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CORO, CORIFEO, CAOS, EROS, TÁRTARO, GEA, NIX
(Con voz solemne el narrador empieza a relatar en medio de una luz neblinosa y opaca)
CORO:
En el principio imperaba el CAOS. Sus tinieblas eran su guisa, un abismo carente de lumbre. De súbito, un fulgor inmóvil y callado vibró, dando nacimiento a MÚSICA y QUERENCIA. La MÚSICA dictó el ritmo, y esta hizo de la NADA un TODO.
(Su voz se hace más suave y extendida)
Del TODO apareció el tálamo de estrellas, el crisol de los planetas.
De la duda nació la sinrazón, que dotó de sentido a los actos del amor.
El amor emergió del CAOS, luciendo un rostro fulgurante, más radiante que los soles. En su espalda, un conjunto de canciones le dio vida a un par de alas.

CORIFEO:
Empero, la OSCURIDAD sigue siendo una energía opaca; en contraste, el TODO es una energía llameante, diáfana e imperiosa. Por un instante, el SILENCIO amordaza a la existencia.
Más tarde, la ausencia de sonido rompe por un intervalo la vacilante OSCURIDAD para deleite de una sinfonía luminosa. Entretanto, el CAOS se expresa en medio de las redes planetarias:
CAOS:
(Conmovida la energía caótica emite un zumbido grave y profundo que articula el primer nombre: EROS. Este zumbido se extiende indefinidamente en palabras llenas de admiración y orgullo por lo que había emergido de sí misma)
—¡Oh, dádivas del amor profundo! ¡Obsequio de pasión extraña! No entiendo, ¡pero os amo! Proseguid en esa danza eterna, hermoso colibrí del espacio, y seguid agitando graciosamente el fulgor de vuestras alas. ¡Radioso plumaje de voluptuosa emanación lunar! Habéis derramado lágrimas inefablemente esenciales que han colmado el universo. Por lo tanto, ofrecéis lo mejor y más delicioso de vuestro amor apasionado.
—¡EROS, luna alada y florida, sois una pasión que chisporrotea!
—¡Oh, deiforme, de movimiento errático! Enfríaos, ya que ante esta pasión, TODO, NADA y yo no hemos reaccionado al unísono con vuestro primer latido, aunque somos uno y tres a la vez.
CORO:
Y en los vaivenes del ir y venir, aún no se avistaba la marca del tiempo. En ese momento, tanto los seres increados como los creados pugnaban por hallar el justo modo de delimitar la historia.
(La voz del narrador se torna de un solemne respeto a un solemne miedo)
La necesidad de un calendario también fue escuchada por el oído apresurado de un ser de odio endemoniado, el cual no carecía de entendimiento ni refinamiento. Él eleva su voz desde lo profundo: es el regio señor del TÁRTARO, el dios del inframundo, cuyas criaturas del averno —de ojos salientes, órbitas encendidas, joroba pestilente y tez roja como la sangre— son su divina hechura. A medida que se acercaba a sus pares, el aleteo de sus alas emitía una miríada de lamentos.
TÁRTARO:
—El tiempo, interesante tema —habló con voz siseante—. Mis ideas podrían ser de utilidad. Me gusta registrar los hechos; sobre todo, los de sangre.
EROS:
—¿De qué nos sirve eso?
TÁRTARO:
—De mucho, mi querido risueño. El registro de hechos puede servir en el establecimiento de una cronología. Lo que es asesinado no se olvida —emite una carcajada escabrosa—. Si os interesa, prosigo.

CORO:
GEA no podía disimular el asco y estuvo a punto de detenerlo. TÁRTARO vuela alrededor de EROS y GEA de forma intimidante. Desenfunda una daga sin filo con la que afirma materializar su arte. A medida que habla, mueve su cuchillo como dirigiendo una melodía de sangre.
La furia domeña a EROS. El color de su aura se torna en caótica impaciencia por arrancar el ala herida del dios de las tinieblas. Percatándose de aquella vil trampa, GEA los separa y termina de quebrar la oscura ala.

TÁRTARO:
(El rey oscuro disfruta el dolor y la acción que lleva a EROS a su terreno)
—Continuad, poderoso EROS, ¿lo podéis sentir? ¡Qué delicia! —Lo dice disfrutando el dolor—. Mirad mis lágrimas: más que dolor es satisfacción.
CORO:
Herido, el monarca, ejerce su dominio y ordena a NIX, convocada desde las sombras, el peor de los castigos contra el amor de lo divino. Así, se obvió indefinidamente la organización del tiempo.
CORO, CORIFEO, CAOS, EROS, TÁRTARO, GEA, NIX
(Con voz solemne el narrador empieza a relatar en medio de una luz neblinosa y opaca)
CORO:
En el principio imperaba el CAOS. Sus tinieblas eran su guisa, un abismo carente de lumbre. De súbito, un fulgor inmóvil y callado vibró, dando nacimiento a MÚSICA y QUERENCIA. La MÚSICA dictó el ritmo, y esta hizo de la NADA un TODO.
(Su voz se hace más suave y extendida)
Del TODO apareció el tálamo de estrellas, el crisol de los planetas.
De la duda nació la sinrazón, que dotó de sentido a los actos del amor.
El amor emergió del CAOS, luciendo un rostro fulgurante, más radiante que los soles. En su espalda, un conjunto de canciones le dio vida a un par de alas.

CORIFEO:
Empero, la OSCURIDAD sigue siendo una energía opaca; en contraste, el TODO es una energía llameante, diáfana e imperiosa. Por un instante, el SILENCIO amordaza a la existencia.
Más tarde, la ausencia de sonido rompe por un intervalo la vacilante OSCURIDAD para deleite de una sinfonía luminosa. Entretanto, el CAOS se expresa en medio de las redes planetarias:
CAOS:
(Conmovida la energía caótica emite un zumbido grave y profundo que articula el primer nombre: EROS. Este zumbido se extiende indefinidamente en palabras llenas de admiración y orgullo por lo que había emergido de sí misma)
—¡Oh, dádivas del amor profundo! ¡Obsequio de pasión extraña! No entiendo, ¡pero os amo! Proseguid en esa danza eterna, hermoso colibrí del espacio, y seguid agitando graciosamente el fulgor de vuestras alas. ¡Radioso plumaje de voluptuosa emanación lunar! Habéis derramado lágrimas inefablemente esenciales que han colmado el universo. Por lo tanto, ofrecéis lo mejor y más delicioso de vuestro amor apasionado.
—¡EROS, luna alada y florida, sois una pasión que chisporrotea!
—¡Oh, deiforme, de movimiento errático! Enfríaos, ya que ante esta pasión, TODO, NADA y yo no hemos reaccionado al unísono con vuestro primer latido, aunque somos uno y tres a la vez.
CORO:
Y en los vaivenes del ir y venir, aún no se avistaba la marca del tiempo. En ese momento, tanto los seres increados como los creados pugnaban por hallar el justo modo de delimitar la historia.
(La voz del narrador se torna de un solemne respeto a un solemne miedo)
La necesidad de un calendario también fue escuchada por el oído apresurado de un ser de odio endemoniado, el cual no carecía de entendimiento ni refinamiento. Él eleva su voz desde lo profundo: es el regio señor del TÁRTARO, el dios del inframundo, cuyas criaturas del averno —de ojos salientes, órbitas encendidas, joroba pestilente y tez roja como la sangre— son su divina hechura. A medida que se acercaba a sus pares, el aleteo de sus alas emitía una miríada de lamentos.
TÁRTARO:
—El tiempo, interesante tema —habló con voz siseante—. Mis ideas podrían ser de utilidad. Me gusta registrar los hechos; sobre todo, los de sangre.
EROS:
—¿De qué nos sirve eso?
TÁRTARO:
—De mucho, mi querido risueño. El registro de hechos puede servir en el establecimiento de una cronología. Lo que es asesinado no se olvida —emite una carcajada escabrosa—. Si os interesa, prosigo.

CORO:
GEA no podía disimular el asco y estuvo a punto de detenerlo. TÁRTARO vuela alrededor de EROS y GEA de forma intimidante. Desenfunda una daga sin filo con la que afirma materializar su arte. A medida que habla, mueve su cuchillo como dirigiendo una melodía de sangre.
La furia domeña a EROS. El color de su aura se torna en caótica impaciencia por arrancar el ala herida del dios de las tinieblas. Percatándose de aquella vil trampa, GEA los separa y termina de quebrar la oscura ala.

TÁRTARO:
(El rey oscuro disfruta el dolor y la acción que lleva a EROS a su terreno)
—Continuad, poderoso EROS, ¿lo podéis sentir? ¡Qué delicia! —Lo dice disfrutando el dolor—. Mirad mis lágrimas: más que dolor es satisfacción.
CORO:
Herido, el monarca, ejerce su dominio y ordena a NIX, convocada desde las sombras, el peor de los castigos contra el amor de lo divino. Así, se obvió indefinidamente la organización del tiempo.
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