Hay una tentación profunda, casi universal, que aparece cada vez que imaginamos tener poder sobre el pasado: la tentación de borrar el dolor. No corregir un error, no evitar una catástrofe colectiva, sino algo mucho más íntimo y peligroso: eliminar una pérdida personal. La pregunta no es nueva, pero sigue siendo incómoda: ¿Tenemos derecho a borrar un dolor del pasado sin saber qué parte de nosotros, para bien o para mal, se iría con él? Esa pregunta está en el centro de Flashpoint #1, el inic...