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Estoy sumido en la crisis más importante desde que volví del Boom. Es gracioso, apenas he logrado mantener mis resoluciones dos semanas. Me siento como siempre, un fracaso. Todo me supone una fuente de ansiedad y de frustración. Todo se me antoja como un juicio directo, contundente y inmisericorde hacia mi lamentable, mediocre y triste existencia. Jessica se ha levantado enfadada conmigo por mi falta de sinceridad, una vez más. Quizá en el Opus Dei fueron muy acertados, las faltas de perseverancia son muestras claras de falta de sinceridad. Cavé mi propia tumba una y otra vez, en el Opus y en todo lo demás, por no decir lo que pienso cuando se me pregunta o cuando me comprometo a ello o cuando lo requiere la situación. ¿Qué mierda de artista pretendo ser con esta completa falta de honestidad fruto de la cobardía? Mi amor a mi ego es demasiado grande, tengo miedo de herirlo, de que sea vulnerable, del dolor que puede provocar. Y con esa falta de honestidad lo único que hago es acrecentar el dolor y la rabia de las otras personas hacia mí. Les coloco en una situación de frustración máxima porque me han depositado su confianza y descubren que no he sido honesto. Se sienten violados, evidentemente.
Hoy me siento sin fuerzas para nada. Además Jessica enfadada suele ser un revulsivo para que me mire a mí mismo e intente avanzar. Pero hoy solo puedo pensar en volverme a meter en la cama y cruzar los dedos para que mañana sea un día mejor. Debería hacer mi artist’s date que podría ser simplemente caminar hasta el muro. Estoy agradecido a este nuevo hábito de escribir. De verdad que esta mierda de mañana, con todo el drama y la constatación de que la había vuelto a cagar, lo único que me apetecía además de tirarme en cualquier rincón era sentarme y escribir aquí. Tengo un ego desmesurado y unas expectativas tan altas sobre mí mismo que me paso la existencia amargado. Soy consciente de que el ego es una ilusión construida que nos mueve a procurar la propia supervivencia y a dinamizar nuestra civilización. El ego es el motor, la ilusión básica que nos hace apretar los dientes, aguantar el dolor. “Ego sum lux mundi” que diría Jesucristito. Nos fijamos constantemente en grandes egos como ejemplo y como anti-ejemplo, de manera que la imitación y el combate de egos es toda nuestra existencia. ¿Se puede escapar a esa dinámica perversa? ¿Se puede ser un simple esclavo sin que se te desangre el alma por no poderte expresar libremente? ¿Se puede ser un superhombre sin que el cuerpo se estremezca ante la soledad, el vacío, y la incomunicación? ¿Se puede ser más desgraciado que un esclavo sintiendo la llamada a la emancipación y que un super-héroe deseando ser vencido y sometido por su enemigo? ¿Se puede experimentar mayor contradicción?
Como siempre siento miedo porque el tiempo pasa y quiero ver resultados en mi vida personal y creativa. En el fondo estamos como siempre, buscando atajos para la fama para imponer mi ego. Es tan lamentable. Solo hasta que no muera completamente a mí mismo podrá salir algo digno. Hasta que no sienta con el estómago que el éxito es solo una consecuencia, ni tan siquiera necesaria, de la honestidad, no merezco levantar cabeza. El cupo de hipocresía está demasiado saturado como para añadir a uno más, que encima es de alto rendimiento. Por eso estas páginas y el blog de nulla dies me parecen un buen punto intermedio por el momento, ya que nadie le importa una mierda y, por tanto, no tengo ningún tipo de condicionamiento. No voy a hacer promoción más allá de ayudar a mis amigos. Ese es mi compromiso, ayudarme a mí y a mis amigos. Ese debería ser todo mi éxito. He dormido casi todo el fin de semana y aún así los ojos se me caen. La honestidad es la verdad final que nos falta por conquistar. No puede existir un cambio de Era sin una humanidad consciente de sus limitaciones, consciente de que viven en fantasías que se pueden modelizar, customizar y ejecutar. Somos adictos a la certeza porque refuerza la certeza básica: El “yo” es cierto. ¿Y si “Yo soy” fueran las palabras más esclavizantes de toda la Biblia? ¿Y si ese fuera precisamente el atributo que hemos puesto a Dios, a nuestra imagen y semejanza, que en realidad no tiene? ¿Y si “yo” pura, la única palabra que Dios no pudiera pronunciar?
No necesitamos un yo más poderoso que nos garantice la pervivencia de nuestro “yo”. Necesitamos madurar y aceptar el yo como una construcción humana que nos ha permitido erguir esta civilización y que, como cualquier herramienta, puede gastarse, quedarse obsoleta y necesitar reemplazo. Si ya no usamos herramientas de sílex para sobrevivir, porque seguimos utilizando una tecnología religiosa como la pervivencia del ego. La gran aliada es la muerte. La muerte es la piedra de toque de toda ilusión. Es la manera natural de demostrar quán estúpida es nuestra carrera ególatra. La hermana muerte, el gran mauerfall. Una vida con sentido es una vida con una muerte que pueda ser celebrada, la muerte como el colofón, como la firma sobre una obra maestra. Creo que todo lo que he escrito no tiene ningún sentido, es simplemente seguir mi juego de dudar de mi percepción hasta las últimas consecuencias, es decir, hasta dudar del propio sujeto que percibe.



Estoy sumido en la crisis más importante desde que volví del Boom. Es gracioso, apenas he logrado mantener mis resoluciones dos semanas. Me siento como siempre, un fracaso. Todo me supone una fuente de ansiedad y de frustración. Todo se me antoja como un juicio directo, contundente y inmisericorde hacia mi lamentable, mediocre y triste existencia. Jessica se ha levantado enfadada conmigo por mi falta de sinceridad, una vez más. Quizá en el Opus Dei fueron muy acertados, las faltas de perseverancia son muestras claras de falta de sinceridad. Cavé mi propia tumba una y otra vez, en el Opus y en todo lo demás, por no decir lo que pienso cuando se me pregunta o cuando me comprometo a ello o cuando lo requiere la situación. ¿Qué mierda de artista pretendo ser con esta completa falta de honestidad fruto de la cobardía? Mi amor a mi ego es demasiado grande, tengo miedo de herirlo, de que sea vulnerable, del dolor que puede provocar. Y con esa falta de honestidad lo único que hago es acrecentar el dolor y la rabia de las otras personas hacia mí. Les coloco en una situación de frustración máxima porque me han depositado su confianza y descubren que no he sido honesto. Se sienten violados, evidentemente.
Hoy me siento sin fuerzas para nada. Además Jessica enfadada suele ser un revulsivo para que me mire a mí mismo e intente avanzar. Pero hoy solo puedo pensar en volverme a meter en la cama y cruzar los dedos para que mañana sea un día mejor. Debería hacer mi artist’s date que podría ser simplemente caminar hasta el muro. Estoy agradecido a este nuevo hábito de escribir. De verdad que esta mierda de mañana, con todo el drama y la constatación de que la había vuelto a cagar, lo único que me apetecía además de tirarme en cualquier rincón era sentarme y escribir aquí. Tengo un ego desmesurado y unas expectativas tan altas sobre mí mismo que me paso la existencia amargado. Soy consciente de que el ego es una ilusión construida que nos mueve a procurar la propia supervivencia y a dinamizar nuestra civilización. El ego es el motor, la ilusión básica que nos hace apretar los dientes, aguantar el dolor. “Ego sum lux mundi” que diría Jesucristito. Nos fijamos constantemente en grandes egos como ejemplo y como anti-ejemplo, de manera que la imitación y el combate de egos es toda nuestra existencia. ¿Se puede escapar a esa dinámica perversa? ¿Se puede ser un simple esclavo sin que se te desangre el alma por no poderte expresar libremente? ¿Se puede ser un superhombre sin que el cuerpo se estremezca ante la soledad, el vacío, y la incomunicación? ¿Se puede ser más desgraciado que un esclavo sintiendo la llamada a la emancipación y que un super-héroe deseando ser vencido y sometido por su enemigo? ¿Se puede experimentar mayor contradicción?
Como siempre siento miedo porque el tiempo pasa y quiero ver resultados en mi vida personal y creativa. En el fondo estamos como siempre, buscando atajos para la fama para imponer mi ego. Es tan lamentable. Solo hasta que no muera completamente a mí mismo podrá salir algo digno. Hasta que no sienta con el estómago que el éxito es solo una consecuencia, ni tan siquiera necesaria, de la honestidad, no merezco levantar cabeza. El cupo de hipocresía está demasiado saturado como para añadir a uno más, que encima es de alto rendimiento. Por eso estas páginas y el blog de nulla dies me parecen un buen punto intermedio por el momento, ya que nadie le importa una mierda y, por tanto, no tengo ningún tipo de condicionamiento. No voy a hacer promoción más allá de ayudar a mis amigos. Ese es mi compromiso, ayudarme a mí y a mis amigos. Ese debería ser todo mi éxito. He dormido casi todo el fin de semana y aún así los ojos se me caen. La honestidad es la verdad final que nos falta por conquistar. No puede existir un cambio de Era sin una humanidad consciente de sus limitaciones, consciente de que viven en fantasías que se pueden modelizar, customizar y ejecutar. Somos adictos a la certeza porque refuerza la certeza básica: El “yo” es cierto. ¿Y si “Yo soy” fueran las palabras más esclavizantes de toda la Biblia? ¿Y si ese fuera precisamente el atributo que hemos puesto a Dios, a nuestra imagen y semejanza, que en realidad no tiene? ¿Y si “yo” pura, la única palabra que Dios no pudiera pronunciar?
No necesitamos un yo más poderoso que nos garantice la pervivencia de nuestro “yo”. Necesitamos madurar y aceptar el yo como una construcción humana que nos ha permitido erguir esta civilización y que, como cualquier herramienta, puede gastarse, quedarse obsoleta y necesitar reemplazo. Si ya no usamos herramientas de sílex para sobrevivir, porque seguimos utilizando una tecnología religiosa como la pervivencia del ego. La gran aliada es la muerte. La muerte es la piedra de toque de toda ilusión. Es la manera natural de demostrar quán estúpida es nuestra carrera ególatra. La hermana muerte, el gran mauerfall. Una vida con sentido es una vida con una muerte que pueda ser celebrada, la muerte como el colofón, como la firma sobre una obra maestra. Creo que todo lo que he escrito no tiene ningún sentido, es simplemente seguir mi juego de dudar de mi percepción hasta las últimas consecuencias, es decir, hasta dudar del propio sujeto que percibe.



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