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Detrás de esta obra yacen mis creencias y mi filosofía de vida. La saga Guerra de Mundos Mágicos vio la luz mucho antes de que escribiera sus primeras líneas. Nació de un amor empírico: como Sócrates y otros autodidactas de la historia, desarrollé una pasión por esa sabiduría interior que, desde dentro, pugnaba por manifestarse.
De niño celebraba la espiritualidad del mundo, el misterio, la certeza de que no éramos mera carne y hueso. Pero la adversidad, la pobreza y el dolor fueron apagando poco a poco a aquel muchacho.
Las dificultades y las circunstancias me hicieron olvidar la verdadera razón por la que escribía. Mi alma se congeló.
Con el tiempo, sin embargo, resurgieron las razones por las que nací. Comprendí que los problemas son el martillo de Dios: Él me golpeó sin cesar no para destruirme, sino para forjarme. Y en ese forjado encontré la afirmación de lo que siento y la convicción de lo que he vivido. Hoy, esa manifestación es la obra que estás a punto de leer: Guerra de Mundos Mágicos.
En memoria de mis abuelos, cuyas vidas fueron semilla en tierra fértil.
Y para ti, Madre, por tu valentía inquebrantable y tu sabiduría infinita. Que esta historia sea un reflejo de tu fortaleza y un testimonio de mi amor y mi gratitud.
Y como tributo a Yeshúa, el Rey de Reyes y Señor de Señores, cuya luz atraviesa el Caos y da nombre a lo que aún no existe.

Detrás de esta obra yacen mis creencias y mi filosofía de vida. La saga Guerra de Mundos Mágicos vio la luz mucho antes de que escribiera sus primeras líneas. Nació de un amor empírico: como Sócrates y otros autodidactas de la historia, desarrollé una pasión por esa sabiduría interior que, desde dentro, pugnaba por manifestarse.
De niño celebraba la espiritualidad del mundo, el misterio, la certeza de que no éramos mera carne y hueso. Pero la adversidad, la pobreza y el dolor fueron apagando poco a poco a aquel muchacho.
Las dificultades y las circunstancias me hicieron olvidar la verdadera razón por la que escribía. Mi alma se congeló.
Con el tiempo, sin embargo, resurgieron las razones por las que nací. Comprendí que los problemas son el martillo de Dios: Él me golpeó sin cesar no para destruirme, sino para forjarme. Y en ese forjado encontré la afirmación de lo que siento y la convicción de lo que he vivido. Hoy, esa manifestación es la obra que estás a punto de leer: Guerra de Mundos Mágicos.
En memoria de mis abuelos, cuyas vidas fueron semilla en tierra fértil.
Y para ti, Madre, por tu valentía inquebrantable y tu sabiduría infinita. Que esta historia sea un reflejo de tu fortaleza y un testimonio de mi amor y mi gratitud.
Y como tributo a Yeshúa, el Rey de Reyes y Señor de Señores, cuya luz atraviesa el Caos y da nombre a lo que aún no existe.
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