas, no es porque yo lo merezca, sino porque otras personas lo deciden. Incluso en el caso de que esté intentando reproducir mi infancia rodeándome de gente que me presten toda su atención, me equivoco si pienso que eso tiene algo que ver con mi esfuerzo. Mis padres me van a querer igual. Los que quieran escucharme me van a querer igual y viceversa. Habrá cosas que mis padres no podrán entender ni compartir y habrá cosas que nadie querrá comprender ni compartir. Siempre habrá un juicio y nunca seré juzgado como inocente por todo el mundo. Ante esta realidad puedo inmolarme (ser el cordero sacrificado, el inocente que paga por los pecados del mundo) o puedo aprovecharme (ser el demonio, el que todo el mundo juzga por culpable de los males del mundo). La solución es una tercera vía: ignorar el juicio de los demás y mi propio juicio tanto como sea posible y simplemente vivir. Mi vida será luz para unos y oscuridad para otros y para mí mismo. Cuando sea luz he de recordar que mi destino no es el del cordero y cuando sea oscuridad he de recordar que mi destino no es el del demonio. De igual manera, si me inunda la luz he de recordar que no tengo que pagarla ni con mi sacrificio ni con mi condenación. Y si me inunda la oscuridad no tengo que rescatarme ni con mi sacrificio ni con mi condena.
Todo es una construcción. Yo soy el que soy. Todo lo demás son ideas sobre mí mismo que construyo yo mismo y los que me rodean. Son ideas, ilusiones, virtualidades. Su resultado es categorizarme como inocente/culpable y crear la dualidad sacrificio/condena. La única manera de escapar de la condena no es el sacrificio, sino la disolución de la dualidad LUZ/OSCURIDAD, frenar el juicio y dejar de categorizar, en una palabra: fluir y meditar.
Otra idea que Robert me ha ayudado a detectar es que mi miedo es un meta-miedo. Es decir, mi miedo es mi miedo a tener miedo. Mi parálisis es mi respuesta a mi miedo al miedo. A lo largo de mi vida he ido afrontando diferentes miedos, a la sexualidad, a la soledad, al fracaso... No puedo decir que haya superado ninguno de ellos pero a la vez sin duda he podido explorar terrenos que jamás pensé que me atrevería a investigar. Ahora me siento como un bebé, descubriendo nuevas maneras de percibir la realidad y de construir mi mensaje. No se parece a nada que haya vivido antes, no sé qué miedos me esperan, sólo sé que tendré miedo. Por eso el miedo que me domina es el miedo al miedo. Visto de otra manera, el miedo al miedo es el primer miedo de esta nueva aventura. La manera como integre este primer miedo sentará un precedente para los futuros miedos. Es por tanto una oportunidad creativa. En este reto creativo tengo tres limitaciones: no puedo ignorarlo, no puedo abrazar ningún omen, no puedo convertirlo en el centro de mi vida. Estas tres actitudes ya las he explorado en el pasado: si quiero ignorarlo necesito medicación, si quiero combatirlo como un omen necesito un mito y si quiero convertirlo en el centro de mi vida necesito destruirme a mí mismo. ¿Qué me queda entonces? Aceptar su compañía e invitarlo a acompañarme en esta aventura donde tendrá el rol de avisarme cada vez que esté olvidándome de fluir y esté viviendo centrado en mi propio juicio y el juicio de los demás.





Share Dialog
Share Dialog

Subscribe to La vida de Mauerfall

Subscribe to La vida de Mauerfall
<100 subscribers
<100 subscribers
No activity yet