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Si han llegado hasta aquí, es porque comparten la creencia fundamental de que el mundo, además de mente, es código neural. Quiero darles la bienvenida a Guerra de Mundos Mágicos, una saga que no nació de la invención, sino de una afirmación que forjé a lo largo de mi vida.
Nací en San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela, un lugar donde la adversidad es, a menudo, la primera lección. Las circunstancias me obligaron a optar por trabajos de tiempo completo y mal remunerados por la imperiosa necesidad de conseguir comida. En ese ciclo, el pensamiento de William Shakespeare se hizo patente en mi vida: "¿Qué es un hombre, si todo su tiempo es para dormir y comer? Nada más que una bestia." Pero en medio de esa lucha, tomé una decisión: no dejar morir al artista dentro de mí.
Mi fuerza inquebrantable no nació de la nada. Mis verdaderos héroes personales son mi madre y mis abuelos. Mi madre, por su fe inquebrantable a pesar de la adversidad, su honestidad a prueba de fuego, y porque sin tapujos dice lo que piensa. Mi abuelo, un lector voraz y actor de novelas radiales, del cual siento que heredé mi vena artística. Y mi abuela, por esa fuerza que siempre la llevó a enfrentarse a la adversidad con energía y convicción inagotables.

Fue esta convicción la que me condujo, además, a admirar a los autodidactas de la historia. A figuras como Sócrates, que hizo de la sabiduría una búsqueda puramente interior; Leonardo da Vinci, que forjó su vasta erudición a través de la observación empírica; Henry Ford, que revolucionó la industria sin un título de ingeniería; Miguel de Cervantes, cuya genialidad literaria nació de la lectura voraz y la experiencia de vida; y Temístocles, cuyo genio estratégico provino de su sagacidad política y práctica.
Ellos me impulsaron a una búsqueda de mí mismo, a soslayar las adversidades de no contar con títulos honoríficos y académicos que pudieran justificar la construcción de esta magna obra.
Esta obra, por lo tanto, no es solo entretenimiento. Es una cosmogonía (un relato del origen del universo) donde la filosofía que me salvó a mí es la misma que forja mundos: los problemas son el martillo de Dios, y el Caos es la materia prima que espera ser convertida en convicción.
Les invito a sumergirse en el primer cántico, CANTO I, disponible y gratis en https://paragraph.com/@reydavidziriarte/. Descubran cómo la Duda engendró la Sinrazón, y cómo el Amor se convirtió en una fuerza inconstante por decreto divino. Al final, toda esta narrativa épica es un tributo a Yeshúa, la Luz que atraviesa el Caos y da nombre a lo que aún no existe. Aquí, su lectura no es pasiva: su convicción es la validación de esta nueva narrativa.
Gracias por su interés. El debate de la creación comienza ahora.
Ahora, les presento mi canal, que pronto reactivaré. Por favor, suscribanse para hacer posible la difusión de mi obra, donde encontrarán: filosofía, arte, belleza.
Si han llegado hasta aquí, es porque comparten la creencia fundamental de que el mundo, además de mente, es código neural. Quiero darles la bienvenida a Guerra de Mundos Mágicos, una saga que no nació de la invención, sino de una afirmación que forjé a lo largo de mi vida.
Nací en San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela, un lugar donde la adversidad es, a menudo, la primera lección. Las circunstancias me obligaron a optar por trabajos de tiempo completo y mal remunerados por la imperiosa necesidad de conseguir comida. En ese ciclo, el pensamiento de William Shakespeare se hizo patente en mi vida: "¿Qué es un hombre, si todo su tiempo es para dormir y comer? Nada más que una bestia." Pero en medio de esa lucha, tomé una decisión: no dejar morir al artista dentro de mí.
Mi fuerza inquebrantable no nació de la nada. Mis verdaderos héroes personales son mi madre y mis abuelos. Mi madre, por su fe inquebrantable a pesar de la adversidad, su honestidad a prueba de fuego, y porque sin tapujos dice lo que piensa. Mi abuelo, un lector voraz y actor de novelas radiales, del cual siento que heredé mi vena artística. Y mi abuela, por esa fuerza que siempre la llevó a enfrentarse a la adversidad con energía y convicción inagotables.

Fue esta convicción la que me condujo, además, a admirar a los autodidactas de la historia. A figuras como Sócrates, que hizo de la sabiduría una búsqueda puramente interior; Leonardo da Vinci, que forjó su vasta erudición a través de la observación empírica; Henry Ford, que revolucionó la industria sin un título de ingeniería; Miguel de Cervantes, cuya genialidad literaria nació de la lectura voraz y la experiencia de vida; y Temístocles, cuyo genio estratégico provino de su sagacidad política y práctica.
Ellos me impulsaron a una búsqueda de mí mismo, a soslayar las adversidades de no contar con títulos honoríficos y académicos que pudieran justificar la construcción de esta magna obra.
Esta obra, por lo tanto, no es solo entretenimiento. Es una cosmogonía (un relato del origen del universo) donde la filosofía que me salvó a mí es la misma que forja mundos: los problemas son el martillo de Dios, y el Caos es la materia prima que espera ser convertida en convicción.
Les invito a sumergirse en el primer cántico, CANTO I, disponible y gratis en https://paragraph.com/@reydavidziriarte/. Descubran cómo la Duda engendró la Sinrazón, y cómo el Amor se convirtió en una fuerza inconstante por decreto divino. Al final, toda esta narrativa épica es un tributo a Yeshúa, la Luz que atraviesa el Caos y da nombre a lo que aún no existe. Aquí, su lectura no es pasiva: su convicción es la validación de esta nueva narrativa.
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